Del adulterio al suicidio... y lo que vendrá
Desgraciadamente, no ha tardado mucho en llegar: ya tenemos aquí la aplicación a otros campos de los errores relativos a la recepción de la Eucaristía por los divorciados en una nueva unión. Recuerdo que el cardenal Kasper nos aseguraba que lo de los divorciados no iba a ser algo masivo y frecuente, sino únicamente para algunos casos aislados. Pues bien, no sólo es evidente que la idea (y la realidad ya hoy en algunas diócesis) es legitimar el divorcio y las nuevas uniones de forma generalizada (y por lo tanto el adulterio), sino que esta forma de actuar ha empezado a aplicarse también a otro gran pecado (que ya no lo es tanto): el suicidio.
Después de que, en junio, se aprobara una nueva ley en el Canadá que legalizaba el suicidio asistido por profesionales “médicos”, los obispos canadienses de la región del Atlántico pensaron que había llegado el momento de trasladar la “revolución de la misericordia” a los futuros suicidas. El mes pasado, estos obispos escribieron una carta pastoral conjunta en la que se permite dar la Comunión y la Unción de Enfermos, además de confesar y absolver ¡a los que van a suicidarse! Parece una broma, pero no lo es.

Después de más de dos años de escribir en mi blog la serie “
A veces, la parte humana de la Iglesia me desespera y necesito una buena inyección de oración ante el Santísimo para avivar la esperanza teologal. Ya sabemos que la Iglesia está formada por hombres débiles, falibles y pecadores, pero en ocasiones las barbaridades son tan grandes… Desgraciadamente, es frecuente que incluso altos personajes de la Iglesia hablen como protestantes, supongo que sin darse cuenta.
Un lector que ha pasado algunos años en Marruecos me ha enviado un correo sobre su experiencia allí, con relato de un ¿pequeño? milagro incluido. Me ha parecido tan interesante, que lo he convertido en un artículo independiente.
Los norteamericanos celebran hoy su Día de Acción de Gracias, una de las principales fiestas del país, que junto con Todos los Santos y Navidad, configura todo el calendario de la última parte del año. Es una festividad entrañable, en la que las familias suelen reunirse, se preparan buenas comilonas con platos que nadie prepara durante el resto del año, se tienen las peleas y discusiones propias de estas reuniones, muchos regalan pavos de peluche a los niños o ponen enormes pavos inflables en el jardín y todo el mundo se felicita y se divierte.



