21.06.16

No se trata de quién es Jesús para mí

Al igual que los espejos retrovisores de los coches, cada época tiene sus puntos ciegos. Son cuestiones, circunstancias o situaciones que, simplemente, esa época es incapaz de percibir. No se trata de que las discuta, las niegue o las rebata. Simplemente, no las ve, como si no existieran.

Los cristianos, incluidos sacerdotes, religiosos y obispos, somos hombres de nuestro tiempo y esos puntos ciegos nos afectan también, sobre todo si nos apartamos de la Tradición y la enseñanza de la Iglesia, que son anclas seguras para no apartarse de la realidad en toda su riqueza y complejidad.

A mi juicio, la lectura del evangelio de este domingo es un ejemplo muy claro de esos puntos ciegos de nuestra época.

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13.06.16

El fariseo soy yo

Cuando leemos los Evangelios, a menudo experimentamos una tendencia casi irrefrenable a emparejar a cada uno de los personajes evangélicos con personas o grupos de personas de nuestro entorno… y también a menudo lo hacemos fatal, proyectando nuestras neuras y rencores en el Evangelio, en lugar de dejar que el Evangelio sane esos rencores y esas neuras.

Quizá nos consuele (por aquello de que mal de muchos, consuelo de tontos) que se trata de un pasatiempo tan frecuente como inconsciente. Recuerdo un seminarista que me dijo hace mucho tiempo, completamente en serio, que los fariseos del Evangelio, en nuestra época, eran los ricos, los que tenían dinero. Como es lógico, el muchacho deducía de eso que los ricos eran los causantes de todo el mal del mundo y continuaba aplicándoles todas las invectivas de Cristo contra los fariseos: sepulcros blanqueados, nidos de víboras, etc.

En vano le señalé que en el Evangelio también aparecían ricos: los publicanos, que no eran simplemente ricos, sino además ricos malvados, timadores y sinvergüenzas, explotadores del huérfano y la viuda. Asimismo, le hice notar que, a pesar de eso, Cristo fue muy criticado por comer con ellos y por mostrarles exactamente el mismo amor y la misma llamada a la conversión que a la pecadora de la lectura de hoy y que esa frase tan escandalosa de que las prostitutas nos precederán en el Reino de los Cielos, en realidad dice que los publicanos y las prostitutas os precederán en el Reino de los Cielos. También me esforcé por explicarle que, si hay algo característico del fariseísmo, es mirar por encima del hombro a los demás, incluidos los ricos, pero en vano. Aquel seminarista (que era una buenísima persona) se había educado en una de esas tristes parroquias que han puesto “lo social” en el lugar del Evangelio y para las que “los ricos” son la quintaesencia del mal en el mundo, así que le habían inculcado desde pequeño que los malísimos fariseos sólo podían ser los ricos.

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6.06.16

¿Por qué los católicos están tan mal formados?

Es frecuente oír la queja de que los católicos están muy mal formados en lo referente a la fe, la Escritura, la historia de la Iglesia, la moral, la liturgia y un largo etcétera. Una queja frecuente y más que comprensible. Esa ignorancia se hace especialmente evidente si uno visita Hispanoamérica y observa los millones de católicos que se han hecho (y se están haciendo) protestantes debido en buena parte a que nunca tuvieron una formación adecuada y no sabían responder a acusaciones contra el catolicismo que, en realidad, no tienen fuerza ninguna o están basadas en malentendidos. Lo mismo podría decirse de España, con la diferencia de que los católicos mal formados dejan la Iglesia en dirección al agnosticismo más que al protestantismo.

Como es lógico no basta constatar esta terrible situación (que es como para echarse a llorar), sino que lo importante es responder a la pregunta fundamental: ¿por qué sucede esto? Sólo conociendo las causas de un problema es posible solucionarlo. En lugar de lanzarme a intentar responder a la cuestión, voy a contar una sencilla anécdota que me parece muy reveladora.

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31.05.16

Una historia de amistad y santidad

Abusando una vez más de la paciencia de los sufridos lectores de este blog, me permito hablarles del último libro que he escrito y que se acaba de publicar: Los ruiseñores cantan al ponerse el sol.

Se trata de una obra de teatro, basada en la vida de Santa Alicia de Schaerbeek, también conocida como Santa Alicia la Leprosa. Es una santa prácticamente desconocida en España y el mundo de lengua española, pero cuya historia resulta fascinante, apasionante, impresionante, sobreabundante y todas esas cosas buenas que terminan en “ante”, excepto quizá “elefante”.

La acción de la obra transcurre en el siglo XIII, en un convento de monjas cistercienses de Brabante, en lo que actualmente es Bélgica. Incluso entre los católicos, hay quienes piensan que, cuando una mujer o un hombre entran en un convento de clausura, su historia se acaba, como si desde entonces toda su vida fuera a ser rutinaria y anodina. Nada más lejos de la realidad. Toda vida cristiana es un combate y, en la vocación contemplativa, ese combate es aún más intenso, porque el alma se va despojando de las numerosas capas que la envuelven y separan de la realidad.

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10.05.16

De anglicanos y jesuitas, valga la redundancia

La verdad es que, si no fuera por la gravedad del cisma, la herejía y todo eso, daría gracias a Dios todas las semanas por el anglicanismo. Yo diría que, entre los innumerables grupos engendrados por las obsesiones de Lutero, es la confesión más curiosa y que mayor entretenimiento me ha proporcionado durante años.

En el anglicanismo cabe absolutamente todo. Hagan la prueba: piensen lo más absurdo que se les ocurra y seguro que hay un pastor u obispo anglicano, en algún lugar del mundo, que lo considera lícito, evangélico y (probablemente) obligatorio.  Desde dar la comunión a un perro a quitar las cruces para no asustar a nadie, pasando por la inter-fe, los chakras y la sexualidad sagrada, la idea de que la posesión diabólica es un “don de conciencia espiritual”, las bendiciones de clínicas abortistas o el budismo cristiano. En cierto modo, estas cosas son normales, porque la herejía no es más que una imitación deformada de la fe, igual que el demonio es el mono de imitación de Dios, y de premisas erróneas se siguen todo tipo de comportamientos más o menos disparatados.

¿Por qué hablo de esto hoy? Porque los herederos de Enrique VIII me han vuelto a soprender. A través del comentario de una lectora, me enteré el otro día de que los anglicanos “canonizaron” en los años ochenta a Tomás Moro. Sí, han leído bien, el calendario litúrgico anglicano conmemora cada 6 de julio a Santo Tomás Moro y a San Juan Fisher, es decir, precisamente los mártires católicos que dieron su vida por oponerse a la formación del anglicanismo. Santo Tomás, que había sido Lord Canciller de Inglaterra, y San Juan Fisher, obispo de Rochester, fueron decapitados como traidores al mantenerse fieles al Papa, a la doctrina católica y a la verdad, rechazando los errores anglicanos.

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