El día en que Rafela y don Jesús lloraron juntos
Tendría sus cosas, pero llegaba la semana santa y don Jesús se dejaba el pellejo para atender las dos parroquias. Decía que era párroco de dos pueblos y que quería celebrar la pascua con las dos comunidades. No era nada sencillo. La mañana del jueves, comuniones a los enfermos en los dos pueblos. Por la tarde, oficios de la cena en uno y luego en el otro. Hora santa en cada lugar. Laudes el viernes en los dos pueblos, más todo lo demás repetido y cambiando de localidad varias veces: oficios en uno y luego en otro, viacrucis aquí y allá y procesiones en cada lugar.
Durante el viacrucis Rafaela lo miraba. La verdad es que entre los dos había una fluida relación aunque se peleasen con frecuencia. La pobre no hacía más que preguntarse cómo aguantaría ese hombre, porque intentó llevarle alguna cosa a media tarde y la rechazó al ser día de ayuno.

Siempre he dicho que lo mejor de Infocatólica son sus lectores y comentaristas. Generalmente son comentaristas bien formados, que conocen la doctrina de la iglesia y exponen sus puntos de vista con libertad y mucha sensatez.
Es una de las frases más castizas que se podía escuchar por Madrid: “Pa chulo yo, y pa pegarse mi padre, que va al gimnasio”. Cosas de ese Madrid castizo y de un hablar supuestamente chulapo y que no es más que un invento del alicantino Arniches.
Así lo contaba un guía de turismo en Shangai explicando las paradojas de la China comunista: “Si matas chino, cárcel; si matas oso panda, pena de muerte. Fácil. Chinos, muchos; pandas, pocos.”