4.04.26

Sagrada Liturgia | La luz del carisma en ambas formas del rito romano

En Francia

El papa León hizo ver a los obispos franceses su deber como es, pensar en una solución a los conflictos relacionados con los grupos afines a la tradición litúrgica previa al Concilio Vaticano II

Muchos de los llamados tradicionalistas se lo han tomado como si no fuera solo para los franceses sino para el resto del mundo. Pese a que no fue así, no dejan de tener razón.

El papa no se dirigió al resto del catolicismo ya que el caso de Francia es particular, allí existen grupos de largo tiempo allegados al rito antiguo, me refiero a grupos que tienen más de cinco décadas celebrando de esa manera. No es el caso de todos, ni mucho menos.

En México

Alrededor del mundo existen grupos que, sencillamente, crecieron bajo la influencia del carisma de fraternidades sacerdotales como la de San Pedro en Guadalajara, dedicada a conservar y difundir el vetus ordo. Se instalaron en una parroquia céntrica autorizados por el obispo.
Los católicos a ellos cercanos, son gente del barrio y algunos que llegan de otros lugares de la ciudad. No me parece que tengan veinte años celebrando según el rito antiguo en esa ciudad y, además, tampoco creo que haya sido conflicto para ningún feligrés ya que la misa en latín toda se entiende y los cantos gregorianos, se pueden aprender. Puede verse su actividad en el Facebook bajo el nombre “Fraternidad Sacerdotal San Pedro en México”.

En Costa Rica

Por otro lado, existen casos como el de mi país, que, por haberse dispuesto un sacerdote diocesano a aprender la forma extraordinaria para atender a una comunidad que le solicitara la celebración tal como indica el documento Summorum Pontificum, se estuvo celebrando  por varios años según la forma antigua del rito latino.

El grupo tico que conocí estaba conformado por fieles de varias parroquias unidos por su amor a la Sagrada Liturgia desde diferentes movimientos; en su mayoría se formó bajo la influencia de Benedicto XVI, a la luz del Concilio Vaticano II y por la atracción que sobre ellos ejerce el carisma que contiene la santa misa de antes la que llegaron a conocer primero, por medios electrónicos; segundo, por viajes realizados.

La comunidad surgió de ninguna otra cosa que de un carisma que la gracia de Dios inspiró y sostuvo y que los movió, tanto a solicitar la misa según indicaba Benedicto XVI, sino a tomar como apostolado darla a conocer y difundirla inspirados en sus ideas.

Siempre he hablado de lo que conozco. Conozco el caso de Guadalajara y el de mi país. Desconozco comunidades que se hayan formado de otra manera que no sea por haberse dejado  guiar por el Papa Benedicto en su teología y espiritualidad.

Es cierto, todo el pontificado anterior transcurrió dentro de un medio hostil hacia la forma extraordinaria. Fue como si, para poner orden, fuera necesario castigar.

Dicha comunidad tica fue la única en el mundo entero a la que se le prohibió celebrar el vetus ordo así como cualquier variante que contuviera latín. Apenas unos días pasaron después de la publicación de Traditiones Custodes cuando nuestros amados obispos publicaron la prohibición y el envío del sacerdote a su remota provincia de origen.  Quedamos desolados pero obedecimos.

Desde el documento del papa Francisco en muchos lugares del mundo surgió división que hasta el día de hoy persiste aunque, gracias al papa León, se está dejando ver la dulzura y delicadeza del Santo Espíritu de Dios que todo lo sana.

Tal cosa la notamos quienes nos hemos acercado al rito antiguo debido a nuestra afinidad con papa Benedicto y, sobre todo, por cercanía con el carisma que emana de la forma extraordinaria. Existe un carisma ahí.

El rito como carisma

Me atrevo a decir que en los ritos el Espíritu Santo nos entrega un carisma (Cat n. 799-801)

Cada rito  católico contiene un carisma entregado a la Iglesia como gracias especiales del Espíritu Santo a personas y grupos para la edificación de la Iglesia, el bien de los hombres y las necesidades del mundo. Los ritos como carisma son regalo maravilloso que enriquece la vida apostólica y la santidad de todo el Cuerpo de Cristo.

Comprendido de esta forma, se puede decir que el rito de la santa misa contiene el carisma por antonomasia entre tantos como ha suscitado el Espíritu Santo.

Los ritos forman parte del conjunto de manifestaciones reales y concretas del Espíritu que deben ser acogidas con generosidad y gratitud.

La Santa Iglesia cuenta con 24 Iglesias sui iuris (autónomas), que utilizan diversos ritos litúrgicos.

El rito romano o latino (celebrado en Occidente) es el más extendido. Sin embargo, existen 23 ritos orientales en plena comunión con el Papa, divididos principalmente en las tradiciones bizantina, alejandrina, antioquena, armenia y caldea.

Es razonable considerar que el Espíritu Santo haya suscitado tantos ritos a  lo largo y el ancho del mundo y a través del tiempo con la finalidad de enriquecernos de acuerdo a la diversidad de los bautizados.

De esta manera comprendo que Dios haya suscitado la existencia de la forma antigua y nueva del rito latino.

En Occidente, la cultura cambió vertiginosamente, por lo que fue necesario aggionar por allá del año 1965 y de ahí, fue que Dios en su Providencia, inspiró lo valioso que contiene el Concilio Vaticano II y logró conservar la forma antigua en manos de las asociaciones de fieles y fraternidades sacerdotales que resultaron de aquél evento.

Dios pensó en todos

Dios pensó en todos, no obstante, muchos le han venido haciendo la guerra. No les ha parecido para nada bien que nuestro Dios, por un lado, haya permitido el aggiornamiento y, por otro lado, que conservara en las personas atracción hacia el carisma contenido en la misa de antes.

Lo que ha permitido Dios les ha parecido todo mal así como les pareció mal que nos haya dado al Papa Francisco, por mencionar un claro ejemplo de la inconformidad de muchos hacia lo que Dios permite.

Aceptemos agradecidos que Dios ha sido paciente y que, habiéndonos dado todo lo que necesitamos, no todos hayamos estado de acuerdo ni tampoco pedido perdón.

Demos gracias porque muchos hemos recibido conformes lo que se nos da o se nos retira. Sea Dios bendito.

Volviendo a los obispos (de Francia, de Costa Rica y el mundo entero)

Ya el Papa León puso las tildes sobre las íes a los obispos franceses. Hagan el favor de atenderle. Es imperativo que pongan su cabecita a pensar para resolver el entuerto que ustedes mismos han provocado por no permitirse ser dóciles y humildes.

Saliendo en su ayuda, quizá, he visto que algunos teólogos han expresado la idea de fundir ambas formas del rito romano lo que no encuentro sea la mejor opción siendo que ambas formas del rito contienen carismas diferentes que sirven a grupos diversos cuyas espiritualidades son afines ya sea, a la santa misa comprendida como a. Sacrificio (vetus ordo) o como b. Banquete (novus ordo).  Ambas formas de comprenderla no son excluyentes pero tampoco lo opuesto. Son expresión de carismas diversos. Es simple.

Reconocerlo, respetarlo, darle forma y fomentarlo es actuar acorde con lo que Dios ha venido haciendo con su Iglesia Santa a lo largo del tiempo.

La conversión viene a ser aceptar el cambio de mentalidad que Dios propone.

Me parece que el papa León estará de acuerdo conmigo.

Ambos carismas no son excluyentes pero tampoco lo contrario

Ambas formas del rito están centradas en Cristo. Son como dos brazos que unidos al cuerpo de Cristo, son su entro y culmen, trabajando con sentido en una misma dirección.

El brazo más antiguo recibe su fuerza del Sacrificio de Cristo, el otro brazo la recibe de la Resurrección.

El primero, posee un carisma que atrae a las almas por su centralidad en Cristo, Dios y hombre verdadero; el segundo, es la humanidad de Cristo la que consigue atraerlas.

En el primero, el sacerdote está de cara a Cristo. La asamblea toda es conducida de forma segura por manos del presbítero hasta ser colocada como ofrenda en las llagas de Cristo.

En el segundo, el sacerdote está de cara al pueblo. El sacerdote les muestra el fin glorioso al que conduce el muy humano sufrimiento del Redentor, tan humano como el suyo propio, tan glorioso como el del mismo Cristo que, por amor, entregó la vida a cambio.

Cristo se presenta diferente forma según la forma del rito y la particular necesidad de la asamblea.

Por eso los sacerdotes son distintos, fui distinto el llamado, fue distinta la formación pero no completamente diferente.

Ante ambas formas del rito, según el carisma de cada una, estamos ante dos tipos de sacerdotes, dos pastores distintos que cuidan de manera diferente y eficientemente el rebaño para, finalmente, entregarlo a Cristo.

El caso del Camino Neo-catecumenal

Recientemente leí la noticia de la inauguración del Seminario diocesano destinado a los seminaristas del Camino Neo-catecumenal

Esos jóvenes tuvieron el llamada siendo miembros del Camino y se mantendrán en el Camino durante toda su formación y, aunque asisten a formación en el seminario diocesano, la reciben también en su propio seminario en donde, además y, para conservar el carisma, continúan su vida de comunidad, conservando vivos todos los aspectos propios del carisma.

Cuando son ordenados, se mantienen bajo el cuidado del Arzobispo y le deben obediencia, sin embargo, el Camino puede proponer adónde enviarlos de misión. El obispo tiene la última palabra. De todas formas son ordenados como sacerdotes diocesanos. El Camino renuncia a ellos para enriquecer con su carisma al Pueblo de Dios.

El futuro

El futuro del carisma de ambas formas del rito latino podría llegar a seguir el modelo del Camino-Neocatecumenal.

Podría ser que alguna vez, un obispo invitara a una fraternidad sacerdotal a instalarse en su diócesis siguiendo para proponer seguir ese modelo (o semejante) o, bien, podría ser que la propia fraternidad se lo solicitara al obispo.

Los seminaristas se formarían tanto en el seminario diocesano como en el propio de la fraternidad. Llevarían la riqueza de su carisma al seminario diocesano y recibirían la riqueza del carisma del novus ordo. Sería un enriquecimiento mutuo tal cual propuso Benedicto.

Un obispo que así actuara sería uno que ha sabido escuchar y aplicar lo aprendido.

Una fraternidad y seminaristas que de esa forma se sujetaran al obispo, a su lado, estarían mostrando un alto grado de humildad, muy de agradecer a Dios e imitar.

Un obispo que actuara de esa manera, si es que todavía no se ha visto, estaría siendo pionero en esta nueva mentalidad que, indefectiblemente, vencería a muy corto plazo los obstáculos que impiden la paz litúrgica.

No se ustedes pero puedo, perfectamente, imaginar una diócesis en la que, tanto sacerdotes diocesanos como miembros de un carisma particular, se entremezclaran celebrando una u otra forma del rito latino, sin mayor dificultad o complicación. Si para eso los hizo Dios.

Un mundo utópico? No, un mundo que piensa según Dios.

Finalmente

Me doy cuenta que he escrito sobre asuntos que me sobrepasan y que, sobre lo dicho, si tuviera algún valor, hay mucho sobre lo que se debe hablar. No lo haré porque desconozco el tema, sin embargo, confío que habrá personas tan o más interesadas que yo en ofrecer soluciones a un asunto que nunca debió terminar en conflicto. Así lo quiera Dios.

 

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Cerraré comentarios. 

24.01.26

Llego al cielo cada domingo y me devuelvo

A la “Costa Rica profunda” se llega solo si se desea. Ella parece lejana, misteriosa, silenciosa, oculta, diferente. Se conoce de su existencia por sus manifestaciones y solo aquellos que buscan sentido en los orígenes, al conocerla, se enriquecen.

Este término lo escuché por primera vez del candidato a la presidencia el Lic. Fernando Zamora quien publico una imagen con ciudadanos costarricenses de esa región, la región “profunda"de mi pais..
Encantada con el término me voy a permitir presentar un símil con nuestra bella y amada Liturgia.

Fui parte de esa mayoría católica que va a misa sin tener buenas razones.
Yo sé que, dentro de nuestra cultura, será muy difícil que eso cambie ya que no parece que muchos piensen que las razones son necesarias, no solo para ir a misa, sino para conocerla, tal como se llega a conocer “lo profundo” de la conciencia, del oceáno, de las regiones montañosas y selváticas”.

Aun conociendo que existe, que aventurarse en lo profundo es bello y ofrece sentido, muchos no llegarán nunca a tener ni el primer deseo. A muchos, les bastará con lo que encuentran en por el camino, aunque, probablemente, después de un tiempo perderán la ruta completamente. 

Tengo una experiencia eclesial muy valiosa, según mi forma de entender a la Iglesia ya que, vivo en una comunidad que fue parroquia hasta hace menos de veinte años y que ha tenido párrocos de todo tipo. Además, la región se presta para que congregaciones como los Hermanos de La Salle se haya establecido aquí y también asociaciones como Los Heraldos del Evangelio.

En esta región, también, fue establecida la UCatólica a la que fui a estudiar una carrera corta de teología motivada por el padre Guido, uno de los párrocos. .

Allí fue mi encuentro con la Liturgia.

Le debo mucho al profesor padre Manuel Rojas y también a Benedicto XVI. De ambos comprendí lo valiosa que es la Liturgia.

Por su influencia, sucedió que, con algunos jóvenes y adultos, buscamos que fuera también celebrada de misa de antes, tal como promovía Summorum Pontificum.

La forma extraordinaria del rito latino fue celebrada durante algunos años hasta que nuestros obispos, unánimemente, establecieron prohibición para ese misal y el de Pablo VI.  

Al día de hoy, con estudios y mayor experiencia, finalmente acepté de Dios que la situación con la misa de antes haya sucedido así.

Me parece, que así como fue, todo salió bien ya que, de todas formas, contrario a los argumentos presentados, nunca existió apego hacia forma del rito, como no existe hacia el rito actual o, como tampoo tendríamos hacia el rito hispano-mozárabe o maronita, si los tuviéramos disponibles.

Nunca le encontré sentido al apego a los ritos, como si la santidad de uno fuera superior al otro. Ese agego es desordenado y no debería de existir, pero existe y es muy fuerte, al punto que produce bandos y conflictos. 

La lectura que hago de dicha conducta es que, como ya dije, existe un apego desordenado sin que siquiera se haya llegado a la Liturgia profunda, 

Esa es la Liturgia que casi todos desconocemos, tanto como desconocemos a Cristo.

Actualmente, la Liturgia, para la mayoría, ha llegado a ser un aspecto de la vida de fe que, poco o nada, tiene que ver con lo que la describió el Concilio Vaticano II  “centro y culmen de la vida de la Iglesia”; dicho a mi manera, la Liturgia es “la misma alma de Cristo en cuyas llagas el Espíritu Santo nos esconde para llevarnos ante el Padre, en el Hijo, como ofrenda (perfecta)".

Porque eso, e infinitamente más, es la Liturgia.  

En mi país, bendito sea Dios, la Liturgia profunda se puede vivir en el Santuario Nacional Catedral Metropolitana cuyo Cabildo está formado por varios ancianos y sabios sacerdotes muy amados. Uno de ellos, el padre Munguía. De ellos, Dios buenos, nos deja nutrir el alma.

Ahora bien, he conocido algunos, muy pocos sacerdotes a los que la Liturgia transforma; pasan de ser los animadores parroquiales a verdaderos “padre Pío” celebrando misa; pero esa transformación casi nadie la nota. Habría que conocer bastante al padre Pío para notarlo.

También he conocido algunos que les gusta la Liturgia, conocen y aman pero dejan ver que su principal inclinación es por la forma.

Andar por la superfice, ya lo dijimos, no facilita las cosas al Santo Espíritu de Dios para que, los queridos hijos, lleguemos por su mano a las honduras del alma a conocer a Jesús que allí espera. Porque si, para llegar a Jesús que espera, deben darse ciertas condiciones; tal como un alma en estado de gracia, voluntad, libertad, sinceridad, piedad, compunción, humildad, entre otros; sobre todo en el celebrante pero, igualmente, en la asamblea.

Pero en muchos lugares los presbíteros ni siquiera hablan de pecado, ni siquiera ofrecen la confesión y si la ofrecen es por cita; entonces, digo yo, cómo empezar siquiera a tener almas en estado de gracia para que inicien y recorran el camino hacia la “Liturgia profunda”?

Lo digo con mucha seriedad, es tan dramático ver en los presbíteros el desinterés por las almas en pecado que lo sentimientos son fuertes y a veces difíciles de sobrellevar, si no es por gracia.

Concedo que quizá en otros muchos lugares no es así, quizá es de ese modo solo es en mi parroquia.

Ni les digo la de generaciones y generaciones que en más de 40 años he visto perder aquí la fe.  Y también he visto, es la verdad, como –a pesar- de la mala administración de las cosas de Dios, tengo vecinos a los que el Señor no abandona. 

Dios es bendito, y nunca, nunca abandona.

Quién, jamás, hubiera esperado que, de amar así como amo a Cristo en la Liturgia, lo que amarlo me ha hecho sufrir pero también más amarlo, iba el Señor, Dios bueno, a dejarme llegar al cielo todos los domingos para, al final, devolverme a la casa a almorzar? Quién, por más fe que tuviera, lo habría imaginado?

Eso es lo que ha hecho el Señor conmigo. Me deja llegar a misa de 9:30am, prepararme media hora, sin ruido, con devoción, confesarme si hace falta. Cantar el Kyrie y demás oraciones de la misa de Angelis para llegar a esa parte en que, delante de mis ojos, baja de lo alto para posarse en mi alma como en la patena sobre sobre el altar. Escuchar su Palabra, las advertencias e instrucciones que cualquiera necesita para dejar a Dios hacer de la propia, una vida santa, llena de caridad y perdón, por todo y todos.

La Iglesia enseña que la Liturgia parroquial o cualquiera debe ser imagen de la Liturgia celestial, entre más cercana lo sea, tendrá el alma mayor deseo de santidad que buscará nutrir  con el don de Dios cada domingo. Qué otro modo necesitan presbíteros y obispos para asegurarse de estar cumpliendo su misión? Por qué han dejado de hacerlo? Perdieron la fe?

Yo sé que esto que hace el Señor conmigo no es común pero no por eso me engallo sino que más bien vivo contenta y agradezco ya que, lo mismo hace por aquél montón de padres y madres con sus hijos, jóvenes y ancianos que llegan al cielo conmigo cada domingo (aquí y en cualquier parte del mundo).

Obispos y presbíteros amados, los hijos de Dios necesitamos que nos hablen de pecado, que nos ofrezcan la oportunidad de reconocer las culpas, arrepentirnos y enmendar, que el efecto nos sirva como alimento básico para nutrir el alma que lleva de Dios su impronta divina.

 

25.11.25

Tu gran proyecto tras recibir la pensión

En mi caso, cobrar la primera pensión marcó el punto exacto en el que empecé a ser viejita.

Qué maravilla! Jamás habría sospechado que el Señor tendría un antes y un después para mi justo a los 65 años. Cosa de que Dios, todo lo hace bien.

Para llegar a viejo, lo que deseo a todos es que, lleguen con un vehemente deseo de ser santos, por su propio bien ya que, a partir de cierto punto, todo lo que te falta o se te añade, podría convertirse en prueba. Me refiero a que, por ejemplo, la falta de esposo o hijos, se te convierta en la necesidad de pedir ayuda a extraños o parientes no cercanos.

Así la cosa, hacerse viejo es –en verdad de la verdadera- la prueba final a la que te conviene llegar habiendo entendido ciertas cosas tal como que, de ahí para atrás, todo fue un milagro. Un milagro tu buena salud, tu trabajo, tus ahorros, tus estudios, tus entretenimientos, el ejercicio que hiciste, los amigos, los buenos vecinos, los parientes que llegaron a quererte, por mencionar algunas cosas estupendas que, lo largo de tu larga vida, llegaron a ti, muchas veces, sin esperarlo o merecerlo. Todo fue un  milagro.

De tal forma que, lo oportuno es que, junto a la pensión, empieces a dar gracias por el tiempo pasado y cada cosa sucedida que te hizo quien eres, para bien o para mal ya que, todavía queda tiempo para pedir perdón, corregir, reparar y, con ayuda de Dios, construir una vejez preciosa; digna de un hijo de Dios.

La gratitud es fundamental. Tendrías que tomártela junto a las primeras pastillas de la mañana.

La gratitud, sí, porque te abre la puerta a la humildad y sin ella, pues seguirás haciendo lo tuyo pensando que son cosas de Dios. Muy equivocado. Sumamente.

Con humildad, una que  ni siquiera tú puedas imaginar, se te abren las puertas del cielo y las del corazón de quienes te quieren y te cuidan, sean parientes y/o personal sanitario. Sí, porque a eso vas: dentro de poco o más, te estarán cuidando como cuando fuiste bebé. No hay escapatoria por lo que, para llegar ahí, la humildad que tengas te salvará la tanda.

Yo lo vengo a entender ahora, justo en este mi primer año de celebrada vejez en la que se me ha hecho necesario volver a escribir a mano en un diario solo las cosas positivas de la vida. Por salud física, mental y emocional, me lo han mandado los que saben con la mucha sabiduría de la que gozan por bondad de Dios.

Dicho lo anterior, lo que sigue es enfatizar en tu necesidad del deseo de ser santo ya que, si no fue hasta ahora que pones cerebro en considerarlo ya que dispones de tiempo (cof, cof), vendría bien que –de verdad de la verdadera- te lo propongas; de todos modos, no tendrás grandes proyectos en los ocupar tu tiempo, solo ser santo y con eso, sobra y basta.

Los grandes proyectos, que quizá tengas alguno entre manos o en mente, muy probablemente, termines dejándoselo a los más jóvenes, así que, conviene pensar que tu gran proyecto tras recibir la pensión sea, con ayuda de Dios, llegar al cielo con todas las de la ley. Te parece?

11.09.25

No importa cuanto vivan, siempre serán echados de menos

De Fray Cayetano María de Bérgamo aprendí que la puerta para el don de la humildad es la gratitud; y, del Dr. Arteaga, que la gratitud es la llave para activar el nervio vago del que deriva equilibrio en el sistema nervioso y la variabilidad de la frecuencia cardiaca, marcador de la resiliencia al estrés.

En otras palabras, en nuestras manos está poner esfuerzo en la práctica de la gratitud para fortalecer mente y cuerpo, la parte en que participa Dios es, regalándonos humildad. Negocio redondo.

Hablábamos hace poco sobre hacernos viejos como buenos hijos de Dios, pues, ahí está: es bueno y conveniente, si no lo hicimos antes, dedicarnos a conocer el funcionamiento del cuerpo y del alma.  Ahora nos sobra el tiempo y sería el colmo que, teniéndolo, lo malgastáramos.

En esta parte de la vida, si es que antes no lo hicimos, es vital vivir prestando atención.

Como dicen, vivir “el momento presente” para ampliar el rango de asuntos por los que hemos de agradecer a Dios; hacerlo, no solo por la activación del nervio vago sino por crecer en humildad sin la que no entraremos al cielo.

Vivir “el momento presente” también, para fortalecer la memoria ya que, es de morir de risa (pero también alarmante), la velocidad con la que se pierde.

Dice mi amigo Joaquín, de Huesca, que ha de ser porque olvido tomar la pastilla de la memoria. Cierto, también la olvido!.

Me preocupa muchísimo la dificultad que tienen las personas jóvenes de prestar atención a la realidad después de que han pasado horas y horas en el ordenador. Es como si no lograran desconectarse. Viven acelerados pensando en cómo resolverán en la máquina el siguiente paso pero ni siquiera se dan cuenta que no han echado agua al inodoro. Es de preocuparse, por supuesto, pero tampoco es algo que esté en nuestras manos resolver; entonces, hay que decirle a la mente que no se preocupe y volver a lo que nos concierne, también nosotros, aquí y ahora.

Aquí, en el presente, es donde vivimos, aquí es donde sentimos alegría, dolor, sufrimos, esperamos, confiamos, amamos, pensamos, estudiamos, creamos, sembramos y tantas cosas preciosas que la salud nos permite hacer.

Contemplar el instante con el alma puesta en Jesús es el encuentro con la felicidad.

Hacer el esfuerzo por observar lo que pasa “ahora mismo” nos permite también apreciar el esfuerzo que hace el Ángel de la Guarda por llevarnos a la oración, es también posible descubrir el suave movimiento del alma que en lo profundo atiende la voz de la Madre que le llama.

Muchas cosas muy preciadas suceden cuando, en cuerpo y alma, en silencio, nos detenemos a contemplar para luego, agradecer.

Si, recuerdo que Santa Teresita pedía sufrir por amor a Dios y, probablemente, también agradecía que el Señor se lo concediera. Esa lógica no es humana, es la lógica del Espíritu de Dios, con el que los santos se han familiarizado gracias al esfuerzo de concentración.

No importa si, al observar detenidamente, llegan muchas razones para sufrir, como por ejemplo, culpas que hay que evacuar en el confesionario, arrepentimientos de lo que no hicimos o hicimos sin pensar, lamentos por almas de personas fallecidas, enfermedades y toda índole  de situaciones irremediables. Si, observar podría ser como abrir la caja de Pandora en lo que respecta al dolor y sufrimiento; pero, es mejor, es mejor darle cara ahora para reparar el daño y agradecer, con ayuda de Dios. 

Pues, bien, hablando de olvidar, yo venía a platicar de otro tema pero, he aquí que me puse a decir estas cosas y nunca llegué al punto.

La intención era platicarles sobre lo que he reflexionado acerca de lo que pudimos haber hecho mal al haber solicitado hace años la misa según la forma extraordinaria tal como lo indicaba Summorum Pontificum de Benedicto XVI.

Me vengo preguntando “qué fue lo que hicimos mal” para que el cuerpo total de los obispos de mi país, resolviera prohibir ese aspecto de la Liturgia de nuestra santa Iglesia?

Les soy sincera, he pensado en preguntarlo directamente pero, de ahí no he pasado. Supongo que llegará ese día o tal vez no. Tal vez podría morir antes por lo que, la respuesta de los obispos podría nunca llegar y todos olvidar esa misa viejita que, con todo afecto y humildad, domó todo nuestro ser en acción de gracias y adoración a Dios.

Por ahí iría la cosa cuando más temprano  tomé el ordenador pero, no vamos a seguir por ahí la reflexión, no; en este momento vamos a dar gracias por lo que tuvimos ya que, no importa cuánto vivan los abuelitos, desde el momento en que no están y para siempre, nuestra alma y corazón los echará de menos. .

2.08.25

Hacerse viejo como buen hijo de Dios (I)

“Hacerse viejo sin desesperar es un desafío que solo la gracia puede ayudar” MaricruzTR 

Es un desafío que nos presenta Dios, nuestro amado Dios, para que crezcamos en virtud ya que, de lo contrario, qué feo volverse un viejillo mal encarado al que será difícil cuidar.

Introducción

Hoy, muy temprano, le pedí su parecer a un amigo muy querido que me lee para preguntarle su parecer sobre escribir acerca de hacerse viejo como buen hijo de Dios. Dice que le parece muy bien el tema. También a mí ya que, tengo mucho para escribir al respecto, tanto como antes escribí sobre tantas cosas que fueron para mi actos de adoración a Dios.

Porque si, que la vida es para hacer con ella un acto de adoración, que es por ahí que nos llega de Dios ese deslumbrante rayo de luz que nos transforma en seres agradables en su presencia.

…………………

Les digo una cosa (hago este paréntesis para explicar algo), durante papa Francisco, a quien –por gracia- llegué amar, sufrí mucho, al punto que ya no quería saber nada de nada (todo aquello lo puse como ofrenda porque realmente no sabía qué más hacer). Recé mucho pidiendo pureza y gratitud para no ofender a Dios, sin embargo, ahora, con papa León, he visto que no se nos da mayor prueba que la necesaria.

Doy gracias por todo aquello y por los Heraldos del Evangelio que los trajo Dios a vivir muy cerca de casa en el campo y puedo ir a misa con ellos. De frecuentarlos recibí la fuerza para sostenerme. Ahora me doy cuenta.

………………….

Pues, bien, les digo que lo de hacerse viejo parece un buen tema porque, no solo tengo mucho para escribir sino mucho de lo que hablar de lo que hace Dios, que es lo principal.

Les confieso algo, ya que el Jubileo de los jóvenes me hizo pensar en ello, he visto que a ciertos sectores de católicos, tal como los Infocatólicos y otros, no se nos toma en cuenta. Padre Jorge González lo mencionó el otro día. Cierto, nos dejan a un lado, tal vez sin querer, pero el caso es que nadie nos pregunta sobre cómo enfrentar distintas situaciones en las que todos aquí son expertos.

Porque nadie pregunta, es por lo que se debe hablar cuando es necesario. Cuando nadie pregunta es porque no sabe o no quiere saber y eso no es virtud, sino defecto. De ahí que, si nadie pregunta sobre cómo hacerse viejo con ayuda de Dios, se debe hablar.

Para eso estoy aquí y, como siempre, con ayuda de Dios lo haré.

Probaremos un tiempo para ver si es para su mayor gloria.

Eso de arriba fue una especie de introducción, lo que sigue será parte de lo vengo a decir.

 

Una semana y tres citas médicas

“Yo no sé quién puede vivir así. Cómo va a ser que tenga que salir tres de cinco días a ver a un doctor si, en realidad, no me siento ni veo enferma? Qué barbaridad!”

Así es como reacciona la cabeza de esta criatura de Dios antes de caer en cuenta que aquello, en realidad, es bendición.

Primero que todo, las citas son con médicos del Seguro Social, quiere decir que sus honorarios los pagué durante mi vida, ahora recibo los beneficios. Luego, los médicos no quedan lejos ni el horario es incómodo. Además, una cita es con la Doc. Melissa para que me de las medicinas para el dolor crónico, la otra con Doc. Evelio, para las medicinas de mantenimiento del corazón y el asma y, la otra, con la junta médica para que me entrevistará para una pequeña cirugía que deben hacerme.

Si tuviera que pagar por todo eso no tendría con qué, así que es una múltiple bendición en muchos aspectos.

Una bendición más es que no tendré que cambiar ni faltar a mis sesiones de natación que tanto bien me hacen. Esa es doble bendición.

Tampoco tendré que cambiar el horario de rezar los Laudes, así que me iré a la cita habiéndolo hecho, si es que otra cosa no se interpone; luego, me llevaré mi rosario para rezarlo en el bus por si acaso pasara algo que me impidiera hacerlo a la hora que acostumbro.

Será muy bonito encontrarme en los consultorios con tanta gente necesitada de una sonrisa, consuelo, unas palabras de ánimo o algún consejo que daré sin que me lo pidan (jeje), tanta gente por la que ofreceré mis oraciones ya que, como soy enfermo misionero, eso hago.

Las Obras Misionales Pontificias (OMP) tiene ese apostolado del enfermo misionero al que me adscribí. Me corresponde rezar por los misioneros, el papa, el clero, los enfermos y además rezo por mi familia y seres queridos, que incluye el resto de la humanidad; porque es cierto, todos son mis seres queridos.

Como al enfrentar la muerte, hay que echarle el cuerpo al día, aunque la carga no parezca fácil, la gracia puede.

Soy testigo.