6.11.17

A ciertas cosas, no hay derecho

Hay cosas que suceden sin más. Pero, entre las cosas que suceden, algunas de ellas se escapan a nuestra lógica, que nos mueve a reivindicar derechos y a exigir obligaciones. Otras lógicas no lo hacen. Uno no puede desear hacer comparecer al Universo porque un rayo haya caído sobre su casa. No podrá hacerlo. Y, si hubiese caído sobre una persona, tampoco.

Pero uno sí puede sentirse responsable si, por su culpa, se causa un enorme daño debido a la falta de cuidado que no es imputable a nadie, en principio, sino a uno mismo. No es sensato que, por satisfacer a saber qué gusto, alguien se permita tener una corte de tigres, o de leones o de lobos. Y no sé cómo se comportan los tigres, los leones o los lobos si se ven condenados a formar parte de la corte de alguien, presuntamente, irresponsable e irracional. Pero sí vemos qué pasa con ciertos perros.

Leer que una señora mayor, a la vuelta de Misa, se haya visto devorada por unos perros; saber que se debate, ahora, entre la vida y la muerte, es mucho más de lo que es posible soportar.

Cualquier mal – los incendios, las catástrofes, etc. – son evaluables en la medida en que los afectados sean tales, afectados, por la dejación de funciones de los responsables. Pero un monte quemado no es nada en comparación con una persona devorada por perros, no salvajes, sino, supuestamente, bajo control.

Hay gente que, si hay espectáculo, si es noticia, se apunta. Y, si no, no le importa, pasa. A algunas personas, hasta buenas, no les importan las personas, sino solo las causas, o solo el quedar bien. O a saber qué. Si hay un incendio enorme, no ahorran calificativos.

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2.11.17

No se la pierdan: “Red de libertad”

Todos asociamos Hollywood con el cine. También Bollywood, en la India, suena ya a cine. De estos últimos estudios ha salido el protagonista masculino, Ali Fazal, de la divertida película “La Reina Victoria y Abdul”, un filme que hace reír, sin duda, pero que, al mismo tiempo, ayuda a pensar.

En nuestro reino gallego - no independentista - contamos con la creciente importancia del festival de “Cans”. Quizá comenzó como una broma, pero ya es algo más que una broma. Empieza – o ha empezado a serlo – algo serio.

La película “Red de Libertad” nos remite a otro paisaje, distinto pero no lejano: A Rodriwood. A una tierra de cine que es Ciudad Rodrigo. Más importante que Cans, quizá no de momento, pero llamada a emular a Cannes, a Bollywood y hasta a Hollywood. ¿Por qué no iba a serlo?

El director de “Red de Libertad” es Pablo Moreno Hernández, que como guionista y productor de cine tiene ya un curriculum importante: Largometrajes: “Talitá Kum” (2007), “Pablo de Tarso, el último viaje” (2009), “Crónicas del camino, historias de hospitaleros y peregrinos” (2010), “Un Dios prohibido” (2012), “Poveda” (2015), “Luz de Soledad” (2016).

Es un director que lo que hace, en cine, lo hace muy bien. Y, encima, con muy poco dinero. Y esa capacidad de mejorar la relación calidad-precio ha hecho grande no solo a Hollywood, sino también a Bollywood y, por supuesto, a nuestro Cans, que ya hace tiempo que ha dejado de ser, como he dicho, una broma.

La película, “Red de libertad”, es preciosa. La protagonista es una “monja”  - según el Derecho Canónico sería una integrante de una Sociedad de Vida Apostólica – dotada de una enorme personalidad, de una gran valentía y de una extraordinaria fe. La protagonista, Sor Elena, es toda una mujer y toda una santa. Y esa gran mujer está representada por una gran actriz que es Asunta Serna. Que brilla en su interpretación.

Pero Sor Elena no está sola. En torno a ella, y urdida por ella, hay una gran “Red de Libertad”. Una red que no “pasa” de lo que sucede en el mundo, sino que se implica. Una red que incorpora, en su afán de salvar a presos de la dictadura nazi, a todo hombre de bien. Y el hombre de bien no es, en principio, un héroe. Puede ser un cobarde o un colaboracionista, pero, al final, sale su parte buena.

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1.11.17

El sello

Me han dicho que la oficina de la Santa Sede - o del Estado Vaticano, que no es lo mismo, pero como si lo fuere-  encargada de estos menesteres, de sacar a la luz sellos, ha aprobado uno en el que, con una iconografía muy semejante a lo que entendemos por el Calvario - Cristo en la Cruz, al lado de María y de San Juan - va a publicar un sello postal con un Crucificado en el centro, con un fondo que sería la ciudad de Wittenberg, y con dos personajes, a un lado y a otro de la Cruz.

No se trata de La Virgen y de San Juan, ni de los dos ladrones, sino de Lutero, arrodillado, portando en sus manos la Biblia, y de Melanchton sosteniendo la “Confesión de Ausburgo".

Me ha llevado un tiempo creer que esto era posible, o que era verdad. Es muy comprensible desear que, en un mundo descreído y necesitado de justicia, los cristianos hagamos causa común. Es muy comprensible desear que los cristianos - protestantes y católicos - nos unamos en la defensa de la existencia de Dios, de la condición de seres creados por Él, y que defendamos, todos, la vigencia de los mandamientos.

La imagen del supuesto sello del Vaticano no me parece ni siquiera creíble. Estamos todos en España doloridos por la experiencia absurda de Cataluña. ¿Ustedes se imaginan un sello de la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre con la bandera de España en el centro y a un lado y a otro, a los que han liderado el separatismo en esa Comunidad? Yo no. Y pensaría, si esa edición de sellos la financiase el Estado español, que algo fallaba. Algo muy esencial. Tanto como el sentido común.

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31.10.17

31 de Octubre

Ya es el 31 de octubre. Para unos, entre los que me cuento, que sea el 31 no significa apenas nada: “A cada día le basta su afán”; cada día tiene bastante con su propia preocupación (Mt 6,34). Y entre las mías, entre mis personales  preocupaciones o desasosiegos, no cuenta apenas el que lleguemos al 31 de octubre. Es más que de sobra saber que el 30 de octubre -el 29 según mi DNI -  he cumplido, ya, la provecta edad de 51 años.

No diré que “cualquier tiempo pasado fue mejor”, por si mirar al pasado envejece todavía más. No diré eso, porque soy realista, pero estaría un poco empujado a decirlo. No merece la pena, no obstante. Nadie se acuerda – nadie no, pero casi nadie, cada vez menos – de la fecha, absolutamente irrelevante en la historia del mundo, del propio aniversario. Y por eso, porque muy pocos tienen la misericordia de felicitarme, acepto con satisfacción que - muy pocos - me feliciten. Es más, se agradece que, cada día menos, algunos conserven la memoria. Algunos felicitan, quizá, solo por costumbre. Pero es algo, y eso es siempre más que nada. Y muchísimo más de lo que uno merece.

Un 31 de octubre, de 1517, Martín Lutero “clavó” – no sabemos si literalmente o no – “95 tesis sobre las indulgencias” en la puerta de la iglesia del castillo de Wittenberg. Era la víspera de la solemnidad de Todos los Santos. Y Melanchton, colaborador de Lutero, pensó que exponer esas tesis equivalía a recuperar la “luz de los Evangelios”.

Hoy es día 31. Y la Víspera de la Solemnidad de Todos los Santos. Y hace 500 años de ese episodio – sea histórico, en su literalidad, o no -.

No es fácil entender a Lutero, ni la teología de Lutero. Yo creo que no la entiendo. Que él se haya quejado de posibles abusos – y reales abusos – de las indulgencias entra dentro de lo normal. Quejarse de un abuso no significa más que eso. Un abuso es una extralimitación.

Es bueno ayunar, hacer dieta, pero “abusar” en esa trayectoria equivaldría, casi, a morirse de hambre. No voy a enumerar el catálogo de reliquias de las que se beneficiaba el príncipe de Sajonia, Federico el Sabio. No eran las reliquias, ni las indulgencias, en lo que suponía un abuso, lo que disgustaba a Lutero. Era la doctrina católica.

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28.09.17

Una Declaración de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española ante la situación de Cataluña

¿Desde dónde escribo? Uno nunca escribe desde la neutralidad. La asepsia puede ser un ideal para los quirófanos, pero nunca es real cuando se trata de las opiniones humanas. Uno escribe siempre desde unos supuestos y, si se pretende dialogar, intercambiar las razones, conviene que esos supuestos se hagan explícitos.

 Yo soy un sacerdote católico, ciudadano español, perteneciente al pueblo gallego. A nivel personal, puedo pensar de un modo o de otro sobre diversos temas, tratando, obviamente, de no mezclar lo que cabe pedir a todos los católicos con lo que cada cual, como ciudadano, puede opinar sobre tal cosa o tal otra. En lo de fe, unidad; en lo demás, cabe la diversidad.

 ¿Sobre qué escribo? Comento ahora una “Declaración de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española ante la situación de Cataluña”. Se trata de un texto orientativo, prudencial, que proviene de un organismo de la Conferencia Episcopal, que es la “Comisión Permanente”.

Entre sus atribuciones, esta Comisión tiene la competencia de “hacer declaraciones sobre temas de urgencia, de las que se informará previamente a la Santa Sede y se dará cuenta a la Asamblea Plenaria en la reunión próxima inmediata”. O sea, hay algo de “provisional” en lo que diga la Comisión Permanente, pero, a la vez, estas declaraciones tienen un cierto peso institucional (“se informará previamente a la Santa Sede y se dará cuenta a la Asamblea Plenaria”).

Que tengan un valor institucional no comporta, de modo automático, que se trate de una enseñanza magisterial. No lo es, entre otros motivos, por razones de forma, ya que ninguna Comisión de la Conferencia Episcopal es un órgano del Magisterio de la Iglesia.

 ¿Cuáles son las fuentes de esta Declaración de la Comisión Permanente? En la breve “Declaración” se citan tres documentos: Un “Comunicado de los Obispos de Cataluña” de 20-9-2017; un texto del papa Francisco, de “Evangelii Gaudium”, n. 239, y un texto de la “XXXIV Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española, de 28-2-1981.

Con los obispos de Cataluña piden – los obispos de la Comisión Permanente – rezar por los gobernantes, para que ellos, y todos, se dejen guiar por la sensatez, y el deseo de ser justos y fraternos, buscando el diálogo, el entendimiento, el respeto a los derechos y a las instituciones, la no confrontación, la fraternidad, la libertad y la paz.

Con el papa Francisco piden privilegiar el diálogo, la búsqueda de consensos, sin separarlos de la preocupación por una sociedad justa.

Con la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal se pide “recuperar la conciencia ciudadana y la confianza en las instituciones, todo ello en el respeto de los cauces y principios que el pueblo ha sancionado en la Constitución”.

A la adhesión a estos puntos, se añade la indicación de que “tanto las autoridades de las administraciones públicas como los partidos políticos y otras organizaciones, así como los ciudadanos, eviten decisiones y actuaciones irreversibles y de graves consecuencias, que los sitúe al margen de la práctica democrática amparada por las legítimas leyes que garantizan nuestra convivencia pacífica y origine fracturas familiares, sociales y eclesiales”.

Finalmente, se ofrece – tras pedir la plegaria a Dios – la colaboración de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal “al diálogo en favor de una pacífica y libre convivencia entre todos”.

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