“La bella virtud” y la libertad de los hijos de Dios
Un texto de San Juan Bosco
P. Javier Olivera Ravasi, SE
“Mi mensajero -contaba Don Bosco en uno de sus sueños- me tomó de la mano para introducirme en la caverna. Apenas puse el pie en el umbral, me encontré transportado a una magnífica sala con puertas de cristal. Sobre éstas, y a regular distancia, largos velos estaban colgados, cubriendo otros tantos departamentos que comunicaban con la caverna.
El guía me indicó uno de aquellos velos, sobre el cual estaba escrito: “Sexto mandamiento", y exclamó:
—La transgresión de éste es la causa de la ruina de muchos jóvenes.
—¿Pero no se han confesado? – preguntó Don Bosco.

—Sí, se han confesado, pero los pecados contra la “bella virtud” (la virtud de la pureza) los confesaron mal o los callaron por completo. Por ejemplo, uno que había cometido cuatro o cinco de estos pecados, confesó sólo dos o tres. Hay quienes cometieron uno solo en la niñez y tuvieron siempre vergüenza de confesarlo o lo han confesado mal y no han dicho todo. Ellos no tuvieron dolor ni propósito. Más aún: algunos, en vez de examinar su conciencia, estudiaban el modo de engañar al confesor.






