8.10.26

El sofisma de Martin

En la historia hay personajes que, más que por su categoría o valía intrínseca, se hacen famosos por el mero hecho de representar muy bien una época. Quizá uno de estos personajes de pocos vuelos, pero característicos de nuestro tiempo, sea el P. James Martin SJ, un jesuita norteamericano conocido por su defensa de la ideología LGBT. Desgraciadamente, por ello ha sido recompensado por su orden con la dirección de la principal revista jesuita de los Estados Unidos, la revista América.

Durante años, el P. Martin ha socavado sin cesar la doctrina de la Iglesia sobre las relaciones entre personas del mismo sexo, pero, en vez hablar abiertamente, se ha asegurado de hacerlo siempre de forma ambigua, dando a entender más que diciendo. Así consigue lo que los norteamericanos llaman plausible deniability, es decir, el suficiente grado de ambigüedad para poder evitar sanciones asegurando que en realidad no decía lo que parecía decir.

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25.09.26

¡Bien por el Papa!

Hay cosas que pueden parecer meros detalles, pero son muy importantes. Hoy, León XIV, al celebrar vísperas en la catedral de Notre Dame no se ha puesto los horribles ornamentos con colorines y dibujos deformes que creó Jean-Charles de Castelbajac para la reapertura de la catedral. Ni otros similares de los que abundan en Notre Dame. A pesar de que, casi con toda seguridad, alguien debió de proponerlo en algún momento.

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23.09.26

La envidia es poco

El domingo pasado, se leyó en Misa la parábola de los jornaleros que son contratados a diferentes horas por el dueño de la viña. Como suele suceder cuando se proclama esa lectura, la homilía me supo a poco, la verdad.

El sacerdote predicó sobre la envidia. Lo cual está muy bien, no me entiendan mal. Haría falta hablar mucho más sobre la envidia, que es uno de los pecados más comunes y que más destruyen la caridad en el alma. Aun así, sin embargo, me dio la impresión de que se estaba dejando en el tintero lo mejor.

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23.08.26

18.08.26

Licencias para predicar y perdonar

Se han dicho muchas cosas en respuesta a las barbaridades de un cura cántabro que ha negado el dogma de la asunción de la Virgen en cuerpo y alma al cielo (¡en la homilía del Día de la Asunción y en la parroquia de la Asunción de Nuestra Señora!). La que más me ha gustado ha sido esta sugerencia del siempre interesante Miguel Ángel Quintana Paz:

“Idea: similar al carné de conducir por puntos, debería haber otro para el clero. Y que si un cura comete cierto número de barbaridades teológicas/litúrgicas, por desgracia cada vez más habituales, pierda puntos y deba volver a clases de Teología antes de poder seguir celebrando”.

La mejor demostración de que es una buena idea es que se trata de algo que la Iglesia ya puso en práctica durante largos siglos y que solo recientemente hemos olvidado: las licencias para confesar y predicar.

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