1.11.26

Santos y difuntos

El 1 de noviembre se celebra la Solemnidad de Todos los Santos y el 2 la Conmemoración de Todos los Fieles Difuntos. Ambos días apuntan a las “postrimerías”, a las realidades finales y últimas; a los “novísimos” del ser humano: muerte, juicio, infierno y paraíso.

            Seguramente todos nosotros hemos estado en alguna ocasión en un cementerio, de momento de visita. Recuerdo una tarde en la que casi me pierdo en el extenso y variado “Campo Verano”, de Roma. Está situado en el barrio del Tiburtino, al lado de la basílica de san Lorenzo Extramuros. Es otra Roma, la Roma de los muertos, con tumbas, algunas de gentes ilustres diseñadas por arquitectos no menos notables. O en el cementerio “Père Lachaise”, de París, situado en el número 16 de la “Rue du Repos”, donde yacen los restos mortales, por ejemplo, de Oscar Wilde y de Jim Morrison. A esta última sepultura, la de Morrison, acuden sus seguidores con análogo fervor con el que los peregrinos se dirigen a Compostela.

            No hace falta ir tan lejos. En las parroquias y ayuntamientos de Galicia hay muchos cementerios, en los que se reúnen en ocasiones especiales los vecinos vivos que comparten vínculos con aquellos vecinos ya no vivos, cuyos nombres identifican sus sarcófagos. No soy muy entusiasta de estas visitas - aunque sé que se puede lucrar la indulgencia plenaria entre el 1 y el 8 de noviembre si se reza en el camposanto por los difuntos -. Todo se pega y el virus de la muerte es más contagioso que cualquier otro. Uno siente el deseo de mantenerlo lejos. No se equivoca el Concilio Vaticano II cuando dice que el hombre “juzga certeramente por instinto de su corazón cuando aborrece y rechaza la ruina total y la desaparición definitiva de su persona. La semilla de inmortalidad que lleva en sí, al ser irreductible a la sola materia, se rebela contra la muerte”. Pero, guste más o menos, la muerte es, a la vez, lo más cierto y lo más incierto. Nos vamos a morir, pero desconocemos, por lo general, cómo, cuándo y dónde.

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24.10.26

“Venite ad me”. Consideraciones sobre la transmisión de la fe en el cambio de época

            El Dicasterio para la Doctrina de la Fe acaba de publicar, el 22 de octubre de 2026, el documento “Venite ad me. Consideraciones sobre la transmisión de la fe en el cambio de época”, firmado por el cardenal Víctor Manuel Fernández, Prefecto del Dicasterio, y por monseñor Armando Matteo, Secretario para la Sección Doctrinal, y aprobado por el Sumo Pontífice León XIV. Recordemos que la Instrucción “Donum veritatis. Sobre la vocación eclesial del teólogo”, de la Congregación para la Doctrina de la Fe dice que “los documentos de esta Congregación, aprobados expresamente por el Papa, participan del magisterio ordinario del sucesor de Pedro” (n. 18). Por más que no sea fácil precisar teológicamente el significado del verbo “participar” en este contexto.

            Cuando se trata de comprender una enseñanza del magisterio de la Iglesia resulta útil preguntarse por la génesis del documento, por su intención precisa y por su autoridad vinculante.

            Son preguntas que la introducción a “Venite ad me” ayuda a contestar. Sobre la génesis del texto nos dice: “Esta responsabilidad [la transmisión de la fe] de todo creyente en Cristo, luz verdadera del mundo, constituye un argumento de gran actualidad para la vida y la misión de la Iglesia. El Dicasterio había sido instado en varias ocasiones por el Papa Francisco a ofrecer una reflexión al respecto y había puesto en marcha el procedimiento habitual para llegar a las presentes Consideraciones. Los acontecimientos recientes, especialmente la llegada al solio pontificio del Papa León XIV, la celebración del Jubileo, así como la perspectiva del próximo Jubileo de la Redención de 2033, son como un estímulo adicional para proceder con mayor celeridad en la redacción del documento”.

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21.10.26

¿Los sacerdotes católicos están dispensados de cumplir el tercer mandamiento de la ley de Dios?

“Recuerda el día del sábado para santificarlo. Seis días trabajarás y harás todos tus trabajos, pero el día séptimo es día de descanso para el Señor, tu Dios. No harás ningún trabajo” (Ex 20,8-10). El “sábado”, día de descanso, evoca en la Escritura la creación, la liberación de Israel de la esclavitud de Egipto, el signo de la alianza de Dios con su pueblo. El sábado tiene un profundo sentido antropológico, ya que interrumpe los trabajos cotidianos y concede un respiro: “Es un día de protesta contra las servidumbres del trabajo y el culto al dinero” (“Catecismo de la Iglesia Católica”, 2172).

Un filósofo contemporáneo como Byung-Chul Han reivindica la vida contemplativa y ha elogiado “la inactividad”: “Ya no conocemos aquel reposo sagrado y festivo que «reúne intensidad vital y contemplación y que incluso es capaz de reunirlas cuando la intensidad vital llega al desenfreno». El «tiempo libre» carece tanto de la intensidad vital como de la contemplación. Es un tiempo que matamos para impedir que surja el tedio. No es un tiempo realmente libre, vivo, sino un tiempo muerto. Una vida intensa hoy implica, sobre todo, más rendimiento o más consumo. Hemos olvidado que la inactividad, que no produce nada, constituye una forma intensa y esplendorosa de la vida. A la obligación de trabajar y rendir se le debe contraponer una política de la inactividad que sea capaz de producir un tiempo verdaderamente libre”.

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17.10.26

Una práctica contraria a la pastoral: Celebrar la Misa más de una vez al día

La excepción, dice el refrán, confirma la regla. Y la regla general, en lo referente al número de veces que un sacerdote puede celebrar la Santa Misa en un día, es extraordinariamente clara: “Exceptuados aquellos casos en que, según el derecho, se puede celebrar o concelebrar más de una vez la Eucaristía en el mismo día, no es lícito que el sacerdote celebre más de una vez al día” (Código de Derecho Canónico, c. 905, &1). Se puede celebrar tres veces la Santa Misa el día de Navidad y en la Conmemoración de los Fieles difuntos y concelebrar, aunque ya se haya celebrado o se vaya a celebrar aparte, en la Misa Crismal.

La excepción es la siguiente: “Si hay escasez de sacerdotes, el Ordinario del lugar puede conceder que, con causa justa, celebren dos veces al día, e incluso, cuando lo exige una necesidad pastoral, tres veces los domingos y fiestas de precepto” (c. 905, &2). El Código no deja al criterio del sacerdote escoger el número de veces que ha de celebrar, sino que apela a una concesión motivada del Ordinario del lugar cuando hay escasez de sacerdotes.

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13.10.26

La esencia del cristianismo y la coherencia institucional

En ocasiones, lo que puede parecer más teórico resulta lo más práctico. Hay que buscar el ser tras el obrar, sin separar ambas dimensiones, sin disociar la “teología” de la “economía”, la “doctrina” de la “pastoral”.

            Respondiendo a la pregunta sobre la esencia del cristianismo, sobre qué es lo propiamente cristiano, Romano Guardini escribe: “no hay ninguna determinación abstracta de esta esencia. No hay ninguna doctrina, ninguna estructura fundamental de valores éticos, ninguna actitud religiosa ni ningún orden vital que pueda separarse de la persona de Cristo y del que, después, pueda decirse que es cristiano. Lo cristiano es él mismo, lo que a través de él llega al hombre y la relación que a través de él puede mantener el hombre con Dios”. La persona de Jesucristo, en su unicidad histórica y en su gloria eterna, es la categoría que determina el ser, el obrar y la doctrina de lo cristiano.

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