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1.12.20

¿La Liturgia de las Horas es para los seglares? ¿O eso es clericalizar? Y además una app

Liturgia de las Horas

Con suma claridad, expuso el Concilio Vaticano II lo siguiente: “Procuren los pastores de almas que las Horas principales, especialmente las Vísperas, se celebren comunitariamente en la Iglesia los domingos y fiestas más solemnes. Se recomienda, asimismo, que los laicos recen el Oficio divino o con los sacerdotes o reunidos entre sí e inclusive en particular” (SC 100).

Obsérvese: se insta que los laicos recen el Oficio divino, con los sacerdotes, o reunidos entre sí o en particular, cada cual en su hogar. ¡Eso sí es doctrina del Vaticano II y no otras cosas que se le atribuyen basados en un supuesto “espíritu del Concilio”, tan subjetivista!

La Liturgia de las Horas, llamada también Oficio divino, es oración de toda la Iglesia, de todo el Cuerpo místico, uniéndose a Cristo: “la voz de la Iglesia o sea, de todo el Cuerpo místico, que alaba públicamente a Dios” (SC 99). Si se dice que es de toda la Iglesia, eso incluye a cada uno de sus miembros, sea clérigo o seglar, consagrado por votos o unido en santo matrimonio. Siendo la oración de la Iglesia, pertenece a cada uno de sus hijos, sea cual sea su estado de vida cristiano. Cada bautizado, con esta oración litúrgica, realiza la “oración pública de la Iglesia” (SC 98), se constituye en Iglesia orante, incluso si está solo en su hogar orando o de rodillas ante el Sagrario. “Expresa la voz de la amada Esposa de Cristo, los deseos y votos de todo el pueblo cristiano, las súplicas y peticiones por las necesidades de todos los hombres” (Pablo VI, Const. Laudis canticum, n. 8).

Unos tienen encomendado el oficio y obligación de rezar la Liturgia de las Horas, los contemplativos, monjes y monjas en el coro, y los obispos y sacerdotes, garantizando así que cada día, en comunidad o en particular, se eleve la oración de alabanza y súplica de la Iglesia. Es un encargo, un oficio: asegurar ininterrumpidamente la Liturgia de las Horas. Y deben dedicarle tiempo y amorosa entrega, también los sacerdotes, orando por sus fieles y en nombre de sus fieles, frenando la actividad frenética. ¡Preocupante señal si un sacerdote apenas reza o nunca reza la Liturgia de las Horas, arrinconando el Breviario!

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24.11.20

Prepararnos con la lectura y la lectio divina (Notas de espiritualidad litúrgica - XIII)

lectio La liturgia requiere preparación. La improvisación, la premura consigue que el alma esté impermeabilizada a la gracia de la liturgia; no puede entrar en la liturgia de forma inmediata, automáticamente. Hace falta prepararse. Dejar atrás el ruido del mundo, penetrar en el ámbito de lo divino. Apagar sensaciones, charlas, pensamientos, ruidos y distracciones. Pacificarlo todo para que se llene de Dios y su gracia.

Como preparación próxima a la liturgia ayuda y es eficaz la lectura espiritual en sentido amplio y la lectio divina propiamente dicha, con los textos bíblicos.

La lectura siempre es beneficiosa: ilustra la mente, suministra conocimiento a la inteligencia, enciende la voluntad y la orienta en su actuar. La lectura espiritual es sumamente provechosa para el crecimiento de la vida interior.

Esta lectura espiritual prepara para la liturgia… y también nace de la liturgia como deseo de profundización. Es una doble dirección. “Por ser escuela de doctrina sobrenatural, la liturgia supone en los discípulos que en ella se forma una labor personal de estudio de penetración y asimilación de las enseñanzas recibidas” (Brasó, G., Liturgia y espiritualidad, Barcelona 1956, 271). Es un deseo de explorar e investiga las insondables riquezas del Misterio de Cristo (cf. Ef 3,8) que se despliegan en la santa liturgia.

Tanta riqueza necesita ser saboreada con el gusto del alma, sapiencialmente, y profundizada.

“La liturgia nos enseña prácticamente que se nos ha otorgado, por benignidad del Señor, el conocer los misterios del reino de Dios, y nada anhela tanto el alma conformada en la escuela de la Iglesia como ser iluminada acerca de estos misterios. Es el don mayor que puede apetecer en este mundo, y con frecuencia la Iglesia lo pone ante sus ojos para avivar su deseo y se lo hace pedir con insistencia en la oración pública en muchos salmos y oraciones, particularmente en las que siguen al acto de la comunión” (Brasó, p. 271).

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17.11.20

Monaguillos para el altar (I)

monaguillos Enriquece la vida litúrgica, es medio de pastoral y apostolado, signo de una parroquia viva, el cuidar y cultivar que haya muchos monaguillos para poder asistir al altar en las distintas Misas, con una suficiente formación litúrgica y espiritual adaptada a su edad.

    Antes era algo normal y habitual en todas las parroquias, el servicio de niños y jóvenes en la liturgia como monaguillos; pero un viento arrasador arrambló con muchas cosas buenas en la Iglesia, y descuidando la liturgia, secularizándola, desaparecieron las escuelas de monaguillos. Eso fue una gran torpeza.

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10.11.20

Prepararnos a la liturgia (Notas de espiritualidad litúrgica - XII)

campanarioSi queremos sacar fruto y alimentar el alma, si deseamos santificarnos y elevarnos a Dios, si buscamos el rostro de Cristo en la liturgia y glorificar a la santa Trinidad, el ex opere operantis de toda liturgia debe estar bien activo: habremos de prepararnos a la liturgia.

    Hay una actividad espiritual privada como preparación a la liturgia, de modo que el alma se disponga convenientemente y así vivir la liturgia con unción, participando realmente de corazón plena, consciente y activamente.

     Comencemos a ver la preparación remota: penitencia y purificación.

     La virtud de la penitencia debe acompasar los pasos del alma y purificarnos para acercarnos al Misterio de Dios en la liturgia. Recordemos: “¿Quién puede subir al monte del Señor? ¿Quién puede estar en el recinto sacro?” (Sal 23). De cualquier manera no se puede estar en presencia del Señor. Dios mismo, con un serafín, purificó a Isaías para estar ante Él (cf. Is 6,1s), hombre de labios impuros.

     La liturgia requiere en el alma la penitencia y la purificación:

     “La liturgia, como toda espiritualidad, en primer lugar debe preocuparse de establecer al cristiano en aquel estado de pureza interior necesario para emprender el camino de la espiritual ascensión hacia Dios y para ir disponiéndole a las diversas comunicaciones. Dada nuestra condición de pecadores, el primer fruto de la gracia en un alma deberá ser siempre el perdón y la purificación, y para lograrlo deberá suscitar previamente el humilde reconocimiento de la propia condición de pecador, el profundo pesar por sus culpas y por sus tendencias perversas y el sincero deseo de un efectivo retorno a Dios. Es la actitud espiritual que se concreta con el nombre de compunción” (Brasó, G., Liturgia y espiritualidad, Barcelona 1956, 259-260).

    La compunción del alma debería ser lo habitual: reconocimiento de la santidad de Dios y del propio pecado y desorden interior pidiéndole gracia. La liturgia lo potencia arrojando luz sobre lo que somos. “La liturgia, fuente eficaz de la gracia, presencia y comunicación del misterio de Jesucristo, por esta sola realidad que llena al alma de luz sobrenatural y lo establece en la verdad hace al cristiano profundamente humilde y le lleva al sincero reconocimiento de su condición de pecador y de las posibilidades de cometer el mal que esta su condición supone” (Brasó, p 260).

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3.11.20

Vida espiritual del cristiano (Notas de espiritualidad litúrgica - XI)

fuenteLa vida interior de la almas, siguiendo la dirección del Espíritu Santo, es muy rica y variada y, desde luego, con muchos caminos y moradas.

     Cualquier espiritualidad, cualquier sistema espiritual o método, que se presente como absoluto, está engañando ya que todos son relativos y referentes a un fin: unirse al Señor. Incluso a cada alma el Señor la va llevando por caminos nuevos. Lejos está Dios de fabricar santos en serie, todos iguales, todos con la misma jerga, todos con las mismas devociones y prácticas de piedad cronometradas. El Espíritu Santo es un divino Artista para las almas, no un mediocre pintor que repita siempre lo mismo.

     Es santa Teresa de Jesús quien trata de la variedad de caminos y senderos interiores para llegar al Rey:

“No habéis de entender estas moradas una en pos de otra como cosa en hilada, sino poned los ojos en el centro, que es la pieza o palacio a donde está el rey, y considerad como un palmito, que para llegar a lo que es de comer tiene muchas coberturas, que todo lo sabroso cercan. Así, acá, en rededor de esta pieza están muchas y encima lo mismo; porque las cosas del alma siempre se han de considerar con plenitud y anchura y grandeza, pues no le levantan nada, que capaz es de mucho más que podremos considerar, y a todas partes de ella se comunica este sol que está en este palacio” (1M 2,8).

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