23.07.17

"La democracia no tiene nada que ver con la verdad"

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La frase, como pueden comprender fácilmente, no es mía, no. La ha proclamado a los cuatro vientos un icono vivo del “pensamiento débil", Gianni Vattimo, filósofo, escritor, comunicador, profesor de filosofía, eurodiputado neomarxista, antes nietzschiano, antes nihilista, antes cristiano, antes católico…, pero nunca ateo. Una persona que, a lo que se ve, no se casa con nadie, o sus matrimonios le duran solo una temporadita. Todo este currículum está elaborado según declaraciones de su propia boca y de su propia pluma.

Lo reproduzco de nuevo: “la democracia no tiene nada que ver con la verdad". Y en esa misma línea podría afirmarse que “la democracia no tiene nada que ver con el bien". Las dos afirmaciones tienen la misma base y el mismo recorrido: la democracia no tiene nada que ver con el “ser” de las cosas. Por eso, en su práctica real, en su día a día, es un “invento” degraciado, cruel e inhumano.

Pero, ¿qué significa, realmente, que “la democracia no tiene nada que ver con la verdad?” Significa algo muy serio y muy iluminador: que “la democracia occidental” y por definición de quien la conoce muy bien desde dentro, pues toda su vida la ha vivido en ella, y además ha teorizado sobre ella con los recursos de sus posturas filosóficas y de su innegable intelectualidad -que no pocas veces le ha traicionado-, es un invento voluntarista, desgajado de las constantes antropológicas de la persona humana, que son:

1. Su “capacidad de conocer la verdad de las cosas".

2. Su “obligación moral de hacer el bien y vivir para darle cumplimiento".

3. El reconocimiento y aceptación de su “ser social y sociable por naturaleza"; es decir, desde el fundamento “del ser de las cosas", empezando por la verdad y la dignidad de su propio ser, que está en Dios.

Es decir: la democracia occidental está montada sobre la MENTIRA -el mal intelectual-, sobre la INMORALIDAD -contra la obligación “moral” que tiene el hombre de hacer el bien, a sí mismo y a los demás: “no hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a tí"; este es el primer principio de la ética o de la moral-, y, por tanto, CONTRA la persona humana, a la que debería servir, por servir al “BIEN COMÚN” de la sociedad. Su fruto más genuino -y no puede ser otro- es la CORRUPCIÓN, que tiene como base la MENTIRA, y como soporte (anti)jurídico el llamado “voluntarismo o POSITIVISMO jurídico“, o sea, la mera voluntad de los gobernantes. ¡Para echarse a temblar! ¡O para volar hasta Marte como lugar más cercano!

Por/para conseguir todo esto, lo primero que se plantea la democracia occidental, cuando no ha nacido ya con este fundamento, es “matar a Dios": borrar cualquier rastro -hasta “físico” de la presencia de Dios-, echarle de su casa, dejarle sin hijos -los hombres-, para que estos vivan y se lo monten “como si Dios no existiese”. Que sí existe, y es imposible demostrar racionalmente lo contrario…, pero como si no.

De este modo, el hombre, ya sin referentes “objetivos", es decir, sin fundamentos “ajenos” a él mismo, o sinn fundamentos que pueda reconocer “frente” a él mismo -como de hecho reconocen tantos y tantos, y los descubre el conocimiento común y espontáneo de las gentes, y los fundamenta científicamente la filosofía y la teología “realistas u objetivas"-, se convierte así en un pelele en manos de los mandamases, que hacen con él lo que quieren, como vemos que están haciendo a diario sin ningún pudor ni vegüenza; además de convertirse en un pelele de sí mismo. Las dos cosas son inseparables y, por eso, se dan juntas y se retroalimentan.

¿Por qué la democracia occidental necesita “matar a Dios"? Muy sencillo y directo: porque sin Dios la persona humana no tiene esos referentes “objetivos” de verdad, de bien, de dignidad…, de nada: porque, sin Dios, le falta el referente último del ser de las cosas, que proceden todas de Él, el Creador. Especialmente, el hombre sin Dios se queda “huérfano", suspendido en el abismo en que se convierte su vida. A las vacas les da un poco lo mismo todo esto, que yo sepa.

Por cierto y no es pequeño detalle: en esto, la democracia occidental es una copia calcada del nazismo, y del marxismo-leninismo-stalinismo-maoísmo-castrismo, etc. Por si alguien no había caído en la cuenta.

Todo esto, los impostores de la progrez de izquierdas o de derechas -que, a día de hoy, son perfectamente reversibles-, lo venden como una “conquista de la libertad” -menos para educar a tus hij@s conforme a tus principios y a tu derecho como padre, por poner un ejemplo-, con el trampantojo del “hacerse a sí mismo” -pero ojo como no estés de acuerdo con el mundillo y las dictaduras LGTBI, que serás acusado y dilapidado como “homófobo” o así-, del “no tener que rendir cuentas ante nadie” -excepto ante Hacienda, si no eres Pujol o asimilado-, y de la zanahoria “del estado de bienestar”: un estado que no impide que te eutanasien -a tí, o a cualquiera de tus hijos, tengan la edad que tengan- en cuanto les venga bien…, y un juez lo firme, que siempre lo hay. Como siempre habrá quien lo ejecute.

¿Alguien, en su sano juicio -en plenitud de sus faciltades intelectuales y morales: es decir, sin renegar de ser persona humana- puede estar conforme con alimentar semejante monstruo? Parecería imposible… y, sin embargo, lo está. Millones, solo en España.

Y, para más escarnio, todo este tinglado se alimenta con los votos. Votos “humanos". Cosa que, por ejemplo, las vacas no hacen: no pueden. Pero, si pudieran, tampoco creo que quisieran: lo digo con sinceridad; los animales son “listos” por naturaleza, y el que no da la talla… no vive mucho, la verdad.

PD. Que nadie que quiera comentar me venga con que si yo quiero la dictadura u otras cosas del mismo nivel: un poco de dignidad personal -al menos intelectualmente-, y un poco de respeto a los demás. Por fa.

21.07.17

"El magisterio del Vaticano es paralelo al ("magisterio") de las Naciones Unidas".

No lo he dicho yo…, que sería incapaz, en el sentido más estricto de la carga semántica que atesora el término “incapaz". Lo dice, ni más ni menos que mons. Marcelo Sánchez Sorondo, filósofo y teólogo, además de obispo, y mando supremo de la Pontificia Academia de las Ciencias y de la Academia Pontificia de las Ciencias Sociales. Vamos, una máquina, este hombre. Argentino, por supuesto y como corresponde a los signos de los tiempos.

Y si lo dice, dado su alto cargo -que es patente que le ha superado con creces-, será porque se siente autorizado por el mismo Vaticano a expresarse de ese modo.Y si de allí, del mismo Vaticano, no sale una voz que lo desautorice públicamente, es que, ciertamente, estaba autorizado implícita o expllícitamente.

Lo ha declarado en el marco de  la primera sesión de un curso de verano, en la Universidad Católica de Valencia (UCV), que lleva por título “la pregunta de Dios en la universidad". Y, por tanto y en ese marco -"la pregunta de Dios en la universidad"-, nada más lógico -filosófica, teológica y pastoralmente hablando- que afirmar que “el empeño del Papa es erradicar la pobreza y el hambre en el mundo” para añadir, sin solución de continuidad, que “este es precisamente el primero de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, que se aprobaron por unanimidad después del discurso del Papa en la ONU y de su encíclica Laudato Sí". Y así siguió dando la matraca sobre las estructuras económicas, lo malos que son los demás, los que no son pobres, y bla, bla, bla.

¿Alguna pregunta o respuesta sobre Dios? No aparece nada de nada en lo que han presentado algunos medios sobre su intervención: han reseñado en especial su referencia a las cosas económicas y así. Pero es posible que las haya habido, solo que yo no las he leído.

De modo que ya lo tienen ustedes todo clarito: “el empeño del Papa es erradicar la pobreza y el hambre". Y punto. En boca de este y otros monseñores, no hay más Papa ni más Iglesia que esta. ¿Que el Papa ha dicho -no hace muchas fechas- que la Iglesia Católica no es una ONG? Bueno pues llega el Sánchez Sorondo y nos lo aclara todo.

Y ya el acento puesto en que el magisterio del Papa es paralelo al de las Naciones Unidas… ¡Vaya bajonazo que mete el buen monseñor al magisterio del Papa y de la Iglesia! Es que nuevamente nos vuelve a abrir los ojos, porque estábamos cegatos al completo; porque no es que las Naciones Unidas se hayan acoplado, no. Es que el Papa y lo que representa se han acoplado. Y a esto lo califica de un momento “mágico". Vamos, como la “conjunción planetaria” -o así- del encuentro entre Zapatero y Obama… Pues eso.

Y ahí tienen ustedes todo resuelto. Ya no es la Iglesia el “alma” de la sociedad y, por tanto, del mundo. Para nada. Ya no es la Iglesia Católica la que “fecunda” al mundo y a sus gentes: es la Iglesia “mundana” en su expresión más genuina, pues hace suyo y propio lo que dice el mundo y sus lacayos. Es más: ¡si ya dice lo mismo que la ONU…! ¡Que ya es bajonazo, ya!

Este sr. obispo, Presi de esas flamantes entidades académicas vaticanas, no sé si sabe -dados sus títulos- que la ONU propugna combatir la pobreza y el hambre…, ¡eliminando a la gente! Primero, que no sean concebidas; y para eso, ahi va la pasta gansa para implantar los métodos anticonceptivos, untando bien -como es lógico- a los distintos estamentos que intervienen en el proceso. Y en segundo lugar, si ha empezado el embarazo, pues se le quita a la señora el “grano” de la tripa…, ¡y a correr! Por supuesto, con la financiación correspondiente, más un plus por dedicación y otro por número de intervenciones.

¿Esto entra dentro del “magisterio del Vaticano” y lo coloca, además -y como gran triunfo: “momento mágico"-, al nivel y en paralelo al de las Naciones Unidas? Por cierto: no sabía que lo de la ONU fuese -o tuviese- “magisterio". Pero, en fin…

Por cierto, y por señalar: ¡qué distinta -y qué distante- la enseñanza del papa Benedicto XVI, su recordado y cada vez más alabado predecesor, hoy emérito! En un discurso a las Asociaciones Cristianas de Trabajadores Italianos (27-I-2006), después de hablar de la dignidad del trabajo y del trabajador, señalaba proféticamente: “Hay que reafirmar la enseñanza del amado Juan Pablo II, que nos invitó a ver en la vida la nueva frontera de la cuestión social (cf. EV 20). La defensa de la vida, desde su concepción hasta su término natural, (…) es el primer deber en el que se expresa una auténtica ética de la responsabilidad, que se extiende coherentemente a todas las demás formas de pobreza, de injusticia y de exclusión".

Este buen monseñor, el Sánchez Sorondo, aparte de no leer a Benedicto -no recordar lo que leyó, o rechazarlo, sin más- se suma al coro de voces -cada vez más numeroso; me da que se contagian, porque están siendo epidemia: el último en “cantar” ha sido Paglia; el penúltimo, Martin, consejero del Papa, y animador de los curas gays para que salgan del armario-, de aduladores de Francisco; tan aduladores que -no recuerdo ahora quién- decía, refiriéndose precisamente al entorno del Papa, que “con amigos así no necesita enemigos". 

El problema, el gran problema, es que -y a lo que parece por las informaciones que llegan- ese coro tan desgraciado -por desafinado- se lo ha montado él solito, a pulso. 

Por cierto: vaya puntería -diana al primer disparo- el que se ha encargado en la UCV de contratar a este “punto” o “gallo", como dicen en Asturias. 

Y, también por señalar: ¿teniendo a Cañizares, que se ha marcado una clausura del curso con una conferencia excelente, qué necesidad había de traer a este sujeto?

14.07.17

¿"Democracia" en/para la Iglesia Católica?

A estas alturas no solo no es nada raro oirlo o leerlo, sino todo lo contrario. Se “reclama” democracia en y para la Iglesia. A como dé lugar, y para “ya", que esto no puede esperar más.

Me parece muy bien que se pida… la luna. Claro que, si fuera por pedir y ya está solucionado todo, pues estupendo. El problema es que no es un tema de pedir y “ya": habrá que saber qué se pide, en qué ámbito se pide y, sobre todo, para qué se pide.

Por cierto: pedir “democracia” en y para la Iglesia Católica no es nada nuevo; de hecho, todas las tonterías y todas las herejías y todos los pecados están ya inventados, y es imposible aportar novedades. Lo que demuestra, una vez más, lo limitadicos que somos, también para hacer el ganso.

A lo que íbamos. La “democracia” tiene su horizonte, o su “nicho ecológico"; fuera de él no sirve para nada, y por eso no se usa: ni se invoca siquiera. Por ejemplo: no se elige entrenador del Madrid votando; Presi, sí. No se realiza una operación quirúrgica votando: lo decide aquel a quien corresponde. No se manda en un ejército “democráticamente"; ni se consultan “democráticamente” las tácticas militares, porque automáticamente se acaba el ejército y se pierden batallas y guerra. Ni hacienda te rebaña las perricas “democráticamente"; en dinamarca han hecho la prueba de dar libertad para pagar los impuestos…, y han recogido 1.000 euros en todo el país; sobre la marcha han rectificado, claro. Ni se gobierna un barco, “democráticamente"; y así sucesivamente.

Recapitulando: la democracia vale para lo que vale; supuesto que valga para algo, naturalmente, y algo positivo para la persona y la sociedad; cosa que aún está por ver.

Por ejemplo y sin ir más lejos: ¿qué ha aportado la democracia a España, un país que me conozco bastante bien en muchas de sus facetas?

En un rápido recorrido, que será necesariamente incompleto, podríamos decir que la democracia española ha traído, como primera provisión, la destrucción de la institución familiar, que es la célula básica y esencial de la sociedad, porque es el ámbito natural y ecológico en el que nace y se desarrolla -en todas sus facetas- la persona humana: sin “su” familia, la persona no sabe ni quièn es. La promociòn de la mentalidad antinatalista, con el “derecho al sexo", la anticoncepción, el divorcio, el aborto -más de 110.000 al año-, y la ridiculización del matrimonio y de los hijos -con “otros” modelos, y con los “vientres comprados", por ejemplo- ha traído estas cosas. Y llevamos ya muchos años de “invierno demográfico", y todos los poderes públicos silbando mientras se dan un paseíto; o se “importan” moros.

La democracia “made in Spain” ha traído e instalado -forma parte ya de su ADN- la CORRRUPCIÓN generalizada, vomitivamente impune y oscenamente ostentosa -como un ORGULLO al uso político y de los políticos-, que han tenido que tragar los demás estamentos de la sociedad en un primer paso, para luego sumarse al carro al grito de “tonto el último": había que sobrevivir y, luego, enriquecerse “deprisa, deprisa". El “pagano” siempre es el mismo: el ciudadano de a pie, cruelmente indefenso.

Estas dos cosas juntas han arrasado la capacidad de crítica y de juicio moral de las gentes. a todos los niveles -ni siquiera se han librado las instituciones eclesiásticas, ni la misma jerarquía-, una demolición para la que los poderes públicos han contado con las instituciones educativas -lo de la pública es de juzgado de guardia; pero gran parte de la privada no se ha limitado simplemente a mirar- y con el servicio -bien cobrado y bien pagado-, de los medios. Lo mismo han servido para romper la unidad de España, para fomentar la ETA, para alentar el separatismo, o para ir contra la Iglesia Católica que, prácticamente y casi en su totalidad, no ha dicho esta boca es mía; y, además, se ha plegado a casi todo, institucionalmente, salvo honrosas excepciones.

De este modo, todo le ha quedado sometido al Estado, convertido en el Dictador Mayor del Reino, que decide sobre vidas y haciendas… Y si en el mundo clásico a los gobernantes se les debía todo, “menos el honor y la fama” -menos la conciencia y el alma-, como ahora ya no se sabe qué son o qué significan, ni qué papel tienen en la vida de la persona, ahora toda la persona -lo que queda de ella, su caricatura, un auténtico “juguete ajado y roto"-, se entrega totalmente al Estado y no se le reclama nada: ni el derecho a recibir la pensión que, previamente y durante tantísimos años, te habían requisado de tu sueldo y de tus rentas con la promesa de… la nada, como se está viendo.

¿Esta es la “democracia” que se quiere en y para la Iglesia? Sabiendo de dónde vienen las voces que la reclaman se puede contestar afirmativamente y con rotundidad: SÍ. Exactamente ésta: la que sirve para destruir las conciencias y pervertir a las gentes: porque no hay mayor corrupción ni mayor engaño que “cegar” a las gentes respecto a Dios y respecto a la persona: su origen, su naturaleza y su misión, terrena y eterna. No hay ninguna otra razón que “justifique” la exigencia de “democracia” en y para la Iglesia. 

Un último apunte: en los sitios donde la “democracia” se ha asentado en las instituciones eclesiales, la Iglesia como tal ha desaparecido: esta es la realidad, por ejemplo, de las “comunidades de base". Con ánimo de señalar, por supuesto. Y no solo de ellas.

7.07.17

Un solo Dios. Una sola Iglesia. Una sola familia... y viceversa.

familia

Ante tanta confusión como campa a sus anchas y que se acumula, día a día, en el quehacer de la Iglesia Católica, se hace necesario volver la mirada de la Fe, el afán del corazón y la capacidad de la razón para ir a lo esencial, al “núcleo duro” de “lo católico” -para saciar ahí nuestros afanes de Verdad y de Bien-, puesto en solfa ya por tantos y tantos personajes y personajillos “eclesiales", y por tantos y tantos voceros -aulladores, más bien- que los magnifican y los hacen “reinas por un día".

La Verdad primordial es que hay UN solo DIOS -uno en esencia y trino en personas- y solo puede haber UNO. Como explicaba perfecta e irrefutablemente el entonces cardenal Ratzinger: “los dioses no son dios". Y en la misma lógica “Dios no es los dioses”, podríamos redondear nosotros, aunque repitamos lo mismo de otra manera. Basta un somero vistazo a las distintas mitologías/religiones de todos los tiempos y lugares para darnos cuenta certera de todo esto.

Allí, los “dioses” asumen y encarnan todo lo peor de la naturaleza humana y, encima y para mayor oscuridad y desvarío, todo eso se “diviniza": Y así, hay un “dios de la guerra"; cuando Dios es un Dios de Paz. Un “dios del amor” reducido a mera lujuria; cuando Dios es Dios de Amor, que se da y se hace, por tanto, don. A los dioses se les debe total “sumisión", cobrándose además la insumisión con la muerte del osado; cuando Dios es un Dios que nos ha hecho libres, y que nos libera de nuestras personales ataduras, debilidades y pecados -que esclavizan siempre-, no cobrándose las afrentas sino entregándose Él mismo a morir por nosotros, por nuestra verdadera libertad, a la que restituye su dignidad y valor.

Así podríamos seguir. Pero siempre sacaríamos la misma conclusión: “los dioses no son dios". Esta es precisamente la “novedad” bíblica”, o sea, REVELADA -es decir, donada y entregada por Dios mismo a nosotros, sus hijos- respecto a Dios mismo. Como rezan los judíos dos veces al día desde muchísimos cientos de años antes de Cristo en el Shemá: “Escucha, Israel, el Señor es nuestro Dios, el Señor es Uno” (cf. Dt 6, 4-9). Uno y Único. Y no puede ser de otra manera.

baldaqino 

Por lo mismo y en la misma intelectiva -natural y revelada-, solo hay -y solo puede haber- UNA IGLESIA VERDADERA, que encarna y acoge en su seno UNA ÚNICA RELIGIÓN VERDADERA. Exactamente la que ha fundado Jesucristo como Roca, como Madre y Maestra, como Salvación. La Iglesia Católica es el “ser” y el “estar” de Cristo en medio de nosotros hasta el fin del mundo (Mt 28, 20).

Precisamente por esto, “fuera de la Iglesia -para un católico- no hay salvación” (San Cipriano de Cartago, s. III): Dogma de Fe -luego forma parte del “núcleo duro” de los católico-, proclamado por Bonifacio VIII, en la bula Unam sanctam, a. 1302). Para los no-católicos, estén encuadrados donde estén, que da lo mismo, no tenemos mucha idea de lo que hace Jesús con ellos. La certeza la tenemos para los católicos: la salvación si son fieles; la condenación si reniegan de su Fe y de su amor a Jesucristo y a su Iglesia.

Todas las demás “realidades” eclesiales y/o religiosas lo son “secundum quid” y bajo algún aspecto: parcial, contrario, o como sea en cada caso. Pero ni son “LA” Iglesia, ni son “LA” Religión a la que nos convoca el Señor, porque no son y no pueden ser la que Él mismo nos ha entregado como DON, como MISTERIO y como VOCACIÓN.

A diferencia de todas las demás, es la única que no hemos hecho con nuestras manos: se nos ha dado (Is 9, 6). Como se nos ha dado Jesucristo. Y, por eso mismo y en esa misma longitud de onda, es la única que no podemos ni debemos mangonear -no tenemos ningún derecho ni siquiera de intentarlo-, a riesgo de que deje de ser la que Jesús nos entregó y, en consecuencia, deje de salvar. Solo Él, Jesús, salva. Solo Ella, la Iglesia, salva porque tiene los elementos necesarios para ello. Esta es la “novedad” de la Iglesia Católica. Lo que no caracteriza a ninguna otra, por ninguna otra los posee en su plenitud originaria.

familia

Y en la misma línea de la Verdad revelada -o sea, donada- “a la imagen del Dios monoteísta corresponde el matrimonio monógamo. El matrimonio basado en un amor exclusivo y definitivo [el mismo que Dios nos tiene y nos entrega] se convierte en el icono de la relación de Dios con su pueblo y viceversa: el modo de amar de Dios se convierte en la medida del amor humano” (Benedicto XVI, Deus caritas est, n. 11).

El amor humano que lleva al matrimonio y funda la familia -lo mismo que la Iglesia, lo mismo que la Creación, lo mismo que el hombre- es hechura divina “para todo hombre de buena voluntad"; pero, para el católico, es su específica “Vocación y Misión en el mundo y en la Iglesia”, como predicó una y otra vez por todo el mundo, incansablemente, san Juan Pablo II.

¿Qué sucede? En los no católicos, lo que ha sucedido siempre: que la luz de la razón aun pudiendo llegar por sí misma -y hay que afirmarlo con rotundidad- a descubrir estas verdades -un solo Dios, una sola religión verdadera, un solo matrimonio-, no siempre “acierta"; mucho menos cuanto más alejadas de Dios y su Revelación esté la sociedad y la cultura en la que se forma; es más: la historia humana está sembrada de tantísimos ejemplos de desaciertos respecto a Dios, al mundo y al hombre.

Por el contrario: la Revelación proporciona a la razón humana las verdades y los instrumentos para no caminar a ciegas, para no indagar sin saber el resultado y, quizá, sin esperanza incluso de alcanzarlo; sino para hacerlo -indagar- con la seguridad de poseer la Verdad. Y poder construir la propia vida y ayudar a construir la misma sociedad en la que uno está inmerso, precisamente con esos mimbres: con unos cimientos que resistan todos los vendavales, todas las tormentas, todas las inclemencias. Porque está fundada sobre roca (Lc 6, 48), que es Jesucristo.

Sólo si se acepta a Dios se acepta su Iglesia, se acepta la condición humana, se acepta el matrimonio y se acepta la familia. Y al revés: el rechazo de Dios, conlleva el rechazo de la Iglesia, del matrimonio y de la familia fundada en éste; amén del desconocimiento de la persona y su dignidad intrínseca.

Pero a Dios es muy difícil aceptarle y conocerle fuera de la familia. De ahí que el Concilio hablase de la familia como “iglesia doméstica". De ahí que la Iglesia siempre ha reconocido a los padres como “los primeros educadores” en todo…, pero especialmente en la Fe. A esto se refiere el final del título del artículo, “y viceversa".

Es lo que explica los ataques crueles. denodados, inhumanos, salvajes y destructores respecto a la persona humana, al hombre y a la mujer, al amor humano y la sexualidad, al matrimonio y a la familia: hay que borrar toda sombra de Dios en las conciencias y en las vidas de las gentes; y hay que “construir” la sociedad “como si Dios no existiese".

Que existe. Por eso, no se construye nada sino que se destruye todo.

6.07.17

¿O sea: que Jesús era contrario a la igualdad?

ultima cena

¿Alguien en su sano juicio -y con un mínimo de sentido moral y religioso: en católico, me refiero- puede pretender a estas alturas que Jesús era un discriminador de tomo y lomo? ¿Se puede ser más “cortito", por muy cardenal de la Iglesia Católica que se sea?

Por cierto: ya se ve -patet, que diría mi maestro- que lo de ser cardenal, arzobispo, obispo, sacerdote, religioso o asimilado… no aporta absolutamente nada a lo que natura non dat; la gracia presupone la naturaleza, y, por eso precisamente se asienta en ella como en su sujeto, pero no la sustituye: solo la mejora, si uno lucha por ser santo; en caso contrario, se hace uno más tonto de lo que ya es.

Por cierto: no solo es el caso del señor que nos ocupa, como si fuese algo raro o insólito; sino el de ya tantos y tantos reiterados, cansinos, enfermizos, bobalicones, ilógicos, cerriles y nada “eclesiales” miembros de la Jerarquía Católica, que “se dejan llevar por todo tipo de doctrinas” (cf. Ef 4, 14; Hbr 13, 9) menos por las que deben. Lo digo con dolor, porque soy sacerdote; pero, en conciencia, no puedo callar ante estas memeces que, se quieran o no, hacen daño a la misma Iglesia, y a sus mismos hijos.

Hablar, a estas alturas, de “sacerdocio exclusivamente masculino” -cuando es bien sabido que, hasta ayer mismo, la Iglesia como tal no se sentÍa autorizada ni legitimada para hacer algo distinto a lo que hizo Cristo, ni en este ni en ningún otro tema-, y presentarlo -consciente o incoscientemente- con toda la mala baba de que uno es capaz como algo “negativo", que “no está ayudando a la Iglesia a presentarse como una pionera de la igualdad de derechos"…, es pasarse por donde le da la gana -fruto también, pero no solo, de su cortedad manifiesta-, desde la misma institución del Sacerdocio por parte de Jesucristo, hasta todo el conjunto de la teología de siempre respecto al mismo, pisoteando la praxis de siempre y sin ningún “corte” o “laguna” desde su nacimiento; además de ningunear a san Juan Pablo II que dejó escrito y rubricado que la pretensión de un sacerdocio “femenino” era “un caso cerrado en la Iglesia Católica".

El tal Marx, card. Reinhard, se suma a la ya larguísima lista de miembros de la Jerarquía que, abducidos por las insanas ensoñaciones que producen los despachos eclesiales -les pasa lo mismo a cierto tipo de “teólogos"- cuando en ellos no se hace nada de lo que se debería hacer. Y se cumple lo que me decía mi madre, fruto de la sabiduría popular: “cuando el diablo no tiene que hacer, con el rabo mata moscas". Y es el caso.

En el seno de la Iglesia y por parte de bastantes de sus miembros, se está produciendo -con plena conciencia- todo un entramado de “opiniones", “praxis", “pastorales", “documentos", “declaraciones", “términos", “medias verdades", “afirmaciones sin fundamentar y sin explicar lo que quieren decir", “aperturas", etc., que tienen como intención y finalidad la presentación de la realidad de la Iglesia Católica hasta el día de hoy -bueno, exactamente hasta hace 4 años- como algo “superado” porque ya no comunica con la gente, con la mentalidad de las gentes, con los jóvenes, con los religiosos y estos con el personal, con los sacerdotes, con la sociedad…, con el mundo, en definitiva. Con esta premisa -falsa de toda falsedad; falta de Fe, de Esperanza, de Caridad, de Comunión y de Eclesialidad- se “motiva” entonces la “creación” de la “nueva Iglesia", empezando por “una nueva imagen” de la misma, como dice el sr. cardenal.

Se pretende asentar que "más que la religión nos debería preocupar la salud, la comida y las relaciones humanas": esto lo dice uno que se las da de teólogo -y durante años ha sido incluso referente para la jerarquía española-, presentando como verdadera y única misión de la Iglesia “humanizar el mundo". Es la “cultura” de la acogida, la de tender puentes, la que no juzga, la de la paz…:

Ahí tiene que estar la Iglesia, ése ha de ser su único horizonte; al precio, claro, de esconder todo signo visible de Dios, empezando por su misma Palabra -encarnada en Jesucristo, sí, pero del que ya no sabemos realmente nada cierto-, porque ésta -la Palabra, Jesús mismo, sus Sacramentos, su Salvación- ya “no sirve” al “hombre de hoy". Luego, tampoco sirve la Iglesia de hasta ayer mismo.

Si para eso se ha de acusar a la Iglesia de lo que nunca ha dicho ni hecho, y si se ha de tergiversar lo que siempre ha dicho y hecho…, pues se hace. Y “aquí paz y después gloria".

Amén.