18.08.14

Por qué entre católicos somos de difícil trato?

A las 4:39 PM, por Maricruz Tasies
Categorías : Itinerario de fe, Celebrando la vida


Han notado que al ingresar a un grupo apostólico bien pueden pasar días o semanas para ser admitidso sin reservas? Y, para cuando nos admiten, parece que antes que amarnos, apenas nos toleran? Quizá algún miembro te ha llamado aparte para hacerte corrección fraterna que lo que menos tiene es de fraternal? O al contrario, te has percatado de las ocasiones en que has actuado de la misma forma?



Yo, por ejemplo, aunque estoy tirando la primera piedra lo hago porque antes debí darme una reprimenda ya que, reflexionando en todas las ocasiones que he recibido mal trato de mis hermanos católicos, laicos y sacerdotes, he caído en la cuenta de las veces que he hecho lo mismo.

A qué se debe esta conducta? Pues bien, no es que daré una opinión de experto ya que todos saben que no lo soy pero habiendo leído de algunos de ellos sobre el origen y consecuencias del narcisismo de nuestra época, revisando mi conducta y el trato que doy y recibo de los demás, me doy cuenta que una gran parte de todo el problema se debe al narcisismo.

Quién es narcisista? Narcisista es alguien que piensa y actúa demandando atención hacia la imagen que tiene de su persona sin importarle apenas los sentimientos o pensamientos de los demás. Un narcisista por eso actúa como si los demás fueran competencia: censura, descalifica, corrige, da órdenes, arruina reputaciones, manipula, miente y lastima con el único afán de que su persona, opiniones, forma de comprender la vida, la piedad, la política, la liturgia, el fútbol, etc. prevalezcan de frente a su modelo de autoridad (el que puede ser incluso auto-referencial) ya que desea con vehemencia de éste recibir su aprobación. Estoy hablando de un narcisismo que no llega a patología pero si de uno que como un verdadero agresor nos deja heridas que a la larga, sin sanar, supuran y apestan por lo que las personas se alejan de nuestro lado o nosotros del suyo.

Porque no es a otra cosa que a nuestras heridas se debe todo.

Heridas de qué tipo? Heridas tal como las que produce un padre ausente ya sea por abandono o por incapacidad así como una madre autoritaria y controladora. Haber tenido un padre o una madre que no hayan sabido o podido favorecer un desenvolvimiento sano de nuestro sentido de responsabilidad pudo habernos causado heridas que provocan el que andemos por la vida buscando aprobación de las personas o instituciones que constituyen para nosotros modelos de autoridad: de la Iglesia, del carisma de nuestro grupo apostólico o movimiento y el de su fundador o líder, del sacerdote o párroco, del presidente de la compañía, de tal profesor, teólogo o filósofo, etc. Cuando los mismos nos rechacen sucederá que nos sentiremos igual de abandonados que lo que nos sentimos de parte de nuestros padres, por lo que –para proteger los sentimientos- nos afianzaremos en nuestro ego cosa que dará origen al narcisismo ante el cual, fiarse de la gracia será vital ya que no quiere el Señor otra cosa que ayudarnos a sanar en lo que sea posible ya que, cierto es, habrá heridas que como una cruz nos acompañarán siempre. Sea Dios bendito!

Qué puede hacer un narcisista para mejorar si es que llega a darse cuenta del grave problema en el que se encuentra? Como dije, no soy experto, pero puedo pensar que la salud empieza por la confesión de los pecados, sigue por el cumplimiento de la penitencia y un serio espíritu de enmienda. Mucha oración y vigilancia sobre los impulsos, los sentimientos, las emociones. Misa y comunión frecuentes. Actos de misericordia y mucho de negarse a sí mismo lo que implica recibir humillaciones que recibimos de otros narcisistas o a las que nos exponemos por serlo y hacerlo con gratitud para ofrecer todo ello por nuestros pecados y los ajenos. Esto último es primordial ya que combate directamente nuestro afán por prevalecer. [1]

Bien, eso es lo que tengo que decir respecto a lo difíciles de tratar que, entre nosotros, somos los católicos y por lo que, con regularidad, solemos llevarnos mejor con ateos y renegados, como dijo alguna vez León Bloy.

No sé ustedes pero, por lo que a mí respecta, me pondré hoy mismo a pedir al cielo su ayuda.

Pasen buen día. Bendiciones,


[1] De todo esto no excluyo la ayuda de un profesional en psicología católico o buen psiquiatra que medique los casos graves.

15.08.14

"Los cristianos tenemos que vivir un poco incómodos"

A las 3:35 PM, por Maricruz Tasies
Categorías : Itinerario de fe, Celebrando la vida, Una, santa, católica y apostólica


El viaje del papa a Corea del Sur desde ahora está dando frutos en quienes vemos las noticias.

Fíjense nada más la fotografía y recurran al artículo ya que, además de revelador, menciona a una misionera costarricense que ha vivido en Corea del Sur por veinte años quien narra su experiencia entre lo cual destaco:
“los cristianos tenemos que vivir un poco incómodos, viendo quien esta incómodo para ayudar a los que están así, para salir a buscar a los demás”

Qué gran verdad! Estando cómodos nos es difícil, casi imposible, identificar la situación incómoda que viven los demás.

No es casualidad que leyendo esta noticia recordara que tengo un vecino coreano que es de las personas más prudentes, delicadas, generosas, acogedoras que conozco.

Es un hombre sencillo y humilde que se mezcla con el resto de nosotros, gentes también sencillas, a pesar de que su trabajo es de muy alto nivel ya que es asesor en comercio internacional.

Dijo el otro día en una reunión algo que me llamó la atención: “Me gusta participar en las reuniones parroquiales porque en ellas encuentro mucha gente buena”

Yo sé que no se pierde reunión y que participa en todo tipo de grupos. Lo hace silenciosamente y me sospecho que ha de estar de colaborando discreta pero intensamente con el sacerdote de parte de quien veo le profesa gran respeto el cual, dicho sea de paso, se nota que es recíproco.

Eso me gusta y me gusta darme cuenta de que tengo un vecino coreano converso pero a la vez comprobar lo que afirma la noticia: que los coreanos, cuando se convierten, lo hacen verdaderamente.

Claro, es natural, ellos en sus países y luego como inmigrantes, han vivido una situación incómoda por lo que han aprendido a estar atentos a los demás.

Cuánto estamos aprendiendo de la visita del papa a Corea del Sur!

Cuánto podríamos aprender de nuestros vecinos coreanos a los que apenas prestamos atención!

Cuánto nos convendría la incomodidad!

Que María Santísima,quien vivió gran incomodidad, nos alcance del cielo el que aprendamos a valorarla.

13.08.14

Aguacero cerrado

A las 1:51 PM, por Maricruz Tasies
Categorías : Itinerario de fe, Celebrando la vida


“El Señor nos deja vacíos, para llenarnos” Alonso Gracián



El invierno en el trópico suele ser abrumador incluso para quienes hemos vivido aquí toda la vida.

Suele llover sin cesar días y días. Rayitos de sol apenas se escapan detrás de las nubes de vez en cuanto durante meses enteros.

Pues bien, bajo un temporal de este tipo me disponía a hacer una diligencia cerca de mi casa por lo que le pedí a un familiar que, ya que mi automóvil está dañado, me hiciera el favor de prestarme el suyo. Se negó. Lo hizo sabiendo que soy asmática y que la humedad y el frío exacerban mis otras enfermedades.

Pues así me fui, un poco dolida pero contenta bajo la lluvia ya que mojarme, de todas formas, ha sido siempre de mis cosas preferidas.

Cuando venía de vuelta medio rezando y medio cavilando en mis asuntos, me encontré con Mireya.

La querida Mireya es una mujer mayor que yo, también soltera y sin hijos, cuida de su madre desde que se pensionó ya que trabajó en una fábrica de chocolates toda su vida.

Mireya, desde que murió papá, ha estado pendiente de mí. Siempre que se encuentra conmigo me pregunta cómo van las cosas y nunca, la pobre, recibe buenas noticias.

Ese día, cruzó la calle para saludarme por lo que ambas, con nuestros respectivos paraguas, nos quedamos conversando un ratito.

No más verla y debido a lo mucho que me quiere, pensé en lo mal que la estaría haciendo sentir al verme en aquella figura.

Pues qué les diré, al momento se me llenaron los ojos de lágrimas y fue cuando a su saludo respondí: -“Mireyita, pues nada, las cosas parecen mejorar, aunque no estoy muy segura. Si lo hacen, lo hacen pero muy lentamente. Lo que sucede es que cuanto te veo y pienso en lo que ustedes han de haber pasado, lo que me pasa, se me vuelve nada”

Ella respondió: - “Ni le cuento. Cuando vivíamos en La Trinidad, éramos tan pobres que ni zapatos teníamos y nos echaban de las casas porque no podíamos pagarlas”.

“A eso me refiero, Mireya y no solo eso, sino el que hayan salido adelante y que todos en tu casa sean tan bondadosos, se tengan tanto respeto y se quieran tanto”

Mireya nada más sonrió y nos dimos un abrazo. Me echó mil ánimos y bendiciones.

Nos despedimos queriéndonos un poco más.

“Con las manos llenas de tus cosas no podrás tomar lo que el Pobre de los Pobres quiere darte. Por eso el Espíritu Santo te despoja de todo, hasta de ti mismo, para que la plenitud del Hijo del Hombre te haga rico y seas tú mismo” Alonso Gracián



NOTA: Escogí la fotografía que publicó mi amiga Priscilla Mora Castillo en su facebook. La tomó en La Fortuna de San Carlos, un lugar donde -me parece- llueve todavía más que en el lugar donde vivo. La tituló “Aguacero cerrado". Para animarla en su trabajo es que he titulado de esta forma la presente entrada.

Gracias, Pri. Te dije que esa foto me pareció maravillosa.

27.07.14

Uno ayuda no por "hacer caridad"

A las 5:51 PM, por Maricruz Tasies
Categorías : Itinerario de fe, Celebrando la vida, Una, santa, católica y apostólica

“Cuantos más reciban la gracia, mayor será el agradecimiento, para gloria de Dios”
II Cor 4

Recuerdo la furia de mamá cuando siendo miembro del Comité de Caridad de la parroquia hace infinidad de años escuchaba a las personas diciendo que tal o cual familia no me merecían recibir “el diario” [1] que les regalaban mensualmente.

La pobre llegaba a la casa bufando y se desahogaba con papá y conmigo. Decía: - “Qué ingratos! Según ellos, porque el papá es un borracho, la esposa y los hijos no merecen tener asegurado el diario que les entregamos!”

Por supuesto que tenía razón.

Solemos hacer ese tipo de juicios cuando “hacemos caridad”.

Pocos miran dentro de su casa antes de señalar al papá borracho al a hija descarrilada o al jovencito con problemas de identidad.

Sencillamente, no lo hacen y es porque que olvidan que todos tenemos “rabo que nos majen”.

Claro que lo tenemos. Unos, porque no habiendo nunca pasado necesidad y atendido como personas decentes el llamado de la gracia, han aprendido a ponerse en los zapatos de los demás y, otros, porque tienen su casa en un tan completo desorden que juzgan que la de otros está igual o peor. Estos últimos, me parece, son los más injustos porque el orden que deberían imponerse, pretenden “embejucárselo” a los demás.
Bonita cosa!, diría mi abuela.
Hacer caridad no es como tener un pasatiempo. Uno no debe tomarse las necesidades de los demás como jugando de casita. Si uno ayuda es para revestirse con el pellejo del necesitado. Padecer con él su angustia y saborear el deleite del bienestar y tranquilidad cuando llegan.

Cuando tenía 12 años, dos amiguitas y yo, tuvimos un comitecito de caridad. Para empezar, nos fuimos a buscar a los pobres. Nos encontramos a una familia constituida por un papá, una mamá, un abuelo y dos chiquillos que “vivían” en un rancho de 3X3metros en el lecho seco de un río. Una sola cama de tablones, sin servicio sanitario, sin agua potable. Qué les puedo decir?

Pues, nada, que los adoptamos sin pensarlo dos veces. Durante meses hicimos actividades para llevarles “un diario” el que recibían con una cara de contento que ni les cuento. Nosotros igual. Salíamos de ahí para “trabajar” más con ellos y por ellos.

La cosa no terminó ahí ya que la mamá de una de las amiguitas era señora pudiente y además miembro de la Municipalidad. Creo que se encargó de darles ayuda más a largo plazo y todo, por el corazón fiel a la gracia de unas chiquillas, que al día de hoy, todavía saben ponerse en el pellejo de los demás.

No para “hacer caridad” sino para mantenerse fiel a la gracia.

La caridad es fidelidad a la gracia.

[1] Diario: Un saco de alimentos básicos comprados a granel: aceite, azúcar, arroz, frijoles, masa de maíz, leche en polvo, jabón, etc.



Nota: A brincos y saltos consigo publicar debido a que todavía no tengo servicio de internet. Agradezco su paciencia y comprensión.

23.07.14

Actitud ante la gracia | Los pobres y la pobreza

A las 2:20 PM, por Maricruz Tasies
Categorías : Itinerario de fe, Celebrando la vida

Hoy trataré un tema algo delicado relacionado con la actitud que muchos tenemos hacia los pobres y hacia la pobreza la cual, en el fondo, es una actitud ante la gracia.

Primero que todo les daré antecedentes de mi vida familiar para que conozcan las razones de mi actitud pero también para que traten de descubrir algo parecido en sus historias personales.

Tuve, gracia de Dios, el ejemplo de dos mujeres extraordinarias: mi abuela materna y mi madre.

La primera, de cuna pobre, se casó con un español quien, habiendo estudiado Economía en los Estados Unidos, regresó a Costa Rica, país en el que se habían establecido sus padres al salir de España. Aquí construyó un imperio financiero del que vivieron holgadamente no solo mi abuela, mi madre y mis tíos sino los parientes que trajo de España huyendo de la Guerra Civil.

De la generosidad de mi abuela debe haber aprendido gran cosa el abuelo ya que le regalaba todo lo que necesitaba para el taller de costura y para criar, educar y llevar a casamiento a tantas jovencitas que sus madres pobres le encargaron.

Esa fue su vida hasta pocos años después de la muerte del abuelo quien falleció a la edad de 45 años por un infarto fulminante.

Con ese ejemplo y dentro de esa holgura creció mi madre, quien –por cosas de la vida- se vio obligada a trabajar muy poco después de los 18 años pero quien, con mucha creatividad, esfuerzo y confianza en Dios, de adulto pudo cuidar holgadamente de sí misma y de su madre. Más tarde –cuando se casó- lo hizo del resto de nosotros junto a mi padre.

Ambas mujeres, por motivos diferentes, no solo conocieron de la pobreza y de la riqueza en sus extremos sino que tuvieron una determinada actitud ante la gracia, por lo que, me parece, han de haber desarrollado la sensibilidad que me heredaron y por la que, desde niña, comprendí que cuando una persona necesitada insinúa o pide directamente ayuda es porque la necesita.

Esa es la razón por la que nunca nadie se va de mi lado sin que le haya echado una mano. Y, si alguno -por mi descuido- se ha ido sin ella, que me lo reclame.

Miren, cosas tan aparentemente insignificantes como escribir una carta de recomendación, no sin sorpresa, he comprobado que le han cambiado la vida a varias personas.

Sin embargo, cuántas personas necesitadas se aproximan pidiendo ayuda y porque no nos resultan “convincentes” resolvemos hacernos los tontos? O, cuántas de ellas, se van de nuestro lado con una ayuda ofrecida con recelo, de mala gana o tan ridículamente tacaña que cualquier santo vomitaría al verla?

Vaya cosas! Qué fácil juzgar y qué fácil anteponer nuestro juicio a la necesidad de las personas. Verdad?

Varias personas verdaderamente necesitadas en las que no he tenido mucha esperanza me han dejado boquiabierta cuando luego de un empujón cariñoso, generoso y desinteresado se han superado maravillosamente.

Esa es la actitud: ayudar sin juzgar para poder ofrecer auxilio de forma generosa y desinteresada al mejor estilo de Jesucristo.

Esa es la actitud ante la gracia que debe acompañarnos a lo largo de nuestra vida para que, movidos por ella, nuestras acciones redunden en beneficio para las almas y sirvan para mayor gloria de Dios.

Abuela Merce muchas veces me envió a la gaveta donde guardaba lo que le habían regalado y me hacía llevárselo a quien lo necesitaba; cierto, aquellas cosas eran regalos pero era lo único que tenía.

De mamá ni se diga, en toda ocasión entregó la ayuda que prometió como fue, entre otros, el haber construido su casita a una mujer soltera y con dos hijas.

Amigos, ante la gracia y acerca de los pobres y la pobreza nos falta mucho por aprender.

Quiera el Señor que su gracia nos ayude a cambiar este corazón de piedra.


PD.Disculpen mi lejanía del blog pero estoy sin servicio de internet. Cuento con el cuando mi hermana me presta su móvil desde donde puedo enviar estos mensajitos. Esa es la razón por la que me será difícil responder sus comentarios. Saludos y bendiciones,

Maricruz

1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 ... 120 >>

Maricruz Tasies-Riba

Maricruz Tasies-Riba

Vivo en un lugar encantador en las faldas de una cordillera en el Valle Central de San José de Costa Rica a 1300mts sobre el nivel del mar. Dediqué buena parte de mi existencia a mi profesión: las Artes Gráficas. Enriquecí mi vida de fe en la Escuela de Ciencias Teológicas de la Universidad Católica de Costa Rica. Desde hace algún tiempo –mis conocimientos y destrezas– están al servicio de Cristo, de su Iglesia y de su Vicario, por supuesto.

También puedes ponerte en contacto conmigo en maricruztasies@yahoo.com, en mi perfil de facebook o en Deo Omnis Gloria en blogger.



«En el modo que tenemos de vivir las circunstancias, decimos ante todos, quién es Cristo para nosotros». L. Giussani

En este blog

Agosto 2014
Lun Mar Mié Jue Vie Sáb Dom
 << <   > >>
        1 2 3
4 5 6 7 8 9 10
11 12 13 14 15 16 17
18 19 20 21 22 23 24
25 26 27 28 29 30 31

Libros recomendados por Maricruz


Quiénes somos | Contacta con nosotros | Política de Cookies | Aviso Legal y Condiciones de Uso