Un fin de semana glorioso con una extraordinaria sorpresa final
Las cosas son como son. Hay días y días, fines de semana, momentos de todas clases. Este fin se semana me ha tocado especial. Con razón puedo decir que ha sido glorioso y con muchos motivos para dar gracias a Dios.
El primero, sin duda, los cinco años que llevo enredando por esta querida Sierra Norte de Madrid. El 12 de noviembre del 2017 me hice cargo oficialmente de estas parroquias. Quizá en esta semana dedique un post a lo que han sido y están siendo estos años. Simplemente adelantar que Dios fue grande conmigo trayéndome aquí.
El segundo motivo para dar gracias ha sido la visita pastoral que, en nombre del señor cardenal - arzobispo, ha realizado a las tres parroquias D. José Cobo, obispo auxiliar de Madrid.

Se escucha mucho esa expresión: yo es que me estoy dejando la piel. También, cómo no, en nuestro mundillo eclesial. En general, y hoy sí voy a hablar del clero de Madrid, somos trabajadores, entregados, dedicados a nuestra tarea pastoral. Habrá excepciones, dónde no, pero somos curas que, con aciertos y desaciertos, puedo decir que nos dejamos la piel en nuestra tarea. Reconocimiento también para tantos compañeros, sobre todo párrocos rurales, que con docena, docena y media de parroquias, o incluso más, se multiplican.
Cuando nosotros éramos jóvenes, hubo anuncios publicitarios que nos marcaron de tal manera que se convirtieron en expresiones de nuestro hablar cotidiano.
Hay profesores expertos en ampliaciones, paréntesis, glosas y circunloquios. Hay obispos y sacerdotes especialistas en grandilocuencia, relaciones teológico - filosófico - ecológico - sociales. Tienen ese don. Agarran un versículo evangélico, un mandamiento o una norma de derecho positivo y poseen la capacidad de convertirlos en una programación de eco teología, un tratado de sí pero no, aunque según podría ser que vaya usted a saber, una homilía sobre la inmensidad de la mirada de Dios sobre las sombras del cambio climático y la importancia de la abstinencia de carne no como ascesis penitencial, sino en clave ecológica, que, evidentemente, no hay comparación. La abstinencia como práctica penitencial es un absurdo. La abstinencia como forma de contrarrestar las ventosidades vacunas y su contribución al aumento de la temperatura del planeta es algo de obligado cumplimiento.





