En la salud y en la enfermedad
. Hace poco, un comentarista (Juan Antonio) me planteó la siguiente cuestión:

Supongamos una pareja que, después de conocerse perfectamente, deciden casarse. Al cabo de los años las personas pueden cambiar. Imagínate que un cónyuge se echa a la bebida, o es infiel al otro, o cualquier cosa de las que suceden a veces. Está muy bien lo de “en la salud y en la enfermedad", pero, ¿no crees que hay un límite? Yo, desde luego, hay cosas que no estaría dispuesto a aguantar.

En la alta Edad Media, que en bastantes aspectos era una época más civilizada que la nuestra, existía la noción de que todo profesor de Teología o de Filosofía debía someter sus tesis y afirmaciones a la discusión pública. Sin esta prueba de resistencia a los argumentos contrarios, ninguna postura filosófica o teológica se podía considerar “mayor de edad”. No bastaba afirmar las cosas, había que argumentarlas razonadamente (en contra de la absurda idea de que, en la Edad Media, todo se decidía por el argumento de Autoridad).
Habitualmente, estoy de acuerdo con lo que se dice en el blog En clave de África. Estoy convencido de que su autor, José Carlos Rodríguez, misionero Comboniano, hace una gran labor en Uganda. Creo que ya dije una vez que, desde que era pequeño y leía su revista, los Combonianos han sido siempre para mí el paradigma de misioneros en África.
Quizá recuerden que, hace unos meses, murieron en Irak un sacerdote católico de rito oriental, el P. Ragheed Ganni, y tres diáconos. Cuando iban a entrar en su coche, un grupo de hombres armados se les acercó e intentó forzarles a convertirse al Islam. Al negarse a renunciar a su fe, fueron abatidos a tiros y abandonados en la calle.









