23.06.16

La mayoría de ustedes no cree en lo que dice creer

“Efectivamente, la mayoría de ustedes no cree en lo que dice creer; queda demostrado en la manera en que celebran la Santa Misa".

Las palabras de un mormón han hecho que me hierva la sangre y no porque diga mentira de la cual defenderme sino, precisamente, debido a que cada palabra se ajusta a la realidad.

«Si yo creyese lo que usted cree… si yo realmente, de verdad, creyera que allí esta –de verdad- Dios mismo y no un mero símbolo, yo caería al suelo, tendido sobre mi rostro y me postraría así ante Él. ¡Yo estaría tan poseído de reverencia y adoración! Y nunca he visto a ningún católico manifestar este respeto. Por ello, creo que ustedes no creen lo que dicen creer». Un mormón

De su acusación me excluyo y, saben por qué lo hago?

Porque desde hace varios años resolví hacerlo.

Desde el momento que, por atender a Benedicto XVI en Summorum pontificum, me propuse conocer y promover la misa de antes ya que estoy convencida que de ella, verdaderamente, los católicos aprenderían adoración. A partir de mi exclusion fue voluntaria.  

La cosa es que la misa de antes no solo, a duras penas, se ha empezado a celebrar en muchas partes del mundo sino que, por exhortación papal, está disponible para quienes la pidan, pero, sencillamente, no les da la gana asistir ni pedirla o, lo que es peor, le hacen la guerra desde el estrado de su muy singular criterio de autoridad. 

Por qué será? Respondan.

No saben qué decir? Bien, yo lo diré:

Es porque, obispos, curas y laicos, realizan celebraciones que lo que provocan es salir corriendo debido a que no están convencidos de que la Santa Misa es la mismísima Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo, Redentor del mundo.

Así está la cosa, prefieren las misas feas, los disfraces, las campanadas dedicadas al futból, canciones estúpidas y mal cantadas, maracas y bongoes a todo volumen; charlar, bailotear, aplaudir y “sentir bonito”, como si esa hubiese sido la finalidad del Santo Sacrificio.  

(Cristo, torturado y agonizante, sintiendo bonito! Caray! Por qué nadie me lo había dicho?)

Yo, es que, de la misa de antes aprendí que, aunque asista a una misa fea, no solo Dios me ayudará a hacerme a la idea de que es una misa digna sino a rezarla de principio a fin ya que así llego a la consagración con mayor conciencia de que Cristo mismo me entrega como ofrenda en cada palabra el sacerdote coloca sobre el altar de Dios con la finalidad de salvar sus almas. 

Benditas almas! Que, si de mí dependiera!

Así que, ustedes obispos, curas, laicos que no creen en la Presencia de Cristo en la Eucaristía:

Lo que han venido haciendo con la Santa Misa está pésimamente mal por lo que sufriremos las consecuencias al punto de que no quedará de la Iglesia nada más que aquella piedra que entrañablemente conservarán los sacerdotes que como yo han elegido mantenerse alejados del espectáculo en el que han convertido la Santa Misa.

Si, la gente se aleja, y nos alejaremos quienes, verdaderamente, creemos. Y, aunque nos vayamos con la sangre hirviendo, partiremos alegres y en paz, para su mayor desconcierto.

Adónde iremos? No muy lejos. Iremos a las parroquias donde haya sacerdotes que creen. 

AQUÍ más sobre lo que dijo el bendito mormón

20.06.16

Ha dicho que Cristo ha de ser el centro

Hace unos días me decía un amigo que ha aceptado el hecho del estado de la Iglesia así como del pontífice que Dios ha colocado en la silla de Pedro por lo que tiene claro que lo que sigue será esperar a que el Señor nos ponga en proceso de reconstrucción.

La suya me parece una visión realista y esperanzadora.

En este sentido me he figurado que la reconstrucción vendría a ser como lo que está sucediendo en mi parroquia. Les cuento los antecedentes:

Tengo cuarenta años de vivir aquí. Primero, fuimos la filial más lejana y abandonada de la parroquia de San Vicente. Luego, la filial más lejana y abandonada de la parroquia de La Trinidad. De seguido, por dos años fuimos cuasi-parroquia por lo que tuvimos, por primera vez luego de cerca de treinta años, un sacerdote cuya función era la de ser “animador parroquial”. Con este sacerdote fuimos fundados como la Parroquia de San Jerónimo.

Una vez institucionalizados, durante los últimos quince años, hemos visto desfilar a padre Guido, padre Adrián, padre Jorge, padre Lorenzo, padre Manuel. Todos estuvieron aquí solo dos años excepto el padre Lorenzo que estuvo seis y que, me perdone Dios, nos dejó hechos unos protestantes muy bien organizados.

Lo que quiere decir que, durante cuarenta años (una década menos de lo que tiene de haber concluido el Concilio Vaticano II) nuestra comunidad ha estado poco menos que abandonada.  

Parte del resultado es que, los hijos, nietos y bisnietos de las personas entre 40 y 60 años, prácticamente no creen en Dios

Todo lo cual es reflejo de lo que, a nivel mundial, se ha venido haciendo mal en la Iglesia por lo que mi parroquia, bajo el pastoreo del nuevo párroco, bien podría servir de modelo para la reconstrucción de la que hablara mi amigo.  

Para empezar, les cuento que el nuevo párroco tiene muy claro y lo repite constantemente que, no importa cuán organizados estemos que, mientras no sea Cristo el centro de nuestras vidas, seremos paja que se llevará el viento.

Ha dicho que Cristo ha de ser el centro.

Solo esto es una gran verdad que no tendría por qué ser novedad pero lo es.

Entre otras grandes verdades ha dicho que ha notado que no somos personas de oración por lo que nos facilitará que lo seamos. Que celebrará misa todos los días hasta en su día libre por la sencilla razón que lo necesita. Ha dicho que antes de misa estará confesando y que, además, dedicará una tarde a ello.

Ha ordenado y organizado la liturgia. Sigue las rúbricas. Canta y elige también cantos litúrgicos. Ha mandado a publicar un boletín parroquial muy bello. Ha dicho que los coros necesitan formación.

Habla de la gracia.

Dice, además, que la Misericordia se malentiende como que “no importa lo que hagamos Cristo todo lo perdona”; cosa que ha desmentido con vehemencia pero también ha explicado lo doctrinalmente correcto.

Nos habla de historia de la Iglesia, de principios de filosofía, teología y política para ayudarnos a situarnos ante la realidad.  

Lo hace todo con una firmeza profusamente delicada que no había experimentado nunca antes.

A mí, de escucharlo, se me hincha el corazón al punto de que mis ojos estallan en lágrimas ya que me veo como un sobreviviente de guerra quien, finalmente, tiene ante sus ojos la esperanza de un futuro hermoso.

Es la razón por la que mi alma sale de misa inconmensurablemente agradecida y glorificando a Dios.

Me parece que así es como tendría que ser cada párroco para que cada alma saliera de misa como la mía.

Para que fuera más sencilla y verdadera la reconstrucción. 

5.06.16

Pan de naranja

No se puede decir que mi vida sea, ni por asomo, la que fue durante toda mi vida y, sin embargo, mentiría si dijera que no existe en ella grandes porciones de bondad, verdad y belleza.

Siendo casera, recojo en mi hogar a adultos quienes, por una u otra razón, no poseen o no están en su casa con sus familias lo que significa que nuestras historias convergen en lo que ha sido para mi lugar de frecuentes y dichosos encuentros de amor filial los que, por cierto, extraño muchísimo.

Compartimos en mayor o menor grado cierto sentido de pérdida o ausencia. 

Al día de hoy, este lugar extraordinariamente hermoso que Dios me ha prestado para vivir, reúne a personas que voluntariamente o no, transitan por la vida en soledad cosa que, ciertamente, incorpora cierto grado de nostalgia a pesar de la camaradería que existe entre nosotros.

Somos personas con nostalgia incorporada, por decirlo de manera graciosa, tal como cualquiera que se sabe peregrino de camino al cielo.  

Tampoco se puede decir que ahora disponga de tiempo como para hacer lo que me gusta tal como pintar cerámica, escribir en este blog o frecuentar el supermercado en el que papá y yo adquiríamos infinidad de productos de los que disfrutábamos tanto.

Sentido de privación y sentimiento de lejanía también están aquí presentes. 

Ayer, como disponía de un dinerito extra, con la excusa de buscar un producto con el que acostumbraba hacer un pastel, me dejé llegar hasta el AutoMercado solo para darme cuenta, con gran decepción, que ya no lo venden; sin embargo, por no partir con las manos vacías me fui a la sección de la panadería buscando algo rico que mi bolsillo pudiera costear.

Allá, en el más lejano rincón, hallé un precioso pan de naranja que he disfrutado con mis inquilinos a quienes he convidado a tomar café.  

Como les digo, de mucho no dispongo pero les aseguro que, indefectiblemente, la gracia se las agencia para que encuentre lo suyo en lo cotidiano tal como es asistir a misa entre semana solo para confirmar una y otra vez el buen párroco que tenemos o, sacar el rato para, entre lo que barro y limpio, sentarme a mirar el paisaje mientras en lo hondo de mi ser mi espíritu retorna a su Fuente con la naturalidad con la que un papalote, después de haber gozado del ajetreo del viento, es atraído hacia su Dueño y Creador.   

Sin lugar a dudas, la vida de los santos, no fue una vida de placer; de hecho, por amor eran movidos a desprenderse de sus afectos y posesiones e –incluso- pedían al Señor sufrimientos pero, estoy segura que -aunque no soy santo de ese calibre- al igual que a ellos, el Espíritu de Dios me agraciará para sobrellevar gozosamente y en paz la carga de nostalgia que llevo incorporada mientras me regocijo en la certeza de que siempre, en el más remoto rincón de la panadería, hallaré para deleite de otros y el mío propio, rebanadas de bondad, verdad y belleza contenidas en lo bueno, bonito y barato de un simple pan de naranja.

 

15.05.16

Pues, ¡nada, Jorge!, ¡tampoco contigo me podré casar!

Todo este asunto de la interpretación de Amoris Laetitia me ha puesto mal. 

El desorden en que han caído mis emociones y afectos han afectado incluso mi salud, casi como lo que sucede cuando se está ciegamente enamorado y, de repente, por infidelidad se le es revelada la verdad de los hechos; viéndose, irremediablemente, arrojado al abismo del duelo que provoca la ruptura, de donde solo podrá salir con férrea voluntad en colaboración con la gracia. 

Sin embargo, el panorama se va clarificando y solo es por gracia que vuelvo a ser señora de mi misma; aunque, les confieso que lo que he experimentado desde Amoris Laetitia supera con creces cualquier ruptura sentimental que haya tenido ni podría tener jamás.
 
Ese documento, simplemente, rompió mi corazón. 

Por ser soltera, confieso que tengo vasta experiencia en noviazgos y rupturas; de hecho, una vez, hasta estuve considerando la unión con una persona divorciada. 

Con eso les digo todo. 

Sigo soltera por gracia de Dios.  

Ahora bien, qué de aquellos noviazgos provocó la ruptura? 

El hecho de que ninguno de mis novios fue un católico que siguiera fielmente la ortodoxia; es decir, creían una cosa (o pensaban que la creían) pero hacían otra; es decir, ajustaban su moral a la situación. 

En fin, sigo soltera y, por mucho tiempo, perdí todo interés en casarme. 
 
Sin embargo, recientemente conocí a un tal “Jorge” [1], católico, argentino, un poco mayor que yo, cuya forma de ser y de pensar despertó de nuevo mi atracción hacia el matrimonio. 
 
Sin embargo, como longeva mujer soltera abierta al matrimonio, me preocupa una cuestión relacionada, precisamente, con la interpretación que algún futuro esposo podría hacer del numeral  303 de Amoris Laetitia [2].

- Por qué? 
- Porque parece que justifica el adulterio. 
- Cómo? No puede ser!. 
- Claro! Un esposo (o esposa) podría argumentar que es justo su adulterio ya que “reconoce que, no solo su nueva SITUACIÓN no responde objetivamente a la propuesta general del Evangelio sino también que ES LA MEJOR RESPUESTA que puede ofrecer a Dios ya que ha descubierto con cierta SEGURIDAD MORAL que su nueva entrega es la que DIOS RECLAMA”, o sea, que es la AUTÉNTICAMENTE agradable a Dios “aunque la misma no alcance el ideal objetivo” del vínculo que en un principio estableciera conmigo.
 
Como futura esposa tendría que estar alerta ya que, sea el “Jorge” que como pretendiente llegara argumentando que hay justicia en ese numeral, muy a mi pesar tendría que decirle: 

- Pues, ¡nada, Jorge!, ¡tampoco contigo me podré casar! 
 
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[1] No, no es alusión a ningún papa sino a un señor de Rosario quien, como inquilino, estuvo residiendo en mi casa por seis meses. 
[2]  «…esa conciencia puede reconocer no sólo que una situación no responde objetivamente a la propuesta general del Evangelio. También puede reconocer con sinceridad y honestidad aquello que, por ahora, es la respuesta generosa que se puede ofrecer a Dios, y descubrir con cierta seguridad moral que esa es la entrega que Dios mismo está reclamando en medio de la complejidad concreta de los límites, aunque todavía no sea plenamente el ideal objetivo. De todos modos, recordemos que este discernimiento es dinámico y debe permanecer siempre abierto a nuevas etapas de crecimiento y a nuevas decisiones que permitan realizar el ideal de manera más plena.» Amoris Laetitia, n. 303
[3]  «Los juicios de una conciencia de esta naturaleza, por muy contrarios que a primera vista parezcan a los preceptos divinos, valdrían, sin embargo, delante de Dios»  Pio XII sobre su condena a la moral de situación 
 
 

9.05.16

La verdad de los hechos...

“Él ejerce su oficio de Maestro en el centro de nuestra alma y todas sus enseñanzas se encaminan a hacernos ver en qué consiste la santidad verdadera, y por qué caminos hay que ir para adquirirla y, una vez adquirida, no perderla". Francisca Javiera del Valle.

La verdad de los hechos es que el mensaje que el Cap. VIII de AL (Amoris Laetitia) ha dejado impreso en los sentidos es que una unión irregular podría no ser pecado en ciertas circunstancias. 

Tan es así que a los párrocos les están llegando parejas en adulterio a pedir la comunión y también a pedir el matrimonio.

Si, como podemos fácilmente verificar, tal es el mensaje que ha quedado impreso, sería de necios negarlo ya que no servirá para ayudar a las personas que nos pregunten sobre la verdad de su situación.

A ellos, no les diremos que pueden comulgar (ya que no lo dice explícitamente el documento) sino que están en pecado (ya que es lo que enseña Cristo) y que, por lo mismo, deben buscar a un sacerdote para que los oriente en la vida sacramental y los introduzca en la vida comunitaria.

Decir la verdad es el mayor acto de misericordia que se pueda tener con ellos aún cuando parezca que estamos en contra de lo que dice el papa.

En este sentido, el mayor desafío que nos presenta el Cap. VIII es que nos obliga a tomar posición ante “algo que parece haber sido dicho” y lo que, efectivamente, enseña Cristo.

Lejos de mi está la intención de agregar nada más a lo que he dicho en este comentario. 

Quien quiera comprender, comprenda y quien no, pos no.

NOTA: Ha sido por algo que leí en facebook a Alonso Gracián que he llegado por mi cuenta a esta conclusión, sin embargo, quien desee profundizar en las razones de lo expuesto, recurra al artículo que recién ha publicado el autor en cuestión.