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11.02.25

Shahbaz Bhatti está de fiesta en el cielo

El 2 marzo del año 2011, un paquistaní entró con todos los honores del martirio en el cielo. Su nombre, Shabaz Bhatti. Salía de su casa cuando fue acribillado por terroristas del Tehrik-i-Taliban Pakistán (TTP). Como Ministro para las minorías religiosas del gobierno de Islamabad, Bhatti quería suprimir o modificar sustancialmente la ley de blasfemia, instrumento legal utilizado para perseguir a las minorías religiosas de su nación. 

Bhatti, católico, había recibido amenazas de muerte en múltiples ocasiones, pero continuó con su labor en defensa de los cristianos y otras minorías religiosas en Pakistán, declarando que no tenía miedo y que estaba dispuesto a dar su vida por su causa. Al Jazeera publicó una entrevista en vídeo en la que Bhatti dijo: “Yo creo en Jesucristo y conozco el valor de la cruz".

Cualquiera que lea InfoCatólica en estos casi 16 años de su existencia sabe que tenemos mucho interés en contar la realidad de los cristianos en aquel país. Se pueden consultar muchas de las noticias haciendo click en este enlace. Además de Bhatti, Asia Bibi fue durante largos años un icono de la persecución que sufren los cristianos paquistaníes. 

Creo que no hace falta que les cuente cuál es la situación de aquellos que se convierten de islam al cristianismo en esa tierra. Y sin embargo, para Dios no hay nada imposible y mueve los corazones a la conversión. Es el caso de Petrus, que tiene características muy parecidas a las que vemos en el libro de Hechos con el caso de Cornelio y el eunuco etíope. El Señor le llegó a hablar en sueños para concederle el don de la fe.

Como os dije la semana pasada, Dios me regaló la oportunidad de conocer a Petrus el mismo día que publiqué la noticia de su conversión. El sacerdote argentino que recorre el mundo entero de arriba abajo para ganar almas para Cristo, me hizo una videollamada, me le presentó y me anunció que iba a bautizar a Petrus, su familia y varios paquistaníes en los días siguientes. Petrus ya era cristiano pero todavía no católico. Y sabemos que la fe católica, la del mártir Shabaz Bhatti, es la única verdadera. Por tanto, el Señor quiso completar la obra de redención en él. Fue entonces cuando pusimos en marcha la campaña “Apadrina a un converso”, de la que, como dijo Espronceda, va “viento en popa a toda vela, no corta el mal sino vuela".

El domingo fueron bautizados 19 nuevos hijos de Dios por el sacerdote. Adultos, jóvenes y niños. Hombres y mujeres. A Petrus le bautizó “bajo condición", porque no sabemos si cuando le bautizó un protestante lo hizo de forma válida. Y el Señor tuvo de nuevo la bondad de permitirme ver cómo obra en aquellos a quienes ha llamado para salvarles. Junto con unos hermanos en la fe argentinos, pudimos asistir a la ceremonia del bautismo. Pudimos ver sus caras, su alegría, su profesión de fe, su renuncia a Satanás. Pudimos oir sus cánticos, y aunque no entendíamos nada de la letra, en el Espíritu Santo entendíamos lo esencial. De aquí a que me muera, y si el Señor no permite que se borre mi memoria, jamás podré olvidar lo que vi durante las tres horas que duró todo. 

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24.12.24

22.09.18

Levántate, oh Dios, defiende tu causa

Cuando abrió el quinto sello, vi debajo del altar las almas de los degollados por causa de la Palabra de Dios y del testimonio que mantenían. Y gritaban con voz potente: «¿Hasta cuándo, Dueño santo y veraz, vas a estar sin hacer justicia y sin vengar nuestra sangre de los habitantes de la tierra?».
Ap 6,9

Y gritó con fuerte voz: «Cayó, cayó la gran Babilonia. Y se ha convertido en morada de demonios, en guarida de todo espíritu inmundo, en guarida de todo pájaro inmundo y abominable; porque del vino del furor de su prostitución han bebido todas las naciones, los reyes de la tierra fornicaron con ella, y los mercaderes de la tierra se enriquecieron con el poder de su opulencia». Y oí otra voz del cielo que decía: «Pueblo mío, salid de ella, para que no os hagáis cómplices de sus pecados y para que no os alcancen sus plagas; porque sus pecados se han amontonado hasta el cielo, y Dios se ha acordado de sus crímenes».
Ap 18,2-5

¡Ah! ¡Qué solitaria yace la Ciudad tan populosa! Quedó como una viuda, la grande entre las naciones. La princesa de las regiones ésta sometida a servidumbre. Llora y llora por la noche, lágrimas por sus mejillas.
Lam 1,1-2

Levántate, oh Dios, defiende tu causa.
Salm 74,22

¡Señor, sálvanos, que perecemos!
Mt 8,25

Luis Fernando Pérez Bustamante

18.01.18

El Imperio vuelve a exigir a los cristianos que apostaten

Tras una persecución brutal en el primer siglo y medio del cristianismo, el Imperio romano decidió dejar a los cristianos en paz durante largos años. Pero eso cambió en el año 249, cuando el emperador Decio llegó al poder. En enero del año siguiente, 250, publicó el siguiente decreto:

Se requiere a todos los habitantes del imperio para que hagan sacrificios ante los magistrados de su comunidad «por la seguridad del imperio» en un día determinado (la fecha variaría en cada lugar y la orden pudo haber sido que el sacrificio tenía que estar consumado dentro de un específico período después de que la comunidad recibiera el edicto). Cuando hagan el sacrificio podrán obtener un certificado (libellus) documentando el hecho de que han cumplido la orden.

Ni que decir tiene que la ceremoncia sacrificial que se pedía era de naturaleza pagana. La reacción de los cristianos, a diferencia de en los dos siglos anteriores, donde prácticamente todos prefiriendo sufrir el martirio a renegar de Cristo, fue muy variada. Hubo muchos que se negaron a obedecer al emperador, lo que les llevó a entregar su sangre por el Señor. Entre ellos, el papa San Fabián. Pero otros apostataron de diversas maneras. Concretamente estas:

  • Los sacrificati, que fueron aquellos que consintieron en hacer sacrificios a los dioses romanos o a la imagen del emperador. Los thurificati, aquellos que quemaron incienso ante las imágenes de los ídolos,
  • Los libellaciti, aquellos que obtuvieron un certificado por parte de las autoridades donde constaba que habían abjurado del cristianismo y hecho ofrendas a los dioses. Muchos de estos certificados se obtuvieron también por soborno y compra.
  • Los acta facientes, que fueron aquellos que realizaron acciones directas para salvar su vida o admitieron falsedades bajo coerción.
  • Los traditori, que entregaron a las autoridades objetos sagrados o escrituras, o que delataron a otros cristianos.

No era la primera vez que el pueblo de Dios se enfrentaba a la elección entre la fidelidad al Señor o a los gobernantes de turno. Como bien relata el I Libro de los Macabeos, Antioco Epífanes…

… envió decretos a Jerusalén y a las ciudades de Judá para que vivieran conforme a tradiciones extrañas a las del país. que se prohibiera hacer holocaustos, sacrificios y libaciones en el Santuario; que profanaran los sábados y los días de fiesta; que el Santuario y los objetos sagrados fueran contaminados; que levantaran altares, templos e ídolos; que hicieran sacrificios de cerdos y animales impuros;  que no circuncidaran a sus hijos y que hicieran sus almas abominables con toda clase de inmundicia y profanación; así se olvidarían de la Ley y cambiarían todas sus buenas costumbres.
El que no cumpliera la orden del rey sería condenado a muerte. Redactó un decreto para todo su reino en estos términos y nombró inspectores para todo el pueblo. Además obligó a las ciudades de Judá, una por una, a que ofrecieran sacrificios.
1 Mac 1,44-51

Muchos judíos apostataron pero a su vez:

muchos en Israel se mantuvieron firmes y se llenaron de valor para no comer alimentos impuros. Prefirieron morir antes que mancharse con la comida o profanar la alianza santa. Y, en efecto, murieron y fue muy grande la ira que se desencadenó sobre Israel.
1 Mac 1,62-64

Es una constante que cada cierto tiempo los hijos de Dios tienen que enfrentarse a elegir por gracia el martirio o caer en la apostasía, aceptando algo que va en contra de la fidelidad al Señor. Lo vimos el siglo pasado con la persecución a los cristeros en México y a los católicos españoles durante la II República y la Guerra Civil, y lo vemos hoy en China, la India, Oriente Medio, África, etc.

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19.11.17

Cristo traicionado, Iglesia traicionada. Salvador e instrumento de salvación

Siendo consciente de la advertencia de San Pedro sobre la enseñanzas de San Pablo en 2ª P 3,15-16, y rogando al Señor que me ayude, me atrevo a escribir estas líneas:

Vosotros, en otro tiempo, estabais también alejados y erais enemigos por vuestros pensamientos y malas acciones; ahora en cambio, por la muerte que Cristo sufrió en su cuerpo de carne, habéis sido reconciliados para ser admitidos a su presencia santos, sin mancha y sin reproche, a condición de que permanezcáis cimentados y estables en la fe, e inamovibles en la esperanza del Evangelio que habéis escuchado: el mismo que se proclama en la creación entera bajo el cielo, del que yo, Pablo, he llegado a ser servidor.
Ahora me alegro de mis sufrimientos por vosotros: así completo en mi carne lo que falta a los padecimientos de Cristo, en favor de su cuerpo que es la Iglesia, de la cual Dios me ha nombrado servidor, conforme al encargo que me ha sido encomendado en orden a vosotros: llevar a plenitud la palabra de Dios.
Col 1,22-25

Gran misterio el que apunta San Pablo. No el de que éramos enemigos de Dios por nuestros pecados y el Señor sufrió para que fuéramos reconciliados, siempre que nos mantengamos firmes en la fe. No, el misterio está en lo que añade a continuación. Sus sufrimientos completan lo que falta a los padecimientos de Cristo, para llevar a la plenitud la palabra de Dios.

Mas, ¿qué es la Iglesia sino la plenitud de Cristo?

Ella es su cuerpo, plenitud del que llena todo en todos.
Efesios 1,23

Siendo que Cristo padeció, la Iglesia ha de padecer. Y no solo de parte del mundo, sino incluso por la traición desde dentro. Si hubo un Judas que vendió a Cristo por treinta monedas de plata, hoy hay muchos Judas que venden a la Iglesia para obtener el beneplácito y el aplauso del mundo. Ignoran ellos, necios, que el mundo no les amará sino que les tratará con el mismo desprecio que trataron a Judas cuando se dio cuenta del alcance de su traición. 

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