“Vatileaks”: los gestos de Benedicto XVI

La Curia Romana vive de gestos. Es una estructura centenaria que se mueve al son de las decisiones, pero también los detalles y las iniciativas del Papa en turno. Esto Benedicto XVI lo sabe muy bien, porque llegó al trono de San Pedro tras haber pasado casi 30 años en esos intrincados pasillos. Y en 2012 lo refrendó, como consecuencia del “vatileaks”. El año que acaba de concluir estuvo plagado de “signos” pontificios, que permitieron salir (pese a las dificultades) de la peor crisis que afrontó la Santa Sede en los últimos años.

El más reciente de estos gestos tuvo lugar ya en este 2013, el pasado 11 de enero. La tarde de ese viernes y sorpresivamente Joseph Ratzinger recibió en audiencia a todo el Cuerpo de la Gendarmería Vaticana. Un encuentro cargado de simbolismo, que sirvió claramente para arropar a la “policía” del Papa luego de un año difícil.

Así lo constató un comunicado de la Sala de Prensa de la Santa Sede, según el cual Benedicto XVI concedió la audiencia para manifestar “su ánimo y gratitud” a los uniformados “que debieron responder a desafíos particularmente gravosos”. Pero, ¿por qué necesitaban los gendarmes ser arropados por su jefe, tras realizar la labor para la cual fueron contratados? La respuesta está en el gesto. Era necesaria una señal que todos comprendiesen.

Y es que los hombres del comandante Domenico Giani tuvieron un rol activo, casi como protagonistas, del “vatileaks”. En especial del proceso que permitió superar ese escándalo. Estuvieron presentes desde el principio de la investigación. Fue el propio Giani, mundialmente conocido como el “jefe de los guardaespaldas” del Papa, quien presentó la primera denuncia formal por la fuga de documentos confidenciales del líder católico. Ocurrió casi un año atrás, luego de aquel célebre capítulo del programa de televisión “Gli Intocabili” (Los intocables) transmitido a inicios de febrero por la cadena italiana La7 y que denunció la corrupción en la licitaciones del Estado de la Ciudad del Vaticano.

La opinión del comandante y la gravedad del escándalo convencieron al obispo de Roma sobre la necesidad de dar una salida judicial a la crisis. Y en la investigación de los magistrados, los gendarmes cumplieron un rol fundamental. En mayo de 2012 quedaron totalmente involucrados en el caso luego que el libro de Gianluigi Nuzzi, “Su Santidad. Las cartas secretas de Benedicto XVI”, dedicó varios pasajes a la figura de Giani y otros gendarmes.

Otros múltiples episodios en torno al “vatileaks” vieron el despliegue de la Gendarmería en primer plano. Desde el cateo en casa del ex mayordomo papal, Paolo Gabriele, y su posterior arresto, hasta los testimonios que prestaron varios miembros del cuerpo durante los juicios, tanto al “cuervo” como a su cómplice, el informático de la Secretaría de Estado, Claudio Sciarpelletti.

En uno de esos procesos, Gabriele deslizó su acusación de haber recibido malos tratos en una celda ubicada en el cuartel general de la propia Gendarmería Vaticana, que generó la apertura de otra investigación judicial todavía en curso. En esa ocasión Domenico Giani respondió con firmeza, negando tajantemente los dichos del ex mayordomo y dejando en claro que de revelarse infundada, tal denuncia podría revertírsele al imputado.

A esa altura de la situación, el ambiente entre los gendarmes no era de los mejores. La tensión se sentía a flor de piel, entre otras cosas porque algunos de ellos mantenían relación cercana y cotidiana con el mayordomo, cuando este todavía mantenía su puesto y gozaba de la total confianza de sus superiores. Algunos de ellos llegaron a pasarle información y hasta le compartieron pequeños detalles de su trabajo (a veces inocuos). Nunca se imaginaron estar “colaborando” con el traidor.

Finalmente la justicia vaticana siguió su curso y el ex mayordomo fue condenado. Pero el ambiente al interior de la Gendarmería quedó marcado. A esta situación se pueden atribuir las palabras del Papa en su audiencia del día 11 en la Sala Clementina del Palacio Apostólico del Vaticano.

En esa ocasión indicó: “Es necesario que lo gendarmes, que garantizan el servicio en el seno del cuerpo y los responsables del comando, favorezcan cada vez más relaciones de confianza capaces de sostener y animar a todos los miembros de la Gendarmería Vaticana, también en los momentos difíciles”. Una recomendación para nada casual.

A esto se debe sumar que, antes de la pasada Navidad, Benedicto XVI no sólo concedió el indulto a quien le robó durante seis años unos mil documentos confidenciales sino que también lo visitó personalmente en la cárcel. De haberse reducido sólo a la gracia para el culpable, el gesto habría quedado a mitad. Por eso era necesario arropar a quienes procuraron concretamente la justicia.

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