25.03.17

La Encarnación del Verbo

El misterio de la encarnación de Dios, de Dios hecho hombre, de

El hombre había pecado contra Dios y con él toda la humanidad se había enemistado; luego de Adán y Eva, los primeros que desobedecieron la Ley de Dios, vendrían las primeras grandes faltas como la de Caín que mata Abel y que con este fratricidio inaugura la Babilonia terrestre.

Desde este momento, entonces, una guerra cósmica se desata en el mundo: trigo y cizaña estarán juntos hasta el fin de los tiempos; trigo y cizaña incluso en la propia alma humana, que a veces quiere y elige el bien y a veces el mal.

Era necesaria una mediación; una mediación de Dios para levantar de la basura al pobre y sentarlo nuevamente en el lugar de los príncipes; en el lugar de los príncipes de nacimiento. Era necesario que Dios se pasease nuevamente entre los hombres, como lo hacía en el Paraíso, para que el hombre pudiera volver a ser amigo de Dios.

De infinitos y diversos modos lo podría haber hecho; de infinitas maneras; pero no: eligió la mejor. Ir él mismo en rescate de sus hijos, con su Encarnación, Pasión, Muerte y Resurrección. Dios se hace hombre en el seno purísimo de María para que el hombre se haga nuevamente de Dios.

Y elige una, una tienda, un tabernáculo digno de sí que luego nos legará desde la Cruz.

David habitaba en casa de cedro, el Arca de Dios en tienda de campaña, pero el Hijo de Dios quiso habitar en tienda de cuerpo y alma en las entrañas de María siempre Virgen quien recibió con docilidad el anuncio del Ángel.

¿Y cuáles serán las tres virtudes que enamoraron a Dios Padre para que la eligiera como madre de Su Hijo?

En primer lugar, su pureza: “María dijo al Ángel: ¿Cómo será esto, pues no conozco varón?” (Lc 1, 34), insinuando su voto de castidad y su pureza de cuerpo, de alma, de intenciones

Esa pureza que hace ser al alma inocente; porque un alma pura, como la de un niño, todo lo cree, todo lo espera.

En segundo lugar, su docilidad a Espíritu Santo: “Y el Ángel le contestó: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti” (Lc 1, 35).

Sólo Dios sabe obrar en nosotros por medio de sus mociones. Todo buen deseo, todo remordimiento del alma, todo anhelo de conversión, proviene del Espíritu Santo; es la docilidad a esas inspiraciones la que nos hace cercanos al Buen Dios.

En tercer lugar, su humildad: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra” (Lc. 1, 38).

El sí de María, como dice San Bernardo, lo esperaba la SS. Trinidad, los Ángeles, los Padres en el Limbo, los hombres… Es ella la que, treinta años antes practicó aquello que luego su Hijo nos mandaría: “aprended de Mí que soy manso y humilde de corazón” (Mt 11,29).

¡Virgen Santa: que podamos convertirnos finalmente en esta Cuaresma!

 

P. Javier Olivera Ravasi 

23.03.17

Memoricidio: marxismo y década del '70 en Argentina (para recordar todo...)

Un nuevo 24 de Marzo en la Argentina y una nueva jornada para “hacer memoria"…

Como sin duda se tratará nuevamente de una memoria hemipléjica que obliga a la población de esta parte del hemisferio a “re-interpretar” lo ocurrido en la década del ’70, vayan estas líneas recordatorias, teniendo en cuenta que, aunque somos altamente críticos respecto del proceso militar  argentino, no por ello consumimos ese relato indecente que intentan narran algunos.

Para todo ello, presentamos aquí la carta sarcástica que recibiera Ricardo Curutchet (famoso periodista católico, en 1975, plena democracia argentina) remitida luego del asesinato de dos grandes exponentes del catolicismo argentino, los profesores Jordán Bruno Genta y Carlos Sacheri, cuyo testimonio martirial sigue vigente.

Que no te la cuenten…

P. Javier Olivera Ravasi

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19.03.17

Luterándonos: Devotio moderna y mortificación de la carne

“Los herejes no pueden aparecer (como una) cosa buena si no pintan a la Iglesia como perversa, falsa y engañadora. Desean ser ellos reputados por los únicos buenos, mientras que la Iglesia debe aparecer perversa por los cuatro costados” (Lutero antes de su apostasía)[1].

 

Devotio moderna y mortificación de la carne

 

Con una concepción casi estoica de la vida espiritual, la Devotio moderna plantea –simplificando los postulados– que cuanto más se sufre en esta vida, o cuanto más se determine uno a abrazar el camino más difícil, más santo se hará[2]. Y es verdad (digámoslo desde ahora) que como decía Nuestro Señor, “el reino de los cielos pertenece a quienes se hacen violencia” (Mt 11,12); sin embargo, ello no significa que todo consuelo, tanto espiritual como sensible, deba ser dejado de lado absolutamente como si de algo malo se tratara. No ahondaremos en un tema que ya hemos tratado.

Para Lutero, heredero de esta espiritualidad moderna el tema estaba claro:

 

Un estado religioso, si lo conoce él bien, debe estar lleno de padecimientos y dolores, con lo cual ejercitará mejor su bautismo que en el estado matrimonial, y mediante tales sufrimientos se habituará luegoa esperar la muerte con alegría, consiguiendo de este modo (en breve) el fruto de su bautismo”[3].

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16.03.17

Haciéndonos cargo de un antiguo sitio web

Y… uno quisiera quedarse tranquilo… ¡Pero es que no lo dejan! El “hagan lío…, hagan lío…” parece que nos pegó fuerte…

¡Pues ahí vamos entonces….!

Hace tiempo que nos vienen proponiendo hacernos cargo de un antiguo sitio web dedicado a la apologética católica. Se trata de una de las primeras páginas dedicadas a este tópico olvidadísimo hoy en la misma Iglesia (seguramente alguna vez se la hayan encontrado alguna vez “googleando” por ahí).

Pues bien; luego del trabajo generoso y desinteresado de algunos amigos, salió nomás y, desde ahora, la vieja página “Conoceréis de verdad” estará alojada aquí, sujeta a leves y paulatinas modificaciones.

Porque sólo la verdad hace libres.

Que no te la cuenten…

P. Javier Olivera Ravasi

14.03.17

Luterándonos: Devotio moderna y obediencia ciega

Ya hemos analizado en otro lado los rasgos característicos de la Devotio moderna, una corriente de espiritualidad que, especialmente en el siglo XV comenzó a inmiscuirse lentamente dentro de los mejores círculos católicos y que aún perdura en el presente[1].

Entre sus características principales mencionábamos un reglamentarismo excesivo que terminaba por anular la persona al minar literalmente la conciencia. Por cierto y a modo de atenuante, hay que decir que Lutero había nacido en tiempo y forma para recibir lo peor y lo mejor de su época: una teología escolástica decadente y –por ende–una espiritualidad alejada de la tradición católica; no por nada Taulero era su “místico preferido”[2] e incluso,

 

“el célebre Gerardo Groote gozaba de gran autoridad aun para Lutero. Todos saben cuán poderosa fue la influencia de Groote sobre la vida monástica de su época[3] (…). “Con el espíritu de Rusbrokio (Ruysbroeck) está redactado el librito de la Imitación de Cristo que en tiempo de Lutero ya se había extendido muchísimo, tanto manuscrito como impreso. Está en las manos de todos, incluso de los protestantes”[4].

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