(InfoCatólica) Lo que debía ser la culminación de un largo proceso de discernimiento y renovación para la Iglesia italiana se ha convertido en una profunda crisis institucional. La Segunda Asamblea Sinodal Nacional, celebrada en Roma esta semana, terminó con el rechazo rotundo del documento final por parte de una mayoría abrumadora de participantes, en su mayoría laicos. La Conferencia Episcopal Italiana (CEI), ante la ola de críticas y propuestas de enmiendas, se vio obligada a retirar el texto y anunciar su completa reescritura, que se presentará en una nueva asamblea prevista para octubre.
Durante cuatro años, obispos, sacerdotes, religiosos y fieles laicos trabajaron en la elaboración de un itinerario que pretendía dar una nueva forma a la Iglesia italiana, más participativa y abierta a los desafíos del presente. Sin embargo, en la fase final del proceso, el texto presentado fue percibido como distante, insuficiente y, en muchos aspectos, vacío de contenido real. Según fuentes internas, muchos consideraron que el documento ignoraba los aportes de las comunidades locales y el trabajo realizado en las primeras fases del proceso sinodal, centradas en la escucha del pueblo de Dios y en el discernimiento compartido.
Laicado claramente heterodoxo
Los temas más sensibles —como el papel de la mujer en la Iglesia, el acompañamiento pastoral a las personas homosexuales y la lucha contra los abusos— apenas fueron mencionados en el texto final, lo que generó un profundo malestar entre los asistentes. «Se reconoció el papel de la mujer, pero no se hizo referencia a la posibilidad de nuevos ministerios femeninos, como el diaconado», señaló el diario La Repubblica, que también informó que el acrónimo LGBTQ+ ni siquiera apareció en el texto.
Monseñor Erio Castellucci, presidente del Comité Nacional del Camino Sinodal, admitió que el texto había resultado «inadecuado» para los delegados. «Las numerosas propuestas de enmienda presentadas por los 28 grupos exigen un replanteamiento global del texto y no sólo el ajuste de algunas de sus partes», explicó en un comunicado. Añadió además que «deberíamos haber valorado mejor que este género literario, considerado por algunos como superado, en un recorrido tan rico como el del cuatrienio, puede resultar árido y pobre, sin poder mostrar una continuidad real respecto a los documentos anteriores».
176 obispos, 442 laicos
De los más de mil participantes que acudieron a Roma, sólo 176 eran obispos, mientras que los laicos alcanzaban los 442, reflejando una composición inédita en la historia reciente de la Iglesia italiana. El resultado fue un fuerte contraste de visiones, donde se enfrentaron sectores progresistas que pedían reformas estructurales —más voz para las mujeres, mayor inclusión de las personas LGBTQ+, nuevas formas de gobernanza eclesial— con otros que defendían la autoridad episcopal y una visión más tradicional de la Iglesia.
«El Sínodo no es un Parlamento», ha repetido en diversas ocasiones el Papa Francisco. Y fue precisamente esta frase la que los obispos italianos retomaron en una carta enviada al pontífice al inicio de esta Segunda Asamblea. Sin embargo, lo ocurrido esta semana mostró una dinámica muy diferente: la base, o al menos una parte muy activa y organizada de ella, se rebeló ante lo que percibió como un intento de imponer un documento desde arriba, ignorando la participación sin precedentes vivida en los años previos.
El virus alemán se extiende
El fenómeno recuerda, inevitablemente, al «virus alemán», como algunos lo han llamado, en referencia al conflicto vivido en la Iglesia de Alemania durante su propio proceso sinodal. En aquel caso, también se produjo un enfrentamiento entre las expectativas de reforma de los fieles y las estructuras de poder eclesial. En Italia, aunque el tono fue menos escénico —no hubo gritos ni lágrimas—, el impacto institucional ha sido igualmente fuerte.