28.11.14

La crisis postconciliar de la vida religiosa

UNAS DECLARACIONES DEL PURPURADO FRANCÉS A LA RADIO VATICANA EN 1972 GUSTARON POCO AL P. ARRUPE Y A OTROS GENERALES RELIGIOSOS

DanielouAl comienzo del año dedicado a la vida religiosa, reproponemos un post de este mismo blog del ya lejano año 2009, por lo ilustrativo que es sobre el origen de la situación actual de muchas familias religiosas

Las declaraciones del Cardenal Daniélou que crearon la polémica con los Generales de ciertos institutos religiosos hay que ponerlas en el marco de la celebración del I Congreso de las Conferencias Nacionales de Religiosos, de uno y otro sexo, después del Vaticano II, celebrado en Roma del 17 al 19 de octubre de 1972. Este Congreso, convocado por la Sagrada Congregación de Religiosos, había sido previsto con miras a la reunión plenaria de la misma Congregación de Religiosos, del 23 al 25 de octubre. Se abrió con un discurso del Cardenal Ildebrando Antoniutti, y se concluyó con un discurso del Beato Pablo VI.

En él se pusieron sobre el tapete todos los problemas que agitaban entonces la vida religiosa, con los cambios, las experiencias, los fermentos renovadores, los aciertos y desaciertos en la aplicación de las directrices conciliares para una acomodada renovación de los institutos religiosos. Luego vino la Plenaria de la Congregación de Religiosos. Parece ser que en la orden del día estaba el punto candente a que se refería el Cardenal, o sea, el de la autorización a los religiosos observantes para constituir comunidades aparte. Y antes, justamente, de esa Plenaria surgieron las Declaraciones del Cardenal en Radio Vaticana el 23 de octubre del 1972. Helas aquí traducidas del italiano:

“Cuestión: ¿Se da hoy, realmente, una crisis de la vida religiosa, y cuáles serían las dimensiones y los síntomas?

monjasCard. Daniélou.-Estamos en presencia de una crisis muy grave de la vida religiosa: no se puede hablar de renovación sino de decadencia. Esta crisis afecta, en primer lugar, al mundo atlántico. La Europa del Este y los pueblos de África y Asia gozan de una situación mucho más sana. La crisis se manifiesta en todos los campos. Los Consejos evangélicos han dejado de considerarse como consagración a Dios, para ser vistos en una perspectiva sociológica y psicológica. Existe, sí, la preocupación de no parecer burgueses, pero en el plano individual ya no se practica la pobreza. La obediencia religiosa se sustituye por la dinámica del grupo. Bajo pretexto de ir contra los formalismos, se abandona toda regularidad en la vida de oración. Las consecuencias de este estado de confusión se advierten, sobre todo, en la escasez de las vocaciones. Pues los jóvenes lo que quieren es una formación seria. Par otra parte se dan continuos abandonos de la vida religiosa, lo que produce escándalo, pues se rompe el pacto que unía al pueblo de Dios.

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13.11.14

La familia Paulina, un siglo en las comunicaciones

EL FRUTO DE UN SACERDOTE QUE SE ADELANTÓ A SU TIEMPO

JOSÉ RAMÓN GODINO ALARCÓN

Don AlberioneEl sacerdote y fundador italiano Giacomo Alberione es fundamentalmente conocido por ser un apóstol de la comunicación, auténtico pionero en su tiempo, y todavía hoy activo a través de sus hijos e hijas espirituales, tanto que oficiosamente es conocido como patrón de las comunicaciones por internet. Cuando él nació, el 4 de abril de 1884, era impensable el nivel al que llegarían a crecer las comunicaciones sociales en el s. XX. Provenía de una humilde familia campesina de San Lorenzo di Fossano en Cuneo (Italia). La familia era profundamente cristiana, guiada por el padre de familia, Miguel, y su esposa Teresa. Desde el principio tanto él como sus otros cuatro hermanos (una hermana pequeña murió con un año) fueron educados en la piedad cristiana, el trabajo y la confianza en la Providencia.

Esta educación se mantuvo durante la niñez de Giacomo, que desde muy temprano manifestó su deseo de ser sacerdote. Cuando en la escuela le preguntó su maestra, Rosa Cardona, qué quería hacer cuando fuera mayor, el niño contestó decididamente que quería ser cura. Él mismo recordaba la situación con sorpresa: “Recuerdo, cuando yo era muy pequeño apenas empezaba a percibir las cosas, cosas que a mi temprana edad eran mínimas, porque mi ritmo diario era la escuelita y jugar con mis hermanos; más aún, ni tenía idea lo que era el futuro. No sé si te pasó alguna vez lo mismo o cuando tu profesor o profesora te preguntó ¿Qué quieres ser cuando seas grande?….De seguro te quedaste en silencio o quizás respondiste alguna profesión que se te ocurrió”. Él, sin embargo, fue rápido en su respuesta. Con esta firme intención pasó la niñez Giacomo.

PaulineEn esos años la familia tuvo que cambiar de domicilio y pasar a vivir a la región de Cherasco, en la diócesis de Alba. El párroco del lugar en cuanto conoció al ya joven adolescente puso empeño en ayudarle a tomar conciencia de su vocación y a responder a la llamada del Señor. Para ese tiempo Giacomo era un joven de mediana estatura, de aspecto enfermizo y muy débil. En su niñez, su madre, temiendo por él, acercó al niño al santuario de Bra para ponerlo bajo la protección de la Virgen de las Flores. A pesar de esa apariencia débil llamaba la atención su mirada firme y su sed en busca de la verdad. A los 16 años, en 1900, entró en el seminario de Alba. Desde pequeño estaba dispuesto a dar este paso, sus compañeros de colegio le habían puesto de mote “el cura” y se reían de él, pero eso a Giacomo no le importaba. Ese pensamiento había dominado sus estudios, todo había apuntado en esa dirección, incluso participando activamente en la Obra de la Santa infancia.

La épca de seminario fue muy fecunda para Giacomo. Conoció a personas que en especial marcarían su vida, como el canónigo Francesco Chiesa, quien fue amigo y confidente suyo por más de 46 años. Había encontrado un padre, amigo, guía y consejero. Durante 33 años fue párroco en San Damián, de Alba, y canónigo de la catedral. La parroquia de don Francesco fue la mejor de la ciudad y de la diócesis, tanto por la vida cristiana como por la organización pastoral y catequística. El secreto de su éxito: durante los cincuenta años de sacerdocio se mantuvo fiel a sus dos horas de adoración eucarística ante Jesús Maestro sacramentado. Amaba tanto la Palabra de Dios que se había aprendido de memoria casi toda la Biblia. Francesco Chiesa fue el profeta y maestro de una nueva generación de sacerdotes abiertos a un estilo de vida y a una acción pastoral renovada según las nuevas exigencias de nuevos tiempos. Antes de que la figura del director espiritual fuera oficialmente instituida para los seminarios por san Pío X, él ejerció ya esa función con los seminaristas de Alba. Fue el guía de la mayor parte de los sacerdotes de su diócesis y, a partir del 1900, director espiritual de Giacomo Alberione.

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27.10.14

Schoenstatt cumple 100 años

LA OBRA DE UN SACERDOTE QUE SE ANTICIPÓ A SU TIEMPO

JOSÉ RAMÓN GODINO ALARCÓN

fundador

 En la primera mitad del siglo XX hubo una serie de sacerdotes -y obispos- que se anticiparon a los tiempos en los que vivían, comenzando a usar métodos apostólicos que para entonces eran novedosos (hoy ya no nos lo parecen) y no pocas veces fueron mirados con recelo por algunos. En cierto modo, muchos de ellos anticiparon lo que después consagraría de modo oficial el Concilio Vaticano II, aunque no pensasen en anticipar nada; simplemente se dejaban llevar por las inspiraciones del Espíritu, que sopla donde quiere. Uno de los sacerdotes que sin duda se anticiparon a su tiempo por el modo de concebir el apostolado de los laicos en la Iglesia fue el alemán Joseph Kentenich, conocido fundamentalmente por su obra: el movimiento de Schoenstatt. Su vida estuvo marcada por esta fundación que le acarreó alegrías y problemas en la vida a este sacerdote palotino.

Nació en Gymnich, cerca de Colonia, el 16 de noviembre de 1885, hijo natural de Matthias Jöpp, administrador de una granja y Katharina Kentenich, empleada doméstica en la misma granja. La vida familiar de los Kentenich no era sencilla, sus padres nunca se casaron, pero sabemos que la comunicación de José con su padre era fluida, y le  visitó en numerosas ocasiones. Legalmente era un hijo ilegítimo, por lo que tuvo que criarse en la casa de sus abuelos maternos, que acogieron a madre e hijo. La situación económica no era desahogada, su madre tenía que realizar trabajos de servicio doméstico para poder salir adelante, a veces, incluso, lejos de Gymnich. En 1891 madre e hijo se trasladaron a Estrasburgo, donde Katharina entraría al servicio de una familia acomodada. Las condiciones de la familia eran muy estrictas e impedían que madre e hijo permanecieran juntos, por lo que José fue internado en el Orfanato de Oberhausen en 1894, después de numerosas mudanzas y privaciones.

SchoenstattEste hecho marcó la vida de Joseph, por entonces un niño de 8 años. La soledad que sentía era inmensa y llenó el inmenso agujero que dejaba la ausencia de su madre encomendándose a la Virgen. Aquí el origen del carisma netamente mariano que introdujo en la Iglesia. Su madre, antes de despedirse de él, consagró a su hijo ante una imagen de la Virgen de Pompeya, a quien pidió que educase y cuidase del pequeño José. Ser educado y cuidado por la Virgen María sería uno de los puntos más importantes del método que desarrollará Kentenich. La acción de su madre de transmitir sus deberes maternos a la Virgen ayudó a José a entender que así como la Virgen educó a Cristo ahora tiene que educar a quienes se consagran a Ella para asemejarse más a Jesús.

Recibió la Primera Comunión en Oberhausen en 1897. El orfanato era dirigido por un sacerdote y asistido por religiosas, por lo que su espíritu religioso era cuidado. El mismo día de su Primera Comunión comunicó a su madre que quería ser sacerdote. Su madre le pidió que rezase mucho y reflexionase sobre su decisión, y ante la insistencia del pequeño aceptó su decisión. Aconsejada por el padre Savels, director del orfanato, Joseph pasó al seminario menor de Ehrenbreitstein, regentado por los padres palotinos, el 23 de septiembre de 1899. Allí realizó los estudios secundarios hasta 1904 para después estudiar la Filosofía y la Teología en Limburgo.

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8.10.14

La persecución encarnizada contra los Templarios (II)

LAS IRREGULARIDADES Y FALSEDADES DEL PROCESO CONTRA LOS TEMPLARIOS

sello templeTantas cosas y tan graves llegaban a oídos del Papa sobre los crímenes de los Templarios, que llegó a dudar de su culpabilidad y trató con los cardenales, de hacer una encuesta formal. Y como el mismo gran maestre de la Orden, Jacobo de Molay, reclamara una averiguación en regla a fin de que se demostrase la inocencia de los suyos, determinó el sumo pontífice poner manos en el asunto. Bien conocía Felipe la lentitud de un proceso canónico, por eso no quiso aguardar el resultado de la encuesta pontificia. Y de pronto, en la mañana del 13 de octubre de 1307, por un golpe de mano que cogió a todos de sorpresa, los esbirros del monarca apresaron a los dos mil templarios de Francia y se apoderaron de sus bienes muebles e inmuebles.

Con una nube falsa de crímenes escandalosos y repugnantes se trató de sofocar la impresión popular de extrañeza y estupor. Muchos se dejaron engañar por la propaganda, pero no así el Papa, que con fecha 27 de octubre se dirigió al rey para reprocharle acerbamente tan horrible atentado. Para juzgar en materia de religión y de fe, el rey no tiene competencia alguna, y, tratándose de personas eclesiásticas, sólo la Iglesia Romana puede juzgarlas. “Pero tú, hijo carísimo, lo decimos con dolor, despreciando toda regla y a pesar de que nosotros estábamos tan cerca (para que nos consultases), has puesto tu mano sobre las personas y los bienes de los Templarios". Le anuncia la misión inmediata de dos cardenales que le manifestarán su dolor, y en cuyas manos deberá poner hodie citius quam cras las personas y los bienes incautados. Ya no admite duda que Felipe el Hermoso arrojó en prisión a los caballeros del Templo sin licencia ni conocimiento de la Santa Sede. Fué un grave atentado, una infracción de todas las leyes constitutivas de la sociedad en la Edad Media, según las cuales solamente la Iglesia poseía jurisdicción sobre sus miembros.

templariosPero Felipe era muy hábil, había tomado sus precauciones para ponerse al abrigo de acusaciones personales. Un hecho que no ha sido bastantemente destacado y cuya importancia es capital fué el papel que jugó la Inquisición… El confesor de Felipe el Hermoso, Guillermo de París, era, por nombramiento pontificio, inquisidor general del reino y dirigía a aquellos Padres de su Orden que en cada provincia estaban encargados de castigar la herejía. Guillermo de París se convirtió en agente de Felipe el Hermoso. Puso la Inquisición al servicio del rey: ordenó a los diferentes inquisidores del reino perseguir a los Templarios. Y aquí conviene hacer una distinción importante: sólo el Papa tenía el derecho de encausar a la Orden entera; por eso los inquisidores formaron proceso individualmente a cada templario; de este modo no se cometía ilegalidad alguna, al menos en apariencia. El rey no intervenía sino a ruegos del inquisidor general, el cual le suplicaba poner el brazo secular a disposición de la Iglesia.

Esto era una detestable hipocresía, pero de parte del rey había estricta legalidad. Mas ¿cómo no hacer recaer la afrenta sobre la cabeza de los inquisidores, que prostituyeron a pasiones humanas su temible ministerio y se hicieron cómplices de Felipe el Hermoso? Clemente V no pudo tolerar esta indigna comedia. Habían abusado de sus derechos inquisitoriales, olvidando sus deberes, y el papa los castigó como indignos, suspendió el poder de los inquisidores en Francia y avocó la causa a su tribunal. Felipe el Hermoso recibió con grandes muestras de cordialidad a los cardenales legados, protestó de su fidelidad a la Iglesia, reconoció plenamente los derechos de la Santa Sede, prometiendo poner a su disposición las personas de los Templarios, y se dio por contento de que los bienes de la Orden, en el caso que se demostrase culpable, se empleasen en favor de Tierra Santa.

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22.09.14

Benedicto XV: El camino hacia el pontificado (II)

AÑOS DE CONVULSIONES EN LA IGLESIA

RODOLFO VARGAS RUBIO

Giacomo della Chiesa con doce años entró en el Instituto Danovaro e Giusso, una de las mejores escuelas de Génova, donde trabó amistades que le durarían toda la vida, especialmente con Pietro Ansaldo y Carlo Monti (que tanto le iba ayudar como interlocutor con el gobierno italiano en los difíciles años de tensión Iglesia-Estado). Más bien introvertido, sedentario (su físico no le permitía practicar deporte) y dado a la lectura (a la que era aficionadísimo), Giacomo, aunque no excepcional, fue un buen estudiante. A la brillantez sustituía un interés constante y una diligente aplicación. Al amor por el estudio se añadió la vocación eclesiástica. Llevaba una vida de ordenada piedad, basada en la devoción al Santísimo Sacramento, al Sagrado Corazón de Jesús y a Nuestra Señora de la Guardia, patrona de la ciudad. Parece ser que los escritos espirituales del Rev. Gaetano Alimonda, rector del seminario de Génova (futuro cardenal-arzobispo de Turín), influyeron no poco en su decisión de hacerse sacerdote.

Ésta, sin embargo, chocó con la oposición de su padre. Giacomo, una vez terminada su educación escolar, quería pasar directamente al seminario diocesano para su formación, pero el marqués della Chiesa pensaba que su hijo no tenía todavía el criterio formado para ello y que una carrera universitaria le ayudaría a madurar y le sería útil, en todo caso, incluso como sacerdote, en la nueva sociedad secularizada en la que se vivía en la Italia del Risorgimento. Así pues, en 1872, ingresó en la Real Universidad de Génova, donde estudió derecho en medio de un ambiente francamente hostil a la Iglesia, el cual no le arredró, como lo demuestra el hecho de su abierta militancia religiosa, pues llegó a ser secretario de la “Sociedad para la promoción de los intereses católicos” establecida en dicho centro por estudiantes fieles a su fe. Habiendo obtenido su doctorado en 1875, volvió a plantear su entrada en el seminario. Su padre consintió en permitirle seguir los estudios eclesiásticos, pero en Roma, donde Giacomo habría tenido una carrera más rápida y prestigiosa.

Inscrito como alumno en el Almo Colegio Capranica y en la Universidad Gregoriana, el joven clérigo della Chiesa se vio inmerso en una atmósfera que le turbaba profundamente: la de usurpación saboyana de Roma, la cual estallaba frecuentemente en tumultos anticlericales. Giacomo se dedicó en cuerpo y alma a su preparación según los principios de la más estricta ortodoxia católica que regían en el Capranica y que ponía en práctica a través de la enseñanza del catecismo a los niños en la vecina parroquia de Santa María in Aquiro. Por fin, el 21 de diciembre de 1878 fue ordenado sacerdote por el cardenal Raffaele Monaco La Valletta, vicario papal para la diócesis de Roma, en la basílica patriarcal de San Juan de Letrán (la catedral del Papa) y en presencia de su familia, venida al efecto desde Génova. Su primera misa la celebró en la basílica de San Pedro en el Vaticano. Por un error de los sacristanes en la asignación de los altares, no lo hizo, según su deseo en la Capilla Clementina, sobre la tumba del Príncipe de los Apóstoles, sino en el altar de la Cátedra, en el ábside, en el marco de la esplendorosa “Gloria” de Bernini.

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4.09.14

Hace cien años, el Papa de la paz

EL PAPA DE LA PAZ (I)

RODOLFO VARGAS RUBIO

El 3 de septiembre de 1914, hizo ayer cien años, en el cuarto día del cónclave reunido en la Capilla Sixtina después de la muerte de san Pío X, era elegido el cardenal-arzobispo de Bolonia, marqués Giacomo della Chiesa para suceder al pontífice que había ofrecido su vida a Dios para evitar que estallara el que él llamó “il Guerrone”. La conflagración –que iba a dar la razón al papa Sarto en lo colosal de sus dimensiones y crueldades, mereciendo el apelativo de Gran Guerra– había comenzado el 28 de julio precedente e iba a ser el terrible compás del pontificado que ahora comenzaba durante sus cuatro primeros años.

El cardenal della Chiesa emergía sorpresivamente papa tras diez escrutinios. Sus posibilidades no eran muchas cuando entraron en la Sixtina los cincuenta y siete electores (de un sacro colegio de sesenta y cinco): en efecto, era criatura del cardenal Rampolla del Tindaro, bête noire de los zelanti; su cardenalato era de recentísima data (lo había creado san Pío X prácticamente in extremis en su último consistorio, tenido el 25 de mayo de aquel año), y, lo más importante, no era el candidato del poderoso partido piano (liderado por el cardenal español Rafael Merry del Val, que había sido el secretario de Estado de san Pío X), el cual quería a toda costa un nuevo papa antimodernista. El cardenal Giacomo della Chiesa fue elegido como vía media entre el cardenal benedictino Domencio Serafini, asesor del Santo Oficio (antimodernista y candidato de los zelanti) y el cardenal Pietro Maffi, arzobispo de Pisa y muy cercano a la Casa de Saboya (liberal y candidato de los politicanti). Lo fue después de ser descartado otro hombre de su mismo talante: el cardenal Antonio Agliardi, obispo suburbicario de Albano, el cual tenía casi ochenta y dos años, lo que prometía un pontificado fugaz, lo que menos necesitaba la Iglesia (en efecto, Agliardi murió seis meses y medio más tarde).

Como el arzobispo de Bolonia había sido elegido con la diferencia de un voto, Merry del Val exigió que se revisaran las papeletas para ver que este voto decisivo no se lo hubiera dado aquél a sí mismo (a la sazón, la constitución apostólica Vacante Sede Apostolica promulgada en 1904 por san Pío X establecía una mayoría de dos tercios de los votos de los cardenales electores para ser investido papa, pero para ser válida esta mayoría no podía estar en ella incluido el voto del elegido). El resultado de este examen fue la confirmación de la probidad y la validez de la elección del cardenal della Chiesa, quien reaccionó con una cita del salmo CXVII: “Lapis quem reprobaverunt aedificantes factus est in caput anguli” (La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular). El otrora poderoso secretario de Estado repuso con el versículo siguiente: “A Domino factum est istud et hoc mirabile in oculis nostris” (Esto es obra del Señor, de lo cual se maravillan nuestros ojos).

A la pregunta ritual que le dirigió el cardenal decano Serafino Vannutelli sobre el nombre que quería adoptar como Vicario de Cristo, respondió “Benedicto”. Lo hizo movido por el ejemplo del gran Benedicto XIV (Prospero Lambertini), que había sido su predecesor en la archidiócesis de Bolonia en el siglo XVIII (y había sido, como él, un excelente canonista y un hombre de gran cultura). Se sabe que, durante las congregaciones previas al cónclave, un miembro de la Curia se dirigió a él saludándolo como lo fue el papa Lambertini en su momento, en alusión a su nombre de pila, con las palabras del salmo XLIV: “Prospere procede et regna” (“Avanza próspero y reina”). A lo que el cardenal della Chiesa, conocedor del anecdotario papal, respondió: “Sí, pero mi nombre no es Prospero, sino Giacomo”.

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25.08.14

Aquel grito por la paz de Pío XII

HACE 75 AÑOS: EL ANGUSTIOSO GRITO DE PÍO XII POR LA PAZ

RODOLFO VARGAS RUBIO

Hace exactamente setenta y cinco años la Humanidad se hallaba al borde del inminente desastre de la guerra y hoy hace setenta años también se alzaba la voz del Vicario de Cristo para intentar conjurar el peligro, apelando a los grandes de este mundo, en cuyas manos estaba el destino de millones de vidas humanas. Pío XII había sido testigo del sufrimiento de su predecesor san Pío X al ver cernirse el fantasma bélico sobre la Europa de 1914, sufrimiento que le llevó a la tumba. También había colaborado con Benedicto XV en sus incansables esfuerzos –maliciosamente tergiversados por las potencias– para detener la maquinaria de muerte y de destrucción ya desencadenada, lo que él llamó con palabras elocuentes e inequívocas l’inutile strage (“la inútil carnicería”). Ante los oídos sordos que si hicieron a sus admoniciones, al menos intentó paliar los indecibles sufrimientos de las víctimas y en esto también le fue de valiosa ayuda el entonces nuncio Pacelli. Éste no pudo por menos de dolerse más tarde con el papa Della Chiesa no sólo de que se hiciese oídos sordos a sus palabras, sino que se excluyera a la Santa Sede de las negociaciones de paz en Versalles, donde, haciendo caso omiso de los consejos de moderación de Roma, se sembraron, en cambio, las semillas de discordia, cuyos amargos frutos estaban a punto de cosecharse en el verano salvaje de 1939. Sí, Pío XII sabía por experiencia que Europa y el mundo entero se hallaban sobre un polvorín presto a estallar si no prevalecía una última luz de razón. Queremos enmarcar el llamado que hizo el Papa aquel 24 de agosto de hace setenta años en su contexto histórico, para lo cual nos servimos de los datos proporcionados por el R.P. Pierre Blet, S.I., en su libro Pie XII et la Seconde Guerre Mondiale d’après les Archives du Vatican (Perrin, 1997).

Eugenio Pacelli había sido elegido el 2 de marzo en medio de una situación internacional muy enrarecida. El año anterior había debutado con la anexión a Austria a la Gran Alemania (el Anschlüss), pero Hitler no se había detenido en su política expansionista y ambicionaba los Sudetes (región de la entonces Checoeslovaquia con mayoría de población alemana) y el corredor de Danzig para poner en contacto la Prusia Oriental con el resto de Alemania, separados por Polonia. El canciller empleó la táctica de gritar alto en tono amenazante para lograr sus propósitos. Neville Chamberlain, primer ministro de la Gran Bretaña, partidario de la política de apaciguamiento, propició la Conferencia de Múnich, en la que los jefes de los gobiernos británico, francés, italiano y alemán aceptaron la anexión de los Sudetes a cambio de las garantías de Hitler de mantener el equilibrio europeo absteniéndose de ulteriores reclamaciones. Pero ya se sabe lo que pensaba éste de los pactos y compromisos. Así, el 15 de marzo de 1939, tres días después de la coronación de Pío XII, Alemania invadía Checoeslovaquia ocupando Bohemia y Moravia y sometiéndolas bajo régimen de Protectorado y creando con Eslovaquia un Estado títere. Esta violación de los Acuerdos de Múnich hizo cambiar la política británica y Chamberlain declaró que su país intervendría en caso de “cualquier acción que pusiera en peligro la independencia de Polonia”.

Efectivamente, la presa ambicionada por el Reich era ahora su molesto vecino del Este, al que le oponía su reivindicación de Danzig, ciudad libre bajo control polaco, con población alemana. Pero las potencias occidentales no estaban dispuestas a que se repitiera el caso de Checoeslovaquia. Italia, por su parte, que no quería ser menos que Alemania, se apoderó de Albania el Viernes Santo (7 de abril), entregando Mussolini al rey Víctor Manuel III la corona del depuesto Zog I (como había hecho en 1936, haciéndolo emperador de Etiopía). Este hecho no ayudaba ciertamente a la distensión. El presidente Roosevelt creyó su deber intervenir en la situación europea, enviando un mensaje a Hitler y Mussolini el 14 de abril. Había pedido al Papa que apoyase su iniciativa, pero Pío XII le hizo responder que, aunque seguía de cerca sus esfuerzos, la Santa Sede no se hacía ilusiones y no podía actuar ante Hitler en el sentido deseado. Los temores de aquélla resultaron tener fundamento, ya que el canciller no sólo no contestó al presidente estadounidense, sino que puso en ridículo su mensaje en un discurso al Reichstag del 28 de abril.

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12.08.14

La horrenda masacre anticatólica de La Vendée

LA FURIA JACOBINA QUISO BORRAR EL CATOLICISMO DE ESTA REGIÓN

FRANCISCO JAVIER SANDOVAL OCHOA

La Vendée es una región de Francia tradicionalmente católica y que tuvo un evento, que quizás no es muy conocido, es llamado “La guerra de La Vendée”. Para poder hablar de esto tenemos que poner el contexto histórico. La revolución francesa comienza en 1789 y se desata un clima de hostilidad a la Iglesia, que acabó por desembocar en esta guerra, en el contexto del periodo revolucionario. En 1790 se vota la constitución civil del clero, que a grandes rasgos se encargaba de hacer que el clero pasara a ser un empleado del estado; ya no dependían de Roma ni tenia nada que ver con el Papa, y los obispos y sacerdotes serian elegidos por el pueblo, además las diócesis cambiarían su delimitación y ahora el gobierno se encargaría de hacerla. Se ordenó que obispos y sacerdotes la juraran, ciertamente y tristemente hubo quienes la aceptaron, pero lo gran mayoría no lo hizo, el resultado fue que de 160 obispos solo 7 aceptaron jurarla, aunque un número considerable de sacerdotes aceptaron jurarla. De aquí se derivó el término juramentario para todos aquellos clérigos que juraron la constitución, con su correspondiente cisma y los refractarios para los clérigos que la rechazaron. Ante esta situación los revolucionarios impusieron ellos mismos a sus “sacerdotes” sumisos para que los fieles tuvieran culto, sin embargo el pueblo rechazó a los juramentarios, a tal punto que en muchos pueblos los únicos que asistían a las celebraciones religiosas encabezadas por éstos eran los jefes revolucionarios de ese lugar, con su pequeña corte de masones.

A partir de 1791 se endureció el odio hacia los sacerdotes refractarios, fueron perseguidos y muchos de ellos guillotinados. Hacia 1793 se dio la parte mas dura, continuaba el odio hacia lo católico y el ambiente de persecución en Francia, pero a esto se suma que se empezaron a cerrar iglesias, descolgar campanas, cambiar el nombre de las ciudades que tenían nombre de santos por nombres que no tuvieran nada que ver con lo católico, por supuesto se prohibió la educación cristiana en las escuelas y se promulgó una ley que condenaba a muerte a los sacerdotes refractarios que ejercieran su ministerio de forma clandestina, aunque esto ya se vivía, pero no con la autorización expresa de la ley.

El 24 de noviembre de ese año se dio la máxima muestra de odio a la religión, algo absurdo y ridículo, con la introducción de un nuevo calendario creado por los revolucionarios, este nuevo calendario empezaba con el 22 de septiembre de 1792 (año de la fundación de la República), cambiando el nombre de los meses, y la semana ya no era de 7 días sino de 10. Los días ya no estarían mas asociados a un santo, sino que cada día estaría relacionado con un animal, una planta o un instrumento de trabajo. Unos meses después, en algunas zonas, se les impuso a sacerdotes el matrimonio, incluso se les obligaba a que renunciaran al sacerdocio de manera pública y fue cuando sucedió el triste incidente en que la catedral de Notre-Dame fue profanada y el culto católico fue sustituido para el culto a la “razón y libertad”. La revolución que tanto había promovido la libertad era la primera en pisotearla, había libertad para lo anticristiano, pero no había cabida para lo católico.

El 21 de enero de 1793 guillotinan al rey Luis XVI y esto provocó alzamientos contrarrevolucionarios. Por otro lado, el nuevo régimen había iniciado campañas innecesarias contra Inglaterra, Holanda, España y los Estados italianos, prácticamente contra todo Europa, pero para ello requerían tener militares y fue cuando el gobierno revolucionario acudió a los pueblos para reclutar gente para llevar a cabo las guerras, se tenían que reclutar entorno a 300.000 hombres. Una vez que llegaron a la Vendée lo único que encontraron fue un rechazo al gobierno que había ordenado que desaparecieran los sacerdotes, en su intención de hacer desaparecer a la fe católica, que habían mandado guillotinar a su rey y que además venia a reclutar gente para una guerra innecesaria que llevaría a la exaltación de la revolución de la que los ciudadanos de la Vendée ya habían visto sus frutos y eran contrarios. Fue cuando un grupo de hombres se levantaron contra el ejercito, se organizaron para resistirlos y para buscar la autentica libertad.

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30.07.14

El gran apóstol de la familia en plena revolución sexual

HENRI CAFFAREL, FIEL A LA FAMILIA CRISTIANA HASTA EL FINAL

Uno de los grandes apóstoles de la pastoral familiar del siglo XX, Henri Caffarel, merece un recuerdo especial ante el próximo sínodo extraordinario de los Obispos sobre la familia. Le tocó remar fuertemente contra corriente en plena revolución sexual de los años sesenta y setenta y se mantuvo fiel a la doctrina de la Iglesia, a pesar de las dificultades y de la defección de muchos.

Nacido en Lyon el 30 de julio de 1903 en el seno de una familia cristiana, fue bautizado el 2 de agosto de ese mismo año en la Basílica de Saint-Martin d’Ainay e hizo la Primera Comunión en la parroquia de San Francisco de Sales, en mayo de 1911. Realizó sus estudios en el Colegio de los Hermanos Maristas y al terminar el bachillerato comenzó a estudiar en la Facultad de Derecho y tuvo que dejar los estudios para ir a trabajar con su padre que era negociante en fieltros y paños de lana. A los 20 años sintió la voz de Jesús que le llamaba a seguirle y este acontecimiento marcó toda su vida. Años más tarde dirá a un periodista: “A los veinte años, Jesucristo, de pronto, se convirtió en Alguien para mí. ¡Oh! Nada espectacular. En ese lejano día de marzo supe que era amado y que amaba, y que entre Él y yo esta relación de amor sería para siempre…”

En 1926 comenzó su acercamiento a la vida religiosa, estudió Teología y el 19 de abril de 1930 fue ordenado sacerdote por el arzobispo de París, Cardenal Verdier. Después de la ordenación terminó su cuarto curso de Teología. En 1931 fue destinado a la Secretaría General de la JOC donde estuvo a lo largo de tres años y en 1934 se integró en el Secretariado de Acción Católica para los medios de comunicación. Dos años más tarde dejó sus funciones oficiales para dedicarse al apostolado en forma de retiros y ejercicios espirituales para los jóvenes.

Comenzó a organizar retiros en Colegios y orientaba a muchos jóvenes que acudían a él y cuando años después éstos jóvenes se casaban, continuaba la relación con el joven sacerdote, buscando consejo para su vida de casados. Es así como, en febrero de 1939, se reunió con un grupo de cuatro matrimonios a los que dijo: “busquemos juntos un camino de santidad para los matrimonios”. Esta fue la semilla que más tarde dio lugar a la creación de los Equipos de Nuestra Señora.

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9.07.14

Cuando los católicos tailandeses se convirtieron en enemigos de la patria

A LOS 70 AÑOS DE LA MUERTE DEL BEATO NICOLAS BUNKERD KITBAMRUNG

Del continente asiático, que en el siglo XX presenció la muerte de innumerables mártires, se podrían destacar muchos ejemplos de perseverancia heroica en la fe. De especial interés es el caso de poco conocido de los católicos tailandeses, que se refleja en la aventura personal de Nicolas Bunkerd Kitbamrung, misionero y mártir, primer sacerdote tailandés que ascendió a la gloria de los altares.

Nacido el 31 de enero de 1895 en la región de Nakhon Chaisiri, provincia de Nakkon Pathon, a unos 30 km de la capital Bangkok, sus padres, Joseph Poxang y Agnes Thieng, católicos en aquel ambiente budista, lo llevaron a bautizar recién nacido. En el bautismo se le impuso el nombre de Benedict, como aparece en su certificado de bautismo, pero años después, en su ordenación sacerdotal, cambiaría su nombre a Nicolas para evitar confusión con otro sacerdote del mismo nombre en su Congregación. Además de ser educado religiosamente en su casa, Benedict frecuentó desde niño la misión católica, como sus otros cinco hermanos, donde aprendió el catecismo e hizo la primera comunión.

Monaguillo desde pequeño en su parroquia de St. Peter, tenía trece años cuando dijo con firmeza que quería ser sacerdote y fue admitido en el seminario menor “Sacred Heart of Jesus” en Bang Xang, donde hizo sus correspondientes estudios hasta que en el año 1920 fue admitido en el seminario mayor de Penang, en Malasia, diócesis que hacía poco se había independizado de la capital, Kuala Lumpur. Seis años fue alumno de este seminario mayor y cursó en él la filosofía y la Teología, en los que mostró una inteligencia aguda y un carácter un poco testarudo, que pedía a sus formadores le ayudasen a moderar. De regreso a Tailandia fue ordenado sacerdote el 24 de enero del año 1926 en la catedral de Bangkok junto a otros cuatro compañeros por aquel que había sido su párroco en St. Peter y le había bautizado, y ahora había sido nombrado Vicario Apostólico de Siam.

Como primer encargo pastoral fue enviado a ejercer su ministerio en el pueblo de Bang Nok-Khnuek en calidad de coadjutor de un sacerdote de los misioneros de las misiones extranjeras, el P. Durand. Cuando un año después, en octubre de 1927 un grupo de salesianos italianos se hicieron cargo de esta misión, el ahora P. Nicolas continuó con ellos un tiempo dedicado a la catequesis y a enseñarles a los nuevos misioneros la lengua tailandesa, a la vez que él estudiaba chino para poder misionar en otras zonas del país. De hecho, en 1930 le dieron un nuevo encargo que denotaba gran confianza en sus cualidades y en sus virtudes: fue enviado con otro sacerdote a la zona de misión norte del país, primero a Lampnag y después a Chiang Mai, cerca ya de Laos y Birmania, donde numerosos católicos, quizás por falta de asistencia pastoral, habían abandonado la fe formal o prácticamente.

La tarea era difícil porque los cristianos estaban dispersos por muchos poblados y en una zona montañosa, muchos de cuyos pueblos eran de difícil acceso. El P. Nicolas no se arredró ante las dificultades, y a lo largo de siete años visitó casa por casa a todos los cristianos de cuyo abandono religioso tenía constancia y pacientemente los invitó a regresar a la práctica religiosa y al seno de la Iglesia. Construyó también en Chiang Mai una capilla para que facilitar la práctica religiosa de aquellos cristianos y como punto de referencia comunitario. En este tiempo y en este cargo se demostró el extraordinario temple apostólico de este sacerdote, su espíritu de sacrificio y su entrega generosa al ministerio del buen pastor que busca las ovejas descarriadas.

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