25.10.14

Confunde Señor, divide sus lenguas

Leemos en el segundo libro de Crónicas 

Y ahora ha puesto Yavé el espíritu de mentira en la boca de todos estos tus profetas, pues ha decretado Yavé el mal contra ti.

(2ª Cro 18,22)

Y dice el salmista:

Confunde, Señor, divide sus lenguas, porque veo en la ciudad la violencia y la discordia. Día y noche giran en torno a sus murallas, y en medio de ella la iniquidad y la maldad. Dentro de ella la insidia; de sus plazas no se apartan la mentira y el fraude.
Que no es un enemigo quien me afrenta, pues lo soportaría. No es uno de los que me aborrecen el que se insolenta contra mí; me ocultaría de él. Pero eres tú, un hombre como yo, mi familiar y mi conocido, con quien gustaba de secretas confidencias; íbamos juntos entre la turba a la casa de Dios.
Los sorprenderá la muerte, descenderán vivos al seol, porque no hay sino maldad en sus moradas, dentro de ellos.
Yo, empero, invocaré a Dios, y Yavé me salvará.

(Salmo 55,10-15)

Y habla el profetas Oseas:

Perece mi pueblo por falta de conocimiento; por haber rechazado tú el conocimiento, te rechazaré yo a ti de mi sacerdocio; por haber olvidado tú la ley de tu Dios, yo me olvidaré también de tus hijos. Cuantos son ellos, tantos fueron sus pecados contra mi; trocaron su gloria por la ignominia. Se alimentan de los pecados de mi pueblo y codician sus iniquidades. Y lo que del pueblo será, eso será también del sacerdote. Yo los castigaré según sus caminos y los retribuiré según sus obras.

(Os 4,6-8)

Más dice el profeta Abdías:

Pero en el monte de Sión habrá una porción salvada, y será santa

(Abd 17)

Preguntó nuestro Señor:

…cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe en la tierra?

(Luc 18,8)

Mas también nos dijo:

No temas, rebañito mío, porque vuestro Padre se ha complacido en daros el Reino.

(Luc 12,32)

Y:

Tened ceñidos vuestros lomos y encendidas las lámparas, y sed como hombres que esperan a su amo de vuelta de las bodas, para que, al llegar él y llamar, al instante le abran.

(Luc 12,35-36)

Y:

Yo reprendo y corrijo a cuantos amo: ten, pues, celo y arrepiéntete. Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno escucha mi voz y abre la puerta, yo entraré a él y cenaré con él y él conmigo.

(Ap 3,19-20)

Así que sabiendo que:

todos los que aspiran a vivir piadosamente en Cristo Jesús, sufrirán persecuciones.

(2 Tim 3,12)

Y que:

Los hombres malos y seductores irán de mal en peor, engañando y siendo engañados.

(2 Tim 3,13)

Debemos:

… tú permanece en lo que has aprendido y te ha sido confiado, considerando de quiénes lo aprendiste.

(2 Tim 3,14)

Porque:

… nosotros no somos de los que se ocultan para perdición, sino de los que perseveran fieles para ganar el alma. 

(Heb 10:39)

El Dios de la paz, que sacó de entre los muertos, por la sangre de la alianza eterna, al gran Pastor de las ovejas, nuestro Señor Jesús, os haga perfectos en todo bien, para hacer su voluntad, cumpliendo en nosotros lo que es grato en su presencia, por Jesucristo, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén” (Heb 13,20-21).

Amén.

Luis Fernando Pérez Bustamante

24.10.14

Ciudad sitiada

Jerusalén sitiada

Sabiendo que “toda la Escritura es divinamente inspirada y útil para enseñar, para argüir, para corregir, para educar en la justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto y esté equiparado para toda obra buena” (2ª Tim 3,16-17), recibamos la exhortación:

… no te jactes contra las ramas; y si te jactas, sabe que no sustentas tú a la raíz, sino la raíz a ti. Pues las ramas, dirás, fueron desgajadas para que yo fuese injertado. Bien; por su incredulidad fueron desgajadas, pero tú por la fe estás en pie. No te ensoberbezcas, sino teme. Porque si Dios no perdonó a las ramas naturales, a ti tampoco te perdonará.
Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios; la severidad ciertamente para con los que cayeron, pero la bondad para contigo, si permaneces en esa bondad; pues de otra manera tú también serás cortado.

(Rom 11,18-22)

Sepamos que somos:

Y a todos los que anden conforme a esta regla, paz y misericordia sea a ellos, y al Israel de Dios

(Gal 6,16)

Y recordemos:

Ha quedado Sión como cabaña en un viñedo, como choza en un melonar, como ciudad sitiada. Si Yavé no nos hubiera dejado un resto, seríamos como Sodoma, nos asemejaríamos a Gomorra.  

Oíd la palabra de Yahvé, príncipes de Sodoma; aprestad el oído a la ley de nuestro Dios, pueblo de Gomorra. ¿A mí qué, dice Yavé, toda la muchedumbre de vuestros sacrificios? Harto estoy de holocaustos de carneros, del sebo de vuestros bueyes cebados. No quiero sangre de toros, ni de ovejas, ni de machos cabríos. ¿Quién pide eso a vosotros, cuando venís a presentaros ante mí, hollando mis atrios?

No me traigáis más vana ofrenda; el incienso me es abominación; luna nueva y día de reposo, el convocar asambleas, no lo puedo sufrir; son iniquidad vuestras fiestas solemnes.

Detesto vuestros novilunios, y vuestras convocatorias me son pesadas; estoy cansado de soportarlas. 

Cuando alzáis vuestras manos, yo aparto mis ojos de vosotros; cuando multiplicáis las plegarias, no escucho. Vuestras manos están llenas de sangre. Lavaos, limpiaos, quitad de ante mis ojos la iniquidad de vuestras acciones. Dejad de hacer el mal.

(Isa 1,8-16)

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23.10.14

No saben bien quién es la Iglesia ni quién es su Señor

Ante la cada vez más enconada guerra en defensa de la verdad, en defensa del poder de la gracia para transformar las vidas, en defensa de la misericordia auténtica de Dios, que nada tiene que ver con esa farsa que aboga por acoger a los pecadores dejándoles esclavos en sus pecados, algunos creen que ya han obtenido una victoria consistente en ningunear, despreciar y abrogar el magisterio bimilenario de la Iglesia de Cristo en materia matrimonial, penitencial y eucarístico.

Todos ellos tienden a ignorar lo siguiente:

1- Que la Iglesia de Cristo es columna y baluarte de la verdad (1 Tim 3,15), no una veleta que gira según marca el Príncipe de la potestad del aire (Efe 2,2), acomodándose a lo que quiere el mundo.

2- Que la Escritura ya nos advirtió sobre ellos y, por tanto, superado el estupor inicial, estamos prevenidos:

… pues vendrá un tiempo en que no sufrirán la sana doctrina, antes, deseosos de novedades, se rodearán de maestros conforme a sus pasiones, y apartarán los oídos de la verdad para volverlos a las fábulas.

(2ª Tim 4,3-4)

Como hubo en el pueblo profetas falsos, así habrá falsos doctores, que introducirán divisiones perniciosas, llegando hasta negar al Señor que los rescató, y atraerán sobre sí una repentina ruina.  Muchos les seguirán en sus liviandades, y, por causa de ellos, será blasfemado el camino de la verdad.

(2ª Ped 2,1-2)

3- Que los apóstoles nos han dado instrucciones a los fieles sobre lo que debemos hacer:

Vosotros, pues, amados, que de antemano sois avisados, estad alerta, no sea que, dejándoos llevar del error de los libertinos, vengáis a decaer en vuestra firmeza.  Creced más bien en la gracia y en el conocimiento de nuestro Señor y salvador Jesucristo. A El la gloria así ahora como en el día de la eternidad. 

(2ª Ped 3,17-18)

Os recomiendo, hermanos, que tengáis los ojos sobre los que producen divisiones y escándalos en contra de la doctrina que habéis aprendido, y que os apartéis de ellos,  porque ésos no sirven a nuestro Señor Cristo, sino a su vientre, y con discursos suaves y engañosos seducen los corazones de los incautos.

(Rom 16,17-18)

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21.10.14

Estad siempre gozosos, orad sin cesar

Tras describir lo que ha de ocurrir en los últimos tiempos, cuando se darán “seducciones de iniquidad para los destinados a la perdición, por no haber recibido el amor de la verdad que los salvaría", san Pablo habla a los elegidos por Dios para la salvación.

Pero nosotros debemos dar incesantes gracias a Dios por vosotros, hermanos amados del Señor, a quienes Dios ha elegido como primicias para haceros salvos por la santificación del Espíritu y la fe en la verdad. A ésta precisamente os llamó por medio de nuestra evangelización, para que alcanzaseis la gloria de nuestro Señor Jesucristo. 

Manteneos, pues, hermanos, firmes y guardad las tradiciones en que habéis sido adoctrinados, ya de palabra, ya por carta nuestra.
El mismo Señor nuestro Jesucristo y Dios, nuestro Padre, que de gracia nos amó y nos otorgó una consolación eterna, una buena esperanza, consuele vuestros corazones y los confirme en toda obra y palabra buena.

(2 Tes 2,13-17)

Estimados hermanos, tenemos veinte siglos de historia a nuestras espaldas como para que ahora nos sintamos abrumados por las maquinaciones de quienes son “enemigos de la Cruz de Cristo“, de quienes el apóstol dice:

El término de ésos será la perdición, su Dios es el vientre, y su gloria es su vergüenza, que tienen el corazón puesto en las cosas terrenas. Porque nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde esperamos al Salvador y Señor Jesucristo.  que transformará nuestro cuerpo miserable, conforme a su cuerpo glorioso, en virtud del poder que tiene para someter a sí todas las cosas. 

(Fil 3,19-21)

… y, como leemos en Hebreos:

Pero nosotros no somos de los que se ocultan para perdición, sino de los que perseveran fieles para ganar el alma. 

(Heb 10,39)

Mas no por ello debemos dejar de estar alertas:

Vosotros, pues, amados, que de antemano sois avisados, estad alerta, no sea que, dejándoos llevar del error de los libertinos, vengáis a decaer en vuestra firmeza. Creced más bien en la gracia y en el conocimiento de nuestro Señor y salvador Jesucristo. A El la gloria así ahora como en el día de la eternidad.

(2 Ped 3,17-18)

Sabiendo a su vez que:

… sois linaje escogido, sacerdocio real, nación santa, pueblo adquirido para pregonar el poder del que os llamó de las tinieblas a su luz admirable.

(1ª Ped 2,9)

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19.10.14

Santidad o muerte

Santísima Trinidad

Hemos recibido el don de la fe. Hemos recibido la gracia del bautismo. Hemos recibido la gracia de andar en santidad.  Leemos en la Escritura:

Por lo cual, ceñidos los lomos de vuestra mente y apercibidos, tened vuestra esperanza completamente puesta en la gracia que os ha traído la revelación de Jesucristo.
Como hijos de obediencia, no os conforméis a las concupiscencias que primero teníais en vuestra ignorancia, antes, conforme a la santidad del que os llamó, sed santos en todo, porque escrito está: “Sed santos, porque santo soy yo“.

(1ª Ped 1,13-16)

Sabemos que el Beato Marcelo Cardenal Spínola repetía constantemente: “Si no he de ser santo, ¿para qué quiero la vida?”

Y de él leemos:

La santidad no se pide ordinariamente. Pedimos libertad de males temporales, bienes del mismo orden; pero la santidad, no; y sin embargo, nuestra divisa debiera ser: Santidad o muerte. Por eso la santidad escasea tanto.

Ganarla. ¿Por ventura, por suerte? No. ¿ A fuerza de brazos, de táctica y de habilidad, como se gana una plaza? No, tampoco. El Reino de los cielos no es tampoco de los más sabios. La santidad es una especie de comercio. La parábola evangélica lo indica claramente. En este comercio, el capital es la gracia, la negociación es emplearla o convertirla en gloria de Dios; el interés, la gracia misma aumento de ella.


Y este mísero pecador, que se atreve a escribir a sus hermanos, ruega que Dios le conceda esa santidad que lleva tantos tiempo anhelando. Como escribí hace 17 años:

¿Por qué? ¿Por qué no puedo ser más constante? ¿Por qué me parece eterna la lucha entre mi carne y tu espíritu dentro de mí? Como si yo fuera sólo un observador desde afuera, mientras mi alma se parte, se quiebra. Sólo tú sabes que soy sincero cuando te digo que te amo. Me acuerdo cuando era sólo un niño pequeño, cuando tú y yo nos declaramos amor eterno. ¿Te acuerdas? Yo te prometí servirte con mi vida, aunque casi ni de ti yo sabía. Sólo sé que tú me llenaste de amor y de paz. Sólo sé que desde entonces hablar contigo es mi medicina. Yo tenía muy pocos años, era un niño, pero te quería. Y, ¿sabes?, todavía te sigo queriendo con la inocencia de aquellos días. Tú y yo, a solas, sin más testigos que mi cama y mi almohada. Hablamos como dos enamorados se hablan. Mi voz, temblorosa, se calla, tu voz, poderosa me envuelve. Me enseñas mi lugar a tu lado. Me hablas de tus ilusiones y anhelos. Y yo, que no entiendo aún porqué me escogiste, me quedo alelado; no sé que decir. Palabras que el hombre no entiende, que sólo tu Espíritu me ilumina su significado, son las que tú me hablas. ¿Cuando se daran cuenta de que tú quieres ser nuestro amado? ¿Cuando quitarán el velo de sus corazones? ¿Cuando entregarán sus vidas sin condiciones? ¿Cuando mi Dios? ¿Por qué se empeñan en no dejar que tu amor sea el motor se sus vidas? ¿Por qué no perdonan como tú nos perdonas? ¿Por qué no se aman como tú nos amaste? Oh, mi Cristo, ¿dónde están los que te aman? ¿dónde están mis hermanos? quiero amarlos como tú los amas, quiero dar mi vida por ellos como tú la diste por mi, quiero hablarles de ti, de tu paz, de tu amor, de tu llanto al ver que no se aman entre ellos. ¿Quien se acuerda de tus palabras, mi rey? Amaos como yo os he amado, nos dijiste. ¿Qué hemos hecho? Gritamos, danzamos, levantamos nuestras manos a ti, pero, ¿donde dejamos nuestro amor por el hermano? No tenemos tiempo para oír las necesidades de los demás. Todo es correr de aquí para allá, sube, baja, haz esto, haz lo otro… ¿y tú…?

Me acuerdo el día que me dijiste: Despiértate tú que duermes, y te alumbrará Cristo. Yo estaba dormido, revolcandome en mi propio ego…ese ego que es mi mayor enemigo… quisiera no ser nada sino sólo tu luz en mi vida… morir poco a poco a mí mismo… y dejar que tú lo llenes todo con tu presencia. Quiero seguir siendo tu pequeño, no quiero olvidar cómo te amé siendo niño.. .esa especie de fuego que consumía mi pecho mientras sólo te decía: Te quiero. Qué dos palabras tan bellas: Te quiero. Sólos tú y yo, tú mi Dios, yo tu siervo. Gracias por mirarme a los ojos y declararme tu amor. En él está mi fuerza.

Luis Fernando Pérez (1997)

San José y el Niño JesúsSi llevas un tiempo en que te despiertas en la noche rezando, y si tu alma se turba ante tanta batalla por la fe, recuerda el Salmo que dice:

No se ensoberbece, ¡oh Yahvé! mi corazón, ni son altaneros mis ojos; no corro detrás de grandezas ni tras de cosas demasiado altas para mí. 

Antes he reprimido y acallado mi alma como niño destetado de su madre, como niño destetado está mi alma.
Espera, Israel, en Yahvé desde ahora y por siempre.

(Salm 131)

Confiad en Dios. Rezad. Buscad la santidad. Anhelad la santidad. Encomendaos a nuestra Madre. Recogeos en los brazos de San José como el Niño Jesús lo hizo. 

Luis Fernando Pérez Bustamante