19.03.17

(167) Las tres advertencias de la Pascendi

El 8 de septiembre de 1907, año quinto del pontificado de San Pío X, fue una fecha importante para la Iglesia: es el día de la carta encíclica Pascendi, un profético documento magisterial. En ella no sólo se condenaban con claridad conceptual y precisión luminosa las doctrinas de los modernistas.También se daba voz de alarma contra los males que iban a venir, y se lanzaban tres advertencias fundamentales.

 

1.- La primera advertencia de la Pascendi.- Todo obispo debería tener muy en cuenta su primer deber, según la encíclica. Primera obligación, primer imperativo, primera misión de pastoreo: proteger el Depósito. Responsabilidad primigenia y primordial de la Iglesia jerárquica. Y es que el papel de los pastores, en el combate contra el error, es el papel protagonista. Así lo enseña, sin timidez ni eufemismos, en la primera frase: 

«(Pascendi Introducción) Jesucristo señaló como primer deber el de guardar con suma vigilancia el depósito tradicional de la santa fe, tanto frente a las novedades profanas del lenguaje como a las contradicciones de una falsa ciencia.».

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15.03.17

(166) En el laberinto progresista: el modernismo como Minotauro

¿Va ud. a hablar ahora del modernismo?

—Claro, es que si hablo del progresismo tengo que hablar del modernismo.

No entiendo. ¿Cuál es su tesis?

Mi tesis es que el progresismo eclesial, aun en sus dos vertientes, no es más que la forma posmoderna del modernismo.

—¡Toma ya! ¿No le parece un poco desfasado hablar, todavía, de modernismo, en plena posmodernidad? Hay evangelizadores que afirman lo contrario que ud.: que el catolicismo sigue empeñado anacrónicamente en una lucha contra el modernismo, sin entender que cambiaron las coordenadas, y que estamos inmersos en otra época: la muy líquida y delicuescente posmodernidad. Dicen que el modernismo pasó.

El modernismo no ha caducado, ni para la mente occidental en general, ni para la mente católica en particular. No ha pasado porque está inmersa en su laberinto, que se confunde con la cultura posmoderna. El progresismo es el laberinto con que el modernismo mantiene extraviadas muchas mentes católicas actuales. 

—Entonces, según eso, el modernismo es el señor del laberinto, su Minotauro.

Es lo que pienso.

—¿Y quién será Teseo?

El catolicismo autentico, bíblico-tradicional, sacramental, con buena doctrina de la gracia, con buena metafísica, con buena doctrina, sacral, adorador, venerador dúlico e hiperdulico.

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9.03.17

(165) Dichas y desdichas del progresismo católico

I.- PROGRESISMO TEOLÓGICO COMO HOSTILIDAD A LA TRADICIÓN

¿Ve ud. progresismo por todas partes?

—Hombre, por todas partes no, jeje

¿Cree ud, entonces, que hay un progresismo católico?

Obviamente. Claro que lo hay. Hay una tendencia del catolicismo cuya convicción es el marxismo cultural. Y digo convicción, porque es mucho más que una afición o un hobby. Es toda una forma de conformarse con el mundo. Es como una gran sombra de catolicismo, un simulacro, un arte de imitación, una impostura teológica. Una sombra que acompaña a la Iglesia, que hay que iluminar con el sol que viene de lo alto, que es la sana doctrina bíblico-tradicional. 

Y, ¿cómo calificaría ud. la esencia de ese supuesto progresismo católico?

—La definiría con esta expresión, un tanto belicosa, lo reconozco: hostilidad latente o manifiesta contra la Tradición y, por tanto, contra la ley natural. Incluyo aquí las buenas tradiciones, es decir, aquellas que conservan y refuerzan la ley natural, mediante la cultura, la leyes, las instituciones, etc. Por ejemplo, la tradición grecolatina y judeocristiana de Europa.

Es una definición muy extraña, jeje.

—Sí, pero se la puedo explicar, si le interesa.

No sé que decirle…

 

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26.02.17

(164) Progresismo eclesial

1.- La esencia del progresismo eclesial.-  Se sustenta teológicamente en uno de los errores condenados en 1864 por el Syllabus, V con toda precisión: «La revelación divina es imperfecta, y está por consiguiente sujeta a un progreso continuo e indefinido».

 
2.- El progresismo cree que la ley moral natural debe cambiar a mejor.-  Que las verdades reveladas, que la incluyen, deben avanzar con el avance del tiempo, mutar en algo mejor, alcanzado por el puro movimiento antropocéntrico. —Porque, bajo esta perspectiva, cambiar es bueno, y reposar en algo que no cambia, que no se mueve, es malo. Ya lo expuso Gotthold Ephraim Lessing († 1781), en Nathan el sabio: si hay que elegir entre hallar la verdad, y buscarla indefinida e interminablemente, es mejor escoger lo segundo. Porque reposar en la verdad, para la mente progresista, estanca y paraliza.
 

3.- La forma actual del modernismo es el progresismo y sus obsesiones: el sentimentalismo buenista, la supuesta maldad legalista de la ley, la primacía de la conciencia subjetiva, el rigorismo de toda condena del error, la inconveniencia del ejercicio de la autoridad, reconvertida en mero servicio; la no esencialidad del ser humano, que puede y debe llegar a ser lo que quiera, sin límite alguno; la supuesta irreligiosidad del derecho penal de la Iglesia, etc, etc. —Tarea urgente para el catolicismo de hoy, sería elaborar un catálogo de tabúes progres, a la manera de León Bloy († 1917), que lo hizo con los prejuicios burgueses.

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11.02.17

(163) Intoxicación situacionista de la mente católica. Tres remedios

El situacionismo es un agente tóxico en la mente católica. Su alta toxicidad consiste en una potente capacidad para producir fallos de sistema en la teología moral, al entrar en contacto con ella. 

 —Intoxicación es la palabra exacta para definir lo que está ocurriendo a la mente eclesial. Es el estado de la mente católica bajo los efectos perjudiciales del situacionismo teológico.

El grado de toxicidad de una idea extraña a la doctrina católica puede determinarse en base a tres factores:

1.- La toxicidad propia de la idea: su especie de error, que determina el grado de efecto tóxico y la gravedad de los daños que puede producir.

2.- Dosis de tóxico que recibe la mente católica.

3.- Estado de debilidad e indefensión en que se encuentra en el momento de recibir el tóxico.

Pues bien, teniendo en cuenta estos tres factores, calificamos la intoxicación actual como grave, pues 1) alta es la toxicidad del situacionismo, 2) alta es la dosis que ha recibido la mente católica desde Häring hasta Amoris Lætitia, y 3) alto es el grado de debilitamiento e indefensión de la mente católica en las actuales circunstancias, lo que la vuelve más vulnerable a la agresión de la toxina.

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