InfoCatólica / Sacro y Profano / Archivos para: Octubre 2012

31.10.12

México: la compleja sucesión en Guadalajara

Nada sencilla ha resultado la sucesión en el mando de la Arquidiócesis mexicana de Guadalajara. No es para menos, sobre todo si se piensa en los 18 años de gobierno del cardenal Juan Sandoval Iñiguez, ahora arzobispo emérito. Todo cambio de pastor trae siempre consigo modificación de planes, traslado de personas. En este caso el contraste resulta más evidente por la diversidad de personalidades entre Sandoval y su sucesor, José Francisco Robles Ortega, anterior arzobispo de Monterrey.

Casi nueve meses pasaron desde que Robles asumió su puesto el 7 de febrero de 2012. Desde esa fecha existe una situación que en Guadalajara no había tenido lugar en años, conviven dos arzobispos: uno ya jubilado (pero que goza de buena salud) y el otro en activo. Y, por si esto fuese poco, se trata de dos cardenales. El 50 por ciento de los purpurados de México.

La circunstancia es nueva, aunque no para todos. Lo es para Sandoval Iñiguez que llegó al arzobispado por el trágico asesinato de su predecesor, Juan Jesús Posadas Ocampo, en 1993. Por ello a él no le tocó lidiar con el emérito. En cambio cuando Robles Ortega asumió la Arquidiócesis de Monterrey, sí vivía el antecesor, Adolfo Suárez Rivera.

En estos términos y por falta de antecedentes cercanos, la Arquidiócesis tapatía no cuenta con una casa para los arzobispos jubilados. Sólo existe la residencia de Tlaquepaque, que no está en una zona céntrica de la ciudad pero corresponde a la casa del pastor. En ella vivió y, aún reside, Sandoval. Eso le ha granjeado algunas críticas, sobre todo de quienes piensan que no quiso mudarse. Aunque, en realidad, Robles nunca se lo pidió. El nuevo arzobispo prefirió rentar una casa en una zona de más fácil acceso, a unas cuadras de Casa Jalisco, residencia del gobernador de ese Estado.

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29.10.12

Los jesuitas y el incierto futuro de la “universidad rebelde” de Perú

Del Vatican Insider

En la cúpula de la Compañía de Jesús existe preocupación por la “universidad rebelde” del Perú. Varios jesuitas creen posible revertir la drástica decisión de la Santa Sede de quitarle a esa casa de estudios sus títulos de “Pontificia” y “Católica”. Y están dispuestos a empujar para lograrlo. Con esa convicción viajó a Lima el prepósito general de la orden, Adolfo Nicolás. Allí presidirá la 25 asamblea de la Conferencia de Provinciales jesuitas en América Latina, con un ojo puesto en el incierto futuro de la ex PUCP.

Este domingo 28 de octubre inició la visita del superior, quien permanecerá en la capital peruana hasta el 4 de noviembre. Entre otras actividades Nicolás asistirá a la Universidad Antonio Ruiz de Montoya el miércoles 31 e impartirá una conferencia sobre el tema “La colaboración en la misión” el domingo 4 en la iglesia de Fátima del barrio Miraflores.

Su estancia en Lima le permitirá verificar la situación en la ex Pontificia Universidad Católica del Perú. Más de tres meses pasaron desde que la Sede Apostólica anunció el quite de los títulos, luego que el claustro se negó –durante años- a modificar sus estatutos internos para adherir a la legislación eclesiástica vigente en materia de universidades católicas.

Pero el decreto con el cual se prohibió a las autoridades de ese centro educativo utilizar sus denominaciones, firmado por el secretario de Estado del Vaticano, Tarcisio Bertone, y fechado el 11 de julio, no determinó el final de la controversia. Para la Santa Sede no se trata de un caso cerrado, ni mucho menos. Nadie, en su sano juicio, podría considerar factible que la Iglesia dé por perdida a la universidad más importante del Perú.

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28.10.12

Justicia y disciplina en la Iglesia, ¿para qué?

La sociedad actual busca desesperadamente coherencia. En los políticos, en los maestros, en los empresarios y en los hombres de Dios. El mundo contemporáneo no ofrece seguridades espirituales, ni sólidos puntos de referencia morales. Por ello, quizás, el testimonio de vida brindado por algunos miembros de la colectividad cobra un peso superlativo. Y, viceversa, la incongruencia genera tedio, molestia, indignación. Esto parece responder al deseo del hombre de reforzar su propia identidad, en un contexto de incertidumbres. Cabe aquí la pregunta, ¿vale una Iglesia donde cada quien haga lo que se le antoja?

Para responder a esta espinosa interrogante, recuperamos el discurso completo del cardenal Raymond Leo Burke, prefecto del Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica, a la asamblea plenaria del Sínodo de los Obispos que comenzó el 7 de octubre pasado y concluyó este domingo. Justamente el purpurado se cuestiona cómo es posible que los católicos sean congruentes y creíbles ante el mundo, si muchos de sus miembros no siguen los preceptos de la Iglesia. Y, además, aborrecen cualquier disciplina.

Hace notar Burke que después del Concilio Vaticano II, la “euforia” liberal hizo creer a muchos que la Iglesia terminaría convirtiéndose en una enorme asociación de amor y paz, donde cada quien pudiese desarrollarse a su gusto. Sin límites, sin orden, sin reglas.

Pero el cristianismo no es una secta “new age”. Nos guste a no Jesús dejó claro su camino y el mismo implica, justamente, congruencia. He ahí el sentido de la justicia eclesiástica. Y también de la disciplina. Dos realidades que, a más de uno, parecen excesivas, obsoletas, caducas. Más bien son las vías maestras para asegurar un mínimo orden. No por mero fariseísmo, ni conservadurismo, sino par poder transmitir coherentemente la fe en el mundo actual.

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25.10.12

“Vatileaks”: sin arrepentimiento no hay indulto

El indulto papal no es automático. El perdón siempre conlleva un arrepentimiento sincero y el ex mayordomo de Benedicto XVI, Paolo Gabriele, nunca se mostró verdaderamente arrepentido por haber robado cientos de documentos confidenciales de los aposentos pontificios y haberlos filtrado a la prensa. Por ello la gracia no llegó y no llegará en lo inmediato. Así las cosas el “cuervo” del “vatileaks” regresó a la cárcel, en un hecho sin precedentes. A partir de hoy se convirtió en el primer prisionero en la historia del Estado de la Ciudad del Vaticano.

Joseph Ratzinger se mantuvo congruente hasta el final. Decenas de veces, en reflexiones y discursos públicos, el Papa ha dicho que no puede haber justicia sin perdón y perdón sin arrepentimiento. Es cierto, durante los 59 días que permaneció recluido en una celda de seguridad del Vaticano –entre mayo y julio pasados- el ex mayordomo escribió una carta al pontífice. Empero, quien conoce su contenido, asegura que la misma fue más una estrategia defensiva que una sincera solicitud de disculpas.

La gracia está pendiente, pero no las responsabilidades de Gabriele. No se puede cínicamente traicionar la confianza del propio jefe de Estado, robar cínicamente documentos confidenciales, manejar aquí y allá información, sembrar la duda y violar la privacidad de personas en diversas partes del mundo; todo ello sin rendir cuentas ante los tribunales. Y sin hacerse cargo de los propios delitos.

Claro, sería más “popular” conceder el indulto y dar vuelta a la página. Sobre todo en una sociedad en la cual no importa el derecho sino la opinión de la “plaza pública”. A estas horas ya se habla de “mano dura” del Vaticano. Eso alimentará innumerables debates y habrá quien se escandalice. Pero en las situaciones extremas Benedicto XVI demuestra con hechos lo que predica. El Papa sabe bien que es el tiempo de la congruencia, de la transparencia y del fin de los falsos respetos humanos.

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Crisis en España, oportunidad para la Nueva Evangelización

Del Vatican Insider

España vive una de sus peores crisis económicas. El índice de desempleo es altísimo, el poder adquisitivo se desmoronó y la supervivencia de los bancos está constantemente en duda. Una situación desesperada que, paradójicamente, puede propiciar un acercamiento de las personas a la fe. Así lo cree el cardenal arzobispo de Barcelona, Lluis Martínez Sistach. Según él las dificultades económicas pueden ser un desencadenante para la multicitada “nueva evangelización”: un nuevo impulso misionero para la Iglesia católica, sobre todo en la secularizada Europa.

El purpurado forma parte de la numerosa delegación española que participa de la asamblea del Sínodo de los Obispos, la cumbre episcopal que tiene lugar estos días en El Vaticano y busca poner a punto la respuesta católica a la crisis de fe que azota a la sociedad contemporánea. Entre cardenales, obispos, religiosos y laicos, España supera los 20 representantes en el aula sinodal, la cifra más elevada de la historia.

Un dato significativo, especialmente en momentos en que ese país padece como pocos la crisis. “Es tiempo de recuperar los valores perdidos”, sostuvo el arzobispo de Barcelona, casi como una respuesta al desazón de sus compatriotas.

“La gente, ante estas dificultades económicas piensa, se cuestiona a donde hemos llegado y por qué hemos llegado hasta aquí. Hemos perdido valores importante y esto nos ha conducido no a la felicidad sino a todo lo contrario, a la tristeza. Esto puede ser un medio para recapacitar y para redescubrir virtudes cristianas importantes de entrega, de donación, de austeridad, de dar más importancia al ser que al tener”, dijo en un encuentro con periodistas, al margen del Sínodo.

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