9.01.26

Sabiduría femenina

Mi esposa es muy aficionada a las novelas de Jane Austen y las relee periódicamente. No me extraña, la verdad, porque Austen era una gran novelista, con un excelente manejo de la ironía y una aguda capacidad de analizar a las personas y sus relaciones. Incluso yo disfruto de sus novelas, a pesar de que mis intereses suelen discurrir por otras sendas literarias y de que Mr. Darcy y los diversos coroneles y reverendos que pueblan el universo austeniano no me dan ni frío ni calor.

Además de leer y releer las novelas, mi esposa también ha visto prácticamente todas las versiones cinematográficas o en formato serie que existen. Le gustan mucho las antiguas versiones de la BBC, que reflejan muy bien los libros, con las adaptaciones necesarias para un medio audiovisual. Las versiones más recientes, sin embargo, le suelen producir hastío y rechazo.

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31.12.25

En busca del Niño Jesús

Esta mañana, he ido con mis hijos al centro para comprar un nuevo Niño Jesús, después de que el anterior sufriera la trágica suerte que antes o después les llega a todas las imágenes de escayola. Me ha hecho ilusión, porque pocas cosas más navideñas puede haber que marchar de mañana en busca del Niño Jesús recién nacido. Aunque sea en metro y no en camello.

No ha sido fácil, como imaginarán. Conviene que una imagen sea piadosa, ayude a rezar y, como mínimo, no produzca rechazo en quien la ve. No siempre es el caso, por desgracia. Las imágenes modernas del Niño a menudo son horriblemente relamidas, quizá porque, para la mayoría de la gente, ya no son una ayuda para la oración y la fe, sino más bien un adorno decorativo.

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24.12.25

Mendigo y Señor

Según la tradición de muchos años ya, tengo el gusto de felicitar las Navidades a los lectores con un villancico casero, compuesto y cantado en familia.

Este año no hemos tenido tiempo para ensayar, así que el canto está más desafinado que de costumbre, pero eso da igual, porque sé por experiencia que los lectores son muy comprensivos con estas cosas y, ante todo, porque el protagonista estos días es el Niño y no nosotros.

Bueno, los personajes secundarios también importamos. A fin de cuentas, como recuerda el villancico, todo lo que Dios hizo en Navidad lo hizo por mi amor, por el de cada uno de nosotros, en concreto y en particular. Cada uno puede pensar con verdad: Jesús mío, estuviste allí en el establo por mi amor; pasaste frío por mi amor; te hiciste pobre por mi amor, solo por mi amor.

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16.12.25

El odium plebis y el cardenal Fernández

Los distintos cánones jurídicos que ha aprobado la Iglesia a lo largo de la historia muestran a menudo una gran sabiduría, que maravilla al lector interesado. Es una sabiduría cimentada tanto en la fe como en la experiencia de siglos y milenios, en criterios a la vez teológicos, jurídicos y de un apabullante sentido común. Un ejemplo podría ser el concepto de odium plebis en lo relativo a los motivos de remoción de un párroco.

Antiguamente, era mucho más difícil que ahora retirar a un párroco de su parroquia. Un buen número de los párrocos, de hecho, tenían la parroquia “en propiedad”, lo que no significaba que fuera literalmente de su propiedad, sino que habían accedido por oposición al cargo de párroco de esa parroquia en particular. En esos casos, el obispo no podía cambiarles sin más de parroquia, como en la práctica sucede ahora, sino que tenía que poner en marcha un arduo proceso canónico de remoción. Como todo tiene sus pros y sus contras, con ello los obispos de entonces tenían menos libertad de acción, pero a cambio los sacerdotes ganaban en seguridad jurídica.

Sea como fuere, uno de los motivos de remoción existentes según el antiguo Código de 1917 era el de odium plebis, es decir, odio del pueblo: el hecho de que el rebaño que debía pastorear el párroco aborreciese al sacerdote en cuestión. Era un criterio practico, porque, si ese aborrecimiento fuera “tal que impidiese el ministerio parroquial útil y no se previese que fuera a cesar en breve” (c. 2147), la labor del párroco se haría imposible y no tendría sentido que continuase al frente de la parroquia.

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5.12.25

¿Por qué descendió Cristo a los infiernos?

Hoy voy a dar una charla sobre el credo de Nicea y he estado leyendo cosas al respecto de varios autores, entre ellos Santo Tomás de Aquino. Me ha encantado en particular su explicación sobre uno de los artículos del credo (que no aparece en el de Nicea, pero sí en el de los Apóstoles): “descendió a los infiernos".

Santo Tomás, sintético y ordenado como siempre, propone cuatro razones por las que Cristo descendió a los infiernos.

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