La Cruz robada

Es la reciente y casi heroica gesta de un joven francés, que ha cargado sobre sus hombros una Cruz de 35 kg. Para volver a coronar el Aneto: se la habían cargado, y despeñado unos energúmenos, que viven de ofender a Dios y a los creyentes, los hijos de Dios.
Es la fijación de la progrez de todos los colores -antes era rojelio en exclusiva, más los masones que se apuntan a cualquier color que les beneficie; a los que pagan “religiosamente": porque, como decía el clásico fraile: “todo es bueno para el convento"-, hoy poblado de todos ellos: tan multicolor como los arcoíris, tan de éstos últimos años.
Y esa gesta de este joven es -debería ser- el leit motiv de la Reevangelizacion que debería emprender, la Iglesia, a marchar forzadas -magnis itineribus-, respecto a sí misma, en primer lugar, para convertir a las almas todas y a la Sociedad: que por/para ésto mismo la quiere el Señor como “el alma de la Sociedad", y de todas las construcciones dignas del hombre redimido, y hecho hijo de Dios.


