¿Cuál es el problema con la llamada a la paz de la Pontificia Academia por la Vida?

La Pontificia Academia por la Vida ha promovido una «llamada a la acción» en favor de la paz bajo el título «Científicos por la paz», que han firmado 80 científicos. La iniciativa ha sido respaldada también como el Dicasterio vaticano para el desarrollo humano integral. Y no, el problema no es que 80 personas pidan la paz en el mundo. El problema es que la petición se queda corta, muy corta, revolotea por la superficie políticamente correcta y guarda silencio sobre las causas profundas por las que la paz se aleja de nuestro mundo de manera irremisible.
En definitiva, el problema con la llamada a la paz de la Pontificia Academia por la Vida es que no es cristiana.
Voy a intentar explicar por qué no lo es, por qué es más bien expresión de una cosmovisión secular más propia de un organismo internacional contemporáneo o de una oenegé (porque, a pesar de que se insiste a menudo en que la Iglesia no es una oenegé, la realidad es que en demasiadas ocasiones suena y funciona como una oenegé).


Que la ideología de género es un sinsentido contrario a la más elemental realidad es algo bien sabido. Que además es un timo que algunos aprovechan para sus propios intereses es algo cada vez más evidente.
Aunque ya se sabe que hay que ir con mucho cuidado con eso de las generalizaciones, creo que se puede afirmar que la Iglesia católica, en el último medio siglo, se ha «feminizado», haciendo, por ejemplo, más hincapié en lo emocional y arrumbando algunos aspectos clave que hasta no hace mucho eran profusamente cultivados. Uno de los resultados de este proceso ha sido que una parte muy significativa de los varones jóvenes se alejan de una Iglesia donde les cuesta encontrar su lugar.