InfoCatólica / Liturgia, fuente y culmen / Categoría: Liturgia general

25.08.20

Si no hay coro, ¿se canta en la Misa dominical?

sacerdote

El coro parroquial presta un gran servicio con el canto litúrgico, fiel al texto del Ordinario de la Misa, sosteniendo el canto de todos en algunos momentos, ayudando siempre a la solemnidad y a la oración (Canto de entrada, el Gloria, el salmo responsorial, el Sanctus, Agnus Dei, canto de comunión).

Pero si no hay coro parroquial, ni organista siquiera, la Misa sigue requiriendo su solemnidad, su prestancia y calidad orante, el canto. No es normal, no es tampoco pastoralmente bueno, que si no hay coro (como suele suceder desde el Corpus hasta principios de octubre) o si el coro sólo canta en una de las varias Misas dominicales, no se cante nada porque el canto en la liturgia no es prerrogativa exclusiva del coro parroquial, sino que el canto es –cada cual en su nivel- del sacerdote, de los ministros y de los fieles a una voz.

La Misa dominical santifica el domingo, es la Gran Liturgia, pide, es connatural a ella, el canto, un tono reposado y solemne: ¡es el domingo, día del Señor resucitado!

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18.08.20

Piedad, objetiva y subjetiva (Notas de espiritualidad litúrgica - III)

 escorial  Conviene distinguir los conceptos, para que queden claros, y luego poder llegar a síntesis luminosas que nos ayuden a conocer y luego aplicar la espiritualidad litúrgica.

    Existe la piedad objetiva y la piedad subjetiva, y ojalá ambas vayan coincidiendo armónicamente en el sujeto, en la persona.

a)      La Piedad objetiva:

  • -es el culto público de la Iglesia entera
  • -es la espiritualidad litúrgica, o sea, la actividad espiritual privada fundada en el espíritu de la liturgia;
  • -en algunos casos, el exceso de rechazar cualquier acto de piedad que no venga de la liturgia.

b)      La piedad subjetiva puede designar:

  •  -actividad espiritual privada
  • -formas de piedad privadas no inspiradas en la liturgia
  • -o una exaltación de lo privado y personal disminuyendo la importancia de la acción sacramental.

      Con la encíclica de Pío XII Mediator Dei, de 1947, hallamos los siguientes principios y normas clarificadores:

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28.07.20

La vía del mal gusto (o «qué cosa más fea»)

iglesias modernas Cuando tanto hablamos de belleza y de la “via pulchritudinis", debemos darnos cuenta de que la realidad que hoy se impone es el feísmo, las cosas utilitarias, o “la vía del mal gusto". Es una estética reinante fea, que va unida al rechazo a la Verdad y al Bien. Lo que es Bello en sí mismo sí va unido a la Verdad y al Bien.

Sociedad y cultura actuales han privilegiado ese “mal gusto"; la Iglesia, hija de su tiempo, con hombres que son hijos de su tiempo, ha asumido demasiado ese camino de fealdad en su música, en sus cantos, en sus “obras artísticas” (si pueden llamarse así) y en sus edificios. Aun cuando a veces esa banalidad en las formas y en los contenidos se justifiquen por la palabra talismán “pastoral", la pastoral auténtica sabe privilegiar los caminos de la belleza como vía de acceso y de comunicación del Misterio.

La Iglesia siempre se ha mostrado amiga del arte verdadero, pero no se identifica con estilo artístico ninguno, no reconoce ninguno como propio y exclusivo. Se adapta a la cultura de cada época, de regiones distintas, a condición de que sea belleza verdadera. Sería una contradicción construir hoy y celebrar hoy con el paradigma del “barroco” como único estilo bello y eclesial o la reproducción de lo bizantino como único arte y expresión evangelizadora; y tampoco sería verdadero y bello asumir acríticamente la música actual y la arquitectura actual, secularizando la belleza y el sentido del Misterio de Dios dándose.

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30.06.20

¿Qué se pone encima del altar? ¿Es una repisa para todo?

altar san leandro Cuando en la iglesia vemos el honor que merece el altar, debemos elevar los pensamientos.

El altar es revestido de manteles, con flores y cirios; se venera con una inclinación profunda cada vez que se pasa delante de él; el sacerdote lo besa.

Es una Mesa santa, el ara del sacrificio, el signo de Cristo, roca de la Iglesia, piedra angular. Es el símbolo de la Mesa celestial, allá donde Cristo invita a todos los que quieran acudir, con el traje de bodas, a las nupcias del Cordero y la Iglesia.

Al ver en la iglesia el altar, hemos de pensar también en aquel altar interior, el propio corazón, que debe ofrecer sacrificios y holocaustos de alabanza al Señor.

La misión de Cristo y del Espíritu Santo que, en la liturgia sacramental de la Iglesia, anuncia, actualiza y comunica el Misterio de la salvación, se continúa en el corazón que ora. Los Padres espirituales comparan a veces el corazón a un altar. La oración interioriza y asimila la liturgia durante y después de la misma. Incluso cuando la oración se vive “en lo secreto” (Mt 6, 6), siempre es oración de la Iglesia, comunión con la Trinidad Santísima (cf Institución general de la Liturgia de las Horas, 9) (CAT 2655).

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9.06.20

«Oremos» - ¿Y por qué no te callas? -¡Espérate un poco, por favor!

Oración colecta La oración colecta es la primera oración que el sacerdote recita in nomine Ecclesiae. Pero va precedida por un “Oremos".

“Oremos”. ¿Qué es este “Oremos”? ¡Una invitación a orar, a callarse, a recogerse y rezar en el silencio del corazón!

“Oremos”. ¡¡Hay que pararse!! No se trata de un aviso para que, del tirón, corriendo, sin respirar, se recite ya la oración colecta.

“Oremos”. ¡Vamos a rezar! Despacio, sin prisas. Pausa. Silencio. El sacerdote se detiene para rezar y todos los fieles también.

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