5.12.14

San Pío X y el modernismo de hoy

Sexta Prueba de portada 1

Por fin se ha publicado el libro San Pío X. El Papa Sarto, un papa santo, una vida de este Papa muy sencilla y fácil de leer, escrita por F.A. Forbes. Estos días, releyéndola, he estado pensando en las intuiciones teológicas de este gran Papa y en el valor que pueden tener para nosotros hoy. A mí me asombra la clarividencia que tuvo al señalar los grandes peligros de la nueva herejía que surgió en su tiempo y que denominó “modernismo”.

Digo que me asombra porque San Pío X no fue un gran teólogo. Era de familia humilde y tuvo que depender de la caridad de otros para estudiar en el seminario. Disfrutó enormemente de su labor como cura rural y, durante toda su vida, el trato directo con los fieles siguió siendo esencial para él, incluso como Patriarca de Venecia o posteriormente como Papa. Estudió la Teología con ahínco, ciertamente, pero nunca se dedicó a ella, sino que sus cargos siempre fueron pastorales. Fue un Papa misericordioso y “con olor a oveja”, como diría el Papa Francisco.

A pesar de no ser un gran teólogo o quizá precisamente por ello, supo reconocer el potencial destructivo que tenía el modernismo, al que denominó “conjunto de todas las herejías”. Los modernistas se burlaban de aquel santo Papa, diciendo que no era más que un simple cura de aldea, pero supo diagnosticar certeramente los errores de sus argumentos. Con ello, demostró que la fe no es cuestión de expertos, de modas ni de progresos y que el Espíritu Santo no abandona a su Iglesia.

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2.12.14

Dos sofismas sobre los Evangelios por el precio de uno

Sofisma

Como quizá recuerden los lectores, el día de la solemnidad de Santiago Apóstol, el pasado mes de julio, se leyó en misa la lectura en la que Santiago y Juan le piden al Señor sentarse a su derecha y a su izquierda y los demás apóstoles se enfadan con ellos. Después, Jesús los reprende a todos y les explica cómo es la autoridad para un cristiano.

En la parroquia a la que fui, predicó sobre ese texto evangélico un venerable sacerdote de blancos cabellos, mirada bondadosa y quizás medio siglo de sacerdocio a sus espaldas. Revestido con las vestiduras rojas de los mártires y hablando con la autoridad de Cristo, este buen sacerdote comenzó a hablar… y no paró de decir barbaridades (cito de memoria, claro):

Este pasaje es uno de los más verdaderos de los Evangelios, uno de los que sabemos que son auténticos. Otros pasajes son expresión de la fe de las comunidades primitivas, pero este sabemos que es algo que pasó de verdad. Lo sabemos porque no tiene sentido que los primeros cristianos se inventaran una escena en la que quedaban tan mal dos de los apóstoles, que eran sus dirigentes, así que esto tuvo que ser auténtico. Es de las lecturas más verdaderas”.

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24.11.14

Copiar en el examen final

Copiar

Cuando era escolar, durante un tiempo coleccioné trampas. No me refiero a las trampas de las “películas de chinos”, con pinchos o serpientes en el fondo de un pozo, sino a las formas en las que mis compañeros hacían trampas en los exámenes. Me resultaban fascinantes las mil y una tácticas que utilizaban para copiar sin que los profesores se dieran cuenta. Todo el esfuerzo que no empleaban en estudiar lo aplicaban a diseñar los trucos más complicados para copiar las preguntas del examen.

Recopilé decenas de casos reales, de “chuletas” como se dice en España, con las respuestas para los exámenes copiadas, por ejemplo, en pequeños rollos para desenrollar discretamente, en cilindros que se introducían dentro de los bolígrafos o incluso escritas con un alfiler en el propio plástico del bolígrafo. Otros escribían trabajosamente las respuestas a todas las posibles preguntas en folios oficiales de examen sustraídos en alguna ocasión anterior y los sacaban durante el examen en algún descuido del profesor. Había docenas y docenas de métodos para copiar sin ser descubierto.

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20.11.14

Polémicas matrimoniales (XVIII): Mons. Santiago Agrelo

Monseñor Santiago AgreloEn los últimos artículos de esta serie, hemos analizado varias propuestas recientes contrarias a la doctrina de la Iglesia sobre el matrimonio, su indisolubilidad, etc. Algunas eran ingeniosas, otras muy sencillas; unas eran conclusiones que procedían de premisas ocultas, otras pretendían prescindir de la lógica.

Hoy vamos a tratar una propuesta completamente nueva, no sólo como argumentación, sino como enfoque. En este caso, en lugar de intentar introducir el divorcio y el adulterio de manera más o menos forzada en el conjunto de la doctrina de la Iglesia, obviando o disimulando los puntos de contradicción, lo que se hace es diluir completamente la doctrina de la Iglesia en general, hasta que ya no pueda haber contradicción, porque no hay nada sólido que pueda crear esa contradicción.

El autor de la propuesta es Mons. Santiago Agrelo, arzobispo de Tánger, en una entrevista concedida hace unos días en Huesca:

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17.11.14

Polémicas matrimoniales (XVII): la ley mosaica

Monseñor Agustí Cortés SorianoHace unos días, en el portal Germinans Germinabit se citaron unas declaraciones de Mons. Agustí Cortés Soriano, obispo de Sant Feliú de Llobregat, en las que el prelado parecía posicionarse a favor de la posibilidad de que los divorciados pudieran volver a casarse. Según Germinans, Mons. Cortés había dicho que “Así pues, somos muchos los pastores y teólogos que pensamos que, dado el endurecimiento de corazón de nuestros contemporáneos, que desconocen la ley de Dios y la moral, podría permitirse entonces el divorcio mosaico”. Ante esas afirmaciones, D. Agustí envió a InfoCatólica una aclaración de lo que había dicho, por medio de su secretario.

En primer lugar, creo que conviene elogiar la actuación de Mons. Agustí Cortés Soriano al precisar públicamente su postura en este asunto. Con ello muestra una sensibilidad poco común para con los laicos, que a veces quedamos extrañados por afirmaciones o actuaciones algo ambiguas de nuestros obispos y estamos muy necesitados de claridad en estos tiempos revueltos.

Dicho eso, también hay que reconocer que uno siente un cierto escalofrío al leer la aclaración de Mons. Cortés, en particular su penúltimo párrafo:

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