D. Jorge: acabo de leer el libro y me ha cambiado
Hay muchas formas de medir éxitos y decepciones. Cuando se publica un libro las ventas marcan el acierto o el fracaso. Gusta que te digan que se lee bien, que es entretenido, que ayuda a comprender mejor la vida de un párroco rural. Está muy bien pero ya.
Ayer me llama una lectora.
- D. Jorge, acabo de terminar “Pastoral rural para urbanitas escépticos”. Casi de una sentada. Muchísimas gracias.
- Gracias a usted por comprarlo y leerlo.
- D. Jorge. Leer el libro me ha cambiado…
- Vaya, me alegro… ¿Y eso?
Fue una catarata de dudas, comentarios, reflexiones. Como si de repende se hubiera rasgado un velo y se encontrara de frente con la fe de siempre que no terminaba de entender.

Posibilidades, ocurrencias, creatividades mínimas a las que en el libro
Parroquia cualquiera. Pepita, religiosa de edad más que cierta, pizpireta donde las haya, poquita cosa en lo físico y un corazón generoso hasta lo inimaginable. Misa de la tarde de un día cualquiera de diario. Presidida, vamos a decir, por don Severiano, que, como dirían en mi pueblo, era largo de pastorela, vamos, de enrollarse con facilidad. Pasaban los minutos y ni aportaba nada ni veía cómo acabar la homilía. Hasta que Pepita, con un suspiro que le salió de las entrañas, exclamö:





