Monseñor Agrelo y la nada
Entre los personajes peculiares del panorama eclesial de España hay uno que tiene la condición de sucesor de los apóstoles. Se trata de Mons. Santiago Agrelo, arzobispo de Tánger. A pesar de estar al frente de una archidiócesis en el país vecino con menos fieles (aprox 2.500) que muchas parroquias rurales de España, aparece en la prensa con mucha más asiduidad que la mayoría de los obispos españoles. Incluso más que algunos de nuestros cardenales.
Aquí en InfoCatólica, el inefable Bruno y el cura rural más famoso de España le han dedicado unos cuantos posts en los últimos años:
Mons. Agrelo y el discernimiento que no discierne
Polémicas matrimoniales (XVIII): Mons. Santiago Agrelo
Las fronteras cerradas de monseñor Agrelo
Monseñor Agrelo y la transustanciación
Sobre presencia de católicos en paises islámicos. Carta de monseñor Agrelo
Don Santiago es, sin el menor género de dudas, el obispo de habla española que más uso hace de Facebook. La verdad es que no suelo leerle, pero ayer por la noche me encontré esto nada más entrar en esa red social:
Santiago Agrelo Martínez
¡Que vuelva el latín!
Lo digo en serio: ¡Que vuelva el latín a la liturgia romana!
Y no piensen que he perdido el juicio. He perdido sólo la esperanza, no ya de ver retirado de la circulación el «Misal Romano. Edición típica según la tercera edición típica latina, aprobada por la Conferencia Episcopal Española y confirmada por la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos», sino incluso la de ver asomar al ánimo de los pastores una mínima señal de preocupación o inquietud por el abandono en que el Misal ha dejado a los fieles. ¿Por qué volver al latín? Porque cuando el latín era la lengua ritual, los fieles suponían que con aquella lengua incomprensible el cura expresaba pensamientos sublimes, realidades misteriosas, cosas de Dios. Y ahora, que de aquella lengua del clero se ha hecho traducción literal a la lengua del pueblo, a todos ha resultado evidente que detrás de las palabras no había nada: ¡Nada!
Fíjense en el texto que padecemos esta semana en las misas del Tiempo Ordinario:
“Dios todopoderoso y eterno, haz que te presentemos una voluntad solícita y estable, y sirvamos a tu grandeza con sincero corazón.”
“Concédenos, Señor, estar al servicio de tus dones con un corazón libre, para que, con la purificación de tu gracia, nos sintamos limpios por los mismos misterios que celebramos.”
“Señor, haz que nos sea provechosa la celebración de las realidades del cielo, para que nos auxilien los bienes temporales y seamos instruidos por los eternos.”
Me pregunto si entre los millones de fieles de lengua española se encontrará uno solo que utilice semejante fraseología. Apuesto a que no.
Entonces, por favor, volvamos al latín. Al menos, nos engañaremos un poco a nosotros mismos pensando que decimos algo.
Inmediatamente envié ese texto a algunos de mis amigos añadiendo un comentario que me abstengo de reproducir aquí.
No tenía intención de escribir sobre esas palabras del arzobispo franciscano, pero hete aquí que los magníficos y nunca bien ponderados responsables de ese medio de comunicación tan ecuánime, tan samaritano, tan primaveral y tan francisquita llamado Religión Digital, han tenido la felicísima idea de convertir en noticia el “¡Que vuelva el latín!”, del prelado gallego.
Es por ello que un servidor de ustedes, rigorista, neopelagiano, gnóstico, fundamentalista, avinagrado, reza rosarios y fariseo donde los haya, he caído en la tentación de atreverme a sugerirle a Mons. Agrelo lo siguiente:
1- Es cosa fea que usted, estando cerca de regresar a España como arzobispo emérito dado que presentó su renuncia por edad en junio del 2017, se dedique a hablar así de mal de algo aprobado por la Conferencia Episcopal Española y la Santa Sede-.
2- Es cosa fea que usted, siendo arzobispo, arremeta de una manera tan bestial contra la liturgia de la Iglesia.
3- Es cosa fea que usted, en vez de ponerse a explicar a los fieles aquello que cree que no comprenden -yo sospecho que muchos lo entienden mejor que usted-, se dedique a menospreciar a sacerdotes y obispos, diciendo que se engañan a sí mismos pensando que dicen algo.
Aunque quizás lo mejor que puede hacer es llegar hasta las últimas consecuencias de su pensamiento y no ser un hipócrita celebrando una liturgia en la que no cree, a la que desprecia. Si a usted le parece que ES NADA pedir a Dios que nos ayude a conformar nuestra voluntad a la suya, a ser siervos suyos, a dejarnos purificar por su gracia y a celebrar dignamente el culto que Él merece, lo mejor que puede hacer es abandonar el sacerdocio católico.
Una última reflexión, dirigida a los responsables de la Conferencia Episcopal Española o a cualquier obispo español: ¡Hagan ustedes algo con este señor!. Por ejemplo, quejarse a Roma. Lo mismo no vale de nada, pero parece claro que no podemos tener por España un arzobispo emérito diciendo barbaridades sin que nadie le ponga en su sitio.
Luis Fernando Pérez Bustamante