León XIV abre en el Vaticano el encuentro por los diez años de «Amoris laetitia»
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Se pregunta cómo anunciar «la plenitud de la enseñanza del Evangelio sobre la familia»

León XIV abre en el Vaticano el encuentro por los diez años de «Amoris laetitia»

«Dios los creó hombre y mujer». Con Mc 10 y una pregunta incómoda sobre en qué falla la pastoral familiar, León XIV abrió el encuentro con el que la Iglesia hace balance de una década de Amoris laetitia.

(InfoCatólica) Con las palabras de Jesús sobre el principio de la creación, «Dios los creó hombre y mujer», y con una serie de preguntas sobre en qué ha acertado la pastoral familiar y en qué no consigue llegar al corazón de las personas, León XIV abrió este miércoles en el Aula Pablo VI el encuentro con el que la Iglesia hace balance de los diez años transcurridos desde la publicación de Amoris laetitia.

León XIV presentó la exhortación de 2016 como algo que «marcó una etapa importante» dentro de «el largo y fructífero camino sinodal y misionero que la Iglesia ha recorrido en relación al matrimonio y la familia, un camino que estamos llamados a continuar», y que vinculó expresamente con el camino «indicado por el Concilio Vaticano II».

El Papa ha convocado en el Vaticano, del 7 al 14 de octubre, a los jefes de las Iglesias orientales y a los presidentes de las Conferencias Episcopales, junto con matrimonios que darán testimonio de su vida en Cristo, expertos y moderadores. Las jornadas, bajo el título «Diez años después de Amoris laetitia. Anunciar el Evangelio a las familias de hoy», seguirán un formato sinodal con testimonios, meditaciones, presentaciones, conversaciones, trabajo en grupo y momentos de oración. El propio Pontífice pidió al final de su intervención que todos mantengan «la discreción y la confidencialidad que exige este tiempo de escucha y discernimiento».

Amoris laetitia, una etapa en un camino que arranca del Concilio

Según recordó el Papa, los Padres conciliares situaron la dignidad del matrimonio y de la familia al principio de la segunda parte de la Gaudium et spes por entender que la vida familiar ofrece un punto de acceso privilegiado a las grandes cuestiones culturales, económicas, sociales y políticas de nuestro tiempo. Esa interdependencia, añadió, «se ha hecho aún más evidente hoy, siempre a la luz de la Palabra de Dios: "Pero al principio de la creación, Dios los creó hombre y mujer. Por esto, dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer" (Mc 10,6-7)».

Sobre ese fundamento trazó la línea que llega hasta hoy. El Sínodo de los Obispos de 1980 retomó un deseo ya expresado por el Papa Juan Pablo I durante su breve pontificado, lo que condujo a la exhortación apostólica Familiaris consortio de San Juan Pablo II. Del Papa Francisco recordó que, al inicio de su pontificado, «volvió a situar a la familia en el centro de un proceso sinodal», un camino que llevó hace diez años a Amoris laetitia.

Mientras cita literalmente el Evangelio de Marcos y remite a Gaudium et spes y a Familiaris consortio, el Papa no recoge en su discurso ningún pasaje de Amoris laetitia ni alude a su capítulo VIII, el que concentró la controversia sobre el acceso a los sacramentos de los divorciados vueltos a casar. Tampoco nombra las asambleas sinodales de 2014 y 2015, a diferencia del Sínodo de 1980.

«La familia sigue siendo clave para un enfoque que mantenga unido lo local y lo global, guiado por la búsqueda de una fraternidad universal en Cristo que el Evangelio nos llama a construir con todos», afirmó el Pontífice, para quien esta trayectoria de más de medio siglo «confiere a nuestro encuentro una responsabilidad especial como pastores».

Como imagen de lo que comienza ahora, el Papa evocó a Pablo y Bernabé, que al término de su viaje misionero reunieron a la Iglesia y «le relataron todo lo que Dios había hecho con ellos» (Hch 14,27), y volvieron a hacerlo en Jerusalén (Hch 15,4). Los participantes traen también, dijo, «historias de conversión, de frutos inesperados», junto con «las dificultades a las que nos hemos enfrentado» y «las preguntas que han surgido».

Las familias, sujeto de la misión

León XIV recordó su mensaje del pasado 19 de marzo, en el décimo aniversario de la exhortación, en el que señaló que «de hecho, hay lugares y circunstancias en los que la Iglesia "sólo puede llegar a ser sal de la tierra" a través de los fieles laicos y, en particular, de las familias». Las familias participan en la misión de la Iglesia, explicó, mediante el amor y la fidelidad, el perdón, la educación de los hijos, la transmisión de la fe y el cuidado de los mayores y de los más vulnerables.

A los obispos les recordó su propia tarea. «Como pastores, hemos recibido la responsabilidad, a tiempo y a destiempo, de proclamar la belleza del plan de Dios para el matrimonio y la familia, así como su llamada al amor y a la ternura». Ese ministerio, añadió, los sitúa también en «una escuela de la escucha», porque «sin duda tenemos mucho que aprender de las familias».

Una distancia creciente

El Papa no eludió el diagnóstico. «En muchos contextos, ha surgido una distancia cada vez mayor entre las formas en que se viven el sexo y la intimidad, y la visión cristiana del matrimonio». Los jóvenes, prosiguió, «siguen anhelando el amor, la fidelidad y el sentido de pertenencia», pero «a muchos les cuesta aceptar cómo esa visión del amor puede materializarse en sus propias vidas o creer que un compromiso para toda la vida es la condición necesaria para alcanzar lo que desean». A ello se suman la inseguridad económica, la migración, la violencia y la soledad.

Estas realidades, dijo, plantean una serie de preguntas «que debemos afrontar con valentía», y que servirán de base para el trabajo de estos días.

¿Qué buscan realmente las personas tras estos cambios culturales?

¿Qué nos revelan sus alegrías y esperanzas, sus penas y sus inquietudes?

¿En qué aspectos nuestro lenguaje pastoral y nuestras prácticas logran abrir un camino, y en cuáles no consiguen llegar al corazón de las personas ni apoyar sus esfuerzos por hacer el bien?

¿Qué nos enseña la experiencia vivida por las familias, una experiencia de la que aún no hemos aprendido del todo?

¿Qué podemos ofrecer como formación para una vida familiar sana y santa?

En particular, ¿qué podemos aprender de los padres que tratan de acompañar a sus niños y jóvenes en estos contextos?

La fragilidad, condición común

El Pontífice pidió una atención especial a la fragilidad, que afecta a cómo las personas se ven a sí mismas e incluso a su relación con Dios y con la Iglesia, y que forma parte de la condición humana común. «Todos conocemos la brecha que existe entre el bien que deseamos y lo que somos capaces de vivir. Necesitamos la gracia, el perdón y nuevos comienzos para cumplir la voluntad de Dios, y aprendemos que la fidelidad es en sí misma una gracia que hay que recibir y un camino que hay que renovar poco a poco, a menudo a través de las pruebas».

Reconocer ese desafío compartido, afirmó, «debería marcar la forma en que nos acompañamos mutuamente en la Iglesia», y de ahí una segunda serie de preguntas dirigidas a la propia Iglesia.

¿Qué tipo de Iglesia, entonces, encuentran las personas precisamente cuando se sienten más frágiles?

¿Les ayudan nuestras comunidades a descubrir que siguen teniendo un lugar, una responsabilidad y dones que ofrecer?

¿Puede la verdad que proclamamos manifestarse a través de la paciencia, la cercanía y la misericordia de nuestra presencia pastoral?

¿Cómo podemos anunciarles la plenitud de la enseñanza del Evangelio sobre la familia?

El Papa invitó a los participantes a dar a estas preguntas «toda la importancia que merecen», porque la tarea «no es sólo interpretar estas realidades, sino dejar que nos interroguen y motiven nuestra responsabilidad pastoral».

Frutos para toda la Iglesia

El encuentro cuenta con un Marco Temático cuyo objeto es establecer un diálogo entre la exhortación y lo vivido por las Iglesias en estos diez años, y su programa se ha hecho público para que el Pueblo de Dios acompañe los trabajos con la oración. El Papa invitó a inspirarse «en la riqueza de la palabra de Cristo y de la tradición de la Iglesia».

León XIV expresó su deseo de que de las historias aportadas surja «una narrativa compartida de estos diez años, marcada por la alegría y la esperanza», que permita «afrontar con honestidad las pruebas y dificultades que aún quedan por delante» y alimente el discernimiento pastoral de las conferencias episcopales y de las Iglesias orientales. Cerró pidiendo al Señor que el Evangelio se convierta «cada vez más plenamente en buena nueva para las familias de todo el mundo».

 

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