El informe del Sínodo sobre las relaciones entre personas del mismo sexo debe ser refutado con firmeza

El informe del Sínodo sobre las relaciones entre personas del mismo sexo debe ser refutado con firmeza

Al dar relevancia a tales testimonios sin ofrecer comentarios doctrinales, el informe normaliza de hecho las relaciones homosexuales en el contexto de la Iglesia.

El informe recientemente publicado por el Grupo de Estudio 9 del Sínodo supone una preocupante desviación de la enseñanza moral constante de la Iglesia católica. Aunque los autores afirman carecer de «la competencia o, sobre todo, de la autorización eclesiástica necesaria» para abordar de manera definitiva cuestiones morales individuales, la metodología y el marco del informe socavan sistemáticamente la capacidad de la Iglesia para proclamar y aplicar su doctrina moral. No se trata meramente de una deficiencia técnica, sino de una contradicción fundamental de la enseñanza católica que exige una respuesta contundente.

La preocupación más inmediata se refiere al tratamiento que el informe da a las relaciones entre personas del mismo sexo. El documento presenta testimonios de personas con atracciones homosexuales sin proporcionar el marco moral de la Iglesia para comprender estas experiencias. El informe afirma que un testigo «da testimonio del descubrimiento de que el pecado, en su raíz, no consiste en la relación de pareja (del mismo sexo), sino en la falta de fe en un Dios que desea nuestra plenitud». Los autores del informe reproducen esta afirmación sin corrección ni aclaración.

El razonamiento de este testigo es fundamentalmente erróneo. Los actos homosexuales son intrínsecamente malos: esta es una doctrina católica establecida. Un cristiano creyente que se involucra en tales actos ciertamente falla en la fe, en la medida en que no confía en la gracia de Dios, que le permite evitar el pecado. Pero esto no significa que el pecado resida principalmente en la falta de fe más que en el acto en sí, como sugiere el testigo. El hecho de que los autores no aclaren este punto crea una ambigüedad peligrosa.

Un segundo testimonio es aún más problemático. Este testigo buscó primero ayuda en Courage International, el apostolado católico que enseña a las personas que experimentan atracciones hacia el mismo sexo a vivir de acuerdo con la enseñanza de la Iglesia sobre la castidad. El informe presenta a Courage de manera negativa, sugiriendo que «separa la fe y la sexualidad» y afirmando falsamente que ofrece terapia de conversión. El testigo encuentra finalmente refugio en comunidades cristianas y con sacerdotes que acogen a «personas rechazadas por pertenecer a la comunidad LGBT». La clara implicación es que este segundo testigo, que vive en una relación homosexual, lo hace con el apoyo y la aprobación de estos sacerdotes y comunidades.

Al destacar tales testimonios sin comentarios doctrinales, el informe normaliza de hecho las relaciones homosexuales en el contexto de la Iglesia. Esto representa un claro intento de debilitar la proclamación de la doctrina moral católica.

El problema más profundo radica en todo el marco metodológico del informe. Los autores subordinan todo a la descripción de un «proceso sinodal» centrado en las prácticas y experiencias de las personas. Rechazan explícitamente lo que denominan «proclamar de manera abstracta y aplicar deductivamente principios establecidos de forma inmutable y rígida». En su lugar, abogan por mantener una «tensión fecunda entre lo establecido en la doctrina de la Iglesia y su práctica pastoral, y las prácticas de la vida».

Este lenguaje suena pastoral y centrado en Cristo, pero oculta una desviación radical de la teología moral católica. Los autores invocan la afirmación de Jesús de que «el sábado fue hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado» para sugerir que las normas morales no pueden ser absolutas --que debe haber excepciones basadas en las circunstancias y experiencias individuales--. Se trata de una interpretación errónea fundamental de la Escritura.

La enseñanza de Jesús sobre el sábado se refería a la ley positiva divina --normas reveladas en la Escritura que no son intrínsecamente absolutas a menos que coincidan con la ley natural--. Las leyes litúrgicas judías han quedado efectivamente sin efecto en el Nuevo Testamento. Pero la ley moral relativa al matrimonio y la sexualidad tiene un carácter totalmente diferente. Estas normas emanan de la ley natural, que refleja los designios de Dios al crear a los seres humanos, el matrimonio y la sexualidad misma.

Dios creó el matrimonio como una entrega mutua y total entre un hombre y una mujer, a través de la cual pueden transmitir la vida humana. La diferenciación sexual y la apertura a la vida son elementos esenciales de esta entrega total. Los actos sexuales entre personas del mismo sexo no pueden constituir tal entrega total, ya que, por su propia naturaleza, están cerrados a la transmisión de la vida. Cualquier acto que viole las intenciones creadoras de Dios respecto al matrimonio y la sexualidad es siempre inadmisible, sin excepción. Estas son normas absolutas de la ley natural, establecidas para proteger valores no negociables.

El informe crea una ambigüedad deliberada precisamente en este punto. Los autores escriben que «la verdad universal de lo humano, en su expresión histórica, no puede, por lo tanto, determinarse de una vez por todas, sino que se encuentra en las formas concretas de las diferentes culturas, en un diálogo incesante». Sugieren que llegar al conocimiento moral requiere un proceso sinodal a largo plazo de escucha entre culturas y experiencias.

Esto es simplemente falso. Las intenciones con las que Dios creó a la persona humana en el contexto del matrimonio y la sexualidad son verdades universales, establecidas de una vez por todas, que los seres humanos pueden conocer espontáneamente a través de la ley moral natural, y que se encuentran en la Sagrada Escritura. San Pablo enseña que cuando los gentiles «que no tienen ley, cumplen naturalmente las exigencias de la ley, ellos, aun sin tener ley, son para sí mismos ley. Esos tales muestran que tienen escrita en sus corazones la exigencia de la ley» (Rom 2, 14-15).

El rechazo del informe a aplicar verdades morales universales a acciones específicas se hace aún más evidente en su principio de «pastoralidad». Este principio guía el «discernimiento de cuestiones emergentes» dentro del proceso sinodal. La comisión prefiere la expresión «cuestiones emergentes» a «cuestiones controvertidas» porque «la lógica de la emergencia hace hincapié en la capacidad de todo el Pueblo de Dios para «permanecer con el problema» en lugar de resolverlo.

En la práctica, esto significa evitar «una perspectiva de resolución de problemas, o la de quienes presumen deducir la acción de la simple aplicación de normas». La comisión no busca «una solución generalizable», sino más bien «formas concretas de iniciar un proceso en forma de escucha». Esto representa «la superación del modelo teórico que deriva la praxis de una doctrina »preconfigurada». En otras palabras, el informe deja de lado la aplicación de la doctrina de la Iglesia y la teología moral clásica en la atención pastoral y la confesión.

Esto se deriva de un malentendido persistente que ha plagado la teología pastoral desde la década de 1960: la noción de que la atención pastoral consiste en encontrar compromisos entre la enseñanza moral de la Iglesia y la realidad concreta de la vida de las personas. Este enfoque asume que la verdad moral tiene un doble estatus --verdad doctrinal abstracta, por un lado, y verdad existencial concreta, por otro-- y da prioridad a esta última para crear espacio para excepciones a las normas universales.

El papa Juan Pablo II rechazó enérgicamente este enfoque en Veritatis Splendor: «Sobre esta base se pretende legitimar las llamadas soluciones «pastorales» contrarias a las enseñanzas del Magisterio, y justificar una hermenéutica «creativa», según la cual la conciencia moral no estaría obligada en modo alguno, en todos los casos, por un precepto negativo particular».

La verdadera atención pastoral no busca compromisos con la verdad moral. El pastor conduce a las personas hacia la verdad, que se encuentra en última instancia en la Persona de Jesucristo. Debe animar a quienes están a su cargo a ajustar sus acciones a la verdad tal y como se establece en las normas morales. No hay auténtica caridad pastoral en oscurecer la verdad moral o sugerir que las normas universales admiten excepciones basadas en circunstancias individuales.

El informe del Grupo de Estudio 9 contradice fundamentalmente la doctrina moral católica y socava por completo su aplicación a la conducta moral. Relativiza la doctrina moral de la Iglesia, con consecuencias que van mucho más allá de las cuestiones de sexualidad hasta la protección de la vida humana misma. Este informe debe ser refutado con firmeza.

Mientras tanto, los fieles pueden estar seguros de que varios cardenales y obispos darán a conocer sus objeciones al Magisterio romano.

La enseñanza de la Iglesia no es oscura, ni está sujeta a revisión a través de procesos sinodales. Es la verdad la que nos hace libres.

 

Traducció InfoCatólica, publicado originalmente en el NCRegister.

13 comentarios

ROBERTO IBARRA VIDELA
"Mientras tanto, los fieles pueden estar seguros de que varios cardenales y obispos darán a conocer sus objeciones al Magisterio romano." Qu alegría este ultima frase de este cardenal católico. Que Dios lo Bendiga.
15/05/26 5:32 PM
pipo
Debe haber una razón muy poderosa por la cuál en estos temas controvertidos son los simples fieles los que dan la voz de alerta y muy pocos pastores se atreven a salir a combatir en primera fila junto con ellos. Hay unos que están de acuerdo, pero proporcionan declaraciones bajo anonimato, eso si acaso, pero luego si es que hay que dar la cara, entonces se distancian y se van "con la institucionalidad", creyendo que todo lo que viene del Vaticano es Magisterio, sin darse cuenta que apenas están respaldando unos burócratas vaticanos o curiales.
15/05/26 5:51 PM
Miguel
Le corresponde tambien al Papa poner objeciones ?
O este asunto no es de su competencia ?
Yo ya estoy hecho un lio. No se para que esta el Papa.
Seria bueno que un experto explicase las obligaciones del Papa, por ejemplo :
- viajar
- pasearse en papamovil por la plaza de San Pedro y saludar a los peregrinos.
- contestar a las preguntas de los periodistas.
- recibir en el Vaticano a los mandatarios de las naciones y a gente importante y famosa.
- otras.



15/05/26 6:01 PM
Francisco Javier
Esa "sinodalidad" es engendro de los obispos alemanes, tanto poder tienen (económico por supuesto) que el vaticano no los sanciona mas bien sigue las ocurrencias de estos
15/05/26 6:25 PM
Pacomio
Dios Nuestro Señor cuide y proteja a este valeroso confesor de Fe, y convierta a los pervertidos y amorales que invadieron la Santa Iglesia.
15/05/26 6:32 PM
Percival
Que hablen los pastores. Mejor: que griten.
A ver si esos sinodales que sólo se escuchan a sí mismos terminan de honrar la "escucha" y el "diálogo en el espíritu" (que, por lo visto, va con minúscula, porque debe ser un "espíritu" del reiki).
15/05/26 6:48 PM
jandro
Una cosa... vemos o leemos a obispos que claman contra la heterodoxia dentro de la Iglesia, pero nunca vemos hacerlo a ningún obispo o cardenal español ¿ Por qué será ?
15/05/26 7:12 PM
Jordi
El refutador se llama León XIV. La Iglesia es jerárquica por decisión divina, pero también le ha dado a este único pastor la obligación de confirmar en la fe al rebaño.

De León XIV debe de salir este "rechazo este documento", y no puede refugiarse en la omisión de la tolerancia o el disimulo.

Si lo hacen los cardenales y obispos está bien, pero son una minúscula parte de un colectivo de 5000 obispos...
15/05/26 7:32 PM
Gregory
Mons. Munilla se a pronunciado sobre este informe
15/05/26 8:03 PM
anawim
El informe afirma que un testigo «da testimonio del descubrimiento de que el pecado, en su raíz, no consiste en la relación de pareja (del mismo sexo), sino en la falta de fe en un Dios que desea nuestra plenitud»
____________

Algo que es malo hasta para los hombres ¿no va a ser malo para Dios? ¿O sea, el pecado no consiste en la relación de pareja homosexual, cuando hasta en pareja heterosexual es pecado grave contra el sexto y noveno Mandamiento fuera del matrimonio y éste sacramental, y las relaciones homosexuales que encima van contra natura esto no es pecado? Yo creo que el Papa León debe dejar tanto viaje apostólico y sentarse en su despacho a solucionar tanto desaguisado intra eclesiástico. Que señores, la homosexualidad es pecado contra el sexto y noveno mandamiento, y todos los pecados que afectan al Decálogo son pecado grave, y mientras se comenten pecados graves se inhabilitan para las bienaventuranzas, que van a perder la santidad ¿se dan cuenta? Y no se puede abusar de la Gracia de Dios porque Dios que es infinitamente misericordioso en la misma medida es Justo y les puede retirar la gracia, ¿se dan cuenta alcornoques lo que están haciendo?
15/05/26 9:11 PM
G Flavius
Esto viene de Amoris y de Fiducia.
Sabemos quién las trajo. Y sabemos también quién las mantiene.
Hay que derogarlas: no queda otra.
15/05/26 9:23 PM
anawim
Todos estos que están metidos hasta el cuello en defender a ultranza la homosexualidad sepan que con Dios no se juega y que Dios les puede retirar la gracia. El mundo dura un telediario, y la eternidad es para siempre, para siempre, para siempre. Que no hay dinero en el mundo. Ni prestigio. Ni puesto que pueda comprar la santidad, porque la santidad no tiene precio pero se puede perder, a duras penas conseguirían salvarse algunos, pero habrían perdido la santidad. ¿Nos hacemos religiosos para perder la santidad? ¿Nos hacemos sacerdotes para salvarnos por los pelos?
15/05/26 9:34 PM
anawim
Un cristiano creyente que se involucra en tales actos ciertamente falla en la fe, en la medida en que no confía en la gracia de Dios, que le permite evitar el pecado.
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Pero la gracia de Dios se recibe a través de los sacramentos, entonces el cristiano creyente que se ha involucrado en actos homosexuales tiene que volver como el hijo pródigo arrepentido a la casa del Padre para pedir perdón y recibir los sacramentos que le ayudarán con el tiempo a vencer sobre el pecado y a obtener la victoria que Cristo ha ganado en la Cruz para él. Pero no puede entrar en los sacramentos si no está dispuesto a dejar sus actos homosexuales. Quiero decir con esto que: sólo los sacramentos y no las bendiciones le pueden ayudar a dejar el pecado. Hay que caer en la cuenta que estamos hablando de un pecado muy grave que atenta contra el Decálogo y contra natura alterando el orden natural establecido por Dios, y además la sodomía es un pecado que convierte que convierte al hombre en un animal, por tanto, un pecado tan grave necesita para ser vencido la ayuda sacramental a la que no tendrá opción si no tiene intención de dejarlo y vivir la castidad aunque haya recaídas.
15/05/26 10:05 PM

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