30.07.14

Me pido una parroquia sin feligreses

A las 6:14 PM, por Jorge
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Ganas le entran a uno de pedir una cosa así. Una parroquia sin feligreses. O marcharse de ermitaño, cartujo o guardián del Sinaí. Porque vas viendo las cosas de esta nuestra Iglesia, en pequeño y en grande, y no sabes hasta qué punto tienes ganas de pelear o de dejarte la vida en cosas que no acabas de comprender si merecen la pena.

Atónito con lo que les ha pasado hace unos días a los curas de Vitigudino. Pobres. Se les ocurre decir que no puede ser eso de vivir en lo que toda la vida se llamó concubinato y ahora como pareja de hecho y ser a la vez mayordomos o presidentes de cofradía y la que se ha liado. Aquí o tragas con carros y carretas, y entonces te llevas mal contigo mismo y con el mismo Cristo, o estás condenado a la hoguera de la nueva inquisición. Porque mucho hablar de la antigua, pero es que hoy hay que ver cómo están las cosas.

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28.07.14

La beata Teresa de Calcuta no va a los talleres de espiritualidad de Manresa

A las 10:47 AM, por Jorge
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Ni sus hermanas tampoco.

Aunque alguna vez ya lo he dicho, es de esas cosas que de cuando en cuando merece la pena recordar. Un servidor hace tiempo que tiene como criterio para su personal vida cristiana y su acción pastoral hacerse la siguiente pregunta: ¿la beata Teresa de Calcuta se apuntaría a algo así? ¿Enviaría a sus hermanas a un curso de este tipo, a unos ejercicios de esta forma, o les invitaría a leer libros de tal autor o tal espiritualidad? Si la respuesta no es claramente positiva entonces lagarto, lagarto, no es propuesta de fiar.

Acaba de llegar al correo de la parroquia la propuesta de actividades de la Cueva de San Iganacio de Manresa, un centro jesuita que se presenta como centro internacional de espiritualidad. Merece la pena conocer las ofertas, para acudir o salir huyendo, depende ya de la idea de cada cual.

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25.07.14

Aleluya y salir corriendo

A las 5:02 AM, por Jorge
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El último día fue de muerte y vida. Tras conocer la piscina probática y el lisostrotos, nos lanzamos a recorrer la vía dolorosa rezando el vía crucis. Cargamos con la cruz, liviana cruz que llevábamos entre cuatro, mientras recorríamos cada estación. Rezar, cantar, vivir mientras nos acercábamos al santo sepulcro.

En la basílica del santo sepulcro comenzamos con la clave: visitar la tumba vacía. En ella la clave de todo: mirad donde lo pusieron, no está aquí, ha resucitado. Después, el calvario. Ver y tocar la piedra donde estuvo clavada la cruz que fue la vida.

Gozosa y emotiva misa de resurrección. Tierra santa es lugar de lágrimas y emociones continuadas. Bendito sea Dios. Que magia encierra cada vez que proclamas AQUÍ.

La situación en Israel es muy sería. Tanto que nada más a abra la misa en el santo sepulcro optamos por salir corriendo. Así cómo suena. Comer, recoger maletas a toda prisa, el éxodo del siglo XXI, y correr hacia la frontera jordana. El aeropuerto de Tel Aviv está prácticamente cerrado y es imposible asegurar un vuelo desde allá. Así que anoche hemos dormido en Jordania para tomar el vuelo directamente en Amman.

Teníamos nuestros miedos, aunque el tiempo que hemos estado en tierra santa no hemos notado nada raro. Ayer sí vimos más policía y más soldados y algunas calles de Jerusalén cortadas. Como digo, nada más comer corriendo hacia la frontera ya que a las 20 h. la cierran cada tarde y teníamos miedo de que a muchos se nos ocurriera la misma idea.

Ahora estamos en el hotel a punto de desayunar y marchar al aeropuerto.

La gente feliz. Ha sido algo grandioso. Bendito sea Dios.

23.07.14

Del Monte de los Olivos al Monte Sión

A las 5:39 PM, por Jorge
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Esta mañana tocaba, se lo imaginan quienes conocen Jerusalén, el monte de los Olivos.

Se comienza la visita por la pequeña capilla de la ascensión, desde la cual Jesús subió al cielo. Una pequeña capilla en manos musulmanas, descuidada, maloliente, donde la tradición muestra una piedra en la que el Señor dejó su huella al subir al cielo.

Nada que ver la iglesia del Pater noster, cuidada por religiosas carmelitas, que es un primor de limpieza y acogida. El texto del padrenuestro nada menos que en ciento setenta y una lenguas, y algunas de el,plástico en braille. Una pequeña cueva. U estar el lugar exacto donde el Señor escuchó la palabra de los discípulos: enséñanos a orar. Hemos rezado el padrenuestro con unción y después nos ha sido dado poder escucharlo en arameo, la le gua original en la que Jesús se lo regaló.

La bajada es impresionante. Mientras nos acercábamos a la iglesia del Dominus flevit, hemos ido cantando por la calle “hosanna al hijo de David, bendito el que viene en nombre del Señor". Y cuando se nos ha acabado, otra vez, a plena voz, y moviendo nuestras manos, casi bailando, “qué alegría cuando me dijeron vamos a la casa del Señor".

Tengo un cariño especial a esa iglesia que posee el mejor retablo del mundo, la vista de la ciudad de Jerusalén. Una misa densa que habla de viernes santo y de Jesús que se siente triste porque sus discípulos, nosotros hoy, no le hacemos caso. Hemos cantado los improperios: “pueblo mío, qué te he hecho… Tú hiciste una cruz para tu salvador".

Desde ahí hemos entrado en Getsemaní, el huerto de los olivos, donde nos saludan ejemplares que tienen más de dos mil años, es decir, ejemplares que fueron testigos de la oración y la angustia de Jesús. La capilla de la agonía es impresionante. Una luz fría, lúgubre, que habla de angustia, dolor, terror por la muerte que se acerca. Un altar en forma de cáliz nos habla del que bebió Jesús, el cáliz de la pasión. Pero atención, porque ese altar está colocado sobre la piedra de su oración.

Hemos tenido un tiempo prolongado para la oración personal, en silencio. En esta capilla es fácil, todo invita. Es la tragedia que envuelve con la tiniebla del fin. Jesús reza y acepta el cáliz de la pasión con un sufrimiento tal que hasta le hace sudar sangre.

En el monte Sión nos hemos encontrado con tres lugares muy especiales. E primer lugar, San Pedro in Gallicantu que nos lleva nada menos que a conocer la profunda fosa a la que fue Jesús arrojado la noche del jueves santo, y a poder contemplar la escalera origina; de época de Jesús, que el maestro recorrió varias veces en la noche del jueves santo.

Tanto para ir del cenáculo al huerto de los olivos, como para el regreso detenido, esa escalera es paso obligado. Verla es ver el lugar mismo por el que Jesús paso indudablemente varias veces en esa noche. Es fácil comprender la emoción.

En el monte Sión se encuentra la capilla de la ascensión, donde se puede contemplar una imagen de la Virgen María yacente. En ella se conmemora el moneto en el que Maria, después de fallecer, fue elevada por los ángeles al cielo en cuerpo y alma. Fue asumpta.

Dejo para el final el cenáculo. Lugar de la última cena, el lavatorio, el mandamiento del amor, el sacerdocio, apariciones, pentecostés… Es efectivamente una sala superior de un edificio que esta situado con toda certeza en el lugar del cenáculo, y que corresponde hoy a una construcción de la época cruzada. Otra emoción más, y es que en Tierra Santa vive uno permanentemente con el corazón derramándose en lágrimas.

He querido renovar mi sacerdocio con mis feligreses y amigos, encomendándome a sus oraciones. Soy un poco llorón, así que he terminado como he podido, con el consuelo del abrazo de la gente que te quiere y a la que quieres. Sacerdote por ellos, para ellos. Sacerdote débil y muy limitado, que se sabe en pie únicamente por la misericordia y la gracia de Dios.

Deliberadamente me he dejado para el final un par de cosas del monte de los olivos. Por una parte, la iglesia del sepulcro de la Virgen, una iglesia ortodoxa con no se sabe si con más lámparas o lamparones, donde dicen que fue llevado el cuerpo de la Virgen tras su muerte. Personalmente no me da especial devoción. El otro lugar es una pequeña capilla, justo al lado de la anterior, que llaman del prendimiento, con poca base histórica. Tampoco me dice nada. Cosa de mi poca fe, posiblemente.

22.07.14

A Belén pastores

A las 9:18 PM, por Jorge
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Hemos comenzado el día con María, Isabel, Zacarías y Juan Bautista. Ain Karem, el pueblo del Bautista, hoy es un barrio de Jerusalén.

Cuesta la subidita a la iglesia de la Visitación. Llegar y encontrarte con el Magnificat en tantísimos idiomas te hace entrar en el saludo de las dos primas. Isabel que venera en María la encarnación. María que proclama la grandeza de Dios.

Más tarde, la iglesia del nacimiento de Juan. En esta ocasión, es el Benedictus el que cubre las paredes exteriores del santuario. La simpleza del lugar del nacimiento, marcado en el suelo, te conmueve. Y es que ese niño será grande, nada menos que el precursor.

Belén, campanas de Belén. Suerte de llegar a la iglesia de Santa Catalina justo unos minutos antes de comenzar la procesión de los católicos hacia el mismísimo lugar del nacimiento de Cristo, lo que nos ha permitido participar de la liturgia.

Triste la basílica de la Natividad en plena restauración. El lugar del nacimiento de Cristo, marcado por una preciosa estrella de plata, sigue igual. Todos nos hemos agachado para besar ese santo lugar.

Me gusta hacer que los peregrinos reparen en la minúscula puerta de entrada a la basílica: pequeña y bajita. La historia dice que era para evitar que se entrase a caballo en el lugar. La teología, para hacernos comprender que es necesario hacerse pequeño par entraren el misterio de la Natividad.

La misa ha sido muy especial porque la hemos celebrado en el campo de los pastores y nada menos que en el interior de un de las cuevas en las que los pastores guardaban el rebaño. Me gustan esos espacios naturales porque te llevan mucho mejor al misterio. Una cueva con el techo negro de humo de generaciones de pastores calentándose en las frías noches de Belén. En esa cueva, en julio, qué bien ha sonado el “Noche de paz” y también “Campana sobre campana” en la adoración del niño.

Muchos amigos y familiares nos preguntan por la situación de guerra y violencia que ahora sufre esta tierra. Hemos de decir que no notamos nada en el ambiente, tan nada que hemos entrado en Belén y salido sin que ni siquiera nos hayan pedido el pasaporte. Apenas sabemos nada, y más por lo que nos llega de España que por lo que aquí estemos observando. En cualquier caso un horror y cada día pedimos por la paz.

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Jorge González Guadalix

Jorge González Guadalix

Sacerdote diocesano de Madrid. Se presenta y se define como cura. Licenciado en teología pastoral, lleva más de treinta años ejerciendo su ministerio en parroquias de la diócesis, algunos de ellos como párroco rural. Arcipreste varias veces, ha pertenecido por dos legislaturas al consejo presbiteral de Madrid y al consejo diocesano de pastoral.
Como añadido a su labor de párroco ha hecho un poco de todo: coordinador de pastoral de un colegio de más de dos mil alumnos, director espiritual de un gran colegio mayor, profesor de religión, profesor de teología pastoral... internauta y bloguero por libre y desde ahora en Infocatólica .
Si quieren ponerse en contacto con él: parroquiamogas@telefonica.net

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