Jueves santo desde el cansancio
Cada año, el jueves santo, vuelvo a pensar en el sentido de mi sacerdocio y cómo lo voy viviendo según pasan los años. No se me asusten si les digo que este año me viene a la cabeza y al corazón sobre todo la palabra CANSANCIO. Sí. Me siento cansado, que no desanimado, que son cosas bien distintas.
Una parte del cansancio viene sin dudas marcada por la propia edad. No soy un niño y, evidentemente, las fuerzas no son las de los veinte o treinta años. Esto es algo que hay que saber asumir con alegría, con dignidad y con toda la naturalidad del mundo. Nos hacemos mayores y aunque psicológicamente uno no acabe de ser consciente, es lo que hay. Aceptemos la realidad y agradezcamos a Dios el don de la vida.
También reconozco un cierto cansancio pastoral. No es fácil celebrar cada día para una, dos, tres personas. Algo más los domingos y poco más. Esto agota, seamos claros.

Una de las cosas que más tristeza e indignación me causan es que haya gente que desprecie a Rafaela, Joaquina y Manolo con un triste “para cuatro que van no merece la pena” o peor aún “total para cuatro viejas".
Ayer me invitaron a acudir a una reunión de sacerdotes de un arciprestazgo de Madrid capital para contarles qué es eso de la pastoral rural.





