¿Sobra alguien en la Iglesia?
Quaestio Quodlibetalis 11. Ayer, en el blog Cor ad cor loquitur de Luis Fernando, se suscitó una interesante discusión sobre la excomunión latae sententiae que se aplica a los que participan o colaboran con un aborto y a la oportunidad de declarar públicamente que esa excomunión afecta a los políticos concretos, con nombres y apellidos, que votan a favor de las distintas leyes que permiten legalmente el aborto. Como parte de ese tema fundamental, se planteó una cuestión que me pareció especialmente interesante: si hay o no gente que sobra en la Iglesia.
En mi opinión, se trata, en gran medida, de lo que la teología clásica llamaría una cuestión de verbis, es decir, una cuestión que depende fundamentalmente del sentido que damos a las principales palabras utilizadas. Para discernir si alguien “sobra en la Iglesia", resulta esencial definir lo que se quiere decir con “sobrar”. Es tan importante definir este término que, como veremos, según como se defina, el resultado puede ser que nadie sobra en la Iglesia, que hay personas que sobran en ella o, incluso, que todos sobramos en la Iglesia.

Un lector de este blog, Cristhian, me ha enviado este relato de su conversión al cristianismo, después de haber sido testigo de Jehová, de haber caído en la desesperación y de haber intentado suicidarse.
Mi hermano se casó el lunes pasado, en Madrid. De entre las muchas cosas que me gustaron de la ceremonia, quiero compartir con los lectores la bendición sobre los esposos que contempla la liturgia del matrimonio (como una de tres opciones posibles). Es, en mi opinión, una de las oraciones más hermosas de la liturgia actual de la Iglesia, muy bíblica y llena de belleza y profundo espíritu cristiano.
Al leer la experiencia de
Una lectora, Victoria, me ha enviado este relato de su conversión y vuelta a la Iglesia.



