El Cardenal Brandmüller y el celibato

Como historiador de la Iglesia, el cardenal alemán confuta la tesis según la cual el celibato del clero sería una invención del siglo X. No, objeta: tiene origen con Jesús y los apóstoles. Y explica por qué.

«Tal vez usted no sabe que el celibato fue establecido en el siglo X, es decir, 900 años después de la muerte de Nuestro Señor. La Iglesia católica oriental tiene la facultad, hasta ahora, de que sus presbíteros se casen. El problema ciertamente existe, pero no es de gran entidad. Se necesita tiempo, pero hay soluciones y las encontraré».

Esta es la respuesta sobre el tema del celibato del clero que el Papa Francisco ha dado a Eugenio Scalfari en la entrevista concedida al fundador del periódico «la Repubblica» y gurú de la intelectualidad laica italiana, publicada el domingo 13 de julio.

El mismo día, una nota del padre Federico Lombardi, director de la sala de prensa de la Santa Sede, ha precisado:

«Si bien se puede considerar que en su conjunto el artículo refleja el sentido y el espíritu del coloquio entre el Santo Padre y Scalfari, es necesario afirmar con fuerza lo que ya se había dicho en ocasión de una ‘entrevista’ precedente publicada en ‘Repubblica’, es decir, que las expresiones individuales citadas, en la formulación referida, no pueden ser atribuidas con seguridad al Papa».

El padre Lombardi ha puesto en duda, sobre todo, que el Papa haya anunciado, a propósito de celibato del clero: «Encontraré las soluciones».

Pero no ha objetado nada sobre la otra afirmación puesta en boca del Papa, más temeraria aún, según la cual «el celibato fue establecido en el siglo X, es decir, 900 años después de la muerte de Nuestro Señor».

Un historiador de la Iglesia influyente como el cardenal alemán Walter Brandmüller, Presidente del Pontificio Comité de Ciencias Históricas durante más de veinte años, se ha sentido de hecho en la obligación de demostrar la falta de fundamento de la tesis.

Lo ha hecho con una intervención en el periódico «Il Foglio» del 16 de julio, reproducido a continuación de manera íntegra.

También la entrevista anterior de Scalfari a Francisco, publicada en «la Repubblica» el 1 de octubre de 2013, había levantado dudas sobre su fiabilidad. Tanto es así que el 15 de noviembre sucesivo fue eliminada de la página oficial del Vaticano, en la que había sido incluida entre los discursos del Papa y donde a continuación, inexplicablemente, volvió a aparecer, traducida en cinco idiomas, para desaparecer de nuevo hace unos días.

El propio Scalfari admitió que acompañó el envío preliminar al Papa de su redacción de ese primer coloquio – que no levantó objeciones y fue publicado tal cual – con una nota en la cual escribía, entre otras cosas:

«Tenga en cuenta que algunas cosas que Usted me ha dicho no las he incluido. Y que algunas cosas que incluyo como dichas por Usted, no me las ha dicho. Pero las he incluido para que el lector entiende quién es Usted».

Algunos meses después, un segundo coloquio entre Scalfari y Francesco no tuvo ninguna «traducción» periodística, por prudencial petición vaticana.

Pero después del tercer coloquio, que ha tenido lugar el 10 de julio pasado, también esta vez sin grabación, el Papa habría dado de nuevo vía libre a Scalfari para que lo escribiese, con el resultado que hemos visto.

 


 

NOSOTROS SACERDOTES, CÉLIBES COMO CRISTO

de Walter Brandmüller

Ilustrísimo Señor Scalfari,

aunque no tengo el placer de conocerle personalmente, quisiera volver sobre sus afirmaciones acerca del celibato contenida en su informe sobre su coloquio con el Papa Francisco, publicadas el 13 de julio de 2014 e inmediatamente desmentidas en su autenticidad por el director de la sala de prensa vaticana. Como «antiguo profesor» que ha enseñado historia de la iglesia en la universidad durante treinta años, deseo informarle sobre el estado actual de la investigación en este campo.

En especial, es obligatorio recalcar especialmente que el celibato no se remonta en absoluto a una ley inventada 900 años después de la muerte de Cristo. Más bien son los Evangelios según Mateo, Marcos y Lucas los que refieren las palabras de Jesús al respecto.

Mateo escribe (19, 29): «Y todo aquel que haya dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o hacienda por mi nombre, recibirá el ciento por uno y heredará vida eterna».

Muy similar es lo que escribe Marcos (10, 29): «Yo os aseguro: nadie que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o hacienda por mí quedará sin recibir el ciento por uno».

Más concreto es Lucas (18, 29ss): «El les dijo: «Yo os aseguro que nadie que haya dejado casa, mujer, hermanos, padres o hijos por el Reino de Dios, quedará sin recibir mucho más al presente y, en el mundo venidero, vida eterna».

Jesús no dirige estas palabras a las grandes masas, sino más bien a quienes envía para que difundan su Evangelio y anuncien la llegada del Reino de Dios.

Para cumplir esta misión es necesario liberarse de cualquier vínculo terreno y humano. Y visto que esta separación significa la pérdida de lo que se da por descontado, Jesús promete una «recompensa» más que apropiada.

A este punto se hace notar, a menudo, que el «dejar todo» se refería sólo a la duración del viaje de anuncio de su Evangelio y que una vez terminada la tarea los discípulos habrían vuelto con sus familias. Pero no hay rastro de esto. El texto de los Evangelios, aludiendo a la vida eterna, habla además de algo definitivo.

Ahora bien, visto que los Evangelios fueron escritos entre el 40 y el 70 d.C., sus redactores habrían quedado mal si hubieran atribuido a Jesús palabras a las cuales después no correspondía su conducta de vida. Jesús, de hecho, pretende que todos los que se han hecho partícipes de su misión adopten también su estilo de vida.

Pero entonces, ¿qué quiere decir Pablo cuando en la primera carta a los Corintios (9, 5) escribe: «¿No soy yo libre? ¿No soy yo apóstol? ¿Por ventura no tenemos derecho a comer y beber? ¿No tenemos derecho a llevar con nosotros una mujer cristiana, como los demás apóstoles y los hermanos del Señor y Cefas? ¿Acaso únicamente Bernabé y yo estamos privados del derecho de no trabajar?»? Estas preguntas y afirmaciones, ¿no dan por descontado que los apóstoles estuvieron acompañados por las respectivas esposas?

Aquí hay que proceder con cautela. Las preguntas retóricas del apóstol se refieren al derecho que tiene quien anuncia el Evangelio de vivir a expensas de la comunidad, y esto vale también para quien lo acompaña.

Y aquí se plantea, obviamente, la pregunta sobre quién es este acompañante. La expresión griega «adelphén gynaìka» necesita una explicación. «Adelphe» significa hermana. Y aquí, por hermana en la fe se entiende una cristiana, mientras «gyne» indica – más genéricamente – una mujer, virgen o esposa. En resumen, un ser femenino. Esto sin embargo hace imposible demostrar que los apóstoles estuvieran acompañados por las esposas. Porque si en cambio fuera así, no se entendería por qué se habla distintamente de una «adelphe» como hermana, por tanto cristiana. En lo que concierne a la esposa, es necesario saber que el apóstol la dejó en el momento en el que entró a formar parte del círculo de los discípulos.

El capítulo 8 del Evangelio de Lucas ayuda a aclarar las cosas. En él se lee: «Le acompañaban los Doce y algunas mujeres que habían sido curadas de espíritus malignos y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios, Juana, mujer de Cusa, un administrador de Herodes, Susana y otras muchas que les servían con sus bienes». Por esta descripción parece lógico deducir que los apóstoles siguieron el ejemplo de Jesús.

Además, hay que volver a llamar la atención sobre el llamamiento empático al celibato y a la abstinencia conyugal hecha por el apóstol Pablo (1 Corintios 7, 29ss): «Os digo, pues, hermanos: El tiempo es corto. Por tanto, los que tienen mujer, vivan como si no la tuviesen». Y sigue: «El no casado se preocupa de las cosas del Señor, de cómo agradar al Señor. El casado se preocupa de las cosas del mundo, de cómo agradar a su mujer; está por tanto dividido». Esta claro que Pablo con estas palabras se dirige, en primer lugar, a los obispos y los sacerdotes. Él mismo se atuvo a este ideal.

Para demostrar que Pablo o la iglesia de los tiempos apostólicos no conoció el celibato se mencionan, a veces, las cartas a Timoteo e Tito, las denominadas cartas pastorales. Y en efecto, en la primera carta de Timoteo (3, 2) se habla de un obispo casado. Y repetidamente se traduce el texto original griego de la manera siguiente: «El obispo sea el marido de una mujer», lo que se entiende como un precepto. Pero bastaría un conocimiento rudimentario del griego para traducir correctamente: «Por esto el obispo sea irreprensible, se case una sola vez (¡y debe ser marido de una mujer!), sea sobrio y sensato». Y también en la carta a Tito se lee: «Un anciano (es decir, un sacerdote, obispo) debe ser integérrimo y estar casado una sola vez».

Son indicaciones que tienden a excluir la posibilidad de que sea ordenado sacerdote-obispo quien, después de la muerte de su esposa, se haya vuelto a casar (bigamia sucesiva). Porque, a parte del hecho de que en esos tiempos no se veía de buen ojo un viudo que se volvía a casar, para la Iglesia se añadía además la consideración de que un hombre así no podía dar ninguna garantía de respetar la abstinencia, a la cual un obispo o sacerdote deben votarse.

LA PRÁCTICA DE LA IGLESIA POST-APOSTÓLICA

La forma originaria del celibato preveía, por consiguiente, que el sacerdote o el obispo continuaran la vida familiar, pero no la conyugal. También por esto se prefería ordenar a hombres de edad más avanzada.

El hecho que todo esto esté relacionado con antiguas y consagradas tradiciones apostólicas, lo testimonian las obras de escritores eclesiásticos como Clemente de Alejandría y el norteafricano Tertuliano, que vivieron en el siglo II-III después de Cristo. Además, una serie de edificantes novelas sobre los apóstoles son testigos de la alta consideración de la que gozaba la abstinencia entre los cristianos: hablamos de los denominados Hechos de los Apóstoles apócrifos, redactados en el siglo II y muy difundidos.

En el sucesivo siglo III se multiplicaron y fueron cada vez más explícitos - sobre todo en Oriente - los documentos literarios sobre la abstinencia de los clérigos. He aquí, por ejemplo, un pasaje extraído de la denominada Didascalia siríaca: «El obispo, antes de ser ordenado, debe ser puesto a prueba para establecer si es casto y si ha educado a sus hijos en el temor de Dios». También el gran teólogo Orígenes de Alejandría (siglo III) conoce un celibato de abstinencia vinculante, un celibato que explica y profundiza teológicamente en diversas obras. Y hay, desde luego, otros documentos que podríamos citar como apoyo, cosa que, obviamente, aquí no es posible presentar.

LA PRIMERA LEY SOBRE EL CELIBATO

Fue el Concilio de Elvira de 305-306 quien dio a esta práctica de origen apostólico una forma de ley. Con el canon 33, el Concilio prohíbe a los obispos, sacerdotes, diáconos y a todos los otros clérigos relaciones conyugales con la esposa y les prohíbe, también, tener hijos. Por lo tanto, en esos tiempos se pensaba que abstinencia y vida familiar eran conciliables. Así también el Santo Papa León I, llamado León Magno, alrededor del año 450 escribió que los consagrados no tenían que repudiar a sus mujeres. Tenían que permanecer junto a las mismas, pero como «si nos las tuvieran», escribe Pablo en la primera carta a los Corintios (7, 29).

Con el pasar del tiempo, se tenderá cada vez más a acordar el sacramento sólo a hombres célibes. La codificación llegará en la Edad Media, época en la que se daba por descontado que el sacerdote y el obispo eran célibes. Otra cosa es el hecho de que la disciplina canónica no siempre fuera vivida al pie de la letra, pero esto no debe asombrar. Como encontramos en la naturaleza de las cosas, también la observancia del celibato ha tenido, en los siglos, sus altos y bajos.

Es famosa, por ejemplo, la encendida disputa que tuvo lugar en el siglo XI, en tiempos de la denominada reforma gregoriana. En esa situación delicada se asistió a una rotura tan neta - sobre todo en las iglesias alemana y francesa - que llevó a los prelados alemanes contrarios al celibato a expulsar con la fuerza de su diócesis al obispo Altmann de Passau. En Francia, los emisarios del Papa encargados de insistir sobre la disciplina del celibato fueron amenazados de muerte y el santo abad Walter de Pontoise fue golpeado durante un Sínodo que tuvo lugar en París por los obispos contrarios al celibato y encarcelado. A pesar de todo ello, la reforma consiguió imponerse y se asistió a una renovada primavera religiosa.

Es interesante observar que la contestación al precepto del celibato surge siempre en concomitancia con señales de decadencia en la iglesia, mientras en tiempos de renovada fe y de florecer cultural se nota una observancia reforzada del celibato.

Y, desde luego, no es difícil extraer de estas observaciones históricas un paralelismo con la crisis actual.

LOS PROBLEMAS DE LA IGLESIA DE ORIENTE

Quedan abiertas aún dos preguntas que se planten frecuentemente. Una es la que se refiere a la práctica del celibato en la Iglesia católica del reino bizantino y de rito oriental, que no admite el matrimonio para obispos y monjes, pero lo concede a los sacerdotes, a condición de que se hayan casado antes de tomar los sacramentos. Y tomando precisamente esta práctica como ejemplo, hay quien se pregunta si no podría ser adoptada también por el Occidente latino.

A este propósito hay que recalcar, sobre todo, que precisamente en Oriente la práctica del celibato abstinente se ha considerado vinculante. Y fue sólo en el Concilio del año 691, el denominado «Quinisextum» o «Trullanum», cuando resultó evidente la decadencia religiosa y cultural del reino bizantino, llegando a la ruptura con la herencia apostólica. Este Concilio, influenciado en máxima parte por el emperador, que con una nueva legislación quería volver a poner orden en las relaciones, no fue sin embargo nunca reconocido por los Papas. La práctica adoptada por la Iglesia de Oriente se remonta precisamente a este momento. Después, cuando a partir de los siglos XVI y XVII, y sucesivamente, distingas Iglesias ortodoxas volvieron a la Iglesia de Occidente, en Roma se planteó el problema acerca de cómo comportarse con el clero casado de esas Iglesias. Los distintos Papas que se sucedieron decidieron, por el bien y la unidad de la Iglesia, no pretender ninguna modificación, por parte de los sacerdotes que habían vuelto a la Iglesia madre, de su modo de vivir.

LA EXCEPCIÓN DE NUESTRO TIEMPO

Basándose en una motivación similar se funda también la dispensa papal del celibato concedida - a partir de Pío XII - a los pastores protestantes que se convierten a la Iglesia católica y que desean ser ordenados sacerdotes. Esta regla ha sido recientemente aplicada también por Benedicto XVI a los numerosos prelados anglicanos que desearon unirse, en conformidad con la constitución apostólica «Anglicanorum coetibus», a la Iglesia madre católica. Con esta extraordinaria concesión, la Iglesia reconoce a estos hombres de fe su largo y a veces doloroso camino religioso, que con la conversión ha llegado a la meta. Una meta que, en nombre de la verdad, lleva directamente a los interesados a renunciar también al sustentamiento económico percibido hasta ese momento. Es la unidad de la iglesia, bien de inmenso valor, la que justifica estas excepciones.

¿HERENCIA VINCULANTE?

Pero a parte de estas excepciones, se plantea la otra pregunta fundamental, es decir: la Iglesia, ¿está autorizada a renunciar a una evidente herencia apostólica??

Es una opción que se toma en consideración continuamente. Algunos piensan que esta decisión no puede ser tomada sólo por una parte de la Iglesia, sino por un Concilio general. De este modo se piensa que, aunque sin implicar a todos los ámbitos eclesiásticos, al menos para algunos se podría aflojar la obligación del celibato, incluso abolirlo. Y lo que hoy parece aún inoportuno, podría ser realidad mañana. Pero si se quisiera hacer esto, se debería reproponer en primer plano el elemento vinculante de las tradiciones apostólicas. Y aún nos podríamos preguntar si, con una decisión tomada en sede de Concilio, sería posible abolir la fiesta del domingo que, si queremos ser escrupulosos, tiene menos fundamentos bíblicos que el celibato.

Por último, para concluir, permítaseme avanzar una consideración proyectada en el futuro: si sigue siendo válida la constatación de que cada reforma eclesiástica que merece esta definición debe surgir de un profundo conocimiento de la fe eclesiástica, entonces también la disputa actual sobre el celibato será superada por un conocimiento más profundo de lo que significa ser sacerdote. Y si se entiende y enseña que el sacerdocio no es una función de servicio, ejercida en nombre de la comunidad, sino que el sacerdote - en virtud de los sacramentos recibidos - enseña, guía y santifica «in persona Christi», tanto más se entenderá que precisamente por esto él asume también la forma de vida de Cristo. Y un sacerdocio así entendido y vivido volverá de nuevo a ejercer una fuerza de atracción sobre la élite de los jóvenes.

Respecto al resto, es necesario aceptar que el celibato, así como la virginidad en nombre del Reino de los Cielos, seguirán siendo siempre, para quien tiene una concepción secularizada de la vida, algo irritante. Pero ya Jesús decía a este propósito: «Quien pueda entender, que entienda».

 


 

El periódico en el que el cardenal Brandmüller ha publicado su intervención, el 13 de julio de 2014:

• Il Foglio

El texto íntegro del artículo de Eugenio Scalfari en «la Repubblica» del domingo 13 de julio:

• Il papa: «Come Gesù userò il bastone contro i preti pedofili»

Y la puntualización del padre Federico Lombardi:

• Nota sul colloquio tra il papa e Scalfari

Sobre las desaventuras de la entrevista precedente, publicada en «la Repubblica» del 1 de octubre de 2013:

• También el Papa hace autocrítica. Y corrige tres errores

Para un conocimiento histórico más general sobre el celibato del clero:

• Eunucos por el Reino de los Cielos. La disputa sobre el celibato (28.5.2010)

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17 comentarios

Roberto
En esta cuestión veo las cosas de la siguiente manera.

-El celibato por el Reino de Dios es un carisma de carácter extraordinario que tienen pocos. No se puede elegir ser célibe sin haber recibido este carisma. No solamente es una cuestión de opción personal, como se plantea con frecuencia.

-Ya que la Iglesia ha decidido que el que aspire a ser presbítero debe de tener este don, también tendrá que asumir con realismo que las vocaciones al sacerdocio ministerial serán escasas al ser un don de naturaleza nada común.

-Sin abandonar este modelo sacerdotal, con el tiempo habrá que irse planteando el despliegue y desarrollo de otros ministerios; diaconados permanentes (de hombres o mujeres), delegados de la palabra, catequistas mas especializados, ministros de la comunión, etc.
Y observo que da bastante "yuyu" o miedo el profundizar y desarrollar estos ministerios laicales, ¿por qué?
24/07/14 10:15 AM
Fran
Acaso a Scalfari le nacera fe y dejara de ser ateo si la iglesia suprimiera el celibato?
Y ojala que el Papa dejara de dar declaraciones ambiguas a los medios porque se prestan a varias interpretaciones. Los catolicos queremos claridad.
24/07/14 2:08 PM
Gerardo de México
El cardenal ALFONS M. STICKLER, escribió una valiosa obra que se llama:
El celibato eclesiástico. Su historia y sus fundamentos teológicos.
Búsquenlo por internet, da datos históricos muy interesantes, como por ejemplo que los ortodoxos no solo rechazaron el celibato, como sabían que muchos sacerdotes nunca aceptarían semejante traición a la Tradición Apostólica, los ortodoxos persiguieron como herejes a todo sacerdote célibe. El matrimonio se convirtió en obligatorio
24/07/14 6:05 PM
Yolanda
Roberto:

¿Yuyu? ¿miedo? Pero hombre, ¿qué yuyu mi que miedo? ¡Si no hay laicos tampoco? ¿Por qué te crees que no hay sacerdotes? ¿por la disciplina del celibato? No: porque las vocaciones nacen en el seno de familias y ambientes cristianos. Y como no los hay pues de donde no hay no se puede sacar.

Anda que no sueñas tú: ¡"catequistas especializados"! No hay catequistas sin especializar, no hay catequistas formados en lo más elemental y los quieres tú "especializados".

¿Diaconos y diaconisas "permanentes"? ¡Si hoy nadie acepta nada "permanente"! Ya estoy viendo a los diáconos "medio permanentes" o "casi casi permanentes" poniendo excusas: no puedo el miércoles; los jueves es que me viene fatal, voy a decirle al obispo que yo esto lo dejo, etc.

Así que so de irse planteando el "despliegue" de no sé qué medios humanos, que no hay, y por tanto no se pueden "desplegar", es mucho menos realista que soñar con una nueva primavera (ésa sí que lo sería) de vocaciones al sacerdocio célibe.
24/07/14 10:15 PM
María Estela
Si el Papa Francisco u otro Papa autorizan que los sacerdotes católicos se casen, harán un gran error porque:
1).- Prácticamente estarían declarando que Dios Nuestro Señor, es incapaz de inspirar vocaciones completamente consagradas a su servicio.
2).- Seríamos el hazmerreir de los protestantes.
3).- Dirían que la iglesia nos ha mentido durante siglos.
4).- Preguntarían en qué otra cosa nos ha mentido la iglesia católica.
5).- El sacerdote católico tendría el derecho al divorcio y a volverse a casar.
6).- ¿Qué hay del sacerdote casado y con amante?
7).- Las monjas también tendrían ese derecho.
8).- ¿Sacerdote y monja católicos casados entre sí?
9).- Para nada me confesaría con un sacerdote casado, por el riesgo de que le cuente mis pecados a su esposa.
10).- Se demeritan los sacramentos.
11).- Lo que no me imagino, malo, por supuesto.
25/07/14 5:38 AM
Roberto
Yolanda:

En eso te doy la razón, cada día estamos menos seglares y´mas viejos (y todavía no hemos tocado fondo), pero también te aseguro que lo de los ministerios laicales no se quiere abordar y desarrollar en profundidad y te puedo dar fe de ello.
25/07/14 7:45 AM
Rafael
A mi parecer la Iglesia es muy sabia manteniendo la disciplinca del celibato desde hace siglos, o tal vez desde los mismos tiempos apostólicos, aunque la Iglesia oriental tanga otras tradiciones en este sentido. Es muy sabia porque dedicarse al cuidado de las almas y la predicación del Evangelio exige una libertad y disponibilidad que un hombre casado no puede atender. Anoche le decía a mi mujer que mi verdadera vocación es dedicarme a pensar, leer, y escribir, sobre todo ensayos. Pero que no puedo, que estoy "atado" al trabajo. ¿Y en qué pienso buena parte del tiempo? En los problemas de los clientes (soy abogado), en los plazos, en los señalamientos de los juzgados..., y en mantener la casa ganando dinero, en pagar la luz, el agua, la comida, etc, oporque hasta mi esposa depende de mi, ella es ama de casa
No puede ser, un sacerdote casado no puede ser
Lo que si me gustaría es tener ocasión antes de morir de ser diácono permanrte y dedicar unos buenos años al Señor y la Iglesia
25/07/14 11:05 AM
Francisco Javier
María Estela y otros,

Hablan de los sacerdotes casados como si no existieran en la Iglesia Católica ya...

Deberían informarse: Sacerdotes venidos del Anglicanismo o Sacerdotes de Iglesia Ortodoxa Católica.

En muchos casos, estos piadosos sacerdotes les dan mil vueltas a los nuestros (basta comparar el estado de las Iglesias Católicas Orientales o el Ordinariato Anglicano con muchas de las parroquias de nuestras ciudades... Respeto Litúrgico, Pureza Doctrinal, Verdadera Comunidad, etc etc...).

No seamos tan de "mente estrecha".


Eso sí. Yo por mí, seguiría manteniendo el sacerdocio célibe en la Iglesia LATINA a cualquier precio. Es una gracia.

Pero si se abriese una puerta, que se abriese con la misma responsabilidad con la que se abre en las Iglesias Orientales. La única posibilidad sería la de ordenar "Viri Probati".

Y con eso coincido con Yolanda y otros... Ordenar hombres casados, no aumentará el número de sacerdotes. Es solo un parche.

Para que haya sacerdotes, debe haber FE.
26/07/14 1:01 PM
abc
El celibato sacerdotal no se quitará jamás. Y si no, al tanto.
26/07/14 9:12 PM
Alejandro Galván
Sr. Francisco Javier:

Veo que ud. opina que la Iglesia Católica Oriental está en perfecto estado de salud y muy contenta con su clero casado, verdad? Se basa en experiencia directa, en algún estudio? Gracias.
26/07/14 11:35 PM
María Estela
Francisco Javier, dices de los sacerdotes casados: "En muchos casos, estos piadosos sacerdotes les dan mil vueltas a los nuestros (basta comparar el estado de las Iglesias Católicas Orientales o el Ordinariato Anglicano con muchas de las parroquias de nuestras ciudades... Respeto Litúrgico, Pureza Doctrinal, Verdadera Comunidad, etc etc...)."
Sabe que todas esas mil vueltas que mencionas no bastan para hacer la principal: La verdadera vocación inspirada por DIOS TODOPODEROSO, el llamado a la VIDA CONSAGRADA, la dulce y total renunciación para vivir por y para ÉL. ¿No te das cuenta que ahí está directamente la mano de Dios en el espíritu del ser humano? En los modestos Padrecitos, de veras castos y de vida ejemplar que a través de los años han pasado por la parroquia de mi barrio he visto reflejado un poquito de Dios, y esas vidas completamente entregadas a Dios, son las que me dicen que lo que predicaba Jesús, es verdad.
A los sacerdotes casados que nombras, simplemente los respeto, valiosos, sí, pero muy similares a los laicos estudiosos y comprometidos. Es más, en mi opinión, de hecho no hay ninguna diferencia ni mayor aporte, sino al contrario, prácticamente nos están diciendo que Dios es incapaz de inspirar vidas consagradas a Él.
27/07/14 7:08 PM
Hermenegildo
Me llama la atención que el Cardenal Brandmüller no cite en su artículo Mt 19:12, donde el Señor habla de quienes se hacen "eunucos por el Reino de los Cielos".
28/07/14 2:51 PM
Thomas Hennigan
En cuanto a la práctica del celibato entre los orientales, hay que decir que el Concilio In Trullo o Quinisexto claramente se desvió de la tradición universal de procedencia apostólica. Enn su argumentación tergiversa un texto claro e importante de un Concilio de Cartago de 390, que en vez de apoyar sus su esfuerzo por dar sustento a su infidelidad a la tradición antigua y universal, hace lo contrario, es decir, sostiene claramente esa tradición. El Cardenal Brandmuller tiene toda la razón en lo que dice acerca de este concilio, que aprobó una doctrina sin fundamento en la tradición. Dio pie a que luego los bizantinos obligaran a los ordenandos a ser casados, de manera que los obispos fueran escogidos de entre los monjes, una solución poco adecuada a todas luces.
En cuanto a legislación a favor del celibato o la continencia, no sólo está la del Concilio de Elvira, sino también declaraciones del Papa Siricio a finales del siglo IV, y del Papa León Magno, unos 50 años más tarde. También San Jerónimo interviene contundentemente contra los ataques del presbítero Vigilancio contra la virginidad. Hay muchos más textos que estos. El mismo santo que vivió tanto en occidente como en oriente, da testimonio de la universalidad de la "lex continentiae"

Entiendo que como Arzobispo de Buenos Aires, Jorge Mario Bergoglio afirmó que le parecía bien el celibato "de momento". Si dijo lo que se cita en la entrevista a Scalfari, pues está equivocado. Lo que defiende el Cardenal Brandmul
28/07/14 6:21 PM
Horac
Está visto y confirmado en este caso el viejo refrán español: "en casa del herrero cuchillo de palo", pues lo que hace el Sr. Brandmüller no es otra cosa que aducir una serie de textos neotestamentarios, para interpretarlos de seguido de una forma ajena a los métodos histórico-críticos más elementales que cabría esperar de un historiador. Ya puede ponerse a decir misa si le place, o a enseñar los más altos títulos o presumir de años de entrega al oficio de historiador, que no convencerá con otra cosa que con la calidad de sus argumentos que, a veces se reducen a mera conjetura. Menos mal que hemos leído a otros autores con argumentos en contrario bastante más realistas y apegados a la "Historia magistra vitae", y no me refiero precisamente a Hans Küng. Además no cuenta ni con la evolución de la historia ni de la misma TRADICIÓN APOSTÓLICA, ni siquiera con la libertad de los hijos de Dios constituidos en Iglesia para "atar o desatar". ¡Ni que la Biblia fuera el Corán!
29/07/14 1:18 AM
David
Horac, como bien demuestra tu comentario, cada cual puede leer la basura que le plazca, pero lo que ha hecho el cardenal es perfectamente concorde con la tradición de la Iglesia. Tanto si te gusta como si no.
29/07/14 8:07 AM
Joaquin Climent Abad
Super interesante la carta-informe-clase de S.E. el Cardenal Brandmüller. Realmente no solo algo ilustrativo sino formativo.

Ojalá lo hagamos llegar a nuestros hermanos católicos y así mismo a los que no lo son ya que el tema es de una real actualidad de la que todo el mundo pretende saber.
29/07/14 9:54 AM
antonio
Excelente!!!Son los Santos Padres, La Tradición Viva de la Iglesia, la Fe como la Vivieron y viven los Santos,el Magisterio extraordinario y ordinario de la Iglesia.No será un dogma pero está en el codigo de derecho canónico, es decir Cristo, también es Magisterio.

La castidad, me gusta llamarla como Santa Teresa Benedicta de la Cruz, es participar de la Limpieza de Dios, hasta los Casados, están llamados a vivirla, si quierén permanecer en la Gracia, es decir participar de la Limpieza de Dios.
La Santa afirma que cuando el matrimonio está consolidado, en dicha limpieza el Amor Crece.
Son muy importantes sobre el tema que Edith Stein en el Mundo afirma ya como Santa del Carmén, en sus obras.
Es una filosofa de un nivel exepcional, y una mística que llega a su culmén en Ciencia de la Cruz.
Y también afirma que las crisis de la Iglesia, son crisis de vida Interior.
Lo unico necesario la Vida Interior Garrigou Lagrange, se nota su falta y como,la vida purgativa, iluminativa, se viven los misterios de Nuestra Fe, y la Unitiva.La Unión con el Señor, virtudes heroicas.
Septimas moradas de Santa Teresa.

La Crisis de Fe,es enorme, cualquiera opina pavadas, corriendo riesgo gravísimo su alma, porque confunde la pueblo de Dios.

La Verdadera revolución no está en el IOR, ES VOLVER A LAS FUENTES.
7/08/14 11:43 AM

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