25.04.26

Reseña: Huellas de Dios

Autor: Eleuterio Fernández Guzmán

Editorial: Createspace, Amazon

Páginas: 93

Precio aprox. Tapa blanda

ISBN Amazon tapa: 9798255742851

Año edición: 2026

Lo puedes adquirir en Amazon

Otros libros del autor.  Y más libros, aquí

Las personas que no creen en Dios e, incluso, las que creen pero tienen del Creador una visión alejada y muy distante de sus vidas, no tienen la impresión de que Quién los mira, ama y perdona, puede manifestarse de alguna forma en sus vidas.

Así, cuando el Amor de Dios lo entendemos como el actuar efectivo de quien no vemos puede llegar a parecernos que, en definitiva, poco importa lo que pueda hacer o decir Aquel que no vemos, tocamos o, simplemente, podemos sentir.

Actuar de tal manera de permanecer ciego ante lo que nos pasa y no posibilitar que Dios pueda ser, en efecto, alguien que, en diversos momentos de nuestra vida, pueda hacer acto de presencia de muchas maneras posibles.

En diversas ocasiones, por tanto, se producen inspiraciones del Espíritu Santo en nuestro corazón que muestran la presencia de Dios de forma firme y efectiva. Las mismas son, precisamente, “Huellas de Dios” en nuestras vidas porque, en realidad, nosotros somos su semejanza y, como tal, deberíamos encontrar a nuestro Creador, sencillamente, en todas partes.

No es algo dado a personas muy cualificadas en lo espiritual sino posibilidad abierta a cada uno de nosotros. Por eso no podemos hacer como si Dios estuviera en su reino mirando a su descendencia sin hacer nada porque cada día, a nuestro alrededor y, más cerca aún, en nosotros mismos, se manifiesta y hace efectiva su paternidad.

Las huellas de Dios son, por eso mismo, formas y maneras de hacer cumplir, en nosotros, la voluntad de Creador que, así, nos conforma para que seamos semejanza suya y, en efecto, lo seamos porque, como ya dejó escrito San Juan, en su primera Epístola (3, 1) es bien cierto que, a pesar de los intentos de evadirse de la filiación divina, no podemos preterirla y, como mucho, miramos para otro lado porque no es de nuestro egoísta gusto cumplir lo que Dios quiere que cumplamos.

Sin embargo, el Creador no ceja en su voluntad de llamarnos y sus huellas brillan en nuestro corazón siendo, en él, la siembra que más fruto produce.

Les dejo aquí el Índice:

Presentación

Huellas de Dios

1 ¿Dónde vemos a Dios?

2 El ruido que no nos deja escuchar a Dios

3 Cuando sólo queda la fachada

4 Cortar con nuestro pasado de increencia

5 El árbol de la fe

6 En perfecto estado de revista

7 Luz de Dios en la oscuridad

8 No desconectar de Dios

9 Orar es tener, siempre, presente a Dios

10 Pobreza y esperanza

11 Respeto humano

12 Sacerdotes

13 Saltarse las normas de Dios

14 Sed de Dios

15 Tener siempre presente a Dios

como Padre Nuestro

16 Un corazón tan frío…

17 Una esperanza bien definida

18 Una gran lotería siendo Providencia de Dios

A modo de Epílogo

Salmo 115

Acerca del autor

Y, por último, les dejo el último apartado, “A modo de Epílogo”:

Salmos del siglo XXI: La sombra de tu luz me repara

Salmo 115

Cuando miramos al Cielo, Padre eterno,

y nuestra fe nos dice que nos esperas,

que nos amas como hijos tuyos que somos,

que nos deseas a tu lado,

nosotros sabemos que te podemos percibir,

con los ojos del alma, que te percibimos

con claridad que no confunde,

de esa forma que tenemos los hijos

de ver al padre, Tú Padre nuestro,

con amor y, a la vez, con seguridad toda.

Cuando miramos al Cielo, Único como eres,

sabemos que no hay nada que nos confunda

porque eres distinto a todo y a todos,

nada igual sino distinto y verdadero Padre.

Cuando miramos al Cielo, Bondad en Ser,

te sabemos diferente,

te reconocemos así, como eres,

y gozamos viéndote en tu Creación,

inspirando la vida y el ser de tus hijos,

haciendo que nosotros nos sepamos protegidos,

libres del Mal si queremos.

Cuando miramos al Cielo, Padre de los padres,

¡te alabamos y te adoramos como mereces!,

y somos así felices, teniendo un Padre Único,

como Tú, partidario del Bien, el Amor y la Luz.

De “Salmos del siglo XXI",

de Eleuterio Fernández Guzmán

Y siguiendo el valioso principio que dice que debemos dar gratis lo que hemos recibido gratis, desde ahora mismo quedo a disposición de quien así lo desee y le enviaré, a vuelta de correo, copia del libro en formato pdf de forma totalmente gratuita. Sólo hay que hacer la petición al correo electrónico [email protected]

Eleuterio Fernández Guzmán

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Dios, que nos ama más que a nada, siempre está entre nosotros.

Aforismos de fe católica: del libro de Lolo “Bienvenido, amor” (339)

Cuanto más pura es una ofrenda tanto más resplandece su testimonio

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Para leer Fe y Obras.


Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

20.04.26

Amigo de Lolo – Frases que bien valen la pena – Así se puede amar al prójimo

HAGIOPEDIA: Beato MANUEL LOZANO GARRIDO “Lolo”. (1920-1971).

PRESENTACIÓN

Ya son algunos años los que, el que esto escribe, lleva haciendo lo propio sobre el Beato de Linares (Jaén, España) en esta casa de InfoCatólica. Siempre ha valido la pena hacer algo así y aportar, aunque sea, un granito de arena a la comprensión de un creyente tan fuerte y profundo como es Lolo.

El linarense universal, que tanta atracción espiritual tiene para quien lo conoce, no deja de producir interés en aquel que se acerca a su persona a través de su obra. Y es que, no pudiendo hacerlo ahora personalmente o, digamos, en la intimidad de la conversación entre amigos, que lo somos todos aquellos que ansiamos serlo, es seguro que acercarse a Lolo de forma cercana nos viene la mar de bien.

Lolo nos acerca a lo bueno que tiene saber que, cuando se es hijo de Dios la mejor forma de serlo es, sencillamente, siéndolo. Y él es una muestra perfecta de cómo hacer algo que, algunas veces, a muchos nos resulta difícil y a algunos… imposible. Acerquémonos, desde ahora, a la obra misma de Lolo y a su intimidad podríamos decir, con lo que vamos a ganar, seguramente, mucho y más que muchoY, para más abundancia de lo bueno y mejor, al final de todo esto les ponemos uno de los aforismos espirituales que publicó Lolo en su libro Bien venido, amor“. Vamos, miel sobre hojuelas, como se dice en la Biblia pues esto, al fin y al cabo, es cosa del alma de cada cual.

Frases que bien valen la pena – Así se puede amar al prójimo

Antes que nada, busca a la gente con fatigas y entrecejos y harás por darles una grata compañía. Luego, cuando ellos te digan adiós, apriétales la mano y te fijas a ver si de tu visita les queda una llama en la frente y una rosa encarnada por encima del corazón.” (Beato Lolo, de su libro Las golondrinas nunca saben la hora)

Es cierto que nosotros, los discípulos de Cristo, tenemos dos Mandamientos que son la cima de nuestra fe: amar a Dios sobre todas las cosas y a nuestro prójimo como a nosotros mismos.

Ciertamente, amar a Dios es algo que no sólo está bien sino que es más que recomendable pues somos sus hijos y no sería de recibo que se nos pudiera decir eso de desagradecidos con Quien nos ha dado la vida y, además, la mantiene aquí mismo, donde ahora estamos.

Estas son, por decirlo así, las generales de la ley pero ya sabemos que, como suele decirse, “hecha la ley, hecha la trampa”…

¿Porqué decimos esto?

La respuesta está mucho más cerca de lo que podamos pensar: decimos esto porque no siempre amamos al prójimo como a nosotros mismos y es que, a veces, ni siquiera sabemos cómo hacerlo. Y para eso está nuestro hermano Lolo que, al parecer, conocía más que bien cómo hacer eso de amar al prójimo como a nosotros mismos…

Lolo no espera una actitud pasiva, no. Nos dice que busquemos a quien se encuentre, digamos, pasándolo mal o no tenga una situación en exceso buena. Y entonces nos sugiere eso que es tan barato pero, a la vez, tal difícil de llevar siempre a cabo: acompañar…

Pero hay más. Y es que hacer compañía, con no ser siempre fácil ni sencillo por cómo somos, hay también que despedirse de tal compañía. Y eso hay que hacerlo también bien pues no lo mismo darse cuenta de hasta qué punto nuestra ayuda ha servido o, al contrario, no ha servido para nada…

Sobre esto nos dice el Beato de Linares (Jaén, España) que hay que apretar la mano. Tal gesto no es nada desdeñable ni se tiene que tener como cosa de poca importancia. Al menos, antiguamente con dar la mano se aprecian muchas formas de ser de las personas: que si se aprieta fuerte que si se aprieta menos fuerte. En fin… que es una buena forma de hacer algo así como un test de qué es lo que pasa por el corazón de quienes se dan la mano. Y, aunque sea verdad que hoy es posible que tal gesto se haya perdido un poco… las cosas son como son o deberían ser como deben ser.

Pues bien, así nos daremos cuenta si nuestro auxilio ha dejado “llama en la frente” que es como decir que si hemos sembrado algo bueno en el corazón de la persona con la que hemos estado, con ese prójimo que necesitaba una mano o dos. Pero, es más, si es posible que le haya quedado “una rosa encarnada por encima del corazón” que es como decir que sí, que la cosa ha ido más que bien y ha quedado una cierta huella en su corazón y que es hasta posible que eso dure mucho tiempo…

Vemos, por tanto, como nos dice Manuel Lozano Garrido, que no es tan difícil darse cuenta de qué podemos hacer en según qué circunstancias. Otra cosa, claro, es que queramos cumplir con tal Mandamiento divino…

Eleuterio Fernández Guzmán


Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Entender el sufrimiento es un bien más que importante.

Aforismos de fe católica: del libro de Lolo “Bienvenido, amor" (160)

Corazón: cálido nido de pájaros con sed de alma.”

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Para leer Fe y Obras.


Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

19.04.26

La Palabra para el Domingo – Domingo, 19 de abril de 2026

Resultado de imagen de SAnta BibliaLc 24, 13-35


“13 Aquel mismo día iban dos de ellos a un pueblo llamado Emaús, que distaba sesenta estadios de Jerusalén, 14 y conversaban entre sí sobre todo lo que había pasado. 15 Y sucedió que, mientras ellos conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió con ellos; 16 pero sus ojos estaban retenidos para que no le conocieran. 17 Él les dijo: ‘¿De qué discutís entre vosotros mientras vais andando?’ Ellos se pararon con aire entristecido. 18 Uno de ellos llamado Cleofás le respondió: ‘¿Eres tú el único residente en Jerusalén que no sabe las cosas que estos días han pasado en ella?’ 19 Él les dijo: ‘¿Qué cosas?’ Ellos le dijeron: ‘Lo de Jesús el Nazoreo, que fue un profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y de todo el pueblo; 20 cómo nuestros sumos sacerdotes y magistrados le condenaron a muerte y le crucificaron. 21 Nosotros esperábamos que fuese él el que iba a librar a Israel; pero, con todas estas cosas, llevamos ya tres días desde que esto pasó. 22 El caso es que algunas mujeres de las nuestras nos han sobresaltado, porque fueron de madrugada al sepulcro, 23   y, al no hallar su cuerpo, vinieron diciendo que hasta habían visto una aparición de ángeles, que decían que él vivía. 24 Fueron también algunos de los nuestros al sepulcro y lo hallaron tal como las mujeres habían dicho, pero a él no le vieron.’ 25 Él les dijo: ‘¡Oh insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria?’ 27 Y, empezando por Moisés y continuando por todos los profetas, les explicó lo que había sobre él en todas las Escrituras. 28 Al acercarse al pueblo a donde iban, él hizo ademán de seguir adelante. 29 Pero ellos le forzaron diciéndole: ‘Quédate con nosotros, porque atardece y el día ya ha declinado.’ Y entró a quedarse con ellos. 30 Y sucedió que, cuando se puso a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando.31       Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron, pero él desapareció de su lado. 32 Se dijeron uno a otro: ‘¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?’ 33 Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén y encontraron reunidos a los Once y a los que estaban con ellos, 34 que decían: ‘¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón!’ 35 Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido en la fracción del pan.”

COMENTARIO

Los de Emaús como ejemplo


Muy sintomático es este ejemplo que los discípulos de Emaús nos ofrecen a todos los cristianos. Del todo a la nada casi de inmediato y sin solución de continuidad. Es prueba, además, de lo que puede suponer para un discípulo de Jesucristo tener una fe débil y tibia. 

Como viene a ser normal, y lógico, la naturaleza del hombre le lleva, nos lleva, a huir del peligro y a no afrontarlo. Cleofás y su compañero huyen, tratan de evitar, quizá, una persecución que acabara con sus vidas como acababa de ocurrir con la de su Señor. Pero, lo que no sabían era que, en ese camino de regreso al pasado, que viene a ser este ir a Emaús, huyendo de la bondad y refugiándose en el anonimato, volverían a encontrarse con su misma vida. Y así fue.

 El caso es que estos dos seguidores de Cristo iban discutiendo por el camino. Seguramente irían debatiendo sobre qué había pasado y, sobre todo, qué iba a pasar a partir de ese momento, si lo que aconteció en Jerusalén tenía sentido para ellos y cuál debería ser la interpretación que debían darle. Imagino que sería una discusión apasionada, por el tema de que trataba, y contenida, en gestos, por miedo a ser descubiertos. Llevaban, dice el texto, un aire entristecido, o, lo que es lo mismo, podemos constatar que estaban afectados por la muerte de Jesús y que eso los llevaba a esa situación de perplejidad en la que se encontraban. 

En esto que la voz de alguien, a quien no reconocieron, les saca de su acaloramiento hablador. Era importante, pienso yo, el que no supieron, en un principio quien era para, luego, reconocerlo en el gesto de partir el pan, símbolo primordial en la predicación de Jesús.

La conversación que tiene lugar entre un desconocido, para ellos, Jesús, y los de Emaús, es clara expresión de la relación que muchas veces, puede tenerse con Dios y, entre nosotros, con su Hijo. Cleofás y su acompañante, a pesar de sus dudas, plantean a Jesús una pregunta que, más bien, se la podían haber planteado a ellos mismos. Parece que ellos no habían llegado a comprender muy bien al Mesías y a su mensaje. A pesar de todo lo sucedido, y sobre lo que inquieren a Jesús, se les ha olvidado, lo esencial, muy pronto: tres días después de la muerte física de Jesús ya corren a esconderse y eso que pensaban que era que les traía la salvación, pero no un tipo de salvación como la que ellos querían, sino una salvación espiritual. Ellos deseaban, como otros tantos judíos, un levantamiento de la población bajo los mandos del Enviado, que sería, así, un caudillo militar que arrasara el invasor. Lo que pretendían era la llegada de un Reino nuevo, pero sustentado en el viejo, en el antiguo de Israel. 

Reflexión Domingo 26 de abril - Pastoral UCV

Sin embargo, aún les quedaba algo de esperanza; no había, por así decirlo, muerto el recuerdo de Jesús. Unas mujeres de las suyas, de sus seguidoras se entiende, decían haber visto el sepulcro vacío a unos ángeles que les habían hablado. Y para confirmarlo, como si pensaran que las mujeres, llevadas por su mayor sensibilidad, habían tenido visiones, unos hombres, algunos de los nuestros, dice el texto, se habían acercado para comprobar que era cierto lo que decían aquellas seguidoras de Cristo. Aquí también podemos apreciar bastante desconfianza propia, por otra parte, de la concepción que, aquella época, se tenía de la mujer. Y Jesús también rompe con esto, con esto también. 

Y es que cuando Jesús ha de intervenir, forzado por la situación pues veía que sus discípulos se perdían en los aledaños de la fe, es cuando, haciendo uso de sus conocimientos de las Sagradas Escrituras, les de pruebas inequívocas de que lo que le había sucedido, sin aún decir que era Él, ya estaba escrito. Desde Moisés, pasando por todos los profetas (bien seguro que también Isaías), les relata pasajes en los que se habla del Mesías, el Enviado que tenía que venir, sufrir, entregarse y morir para que el perdón de los pecados se hiciera efectivo, real, cierto. 

Ante esto, estos discípulos de Emaús comienzan a reencontrarse con la figura presente de Jesús, y con ese quédate con nosotros, síntoma de que su presencia les era agradable y que su conversión volvía a tomar forma, empieza a abrírseles los ojos. 

Como les había dicho en la última cena, el pan, su cuerpo, entregado por todos, fue el instrumento del cual se sirvió para que aquellos discípulos, duros de corazón, le reconociesen y, abriendo los ojos del alma se diesen cuenta, en ese mismo momento, que cuando les hablaba de los profetas algo les decía que aquello de lo que aquel desconocido les estaba hablando le remitía a Él mismo. Y que aún no habían descubierto, dentro de ellos, que ese arder del corazón tenía una razón exacta. 

Y entonces, se ven en la imperiosa necesidad de contar de comunicar lo sucedido, retornar a la fe que tenían y volver a Jerusalén. Han perdido el miedo, y quieren hacérselo saber a los suyos. 

Por su parte, los otros discípulos, los apóstoles más los que los acompañaban, les confirma que estaban en lo cierto: Jesús había resucitado, como dijo, que la aparición a las mujeres era cierta porque, para confirmar su retorno, también se había aparecido a Simón, que su esperanza no estaba rota sino que permanecía incólume, totalmente vigorosa, preparada para ser anunciada. 

Los de Emaús, por su parte, les hacen partícipes del descubrimiento que hacen, de la apertura de sus ojos, que estaban retenidos, de que, al partir el pan, signo inequívoco de quien lo hacía, habían reconocido las manos, el rostro, la mirada del Maestro. Así, alegres por eso vieron cómo, en ese mismo instante, una vez se les rebeló la Verdad, Jesús desaparecía. Y es que había cumplido su misión. Y eso es lo que les transmitían, para hacerles ver que, desde ese momento, Jesús sería, para todo el mundo, en una universalidad comprensible, la Palabra de Dios viviente en nuestros corazones y que, en la Eucaristía, su presencia es, siempre, real.

  
PRECES 
 
Por todos aquellos que pierden la esperanza.

Roguemos al Señor.


Por todos aquellos que no confían en Dios y su poder.

Roguemos al Señor.

 

ORACIÓN
 
Padre Dios; ayúdanos a no olvidar nunca que tu Hijo resucitó para quedarse entre nosotros.

 
Gracias, Señor, por poder transmitir esto.

  

El texto bíblico ha sido tomado de la Biblia de Jerusalén.
  

Eleuterio Fernández Guzmán

Panecillos de meditación


Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

 
Panecillo de hoy:

¡Tantas veces somos como los de Emaús!


Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

 

18.04.26

Reseña: San Rafael Arnáiz Barón – Un alma de Dios

Autor: Eleuterio Fernández Guzmán

Editorial: Createspace, Amazon

Páginas: 118

Precio aprox. Tapa blanda: 4,58 € - Tapa dura: 10, 61 €

ISBN Amazon tapa: 9798255742851

ISBN Amazon dura: 9798255745906

Año edición: 2026

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Otros libros del autor.  Y más libros, aquí

Rafael Arnáiz Barón nació el 9 de abril de 1911 en Burgos (España), donde también fue bautizado y recibió la confirmación. Allí mismo inició los estudios en el colegio de los PP. Jesuitas, recibiendo por primera vez la Eucaristía en 1919.”

Esta parte de una biografía que sobre nuestro santo la podemos encontrar en multitud de sitios de la red de redes o en los libros que sobre él se han escrito.   

Nosotros vamos a dedicar nuestra atención a un libro en particular. Recoge los diarios de San Rafael Arnaiz entre el 16 de diciembre de 1937 y el 17 de abril de 1938 y está editado por la Asociación Bendita María. 

Vayamos, de todas formas, ahora mismo, a escribir sobre el protagonista de esta nueva serie.

Cuando Dios tiene a bien escoger a uno de sus hijos para que siga una vida de fe acentuada hace que se note desde la corta edad. Y eso era que le pasaba a Rafael: daba muestras de que las cosas de Dios le interesaban más que al resto de sus compañeros de la infancia.

Sin embargo, desde temprana edad enfermó y empezó a llevar su particular cruz.

Aunque Rafael, dotado de una precoz inteligencia, parecía tener una vida en el mundo, en el siglo, de especial importancia (se matriculó en la Escuela Superior de Arquitectura de Madrid) no podía evitar, ni quería, su voluntad de profundizar en su vida espiritual.

Tal es así que ingresó en el monasterio cisterciense de San Isidro de Dueñas el 15 de enero de 1934.

La enfermedad que arriba hemos citado, la diabetes sacarina, le obligó a abandonar el monasterio en tres ocasiones pero volvió en otras tres ocasiones porque bien sabía que no otro era el camino espiritual que debía seguir.

Cuando recién había estrenado los 27 años Dios lo llamó cabe sí un 26 de abril de 1938 siendo sepultado en el monasterio donde había ingresado para seguir una vida espiritual acorde con su voluntad de hijo del Creador.

El caso es que la fama de santidad de un católico tan joven y tan entregado a su fe no tardó en salir de los muros del monasterio. Y es que aquello que había escrito estaba dotado de una especial atracción. Tal es así que el 20 de agosto de 1989, san Juan Pablo II lo propuso como modelo para los jóvenes que iban a acudir a la Jornada Mundial de la Juventud a celebrar en Santiago de Compostela. Y unos pocos años después, en 1992 fue beatificado (el 27 de septiembre).

Pero, seguramente, no bastaba con el reconocimiento que se hacía entonces. El Beato Rafael iba a subir un escalón más en el Cielo y el 11 de octubre de 2009 Benedicto XVI canonizaba a quien había sabido comunicar al mundo que sólo Dios era suficiente para llevar una existencia propia de un buen y fiel hijo.

Que Dios nos ayude a acercarnos lo mejor posible al pensamiento espiritual de San Rafael Arnáiz, el hermano Rafael. Y, de paso, le pedimos que  interceda por nosotros. 

Les dejo aquí el Índice:

Presentación

Buenas y santas intenciones

Entregarse a Cristo, que es Dios, por completo

Saber acudir a María

Comprendiendo la humildad

Entregarse del todo al Señor

Saberse amado por Dios

Mortificarse y gozar no son incompatibles

Saber lo que se quiere

Pedir a Dios lo que vale la pena

Una soledad llena del Amor de Dios

Gozosa Cruz de Cristo

Cerca de Cristo

Sólo Dios

Saber qué se es

Nada que no sea Dios

Descubrir la verdad; encontrar a la Verdad

Vocación

Saber lo que importa

Reparar el daño causado a sí y a la Esposa de Cristo

Todo lo llena Dios

En la contradicción… sólo Dios

En santo anhelo del Cielo

Entregarse así

Lágrimas de gozo

Querer y poder

La santa y bendita Cruz

Lo que Cristo quiere

La pura y simple voluntad de Dios en nosotros

El verdadero destino del hombre

Comprender lo que debemos ser y hacer como hijos de Dios

No querer perder a Dios

Darnos cuenta de cómo somos

Últimas palabras del hermano Rafael

Acerca del autor

Y siguiendo el valioso principio que dice que debemos dar gratis lo que hemos recibido gratis, desde ahora mismo quedo a disposición de quien así lo desee y le enviaré, a vuelta de correo, copia del libro en formato pdf de forma totalmente gratuita. Sólo hay que hacer la petición al correo electrónico [email protected]

Eleuterio Fernández Guzmán

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Escoge Dios, de entre sus hijos, a los que considera mejores como ejemplo y misterio.

Aforismos de fe católica: del libro de Lolo “Bienvenido, amor” (339)

Cuanto más pura es una ofrenda tanto más resplandece su testimonio

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Para leer Fe y Obras.


Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

13.04.26

Amigo de Lolo – La alegría sobrenatural de Lolo

Manuel Lozano Garrido, Lolo: La buena persona que contó la mejor noticia -  Diócesis de Jaén

Es cierto y verdad que a nosotros nos puede resultar muy sencillo hablar sobre lo que hemos dado en titular estas letras, a saber, “La alegría sobre natural de Lolo”. Es decir, para cualquiera que conozca a Lolo sabe que le ha sido reconocida una vivencia que va más allá de lo material, de lo natural y, por tanto, todos los parabienes en su favor nos parecen pocos.

Ciertamente, la distancia temporal hace posible tales cosas y es lo mismo que si nosotros hablamos y requetehablamos de las circunstancias por las que pasó Jesucristo en su primera venida al mundo por todo lo que, desde entonces, se ha investigado y dicho…

Con esto queremos decir que, en efecto, Manuel Lozano Garrido, con el tiempo Beato de la Iglesia Católica, Lolo, pues, llevó una existencia donde todo aquello que tenía que ver con lo sobrenatural para él era, efectivamente, de lo más natural del mundo.

Quizá esto pueda sorprender porque Lolo, en su vida ordinaria, lo pasaba más que mal si hablamos de sus circunstancias físicas las cuales, no lo podemos negar, es casi seguro que nos las querríamos para ninguno de nosotros…

Para Lolo, sin embargo, las cosas debían ser muy distintas a lo que otras personas (de entonces, de ahora y de los tiempos que vendrán) creían y pensaban. Y es que nuestro amigo tenía una conexión muy especial con lo que llamamos “sobrenatural” y que, por tanto, tratase de realidades que están por encima, muy por encima, de nosotros y que definen, por supuesto, cómo somos en tan especial aspecto de nuestra vida.

Cuando se dice, y es constatado por todos los que le conocieron (y bastantes personas aún pueden contarlo, por así decirlo) Lolo se mostraba como una persona alegre. ¡Alegre!, así dicho entre exclamaciones, porque merece así ser escrito de quien tanto padecía.

La Alegría de Lolo sólo podía tener origen sobrenatural pues las cosas de la naturaleza, en su caso, no ayudaban mucho a estar alegre, así, con una alegría que casi era “insultante” y, sobre todo, que no poca envidia (sana) nos causa.

Decimos esto porque Manuel se apoyaba en Quien sólo puede apoyarse quien cree tan firmemente a su realidad y existencia que ha hecho de la misma un modo de vida, así, sobrenatural. Y nos referimos a Dios a Quien amaba por encima de todas las cosas (siendo fiel, así, al primer Mandamiento de Su Ley) y a quien tenía, seguros estamos de eso, como principal valedor suyo y, por tanto, como primera mano a la que cogerse en caso de debilidad…

Pero Lolo sabía muy bien que tenía en quien apoyarse además de en su Creador y mantenedor en el mundo, en su siglo XX. Y es que tanto la Virgen María como su hermano Jesucristo eran quicios sobre los que construir una existencia y un modo de ser, así, tan sencillo pero tan gozoso con todo lo que le pasaba.

Para Lolo nada de lo que le pasaba acababa por tener un sentido natural o, incluso, mundano. Y es que su propia existencia (así, de “inválida”, como él mismo se define) sólo podía entenderse si tanto Dios como su Madre, María, como su hermano, Jesucristo e, incluso, la Iglesia que fundó el Mesías, eran verdaderos “instrumentos” (entiéndase esto, por favor) en los que basarse para ser capaz de caminar sin caminar, de hacer sin casi poder hacer y, ya por último, de ver sin poder ver…

Decimos eso de la que alegría de Lolo era sobrenatural por ser sobrenatural el origen de la misma (su creencia en tal posibilidad), por ser sobrenatural el sentido de la misma (sólo así era capaz de..) y, en fin, por ser sobrenatural el resultado de la misma: un ser más que capaz por muchas incapacidades que tuviera.

En realidad, lo que Lolo nos muestra con su vida es que la fe, su fe, alcanzó todas las circunstancias de su existencia y por eso mismo pudo sobrevivir físicamente a las asechanzas de la enfermedad, el dolor y el sufrimiento y, además, como le pasó tantas veces a muchos personajes de las Sagradas Escrituras Nuevas, fue salvado mucho tiempo por la confianza que tenía en Quien lo había traído al mundo y no estaba dispuesto a abandonarlo hasta que lo llamara a Su Casa. Y fue un 3 de noviembre del año que corría de 1971 pero fue, también, muchos años (al menos, algunos) después de que a sus huesos se le pegara algo con mala sombra mientras él, nuestro Lolo, miraba para otro lado cuando los “alfileritos” que sentía le pinchaban en cada rincón de su cuerpo. Y estamos seguros de que para dónde mirada estaba arriba, bien arriba, justo donde ahora está, cabe Dios y que su alegría venía de ahí. ¿De qué otra parte podía venir?

Eleuterio Fernández Guzmán


Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Entender el sufrimiento es un bien más que importante.

Aforismos de fe católica: del libro de Lolo “Bienvenido, amor” (159)

De tamaño, los corazones pueden ser lo mismo; grandes son únicamente por el amor.”

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Para leer Fe y Obras.


Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

12.04.26

La Palabra para el Domingo - 12 de abril de 2026

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Jn 20, 19-31

  
“19 Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar  donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: ‘La paz con vosotros.’ 20  Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor. 21 Jesús les dijo otra vez: ‘La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío.’ 22  Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: ‘Recibid el Espíritu Santo. 23 A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.’ 24 Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: ‘Hemos visto al Señor.’ 25 Pero él les contestó: ‘Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré.’ 26 Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro y Tomás con ellos. Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: ‘La paz con vosotros.’ 27 Luego dice a Tomás: ‘Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente.’ 28 Tomás le contestó: ‘Señor mío y Dios mío.’ 29 Dícele Jesús: ‘Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído’. 30 Jesús realizó en presencia de los discípulos otras muchas señales que no están escritas en este libro. 31 Estas han sido escritas para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre”.


COMENTARIO

Todo se confirmó

 
Para que todo lo que hizo tuviera sentido tuvo que aparecerse, Jesús, a sus discípulos que, con miedo, estaban escondidos. Miedo que era, no podemos negarlo, plenamente justificado conociendo, como conocían, el pensar de sus hermanos en la fe judía. Sólo así comprendieron todos los, para ellos, extraños mensajes que habían recibido de Él y que, en su tiempo, no entendieron. 

Y se presentó ante ellos con la paz por delante, como deseándoles lo mejor, la tranquilidad del alma, la mejor forma de manifestarse, la expresión pura y simple de su ser. 

Para que acabaran de creer, les enseñó las marcas de su Pasión. Así, todo se cumplía, la comprensión de sus seguidores fue total. 

Pero no bastó con esto. Era fundamental que, sobre ellos, exhalara el Espíritu Santo; que, como prometió, fuera conveniente, para ellos que Él se fuera, se marchara al Padre, porque enviaría otro paráclito, otro defensor, ese Espíritu que les iba a guiar, dirigir, marcar el camino hacia Dios. 

Catholic.net - Cristo resucitado está vivo entre nosotros

Y también llevó a cabo el primer envío después de darles a aquel. Una misión: predicar el Evangelio, esa buena noticia que debían de llevar a todos,  con el poder de perdonar pecados, y de retener los que creyeran que debían ser retenidos. Todo un poder legítimo, significativo, creador de un nuevo mundo basado en su ejemplo, en su amor, en la Verdad que Él trajo, otros brazos para Dios. 

Y como era esencial llevar a cabo una definición, el establecimiento de un concepto claro y diáfano de Fe, lo hace en cuanto Tomás, llamémosle el incrédulo, duda de su presencia ocho días antes, ante sus apóstoles, allí, entre ellos, ante sus hermanos de fe. 


Y como este apóstol debía tocar para creer, ver para creer, mirar para creer, le conmina a lo que todos sabemos: trae tus dedos, mira mis manos, etc., ante lo cual no pudo salir otra cosa de su boca que la tan conocida expresión de Señor mío y Dios mío pues comprendió, en aquel justo momento, que el Maestro era no sólo Maestro sino Señor y Dios. 


Ante esta expresión de sumisión a Cristo, éste, define, de una manera radical (de raíz), básica, imperecedera, lo que es la Fe: creer sin haber visto; sin haber visto, dijo. Ahí reside el elemento fundamental de nuestra expresión como cristianos y como hijos de Dios: asentimos ante unos hechos, unas realidades que no somos capaces de comprender. Sin embargo, creemos, tenemos Fe. Y otra cosa que no sea eso, el cuestionar estos hechos y estas realidades con el pretexto de no ser demostrables es, ciertamente, la mejor manera de permanecer alejados del Mesías y, por tanto, de Dios, al que no vemos, pero oramos, seguros, como estamos, de que nos escucha pues, para esto resucitó Cristo.

PRECES

Por todos aquellos que no confían en Dios y en su poder.

Roguemos al Señor.


Por todos aquellos que no tienen esperanza en Cristo.

Roguemos al Señor.

 
ORACIÓN

Padre Dios; ayúdanos a tener siempre en nuestro corazón la salvación que nos has procurado.


Gracias, Señor, por poder transmitir esto.


 
El texto bíblico ha sido tomado de la Biblia de Jerusalén.
 

Eleuterio Fernández Guzmán

Panecillos de meditación


Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.


 
Panecillo de hoy:

¡Señor mío y Dios mío¡ ¿Hay mejor expresión de fe?


Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

11.04.26

Reseña: Poesía diversa – De 20 en 20

Autor: Eleuterio Fernández Guzmán

Editorial: Createspace, Amazon

Páginas: 115

Precio aprox. Tapa blanda4,47€ -Tapa dura: 10,50, €

ISBN Amazon9798254957799

Año edición: 2026

Lo puedes adquirir en Amazon

Otros libros del autor. Y más libros, aquí.

Podemos decir que cuando se presenta la ocasión de juntar, por decirlo así, algunas obras que tienen en común, por ejemplo, el género, no está del todo mal hacerlo para unir, así, lo mismo bajo el mismo techo. Y eso es lo que ha pasado con estos tres libritos de poesía que llevan por título, uno, “Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. 20 poemas desde el corazón”, otro “20 poemas imprevistos y una canción esperanzada” y, por último, el titulado “De la pantalla al corazón. 20 emociones imprevistas”.

Es cierto que dos de ellos, los dos últimos, han surgido, efectivamente, de situaciones imprevistas que han dado lugar a tales poemas, mientras que el primero, el dedicado al Beato Manuel Lozano Garrido ha sido, por decirlo pronto, totalmente buscado y encontrado.

También es cierto que todo esto tiene todo que ver con la situación del alma del que esto escribe en uno o unos momentos determinados. Sin embargo, todo responde a la voluntad imperiosa de dejar por escrito lo que a uno le pasa por el corazón según las más diversas circunstancias y situaciones.

Recopilar es, en suma, dejar junto lo que estaba separado y eso, se diga lo que se diga, puede tener alguna utilidad práctica aunque sea, sólo, tener en un solo volumen lo que está disperso.

Y, ya, para terminar y no alargar más la cosa, me gustaría hacer una advertencia. Y es que, en el improbable caso de que alguien (distinto de Dios) lea este libro se dará cuenta de que hay una serie de poemas (aquí encuadrados en la Primera parte del libro titulado “De la pantalla al corazón. 20 emociones imprevistas”) que son los mismos que se publicaron en el libro 20 poemas imprevistos y una canción esperanzada. Y esta advertencia es que para que nadie crea que se ha hecho, simplemente, por copiar sino porque por seguir un sistema lógico y al tratarse de poemas que surgieron después de ver alguna que otra película he considerado más que oportuno reunirlos en ese nuevo poemario relacionado con el mundo del cine. Y ahora están aquí, en esta recopilación, haciéndose compañía unos a otros.

Y siguiendo el valioso principio que dice que debemos dar gratis lo que hemos recibido gratis, desde ahora mismo quedo a disposición de quien así lo desee y le enviaré, a vuelta de correo, copia del libro en formato pdf de forma totalmente gratuita. Sólo hay que hacer la petición al correo electrónico [email protected]

Eleuterio Fernández Guzmán

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

La poesía es un arma cargada de sorpresas y descubrimientos; otro don de Dios. 

Aforismos de fe católica: del libro de Lolo “Bienvenido, amor” (339)

Cuanto más pura es una ofrenda tanto más resplandece su testimonio


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Para leer Fe y Obras.


Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

6.04.26

Amigo de Lolo – Frases que bien valen la pena – Saber reconocer qué es Dios

HAGIOPEDIA: Beato MANUEL LOZANO GARRIDO “Lolo”. (1920-1971).

PRESENTACIÓN

Ya son algunos años los que, el que esto escribe, lleva haciendo lo propio sobre el Beato de Linares (Jaén, España) en esta casa de InfoCatólica. Siempre ha valido la pena hacer algo así y aportar, aunque sea, un granito de arena a la comprensión de un creyente tan fuerte y profundo como es Lolo.

El linarense universal, que tanta atracción espiritual tiene para quien lo conoce, no deja de producir interés en aquel que se acerca a su persona a través de su obra. Y es que, no pudiendo hacerlo ahora personalmente o, digamos, en la intimidad de la conversación entre amigos, que lo somos todos aquellos que ansiamos serlo, es seguro que acercarse a Lolo de forma cercana nos viene la mar de bien.

Lolo nos acerca a lo bueno que tiene saber que, cuando se es hijo de Dios la mejor forma de serlo es, sencillamente, siéndolo. Y él es una muestra perfecta de cómo hacer algo que, algunas veces, a muchos nos resulta difícil y a algunos… imposible. Acerquémonos, desde ahora, a la obra misma de Lolo y a su intimidad podríamos decir, con lo que vamos a ganar, seguramente, mucho y más que muchoY, para más abundancia de lo bueno y mejor, al final de todo esto les ponemos uno de los aforismos espirituales que publicó Lolo en su libro Bien venido, amor“. Vamos, miel sobre hojuelas, como se dice en la Biblia pues esto, al fin y al cabo, es cosa del alma de cada cual.

Frases que bien valen la pena – Saber reconocer qué es Dios

Como para tirarse por los suelos es ver la ternura que Tú derrochas en el porvenir de los hombres-niños que ahora somos.” (Beato Lolo, de su libro Mesa redonda con Dios)

Es posible que no seamos capaces de comprender en su totalidad el amor que Dios, nuestro Creador tiene para su creación y, por tanto, para nosotros mismos aunque es cierto que creamos que es mucho por las pruebas que a lo largo de la historia ha dado de eso.

El Beato Lolo, que mucho sabía del amor del Padre, nos lo dice de forma muy sencilla y, además, emocionante por las palabras que utilizar para que nos demos una idea, precisamente, de la bondad del Todopoderoso hacia nosotros.

La emoción es tan grande que es, como nos dice Manuel, “para tirarse por los suelos”. Y es que tal expresión denota, en primer lugar, un abrir grande los ojos para apreciar en su totalidad el amor del Creador y, luego, porque nos pone en la tesitura de gozar mucho y más de eso.

Para tirarse por los suelos”. Cuando escuchamos tales palabras salidas de la boca de alguien enseguida pensamos que se trata de algo grande porque hacer eso, es decir, tirarse por los suelos, no es algo que se haga sin que la ocasión lo exija.

Ciertamente, es que la ocasión, esta en concreto, sí lo exige.

¿Y de ocasión estamos hablando?

En realidad, se trata de nuestra propia vida y existencia y ahí es donde Dios incide con toda su fuerza que es, como sabemos, toda del todo: nos ama sin límite alguno y por eso mismo es tal realidad algo que nos hace tirarnos por los suelos de contentura y de alegría.

El caso es que el trato que Dios tiene con nosotros, y a eso se refiere el linarense universal, es de tal calibre que lo que hace lo prodiga con ternura y no de forma adusta o excesivamente rígida. Al contrario es la verdad: Dios nos ama de la forma más tierna que su corazón puede que es, como podemos imaginar, toda del todo: una ternura tierna, tierna, tierna, de corazón más que tierno y no de piedra.

Dice Lolo que Dios “derrocha” con nosotros su ternura y eso ha de querer decir que nos ama con una locura que nadie, seguramente, somos capaces de entender. Sin embargo, sí es cierto que algo de eso nos llega al corazón y calma todas nuestra ansias muy por encima de todas nuestras expectativas.

De todas formas… ¿En qué situación nos encontramos?

Como bien sabemos, nosotros somos poca cosa si nos comparamos con Dios. Por eso estamos en estado de ser “hombres-niños” porque siempre estaremos en situación tal que seamos, eso, niños que amamos a nuestro Padre del Cielo.

Nosotros, por decirlo pronto, debemos mirar siempre hacia adelante. Y es que en el camino de nuestra vida el porvenir, del que aquí habla Lolo, es lo que en realidad interesa a nuestro corazón y del que siempre hablamos, al menos para nosotros mismos. Y en tal porvenir Dios derrocha su ternura porque nos quiere cabe sí y, si es posible, que nosotros aceptemos eso de estar a su lado siempre, siempre, siempre y más.

Eleuterio Fernández Guzmán

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Entender el sufrimiento es un bien más que importante.

Aforismos de fe católica: del libro de Lolo “Bienvenido, amor" (158)

La fragua de tu vida es tu propio corazón.”

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Para leer Fe y Obras.


Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

 

5.04.26

La Palabra para el Domingo – Domingo, 5 de abril de 2026

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Jn 20, 1-9


“1 El primer día de la semana va María Magdalena de madrugada al sepulcro cuando todavía estaba oscuro, y ve la piedra quitada del sepulcro. 2 Echa a correr y llega donde Simón Pedro y donde el otro discípulo a quien Jesús quería y les dice: ‘Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto.’ 3 Salieron Pedro y el otro discípulo, y se encaminaron al sepulcro. 4 Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió por delante más rápido que Pedro, y llegó primero al sepulcro. 5 Se inclinó y vio las vendas en el suelo; pero no entró. 6 Llega también Simón Pedro siguiéndole, entra en el sepulcro y ve las vendas en el suelo, 7 y el sudario que cubrió su cabeza, no junto a las vendas, sino plegado en un lugar aparte. 8 Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado el primero al sepulcro; vio y creyó, 9 pues hasta entonces no habían comprendido que según la Escritura Jesús debía resucitar de entre los muertos”.


COMENTARIO

 Y ¡Resucitó!

 
Aunque no podamos decir que sepamos lo que pensaron aquellos dos discípulos asustadizos (Pedro y Juan) no es poco cierto que podemos hacernos una idea de lo que pasó por sus corazones cuando aquella mujer, María Magdalena, entró corriendo donde estaban escondidos por miedo a los judíos, y les dijo que no estaba el cuerpo del Maestro. 

Aquella mujer, por cierto, amaba mucho a Jesús.Va al sepulcro cuando aún es de noche. Quiere visitar al Maestro y, seguramente, acabar de arreglar su cuerpo porque, por las prisas del viernes es posible que no terminaran las labores propias en tal caso. Y allí que acude, presurosa aprovechando las primeras horas del día. 

Pero lo que encuentran no les gusta. En realidad, es posible que no acudiera ella sola al sepulcro porque el texto de San Juan pone en boca de María Magdalena “no sabemos dónde lo han puesto”. Serían, pues, las santas mujeres que acompañaron a Jesús en el tránsito de su Pasión las que fueran allí para hacer lo que tuvieran que hacer.

Los discípulos más arrojados, Juan y Pedro, el amado de Jesús y el primus inter pares (primero entre iguales) salen corriendo. Es decir, el más joven de ellos y quien sería el encargado por Jesús de dar forma a su Iglesia, no pueden resistir la situación: si, además de haberlo matado de aquella forma ahora robaban su cuerpo.

En realidad, aún no acababan de entender que todo lo que Jesús les había dicho muchas veces: moriría y, luego, resucitaría… al tercer día. Y aquel domingo era, precisamente, el tercer día.

Pedro, que llega después de Juan, ve lo que ha pasado. Es, sin duda, el de más edad y llega más tarde que Juan pero tiene preeminencia entre los apóstoles y no duda lo más mínimo en entrar. Mientras, Juan se queda en la puerta esperando y, cuando entra dentro se da cuenta de que las telas que habían cubierto al Señor no están tiradas por tierra (propio de un robar el cuerpo) sino que estaban puestas tal como las habían dejado en el cuerpo como si hubiera “salido” del mismo de una forma misteriosa y maravillosa. Y eso le hace creer pues no es de extrañar que Jesús le hubiese dicho, en alguna ocasión (en confidencia de quien sabía tener mucha fe y confianza) que tal sería su Resurrección. Por eso creyó cuando vio pues se había confirmado todo lo dicho por el Maestro.


Y no es poco cierto que en los apóstoles discurriera, por sus corazones, una doble seguridad: Jesús había resucitado (como verían muy pronto y comprobarían por ellos mismos) sino que, además, eso confirmaba que todo lo que el Maestro había dicho se había cumplido y todo, pues, era verdad de la verdadera. No debe extrañarnos, por tanto, que todo el miedo que, hasta entonces, había dominado sus vidas (por miedo a sufrir muerte semejante a la de Jesús) se trocar en osadía, en alegría, en gozo y, en fin, en arrojo propio de quien ya no tiene más miedo sino que se da cuenta de que la vida eterna está a su alcance. Y, ante eso, no hay obstáculo alguno que se les pueda enfrentar.


PRECES

Por todos aquellos que no creen en la Resurrección de Cristo.

Roguemos al Señor.

 
Por todos aquellos que no tienen esperanza en la vida eterna.

Roguemos al Señor.

 
ORACIÓN

Padre Dios; ayúdanos a confiar en todo lo dicho y hecho por Jesucristo.


Gracias, Señor, por poder transmitir esto.


 
El texto bíblico ha sido tomado de la Biblia de Jerusalén.

  
Eleuterio Fernández Guzmán

Panecillos de meditación


Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

 
Panecillo de hoy:

Y resucitó como había dicho.


Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

4.04.26

Ampliación de reseña: Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo – 20 poemas desde el corazón. POEMARIO COMPLETO

Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo: 20 poemas desde el corazón                 Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo: 20 poemas desde el corazón

Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo – 20 poemas desde el corazón

Autor: Eleuterio Fernández Guzmán

Editorial: Createspace, Amazon

Páginas: 34

Precio aprox. Papel: 4,37€ - Descargable: 0,90 €

ISBN Amazon: 9798254446408

Año edición: 2026

Lo puedes adquirir en Amazon

Otros libros del autor. Y más libros, aquí.

Hay creyentes católicos que inspiran confianza y de los que se puede decir que sus enseñanzas valen la pena. Y podemos decir que el caso de Manuel Lozano Garrido, Lolo, a la sazón Beato de la Iglesia católica desde el 12 de junio de 2010 es uno de ellos.

Quien conoce a Lolo es, sin duda, más feliz que antes de conocerlo. Y esto, que podría parecer una exageración, deja de serlo cuando podemos decir que llevar al linarense universal al corazón supone, de inmediato, un ensanchamiento de este y, por eso, un mayor acercamiento de Dios.

Lolo nos viene la mar de bien para darnos cuenta de que lo que puede parecer imposible muchas veces no lo es. Y no lo es porque cuando alguien como Manuel demuestra que, ante el dolor, es posible no sólo seguir adelante sino sobrevolar el mismo mundo sin poder poner un pie en el suelo nada parece inalcanzable. Y es cierto que Lolos, a lo mejor, no ha habido muchos en el mundo pero a nosotros nos basta y nos sirve haber conocido a quien, desde un sillón de ruedas ha dado los pasos más grandes para conocer el universo todo y, además, ha sido capaz de transmitirnos que basta tener una fe tan grande como él la tenía para mirar hacia adelante y saltar todos los obstáculos.

Nuestro amigo, porque así podemos llamarlo y es seguro que él nos tiene por tales, nos ofrece, con su vida y ejemplo, la posibilidad de levantar la cabeza cuando la podríamos tener agachada, de mirar al frente con gallardía ante lo que pudiéramos considerar imposible de sobrellevar pero, sobre todo, nos mira desde el Cielo con la dulzura propia de un corazón de carne y con la compresión de quien nos conoce y reconoce.

Lolo, por decirlo pronto, ilumina nuestra vida y nos procura lo mejor que podamos ser pues en su persona, en lo que fue y sigue siendo encontramos una raíz, un faro, un fin.

Les pongo aquí el Índice (también traducido el castellano en lo que es necesario):

Presentación

Poemas :

Una espiritualidad bien arraigada

Un incansable trabajador

Unos mandamientos más que ciertos

Un amor, María

Fiel a la Iglesia

Un prójimo muy prójimo

Un dolor con escafandra

Ansia de vivir

Un dolor sobrenaturalizado

Alegría en grado sumo

Lo más cerca de Dios

Un sillón-hermano

Hermana Lucy

Amigos para siempre

Es que es Beato

Dar la bienvenida al Amor

Lolo no tenía celemín

Libros para la eternidad

Sin sillón en el Cielo

Te rogamos ruegues

Un más que necesario Epílogo

Soneto a Lolo

Acerca del autor

Por otra parte, les dejo con uno de los poemas de los que componen esto que les estoy presentando que es, precisamente, el apartado de título Un más que necesario Epílogo.

Soneto a Lolo

Beato Lolo, luz clara, callada,

supiste ver en la cruz la alegría,

claridad en la noche fue tu día,

y con fe luminosa, entregada.

Oración de tu alma enamorada,

llama de luz que a Dios se dirigía,

verso cierto que consuelo tenía,

al Padre, para Él, paloma alada.

De tu lecho y tu sillón te elevabas

y dejando una dulce, gran estela,

y amor y alma en tu sutil compañía.

Amigo querido, no te cansabas

de adorar, cual vigía, centinela

y en el dolor hallaste melodía.

Por cierto, en el apartado Sobre el autor se encuentran los libros escritos y publicados (casi todos en autoedición…) del que esto escribe. 

Y siguiendo el valioso principio que dice que debemos dar gratis lo que hemos recibido gratis, desde ahora mismo quedo a disposición de quien así lo desee y le enviaré, a vuelta de correo, copia del libro en formato pdf de forma totalmente gratuita. Sólo hay que hacer la petición al correo electrónico [email protected]

¡Ea!, que les pongo el poemario completo. 

Una espiritualidad bien arraigada

 

Sobre el amor y la vida,

sobre el bien conocido

que llega al alma.

Sobre el silencio

Y no el olvido,

sobre la esperanza

atesorada

en horas de sufrimiento

y duelo.

Sobre los bienes

alcanzados

y donados por Dios,

sobre la misma senda

que al Cielo lleva.

Allí, sobre tales estancias

construiste un mundo

de maravilloso porvenir,

un mundo de fidelidad,

un saber ser hijo

del Padre,

un querer y poder,

un verse dándose cuenta

de todo,

acariciando cada gesto

con un espacio eterno,

para siempre,

con Dios mismo.

 

Un incansable trabajador

 

No había distancias,

ni había limites

que guardar.

No había imposibles

sino logros,

luces y no sombras,

palabras y sílabas.

No había dudas

ni había lejanías

sino espacios tuyos,

personales, íntimos.

No había noes

sino síes,

acento sobre el sí,

así, siempre así,

siempre sí.

No había sino

esfuerzo, intención,

gracia de Dios,

inspiración del Espíritu;

y ahora y mañana.

No había tiempo que perder,

no había sino ganas

de lo mejor.

No había, Manuel,

más que tú, tú mismo

con tu amigo Cristo,

así, bien hermanos. 

Unos mandamientos más que ciertos

 

Desgranaste la esencia

de la palabra,

cómo saber el qué,

el cómo perfecto,

el quién necesario,

por qué aunque moleste.

Y por ser, tu Decálogo,

para aquellos que urgen

palabras

es para siempre,

eterno en sus sílabas,

certero en tales sentencias,

imaginativamente exacto.

Son mandamientos

dados para el bien hacer,

diez, como aquellos dados

por Dios

pero para hombres

de imprenta y tinta,

para aquellos que deben transmitir

los ejes del mundo

para que se ciernan

las cosas bien dichas,

sin dudas y aunque

duelan,

así, por el bien

del corazón.

 

Un amor, María

 

Ya Cristo lo dijo:

“ahí tienes a tu Madre”,

y en serio lo tomaste.

María, Madre tuya

y cercana,

en quien confiar

penas, Madre

a quien dirigirse,

en peñas de tus sueños,

en ríos que te llevaron

por el mundo

sin los pies poner

en el suelo.

Madre tuya, siempre,

Madre de cariño,

Madre, Madre y Madre.

En tu casa

la aceptaste, como Juan,

en tu corazón

le hiciste un lugar,

un cercano gozo

que duraba y no

cansaba,

un porvenir que tenía

su nombre, los acentos eternos

de sus letras,

un ser que tenías por centro,

así, para siempre.

Fiel a la Iglesia

 

Como una madre buena,

como un lugar sagrado,

como una estancia digna

de ser amada,

así aceptaste la señal

dada, aquel bautismo

en Linares,

así quisiste ser hijo,

para serlo bueno,

para ser fiel a sus palabras,

para recogerse en sus

templos,

para tener por bueno

un ser y un hacer.

Iglesia, así,

donde guarecerse

en la llovizna del mundo,

donde acoger al otro,

donde querer ser

para poder ser,

donde ir, con el tiempo,

con sus pasos ciertos,

con al exacto merecer

de ser hijos,

de hermanos ser.

Como una madre buena,

la Iglesia, tú mismo, Manuel,

refugio y barca, y mismo mar.

Un prójimo muy prójimo

 

De ti dicen que sí,

que sí y que sí,

que ni había horas

perdidas,

que ni tiempo egoísta,

que todo era por bien

de tu prójimo;

que sí, que estabas ahí,

cercano y oportuno,

que tu palabra era

esperada,

que tu corazón

se abría,

que no había oscuridad

sino luz, 

que para Manuel

todo era poco,

que nada se guardaba,

que sí, que sí,

siempre que sí.

  

Un dolor con escafandra

 

Su vida pasó Manuel

y caminó por el mundo

sin bajarse del sillón

o de la cama que lo retuvo.

Su vida pasó Manuel

sobre alfileres sentado,

duros minutos sufrientes,

horas de espanto en el cuerpo.

Su vida pasó Manuel

sobre ascuas por dentro,

con el corazón grande

y el alma dando sustento,

luchando por no querer

ser sufridor para el otro,

que nadie sintiera opresión

al pensar en su amigo,

que no se escucharan

de sus lágrimas

ni un poco el sonido.

Su vida pasó Manuel

ansiando una escafandra,

que fuera suyo su dolor

y no en el prójimo una huella.

Es un amor

muy propio del buen cristiano,

que nadie sus cuitas sufra,

que se queden para él

y que su corazón bien nutra.

Ansia de vivir

 

Corazón limpio,

alma blanca,

versos que riman

vida y elegida,

sustancia de eternidad,

querencia por Dios,

por alcanzar el Cielo

mediando el valle,

de sus mismas lágrimas

apabullante.

Tierno suceso diario,

camino exacto

hacia el fin, faro

entrevisto,

querer y poder,

ser y anhelar.

Corazón de carne

y de piedra alejado,

sublime acto de amor

conocido y practicado,

amor, en suma

y en suma afán.

vivir, querer ser

y serlo.

  

Un dolor sobrenaturalizado

 

Mirando al Cielo

y caminando,

sabiéndose hijo

de un Padre Eterno,

sabiendo.

Haciendo de su vida

un ejemplo bien tenido,

elevando el dolor

hacia destinos bien ciertos,

y no dejando que ese poso

herrumbre fuera en su alma

y siquiera diera sustancia

a lo que no fuera calma.

Elevando así su mirada

hacia arriba, bien elevada,

dejaba que su dolor

de tal forma se transformara,

ejemplo de lo mejor,

que lo posible alcanzara,

que fuera gozo el sufrir,

que lo sobrenaturalizaba.

Y así Manuel alcanzar la gloria

supo,

teniendo muy dentro a Dios,

sabiendo ser hijo suyo.

  

Alegría en grado sumo

 

Mirar al Cielo

y dar gracias,

saberse escogido

para sufrir y ofrecer,

reconocerse hijo

del Padre,

ser libre para aceptarlo.

 

Tener un corazón

de fuerza,

un alma limpia

entregada a existir,

ser fuente de gozo,

silencio al dolor,

al sufrimiento un mutis.

 

Mirar al otro

con sonrisa grande,

saber dar la mano

sin poder sus dedos

acariciar lo dado.

 

Manuel, Lolo,

árbol de luz

sin celemín donde esconderla,

júbilo, regocijo, contento,

tú, todo.

 

Lo más cerca de Dios

 

Desde tu sillón, Manuel,

allí donde el tiempo se quedó

para siempre contigo,

donde el mundo se acercó

para quedarse a tu lado,

cabe tu corazón grande.

 

En una distancia

que no existe,

rotas las lejanías

y ciertos los hilos

que te unían al Padre.

 

Cerca, cerca del corazón

de Quien todo lo ha creado

y mantiene,

cerca de su Amor,

cerca.

 

Cerca de Aquel que te nombró

hijo, que te hizo hijo,

que te sostuvo como hijo.

Cerca. Cerca para siempre,

y cerca entonces y ahora,

ahora en su Visión,

Cerca.

 

Un sillón-hermano

 

Dos ruedas y un espacio,

sillón-hermano.

Siempre a tu lado,

Manuel,

sosteniéndote todo,

sillón-hermano.

 

Conociendo tus ahoras,

tus entonces y tus horas,

siendo tierno en su dureza,

acariciándote sin descanso,

sillón-hermano.

 

Libre ya de ataduras

cuando subiste tú al Cielo

y te dejó allí en Linares,

ya sin su amor,

ya sin su dueño.

 

Sillón-hermano,

ni sólo mueble

ni mueble solo,

siempre contigo,

siempre a tu lado,

sillón-hermano.

 

 

Hermana Lucy

 

Manos y corazón,

palabra y sostén,

lucha y gozo,

amor en suma.

 

Hermana Lucy,

luz gemela de la luz,

escogida bien la libertad,

madre también,

todo fuiste para él.

 

Para Manuel,

por Lolo,

que no estuviera solo,

que tus manos

fueran las suyas,

que tus ojos

sus ojos.

 

Lucy, hermana,

¿escondiste cuántas lágrimas?,

entre mañanas y noches,

entre cojines y sábanas.

 

Lucy, hermana,

seguro que ahora lo cuidas

entre las nubes más altas.

 

Amigos para siempre

  

A la Fundación Amigos de Lolo

  

Estuvieron cerca,

de su compañía gozaron,

amigos de entonces

y que ahora recordamos.

 

Supieron quererlo,

amigos de Lolo,

de Lozano, Manuel,

de Garrido entero.

 

Aquellos amigos

que dieron sus manos

y supieron tener

ocasión de nombrarlo,

llevan su espíritu arriba,

su ejemplo para citarlo.

 

Amigos de entonces,

hermanos cercanos,

qué bien que sostuvisteis

la espada bien en alto,

que justo es, sin duda,

las gracias, pues, ya daros.

 

Es que es Beato

 

Dijo una tarde Manuel

que Beato nunca sería,

siendo como que es

anécdota bien conocida.

 

Y los caminos de Dios,

que sabemos tan extraños,

supieron dar con su nombre

en los altares más altos.

 

Era un doce de junio,

y llovía sin descanso,

era en Linares su pueblo,

y muchos allí esperando,

año de Nuestro Señor

del 2010 recordado.

 

Beato, sí, Manuel. Beato,

a pulso que fue ganado

ese lugar tan cercano,

que muchos los corazones

son los que te nombran gozando.

 

Te pedimos, y es por eso,

que ruegues por los de aquí abajo.

 

Dar la bienvenida al Amor

 

En su corazón quiso,

Manuel es que lo aceptó,

con grande gozo y alegría

a Dios mismo recibió.

 

Era Su Templo completo,

era todo su corazón,

era lo primero de su vida,

era todo su Amor.

 

Lolo desde Linares,

allí mismo encontró

la llama viva en su casa,

allí mismo la aceptó,

allí hizo eterna su palabra

aquella que dijo “yo”,

aquella que con su verbo

dio bienvenida al Amor.

 

Hizo nido en su alma,

allí quedó y fructificó,

un tanto por ciento elevado

la semilla que Dios sembró

y es que era tierra fértil

donde Adonaí llegó,

vio, miró y se quedó.

 

Lolo no tenía celemín

 

Por la boca y con las manos,

desde su sillón,

desde su ventana

y su cama.

 

Manuel no escondía nada,

ni se permitía intentarlo,

dudar con una palabra,

tratar de disimularlo.

 

Lolo lo proclamó,

su fe más que bien habló,

teniendo por buen presente

que se supiera su voz,

que hablara de su alma,

de su lucha,

de su amor.

 

Con la boca y por las manos

en nada Lolo se escondió,

dejando su clara huella,

el paso que siempre dio

y es que nunca, que se sepa,

un celemín compró.

  

Libros para la eternidad

 

Para pervivir. Escribió Manuel

para que quedase un mensaje

limpio, para cada amigo,

para quien quisiera conocer

cómo inspira el Espíritu.

 

Cada palabra dicha,

cada idea sugerida,

cada posible bien

se confirma en ellos,

libros dignos de un santo,

de quien conoce el decir,

de quien se deja llevar

por la mano invisible

de su alma.

 

Gracia, sin duda,

espíritu, cierto,

líneas que el corazón llenan,

instancias altas

traídas al mundo,

ejemplo perenne de lo que Dios

hace,

de quien es escogido para

iluminar. Y así es.

 

Sin sillón en el Cielo

 

Quedó seguro descontento,

en el mundo se quedó,

con sus ruedas sin sustento

pues el alma se elevó.

 

Manuel que voló y voló

y su alma vislumbró

las verdes praderas del Cielo

estaba ya su sillón.

 

¿Cómo has quedado, amigo?,

tanto como te quiero yo,

en mis días en el mundo

ni una queja se te oyó

de tener que sostenerme

con mis dolores y mi yo.

 

Y dicen los que saben

de añoranzas y de amor

que las ruedas de su cuerpo

esas que son dos,

quisieran tener a Lolo,

una vez, un qué sé yo,

y es que humildes son mis ruedas

y llevarte fue un honor.

 

Te rogamos ruegues

 

Nos dirigimos a ti

y esperamos tu auxilio,

Manuel Lozano Garrido,

que en el Cielo tienes sitio.

 

Nos dirigimos a ti

y queremos dedicarte

las palabras que nos salen

de bien dentro del alma.

 

Queremos que nos escuches,

que pongas las intenciones,

que queremos sean santas,

a los pies del mismo Cristo,

con quien te ves de cara.

 

Nosotros aquí quedamos,

pidiendo que seas amigo,

que nuestras cuitas entiendas,

que las oraciones las veas,

que las escuches, que las tengas.

 

Manuel Lozano Garrido,

ya que estás en el Cielo

¿Quieres acercar al Padre

todos nuestros desvelos?

Sabemos que será sí

la respuesta a nuestro anhelo.

Un más que necesario Epílogo

 

Soneto a Lolo

 

Beato Lolo, luz clara, callada,

supiste ver en la cruz la alegría,

claridad en la noche fue tu día,

y con fe luminosa, entregada.

 

Oración de tu alma enamorada,

llama de luz que a Dios se dirigía,

verso cierto que consuelo tenía,

al Padre, para Él, paloma alada.

 

De tu lecho y tu sillón te elevabas

y dejando una dulce, gran estela,

y amor y alma en tu sutil compañía.

 

Amigo querido, no te cansabas

de adorar, cual vigía, centinela

y en el dolor hallaste melodía.

 

Eleuterio Fernández Guzmán

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

La poesía es un arma cargada de sorpresas y descubrimientos; otro don de Dios. 

Aforismos de fe católica: del libro de Lolo “Bienvenido, amor” (339)

Cuanto más pura es una ofrenda tanto más resplandece su testimonio

……………………………

Para leer Fe y Obras.


Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.