27.08.16

Dificultades actuales con la música sacra. Algunas hipótesis

La música litúrgica actual se caracteriza por la parquedad en el uso del tiempo. Hay preocupación porque las celebraciones no se prolonguen. Se dice que la liturgia es la fuente y la culminación de la vida cristiana, y que la eucaristía dominical es el centro de toda la semana, pero estos no parecen ser argumentos poderosos para quebrar el dique de los 45 minutos en la misa dominical. Menos de la mitad de una película o un partido de fútbol, donde los asistentes no parecen en principio preocupados por el reloj.

Los españoles estamos habituados a ello, porque es lo que hemos conocido desde siempre, incluso de generaciones anteriores. Pienso que la imagen de los varones del pueblo apostados junto a la puerta de entrada de la iglesia, debajo del coro, prestos a salir en estampida en cuanto el preste recuperase el bonete para descender las gradas del altar, no ha sido tan escasa como nos podría parecer a los que hemos nacido después de la última reforma litúrgica.

Sin embargo, sabemos que no en todas partes es así. De África nos llegan testimonios de lo prolongado y exuberante de sus celebraciones. No faltan entre nosotros quienes lo atribuyen a lo marcado de sus ritmos y danzas, en contraste con el canto tradicional de la Iglesia romana, que impugnan como mortecina cantinela insípida para la modernidad.

Ciertamente éstos ignoran, primero, el altísimo aprecio que en África se tiene por el canto gregoriano y por el lenguaje litúrgico tradicional; y segundo, parecen desconocer el profundo instinto de lo sagrado de que allí gozan, y que otorga un sentido a sus ritmos danzantes que el occidental medio está absolutamente incapacitado para comprender. Recomiendo que vean en este vídeo al cardenal Arinze, africano de pies a cabeza, cuando era Prefecto de la Sagrada Congregación para el Culto Divino, hablando con total claridad sobre la cuestión:

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10.07.16

El pan de vida... que a veces mata. La recepción eucarística en un villancico hispánico del siglo XVII

En estos tiempos en que eminentes prelados, con inaudita audacia -como se diría en el lenguaje eclesiástico de antaño-, vienen deslizando caliginosas sugerencias respecto a la recepción eucarística, puede ser una buena idea acercarnos a uno de los tantos villancicos de tema eucarístico que en lengua castellana se compusieron a lo largo y ancho del mundo hispano.

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30.08.15

No al pop en la liturgia: reflexiones de J. Ratzinger

Han sido ya varias las veces que en nuestro blog ha aparecido al cuestión del estilo musical apropiado para la liturgia. Sigue estando bastante extendida la idea de que la liturgia debe adoptar el estilo musical que esté de moda o que guste más a los asistentes.

Hoy he querido ofrecer a los lectores un texto a mi juicio muy claro e interesante sobre ello. Es un extracto de un trabajo publicado en 1990 por el entonces cardenal Joseph Ratzinger, con el título Premisas bíblicas para la música de Iglesia. La versión española que reproduzco puede encontrarse dentro del libro Un canto nuevo para el Señor (ed. Sígueme, Salamanca, 1999).

Ratzinger detecta en nuestra época una suerte de esquizofrenia artística entre el pop, con su pretensión de ser la música “popular”, y un esteticismo elitista que sólo es aceptado por un público minoritario. Ambos son incapaces de cumplir con lo que se espera de la música en el culto a Dios.

Dado que el capítulo referente al elitismo de la música “culta” contemporánea es de interés sólo para un número reducido de lectores, me limito a reproducir aquí las reflexiones de Ratzinger sobre la música pop. Aquí las tienen (las negritas son mías):

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28.07.15

La belleza en la liturgia: "demasiado bonito, parece un concierto"

Acabo de regresar de una estancia en Francia por motivos de trabajo. Allí he tenido ocasión, naturalmente, de tratar sobre cuestiones relacionadas con la música de órgano, y por supuesto también con la música en la liturgia.

Una de las primeras cosas que a uno le llaman la atención -lo digo así, en general, porque ya me ha ocurrido varias veces- es que al norte de los Pirineos la gente parece tener bastante menos prisa durante las celebraciones. Puede que la estampida tras el ite, missa est vernáculo o latino sea similar a la que acaece entre nosotros, pero hay otros detalles en los que se manifiestan diferencias. En la iglesia en la que asistí a la Misa este pasado domingo, inmediatamente después de la homilía hubo un prolongado silencio acompañado por una intervención del órgano, con el fin de que las palabras del celebrante pudieran ser meditadas por los asistentes. Lo mismo sucedió después de la comunión, donde hubo una larga acción de gracias que se prolongó bastante más allá de la purificación de los vasos. Nuevamente el órgano intervino ampliamente en este momento.

Estos espacios concedidos, en lo externo, a puras manifestaciones de belleza musical dentro de la celebración trajeron a mi memoria uno de los cambios de actitud más penosos de los que se han producido en las últimas décadas dentro de la Iglesia: los escrúpulos ante la belleza.

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7.06.15

En el Corpus Christi: Pange lingua y O sacrum convivium

La solemnidad del Corpus Christi es la referencia de una gran cantidad de música sacra, sobre todo en la compuesta en España. Entre los siglos XVI y XIX hay dos referencias litúrgicas que dominan la actividad de la música de la Iglesia en España e Hispanoamérica: la Virgen María y la Eucaristía. Y las dos melodías litúrgicas que con más frecuencia las representan son respectivamente la Salve y el himno Pange Lingua. Seguramente no es una casualidad que el catolicismo hispano se volcara tan intensamente en estos dos aspectos de la fe, objeto de polémica con los protestantes. 

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