Cuando los ángeles vinieron a ver a Rafaela
Una de las cosas que más tristeza e indignación me causan es que haya gente que desprecie a Rafaela, Joaquina y Manolo con un triste “para cuatro que van no merece la pena” o peor aún “total para cuatro viejas".
Es como si en esta santa madre Iglesia hubiera que clasificar a los fieles según la alcurnia de sus respectivas parroquias, de forma que, si por ejemplo se pudiesen clasificar las parroquias como hoteles y restaurantes, pero con campanillas, nos encontraríamos con fieles de parroquia de cinco campanillas, que se merecen liturgia cuidada, muchos servicios, calefacción en invierno y buen aire acondicionado en verano, y lomo doblado del señor cura párroco especialmente cuando recibe un sobre con muy sustancioso contenido.

Ayer me invitaron a acudir a una reunión de sacerdotes de un arciprestazgo de Madrid capital para contarles qué es eso de la pastoral rural.
Reunión de un equipo de sacerdotes. Se hablaba de dar más tiempo al sacramento de la reconciliación y de estar mucho más disponibles para las confesiones. Uno de ellos, desde la autosuficiencia del “sobrado” exclamó:
Te cansas y la gente también. Mejor dicho, se mueve entre el cansancio y el pasotismo, porque hay que reconocer que aquí vamos de susto en susto, de disparate en disparate y de ocurrencia en ocurrencia sin que nadie tenga cosa alguna que aportar.