(InfoCatólica) Mons. Barron también ha comentado la escandalosa entrevista a Mons. Paglia en la que relata lo que hizo y lo que Francisco le encomendó según su propio testimonio. El obispo recomienda la lectura del análisis que hace Mons. Livio Melina.
El arzobispo Vincenzo Paglia, antiguo gran canciller del Instituto Juan Pablo II sobre Matrimonio y Familia, admitió que los cambios que introdujo en la institución durante el pontificado del papa Francisco tenían como objetivo una reforma «muy profunda» de la concepción de la ley natural. La declaración confirma, según el obispo Robert Barron, las peores sospechas sobre el alcance de aquella reestructuración.
Una moral sin absolutos
A raíz de estas declaraciones, Barron publica en X un análisis en el que denuncia el marco teórico que subyace a la reforma impulsada por Paglia. En lugar de normas morales absolutas fundadas en una comprensión rigurosa de los bienes básicos, el arzobispo y sus colaboradores proponían una teoría moral enraizada en el «discernimiento histórico de la experiencia subjetiva y cultural», no una «teología de despacho», sino una que operase «dentro de la historia y de la vida de las personas». Para Barron, este lenguaje es el del posmodernismo de moda y entraña un peligro real para la coherencia de cualquier discurso moral.
La esclavitud como piedra de toque
El obispo ilustra el principio con un ejemplo concreto: ¿es la esclavitud intrínsecamente mala, con independencia de lo que digan las encuestas o el consenso vigente? Cualquier persona honrada respondería que sí, sostiene Barron, pero esa respuesta se fundamenta precisamente en lo que la tradición llama ley natural y bienes básicos. Existen valores tan fundamentales que los actos contrarios a ellos son perversos por su propia naturaleza. Si la moralidad se reduce a una función de datos culturales y experienciales en constante cambio, argumenta, nada impediría que la esclavitud volviese a considerarse legítima, como la consideraron Aristóteles o numerosos ciudadanos en Estados Unidos hasta bien entrado el siglo XIX. Barron remite a la encíclica Veritatis Splendor de san Juan Pablo II como exposición articulada de esta doctrina de los absolutos morales: prescindir de ellos en nombre de la libertad o la sensibilidad pastoral, advierte, vuelve disfuncional el discurso moral, del mismo modo que relativizar el principio básico de la lógica haría imposible cualquier conversación racional.
Del Instituto al Sínodo
El obispo conecta la admisión de Paglia con su propia experiencia en el Sínodo sobre la Sinodalidad, donde algunos de sus colegas alemanes se mostraban deseosos de relativizar o transformar radicalmente los principios de la moral clásica bajo la rúbrica del desarrollo de la doctrina. Si esa es verdaderamente la operación en curso, concluye Barron, «nos hemos aventurado en mares peligrosos».






