25.04.17

Mini-vigilias pascuales (I)

Vigilia Pascual

La gran celebración anual de la Iglesia es la santa Pascua de su Señor; una vigilia nocturna que transcurre en su honor, y que recuerda e imita a las vírgenes que, con las lámparas encendidas, aguardaban la vuelta del Esposo (Mt 25). Este oficio anual requiere, por su propia naturaleza, todo el despliegue de solemnidad y de amor de la Iglesia. La Vigilia pascual es un tesoro de fuerza espiritual, litúrgica y pastoral.

El Misal romano, en las rúbricas iniciales de la Vigilia pascual (n. 3), ofrece un resumen hermoso del sentido de esta santísima liturgia:

“Según antiquísima tradición, ésta es una noche de vela en honor del Señor, y la Vigilia que en ella se celebra para conmemorar la noche santa de la resurrección del Señor, es considerada como la madre de todas las santas vigilias. En ella la Iglesia velando espera la Resurrección del Señor y la celebra con los sacramentos de la Iniciación cristiana”.

Hay que ser muy cuidadoso, y tener un gran celo pastoral, para que la Vigilia se celebre correctamente, desplegando la fuerza de su simbolismo, la grandeza de sus ritos, sin minimizarlos, permitiendo que esta liturgia toque el alma y sea vivida por todos con unción y gozo espiritual.

Pero se ve, por aquí y por allá, de una forma o de otra, que la Vigila pascual se está reduciendo, empobreciendo paulatinamente. Se convierten muchas de ellas en mini-vigilias, y esto hay que afrontarlo, corregirlo, porque está en juego el bien de las almas: ¿acaso la pastoral no es buscar este bien?

Veamos algunos elementos, de distinta y desigual importancia, a veces incluso detalles, que hacen que la Vigilia se esté reduciendo en su belleza.

 1.      El carácter nocturno

La Vigilia pascual es un oficio nocturno, se desarrolla cuando no hay luz del día, cuando es de noche. No es un oficio vespertino, al atardecer, sino nocturno, como otros muchos momentos de la vida de la Iglesia, por ejemplo, la Misa de medianoche de Navidad, o la fidelidad de la Adoración Nocturna.

Adelantarlo a la tarde es empobrecer la Vigilia, vaciarla de su sentido y reducir el Sábado Santo robándole horas a un día de oración y espera junto al sepulcro. Convertir la Vigilia pascual en una Misa vespertina más de sábado por la tarde le quita fuerza a su excepcionalidad, a su carácter único.

“Esta regla [la nocturnidad] ha de ser interpretada estrictamente. Cualquier abuso o costumbre contrario que poco a poco se haya introducido, y que suponga la celebración de la Vigilia pascual a la hora en que habitualmente se celebran las misas vespertinas antes de los domingos, han de ser reprobados” (Cong. Culto divino, Carta sobre la preparación y celebración de las fiestas pascuales, n. 78).

 Incluso el episcopado español, en 1988, por medio de su Comisión permanente, sacó una nota sobre “El horario y otros aspectos de la Vigilia pascual”, en que señalaba:

“La Vigilia pascual debe celebrarse en las horas nocturnas también por su carácter extraordinario. La tendencia actual, que parece extenderse en algunos lugares, de convertir la Vigilia pascual en una misa vespertina, constituye una desvirtuación de aquélla. Hay que reconocer que en algunos lugares se va prescindiendo del simbolismo de la noche y se hace caso omiso de la clara normativa del Misal. En no pocos lugares, en efecto la Vigilia pascual se adelanta tanto y se celebra tan abreviadamente que pierde el carácter de velada de espera y de celebración extraordinaria”.

  Es verdad, y es comprensible, que muchos sacerdotes tienen que celebrar en dos sitios diferentes, y una de las Vigilias ha de comenzarla antes sin más remedio, pero esto debería ser la absoluta excepción, no lo generalizado. Además, en muchas ocasiones, se celebran Vigilias adelantadas a la tarde del sábado para dar abasto en muchos pueblos y aldeas y que cada una tenga su propia celebración pascual, la cual, por muy buena intención que se tiene, resulta pobre: carece de canto, de suficientes lectores y acólitos, etc., cuando lo mejor sería juntar en una iglesia más principal a distintas parroquias pequeñas, disfrutando todos de una Vigilia pascual con mayor despliegue litúrgico.

 La Carta de la Congregación para el Culto divino sobre las fiestas pascuales advertía: “Es de desear que, según las circunstancias, se plantee la posibilidad de reunir en una misma iglesia diversas comunidades, cuando, por razón de la cercanía de las iglesias o del reducido número de participantes no es posible asegurar para cada una separadamente una celebración plena y festiva” (n. 94).

 2.      La reducción dramática

Tradicionalmente, también en la liturgia romana, las lecturas bíblicas eran muy abundantes, doce, y en el estadio más antiguo de la liturgia, cada una de ellas leída en latín y en griego (pensando en los fieles presentes de distinta lengua). Es un desarrollo amplísimo de la liturgia de la Palabra.

Actualmente, siete son las lecturas del AT, y dos del NT, la del Apóstol y el Evangelio, con los correspondientes salmos cantados. No es algo excesivo. Sin embargo, también en este aspecto, estamos viviendo mini-vigilias pascuales. Se da por hecho en todas partes que es mejor reducir lecturas y se ha convertido en el uso habitual en muchas parroquias, en conventos… y hasta en la misma Basílica vaticana de San Pedro.

 Tal vez en algunas parroquias con menor asistencia de fieles, o más pobre espiritualmente, se podrían reducir las lecturas, pero debe ser lo excepcional, no lo normal. En conventos de monjas contemplativas sería un sinsentido: las monjas de clausura disfrutan de la liturgia, y es raro que las monjas mismas quieran quitar lecturas. En las parroquias es cuestión de ir educando y habituando a todos al esplendor de la liturgia y a la escucha orante de la Palabra.

 A veces, con mal criterio “pastoral”, deducimos o imaginamos que la gente se cansa, se aburre, no entiende nada… y decidimos recortar. Tal vez nos sorprenderíamos de lo que los fieles llegan a gustar y entender, más de lo que los “pastoralistas” se imaginan, si la liturgia se hace bien. Pero es que además, aunque volvamos sobre ello más adelante, para eso está la catequesis de adultos, las predicaciones cuaresmales, retiros espirituales, formación, etc., para preparar espiritualmente estos momentos y ofrecer una explicación litúrgica y espiritual.

 Al final, con tanto recorte, la liturgia de la Palabra de la Vigilia no es una meditación de la historia de la salvación con 9 lecturas, sino una liturgia de la Palabra más parecida a la de cualquier Misa dominical (con tres lecturas). ¡Sea abundante la Palabra proclamada y dejemos que el Espíritu Santo con su voz resuene en los corazones!

 El Misal mismo nos ofrece la clave de cómo vivir esta liturgia de la Palabra con la monición obligatoria que dirige el sacerdote (o el obispo), sentado en su sede:

“Hermanos: Con el pregón solemne de la Pascua, hemos entrado ya en la noche santa de la resurrección del Señor. Escuchemos, en silencio meditativo, la palabra de Dios. Recordemos las maravillas que Dios ha realizado para salvar al primer Israel, y cómo en el avance continuo de la Historia de la salvación, al llegar los últimos tiempos, envió al mundo a su Hijo, para que, con su muerte y resurrección, salvara a todos los hombres. Mientras contemplamos la gran trayectoria de esta Historia santa, oremos intensamente, para que el designio de salvación universal, que Dios inició con Israel, llegue a su plenitud y alcance a toda la humanidad por el misterio de la resurrección de Jesucristo”.

 3.      La novedad y el cirio pascual

Resucitando el Señor, todo es nuevo. “He aquí que todo lo hago nuevo” (Ap 21,5) dice Cristo. Aquí y ahora se renueva la faz de la tierra. Esta novedad se plasma en la liturgia de varias formas, una de ellas es el fuego nuevo que se enciende, se bendice y del que se alumbra el cirio pascual. También lo será el agua bautismal que se bendecirá solemnemente en esta noche.

 Pero sobre todo es el cirio el que señala la novedad, la renovación de todo por la santa Pascua. Una mini-vigilia pascual tiende a reducirlo todo, también el simbolismo del cirio. En vez de ser un cirio nuevo, de cera, que va a arder y consumirse en honor del Señor, en algunos lugares se aprovecha cicateramente el cirio pascual del año anterior, raspando sólo el año; en otros lugares, se emplea un cirio falso, de plástico, con el sistema de cera líquida… No parece entonces que el cirio pascual resplandezca con su centralidad y valor litúrgico y espiritual.

 Con estas claves podemos comprender lo que determinan las rúbricas:

“Prepárese el cirio pascual que, para la veracidad del signo, ha de ser de cera, nuevo cada año, único relativamente grande, nunca ficticio, para que pueda evocar realmente que Cristo es la luz del mundo” (Carta, n. 82).

 Destacando la cruz, el alfa y la omega, el año en curso (y los granos de incienso clavados, que son optativos), el cirio se puede adornar y pintar pero sin que lo central (la cruz y lo demás) se pierdan o se oculten o se disimulen. Algunos son obras preciosas, y conozco incluso un Monasterio que en el coro alto han conservado dignamente los cirios pascuales de un año y otro.

 

21.04.17

Las abejas, el cirio pascual (y hasta Pío XII)

Las abejas, ¿qué hacen en el Pregón pascual?

Sí, es que están las abejas laboriosas mencionadas en el canto del pregón pascual, aunque algunas versiones cantadas omiten dicho párrafo.

 "En esta noche de gracia, acepta, Padre santo, este sacrificio vespertino de alabanza que la santa Iglesia te ofrece por medio de sus ministros en la solemne ofrenda de este cirio, hecho con cera de abejas.

 Sabernos ya lo que anuncia esta columna de fuego,ardiendo en llama viva para gloria de Dios. Y aunque distribuye su luz,no mengua al repartirla, porque se alimenta de esta cera fundida, que elaboró la abeja fecunda para hacer esta lámpara preciosa.

 ¡Que noche tan dichosa en que se une el cielo con la tierra,lo humano y lo divino!”

 Es simpático el párrafo, y es antiguo. La cera pura la ha elaborado la abeja laboriosa, símbolo de la virginidad, y son recordadas en el pregón pascual. 

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17.04.17

El cirio pascual

Cirio pascual

“El cirio pascual, que tiene su lugar propio junto al ambón o junto al altar, enciéndase al menos en todas las celebraciones litúrgicas de una cierta solemnidad de este tiempo, tanto en la misa como en Laudes y Vísperas, hasta el domingo de Pentecostés. Después ha de trasladarse al bautisterio y mantenerlo con todo honor, para encender en él el cirio de los nuevos bautizados. En las exequias, el cirio pascual se ha de colocar junto al féretro, para indicar que la muerte del cristiano es su propia Pascua.

El cirio pascual, fuera del tiempo pascual, no ha de encenderse ni permanecer en el presbiterio”.(Cong. Culto Divino, Carta sobre la preparación y celebración de las fiestas pascuales, n. 99).

El cirio pascual es uno de los grandes signos de la Pascua.

La Tradición litúrgica poco a poco le fue dando cada vez mayor realce encendiéndolo de un fuego nuevo en la Vigilia pascual y anunciando la Pascua con la laus cerei o praeconium paschale, el canto del Pregón pascual. El cirio, hermoso, relativamente grande, era depositado en un hermoso candelabro, bien labrado, embellecido con buenos materiales, construido al lado del ambón. El lugar propio del cirio es junto al ambón. Lo vemos incluso en la historia del arte, que del mismo material y corte del ambón fabricaba artísticamente el candelabro del cirio pascual.

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13.04.17

Estilo de la Oración de los fieles (III)

Las intenciones se proponen a los fieles para que ellos oren, por tanto, es un lenguaje que tiene por interlocutor a la asamblea santa. Se trata de señalar la intención, marcar la dirección de la oración, sin grandes artificios y, por supuesto, sin convertir este momento en una catequesis o en un discurso para explicar lo que hay que pedir. Normalmente lo más adecuado serían fórmulas así:

  1. Encabezadas “Por…”: “Por la Iglesia, por el papa, por el colegio episcopal, los presbíteros y diáconos. Roguemos al Señor”.
  2. Encabezadas señalando el fin de la petición “Para que…”: “Para que los pobres sean socorridos, los enfermos aliviados. Roguemos al Señor”.
  3. O como fórmula diaconal: “Oremos por…”, “Pidamos por…”: “Oremos por los enfermos y quienes los atienden, por los hospitalizados y por los agonizantes”; “Pidamos por los catequistas y por sus grupos; pidamos por los padres y madres de familia”.

Estos son los tres modos que hallamos en las intenciones de diferentes rituales y celebraciones litúrgicas, que, por tanto, sirven de pauta y modelo para todos.

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7.04.17

Jesús no abolió lo sagrado (Sacralidad - II)

Una mala teología, de influencia protestante liberal, insiste y repite que Cristo abolió lo sagrado y ya no hay diferencia ni distancia entre lo sagrado y lo profano. Por eso la liturgia cristiana debería despojarse de sacralidad, solemnidad y belleza, y se profana, simplista, convencional, más parecida a una reunión de amigos y colegas, sin un lenguaje litúrgico sino tomando las expresiones coloquiales de la vida cotidiana, los gestos de lo cotidiano, y cuanta menos diferencia exista, mejor.

¿Responde esto a la verdad de la fe? ¿La sacralidad de la liturgia es un invento humano y ya fue abolida por Jesucristo? ¿Lo sagrado de la liturgia es una barrera, un impedimento, un obstáculo? ¿Cuánto menos sagrada sea la liturgia y más informal y populista, es más fiel al deseo e intención de Cristo?

Aporta mucha luz a esta cuestión la palabra de Benedicto XVI:

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