Categoría: Obispos españoles
16.03.10
Terrassa es una diócesis muy joven, fruto de la partición de la sede metropolitana de Barcelona en junio del 2004. Su primer obispo titular, Monseñor José Ángel Sáiz Meneses, cuenta con sólo 53 años de edad, así que, Dios mediante, le queda cerca de un cuarto de siglo por delante para desempeñar su ministerio en primera línea. Su etapa como obispo auxiliar de Barcelona dio todo lo que puede dar la labor de un obispo auxiliar, pero ha sido llegar a Terrassa y empezar a dejar huella. Y no una huella cualquiera, no. Hablamos de una huella fundamental para el futuro de cualquier diócesis: su seminario.
Y es que convertirse en el seminario más importante de Cataluña en tan solo tres años de existencia no debe ser cosa fácil. Pues eso es lo que ha logrado don José Ángel. Obviamente no es sólo cosa suya. Sus colaboradores más cercanos tienen mucho que ver con lo ocurrido. Y en Roma esas cosas se tienen en cuenta. Por ejemplo, su primer vicario general, monseñor Pardo, es hoy obispo de Gerona.
Germinans denuncia hoy el silencio de los medios de comunicación catalanes, incluidos los eclesiales, sobre el “milagro” Terrassa. Es normal. Monseñor Sáiz Meneses, sin tener un perfil ultra-conservador, representa cuál es la línea a seguir por la Iglesia en Cataluña en las próximas décadas, si es que en verdad se quiere que el catolicismo catalán resucite de su actual postración. Y es que por más que el cardenal Sistach esté en un estado de cuasi-levitación tras conseguir que el Papa vaya a Barcelona en noviembre, el futuro de la “iglesia catalana” lo representa mucho mejor el obispo de Terrasa que su arzobispo metropolitano. Y no sólo por una cuestión de edad, que también, sino por la manera de pastorear al rebaño de Cristo en sus respectivas diócesis. No se trata de establecer una rivalidad entre ambos. Se trata de constatar hechos que saltan a la vista. Y el que no los quiera ver, que se tape los ojos.
Luis Fernando Pérez
13.03.10
Ayer prometí exclusiva sobre el caso “Pagola-Uriarte” y hoy hemos cumplido con lo prometido. Cualquiera que hubiera leído la información dada por Religión Digital hace unos días, en la que se decía que “Monseñor Uriarte encargó un dictamen pericial sobre la obra a dos cualificados teólogos y a un obispo teólogo. Este último se dijo entonces que fue Fernando Sebastián, ex arzobispo de Pamplona y con gran peso ‘político’ e influencia en el Episcopado” y “…Con el peritaje de semejante ‘troika teológica’, Uriarte se decidió a emitir un ‘nihil obstat’, un aval que declara que la obra, ya revisada por el autor, no tiene nada contra la fe y las costumbres de la Iglesia, y a poner su ‘Imprimatur’ episcopal en la publicación. Era el 18 de junio de 2008“, podría haber sacado la conclusión de que monseñor Sebastián avalaba el nihil obstat de Uriarte al libro. Pues no, señores. Todo lo contrario.
Cualquiera que conozca un poco la historia de la Iglesia en España en las últimas décadas, sabe que el arzobispo emérito de Pamplona ha sido, y sigue siendo desde la condición de emérito, una de las plumas magisteriales más brillantes del episcopado español. Por tanto, su juicio doctrinal sobre cualquier tema, y el que ha dado sobre el libro de Pagola está muy fundamentado, debe de ser muy tomado en cuenta. O sea, justo lo contrario de lo que hizo Monseñor Uriarte en relación a la obra de “su” teólogo.
1.03.10
Vaya por delante mi convencimiento de que lo mejor que podría hacer en este post es copiar las palabras de Monseñor Francisco Gil Hellín y callar. Poco puedo añadir a lo escrito por el arzobispo de Burgos. Pero dado que llevo una serie de posts en los que me he quejado de las declaraciones y silencios de nuestros pastores, sería sumamente injusto que no les alabara cuando hacen las cosas bien. Y la carta del arzobispo castellano es de esas que deberían dejar huella. No podemos permitir que pase así sin más.
A la hora de comentarla, prefiero empezar por la parte `propositiva´: “Lo que ahora necesitamos en España con absoluta urgencia es volver a Dios“, dice don Francisco. Pues sí, es cierto. No habla el arzobispo sólo de una conversión personal de los españoles, que también, sino de la conversión del país entero. Cierto es que si el pueblo se convierte, la nación que forman lo hace igualmente. Una sociedad donde abundan los conversos al evangelio pasa de la enfermedad a la salud, de la muerte a la vida. Y hablamos de conversiones sinceras y reales. Los cristianos “nominalistas” sobran. O se es cristiano de verdad o más vale no ser cristiano.
Aunque es deseable que nos libremos de un gobierno cuya iniquidad moral es palmaria, no podemos ser tan ingenuos como para pensar que con ese paso se acabará la decadencia espiritual de España. De hecho, quizás tenemos un gobierno así porque así somos la mayoría de los españoles. Y es que la descripción que hace de la sociedad española el arzobispo burgalés es tan dura como veraz:
Una sociedad con varios millones de parados, que mata impune y sistemáticamente a sus hijos más inocentes, que administra la justicia según los colores políticos, que miente con descaro y desde las más altas instancias, que viola los pactos más sagrados, que fomenta el odio y el enfrentamiento entre sus miembros, que impide el ejercicio libre de la religión, que destruye la inocencia de los niños desde su más tierna edad, que azuza las pasiones de los jóvenes, que niega que haya acciones buenas y malas con independencia de tiempo y circunstancias, que convierte la escuela en un instrumento ideológico y el poder político en trampolín para el enriquecimiento personal y el medro de los suyos, que se empeña en no tener hijos, en una palabra, una sociedad cuarteada en sus estructuras básicas y removida en sus cimientos éticos es una sociedad decadente y enferma de extrema gravedad.
Es posible que a los buenistas de turno, las palabras del arzobispo les parezcan excesivas. Siempre habrá alguno que, por ejemplo, nos recuerde que los españoles están entre los ciudadanos del mundo que más dinero han dado para paliar la tragedia de Haití. Y eso es cierto. Pero el dinero de los ricos -y a pesar de la crisis, España sigue siendo un país rico- no cubre sus pecados. Digo esto siendo consciente de que muchos habrán dado de lo que no les sobra. Pero creo que se me entiende por dónde quiero ir. Además, hacer el bien a quien lo necesita es un deber moral. Sólo faltaba que a los pecados descritos por Monseñor Gil Hellín añadiéramos el de la indiferencia ante el dolor ajeno.
28.02.10
Misa de doce. Los fieles la parroquia bilbaína de San Javier, supongo que no muchos dado que era sábado, se disponían a asistir a la liturgia de siempre. Pero el párroco no tenía la más mínima intención de que aquello fuera una misa. Efectivamente, don Juan María Bautista decidió que iba a dar un mitin para-eclesial en el que criticaría la retirada de las librerías de la última edición del “Jesús” de Pagola. No contento con eso, dijo que no pensaba llevar a cabo la consagración.
El cura vasco habló de la “desazón y el disgusto de amplios sectores de la Iglesia” ante la presión que, desde ciertos círculos eclesiales, se ha ejercido sobre la obra, un hecho que, según su opinión, “raya el oscurantismo inquisitorial y supone la vuelta al pasado". Original el hombre, ¿verdad?
Más original fue cuando habló de una supuesta necesidad de que la Iglesia “de base” vuelva a las raíces del Concilio Vaticano II para evitar que pasos como el adoptado en relación a la obra de Pagola sigan produciendo “dolor y escándalo” en personas que “sólo están cultivando su fe". Aunque no tengo constancia de ello, no es descartable que en ese momento se difundiera por el templo un olor intenso a naftalina.
Ahora bien, si no es lógico que un cura se ponga a soltar a sus fieles un “speech” de ese tipo, ignorando que el propio Concilio Vaticano II deja muy claro que la labor de los teólogos está sujeta a la autoridad del Magisterio de la Iglesia, a mí me parece infinitamente más grave que un sacerdote tenga el valor de decir que va a realizar una “misa especial” en la que “no haremos la consagración“.
22.02.10
Buenas perlas las que nos ha regalado Monseñor Demetrio Fernández en la entrevista que le hemos realizado para InfoCatólica:
El gozo de la comunión eclesial es la fuerza invencible para la evangelización. Es hora de superar dialécticas añejas de disenso y de crítica eclesial, y de vivir de manera visible y sin fisuras la comunión con el Papa, con su magisterio, con la disciplina de la Iglesia. Y la comunión con el obispo propio…
… Los carismas, viejos o nuevos, o se viven con fervor o se enquistan. La vida consagrada necesita una profunda reforma. Hay signos muy esperanzadores de ello.
… La opinión pública en la Iglesia se ha convertido para algunos en plataforma de disenso contra el Magisterio. Los obispos hemos de velar por la sana doctrina, porque nos va en ello la salvación eterna, la nuestra y la de los fieles encomendados. Y debemos proponer, denunciar y si llega el caso corregir. Creo que los obispos podríamos hacer más en este campo tan importante.
… Y los seglares católicos que trabajan en la política han de llevar la luz y la sal del Evangelio adonde se elaboran las leyes.
… Si un movimiento es eclesial encaja en todas partes, también en la parroquia. Cuando un movimiento pierde su eclesialidad, se convierte en una secta.
Aunque ya dijo Cristo que no era conveniente echar perlas a los cerdos, porque esos bichos las pisotean, los fieles católicos entienden perfectamente de qué nos está hablando este obispo. Le entienden incluso aquellos que se sienten aludidos por sus palabras pero están dispuestos a recibir la corrección de un buen pastor.
Laico, casado y padre de tres hijos. Pionero en la
apologética hispana en internet. Destacado
blogger, ha participado en diversas iniciativas
digitales. Fue el primer director de Religión en
Libertad.
En la actualidad es director de InfoCatólica. Si
quieres contactar con Luis Fernando puedes escribirle a
luisfernando.perez@infocatolica.com.
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