5.04.26

Feliz y santa Pascua florida

Feliz y santa Pascua florida a todos los lectores del blog Espada de Doble Filo. Dios les regale con sobreabundancia la alegría de la resurrección de su Hijo y se la conserve durante todo el año. Que así, de Pascua en Pascua, vayamos todos caminando hacia la patria eterna con un aleluya en los labios.

Sirva como felicitación y para abrir el apetito de las cosas de arriba este sonetillo pascual:

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3.04.26

El árbol solitario

El árbol de la cruz es solitario. A la resurrección le salen enseguida amigos, pero la cruz tiene muy pocos. No obstante, sin muerte no hay resurrección, sin calvario no hay tumba vacía y, como decía Lope de Vega, sin “cruz no hay gloria ninguna".

Nuestra naturaleza, comprensiblemente, rechaza este árbol, porque es el resumen de todo dolor, oscuridad, angustia, fracaso y muerte. En la cruz, sin embargo, está todo auténtico consuelo, porque en ella está Cristo, que es nuestra vida, nuestra paz y nuestro paraíso. 

Para no perder las buenas costumbres de otros años, traigo hoy al blog un pobre sonetillo sobre el árbol de la cruz:

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31.03.26

El sobrenombre sobre todo sobrenombre

Creo que el estudio de la historia en los colegios cada vez versa más sobre economía, sociología y otras materias abstractas por el estilo. Es una pena, porque, con el tiempo, lo único que se sigue recordando es lo concreto. De niño, una de las cosas que más me gustaban del estudio de la historia eran los sobrenombres de reyes, papas, guerreros o teólogos, que hacían volar mi imaginación.

Había algunos gloriosos (D. Jaime el Conquistador, Alfonso el Batallador, el Cid Campeador, Gregorio Magno o el caballero sin miedo y sin tacha) y otros enigmáticos (Pedro el Ceremonioso, Carlos II el Hechizado o Pipino el Breve). También los había patéticos (Boabdil el Desdichado, Manuel el Desafortunado y el caballero de la triste figura), temibles (Pedro I el Cruel) y envidiables (Alfonso X el Sabio, Isabel la Católica, Guzmán el Bueno o Eduardo el Confesor).

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30.03.26

Tradiciones de Semana Santa

No hay nada como las tradiciones ancestrales del pueblo cristiano. Ayer, Domingo de Ramos, me tocó presenciar una de las tradiciones entrañables vinculadas a esa fiesta, que probablemente se repitió casi palabra por palabra en todas las parroquias del mundo.

El párroco estaba intentando terminar apresuradamente a tiempo los preparativos para la procesión de ramos, cuando llegó una señora y se dirigió a él, iniciando el tradicional y cuasilitúrgico diálogo de esta festividad:

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25.03.26

Angiolino, una obra maestra de la gracia de Dios

Una de las cosas de nuestra fe que más chocan al mundo de hoy y en las que más tenemos que dar testimonio los cristianos es el valor del sufrimiento ofrecido y santificado. Para nuestra sociedad paganizada, el dolor no tiene ningún sentido y lo único que hay que hacer es evitarlo a cualquier precio.

Especialmente Europa, que en otro tiempo podía haberse llamado el continente de las cruces, hoy no entiende la cruz y huye de ella. Por eso se muere, porque la cruz es el árbol de la vida y, al renunciar a ese árbol, solo es posible crear una cultura de la muerte y la desesperanza.

Estos días he estado pensando en ello, porque me ha tocado traducir los prólogos y apéndices de un librito que acaba de publicarse: Angiolino, una obra maestra de la gracia de Dios. Se trata de un libro sorprendentemente alegre y ameno, si tenemos en cuenta que relata la vida de un niño enfermo de cáncer que murió con solo catorce años.

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