InfoCatólica / Liturgia, fuente y culmen / Categoría: Liturgia general

23.10.19

Ministerios para la liturgia dominical

Para el correcto desarrollo de la liturgia hacen falta ministros. Primero, claro, el sacerdote… pero también otros ministros. Y hay que proveer que los haya, bien formados y preparados, sabiendo cada cual lo que debe realizar en el altar, al servicio de la liturgia, glorificando a Dios.

    En primer lugar los acólitos, que atienden el servicio del altar. Son importantes, ya sean acólitos instituidos, ya sean monaguillos. Permiten el desarrollo solemne de la liturgia: procesión de entrada con cruz y cirios, la incensación, asistir al altar en el ofertorio, lavatorio de manos del sacerdote, bandeja para la comunión, etc. etc. Los monaguillos han sido servidores del altar y, en muchas ocasiones, un vivero vocacional. Merece la pena cultivarlos y, donde no los haya, invertir tiempo para formar un buen grupo de monaguillos que asistan a todas las Misas. Ya volveremos otro día sobre este punto.

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9.10.19

Te Deum (I - Respuestas XLIX)

1. En el siglo V se comienza a emplear en la Iglesia un himno festivo de acción de gracias, el Te Deum. Se emplea en solemnes ocasiones de acción de gracias a Dios convocando al pueblo cristiano al canto del Te Deum.

En la actual Liturgia de las Horas, el Te Deum se canta o se recita al final del Oficio de lecturas, antes de la oración conclusiva, en los domingos, fiestas y solemnidades (exceptuando los domingos de Cuaresma). Así dicen las rúbricas de la IGLH:

«En los domingos, excepto los de Cuaresma, en los días de la Octava de Pascua y de Navidad, en las solemnidades y fiestas, después de la segunda lectura, seguida de su responsorio, se recita el Te Deum, el cual se omite en las memorias y en las ferias. La última parte de este himno, desde el versículo «Salva a tu pueblo, Señor» (Salvum fac populum tuum) hasta el fin, puede omitirse libremente» (IGLH 68).

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26.09.19

Gloria al Padre (y II - Respuestas XLVIII)

3. Al parecer, ya en el siglo IV se había extendido por todas partes la costumbre de terminar el canto de cada salmo con el «Gloria al Padre», costumbre ininterrumpida.

La Introducción General a la Liturgia de las Horas determina el uso del «Gloria al Padre». Esta doxología concluye la invocación inicial «Dios mío, ven en mi auxilio» (IGLH 41). Cada salmo y cada cántico concluye también con esta doxología (a no ser que expresamente se diga lo contrario, como ocurre con el Cántico de las criaturas de Dn 3): «al final de cada salmo se mantiene en vigor el concluir con el «Gloria al Padre» y «como era». Pues el Gloria es la conclusión adecuada que recomienda la tradición que da a la oración del Antiguo Testamento un sentido laudatorio, cristológico y trinitario» (IGLH 123).

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19.09.19

Gloria al Padre (I - Respuestas XLVII)

1. Muy especialmente en la Liturgia de las Horas, y en devociones tales como el rosario, una de las plegarias por las que participamos en la liturgia es el «Gloria». Se le llama «doxología menor» para diferenciarla de la «doxología mayor» que es el himno «Gloria a Dios en el cielo».

Ya desde muy antiguo, la Iglesia alabó así, brevemente, a la santísima Trinidad, nombrando a las Tres Personas y confesando que sólo a Dios se le debe la gloria, la alabanza, el honor y el poder. Así esta doxología es una alabanza y una confesión de fe al mismo tiempo: «Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo».

Las doxologías o alabanzas[1], que la Iglesia canta en su liturgia dependen de las del NT, y éstas, a su vez, guardan relación con las doxologías del Antiguo Testamento. En el NT hay una serie de doxologías dirigidas sólo al Padre; otras dirigidas al Padre por Cristo y algunas solamente a Jesucristo. Se entonan estas doxologías considerando los atributos de Dios, o las obras de su creación y sobre todo sus maravillas en la historia de la salvación y de la redención de los hombres.

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12.09.19

Nunc dimittis (Respuestas XLVI)

1. Ha llegado la noche, es el tiempo del descanso nocturno. Una jornada más ha transcurrido, ofrecida a la gloria de Dios, santificada. Ahora, brevemente, la Iglesia reza las Completas para encomendar a Dios el descanso de la noche: «Las Completas son la última oración del día, que se ha de hacer antes del descanso nocturno, aunque haya pasado ya la media noche» (IGLH 84).

2. Su breve estructura –examen de conciencia, himno, salmo, lectura breve y responsorio– realza más si cabe el cántico evangélico «Nunc dimittis», el cántico de Simeón al ver a Cristo en su Presentación en el Templo de Jerusalén. «Con el cántico podemos decir que culmina esta Hora» (IGLH 89).

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