Último día del Congreso Provida en Zaragoza

Llamamiento internacional a continuar en la defensa de la vida humana

El IV Congreso Internacional Provida celebrado este fin de semana en Zaragoza se ha clausurado con la firma de una Declaración dirigida a los poderes públicos y a la sociedad en general, en el que se insta a los gobiernos a «trabajar eficazmente para ayudar a las mujeres embarazadas». El profesor de Sociología de la Universidad de Valencia y miembro del Comité Permanente de los Congresos Internacionales Provida, José Pérez Adán destacó otro aspecto que recoge la Declaración de Zaragoza, la propuesta de calificar con el neologismo megagenocidio a «los más de 800 millones de muertes provocadas hasta el momento por abortos legales en los países que lo han autorizado».

(Agencias/InfoCatólica) Esta mañana tuvo lugar una mesa redonda bajo el título “Llamemos a las cosas por su nombre” estuvo moderada por Pedro Juan Villadrich, vicepresidente del Grupo Intereconomía, teniendo como ponentes a Benigno Blanco, presidente del Foro Español de la Familia, Angela Aparisi, catedrática de Filosofía del Derecho y Benjamín Correas, cofundador y secretario ejecutivo de Acción mundial de Parlamentarios y Gobernantes por la Vida. 

El moderador comenzó alentando a seguir resistiendo y mantener la lucha por la vida y a partir de ideas claras, sabiendo “en qué combate nos encontramos”. Viladrích se refirió a la tradición, como la entrega de las experiencias entre generaciones y afirmó que las familias con arraigo y las sociedades consolidadas tienen tradiciones por las que transmiten sus avisos de qué es bueno, magnífico, malo o pésimo. Añadió que para que haya una cultura por la vida es preciso saber que se trata de la transmisión de la tradición clave para el ser humano, la familia y la sociedad: la vida como algo magnífico.  El subdirector de Intereconomía concluyó que en esa transmisión son claves las mujeres, “las abuelas, las madres y las hijas”, puesto que sólo los “pro vida somos feministas, porque valoramos la mujer y su especifidad”, mientras que “los pseudofeministas acaban convirtiendo a la mujer en objeto de deseo, de sexo y de negocio”. 

Ángela Aparisi, habló sobre el “lenguaje y el discurso de género”, subrayando que la “ideología de género” pretende no sólo manipular el lenguaje sino romper el enlace entre lenguaje y verdad.  Así, respecto a la “igualdad de género”, se sustituye el término sexo, por ser algo biológico e irrelevante, por el de género, construcción cultural o social, de modo que pase a ser un derecho, a ser un bien elegible. Aparisi recordó que la expresión “interrupción del embarazo” es tan falsa como políticamente correcto, puesto que interrumpir es suspender, mientras que el aborto es “terminar” o “eliminar” el embarazo. Y terminó animando a que en la batalla pro vida es preciso llamar las cosas por su nombre sin consentir que nos “llamen fundamentalistas”. 

Benigno Blanco expuso su ponencia “evitar abortos, una responsabilidad de todos”. Para el presidente del Foro español de la Familia, en la “crisis sobre la capacidad de conocer la verdad”, una gran parte de los seres humanos ha perdido la noción de que lo que existe, por el mero hecho de existir es bueno y afirmó que debiera bastar con ver a un niño para ver que es bueno. Pero para quienes “han abdicado de la capacidad de la razón”, “la vida pasaría a ser terreno al margen de las convicciones serias” mientras que ellos “se han erigido en los definidores de la verdad por muy contraria que sea su teoría a lo que ciertamente es real aunque no sea conocido”. 

Blanco afirmó que la cuestión provida va más allá de la política, es cuestión de educación, de cultura, pero se planteó que “cuando los dineros de los ciudadanos están en manos de los presupuestos del Estado y el Estado son los partidos que gobiernan, o entramos a cambiar a los políticos o les tendremos, como ahora, legislando contra la voluntad popular”. Mientras tanto, afirmó Benigno Blanco, la batalla puede y debe plantearse “en el encuentro persona a persona”, para conseguir “cambiar el corazón del hombre”. En ese sentido, dijo, “es clave que hagamos ver al no nacido, al niño en el seno materno”,  y hay que sentirse responsables de "toda vida humana" e intentar salvar las vidas de embarazadas que se encuentran en la angustia de acercarse al aborto.

Finalmente  Benjamín Correa participo para mostrar cómo los políticos pueden o deben defender la vida. Narró su experiencia en Chile:  “un diputado pidió la firma de los diputados sobre la defensa de la vida: de 120 diputados se consiguieron 61 firmas, de modo que al presentarse la ley del aborto en el Congreso chileno fue rechazada por 61 votos contra 59”. 

En su opinión, es alarmante la extensión de la “cultura de la muerte”, cuya filosofía es “una visión plana del hombre, no transcendente”, marcada por la convicción de que “no podemos descubrir un proyecto divino para la especie humana” y por tanto hemos de “salvarnos a nosotros mismos”. Correa subrayó la gravedad de que pensadores, doctores y profesores lleguen a afirmar que “el asesinato de un niño no debería ser tan grave como la de un adulto”. Finalmente afirmó que “esto es peor que el holocausto nazi” y que a los provida “nos toca ser como el Maximiliano Kolbe de nuestra época”, seguir este proyecto bueno, que viene de Dios, orar profundamente e imitar el heroismo de los santos.

Declaración de Zaragoza

Los participantes en el IV Congreso Internacional Provida aprobaron como conclusión del mismo la Declaración de Zaragoza, que se dirige a gobernantes, legisladores, magistrados y sanitarios; líderes políticos y religiosos; intelectuales, educadores y comunicadores sociales; organizaciones civiles; madres y padres de familia, y a todos los responsables de la promoción de los derechos humanos. 

En la declaración se afirma que "lo peor que le puede suceder a una madre es hacer matar voluntariamente a su propio hijo" y que "los más de ochocientos millones de muertes provocadas hasta el momento mediante abortos 'legales', en los países del mundo que lo han autorizado, constituyen un delito de lesa humanidad que, por su número y extensión, propone que se denomine a partir de ahora como mega-genocidio". 

A todos a quienes está dirigida esta declaración se les pide que promuevan soluciones respetuosas de la vida para las necesidades relacionadas con la maternidad, como las de propiciar la atención cualificada al embarazo, parto y recién nacido. Asimismo se pide la ejecución de programas para fortalecer la familia, hacer respetar la vida humana, desde la fecundación hasta su muerte natural, reconocer la personalidad jurídica de todo ser humano desde el instante inicial de su existencia, y eliminar toda práctica abortiva, eugenésica, eutanásica, o que manipule la vida humana. 

Los firmantes de la Declaración de Zaragoza se comprometen, entre otras cosas, a promover organizaciones de la sociedad civil cuya finalidad sea denunciar públicamente a quienes violen el derecho fundamental a la vida, en especial si son funcionarios públicos o políticos en campaña electoral, crear centros de ayuda para la mujer embarazada con problemas, promover la adopción como opción digna para esas madres y promover partidos políticos que tutelen la vida humana.

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4 comentarios

Joaquín
Asombro, quizás para usted una vaca tiene el mismo valor que un ser humano. Para el común de los mortales, y desde luego para los cristianos, no.
9/11/09 10:02 PM
Asombro
No digo que tenga el mismo valor, digo que la vaca tiene el mismo derecho a la vida.
9/11/09 10:17 PM
Joaquín
Pues no, una vaca no tiene el mismo derecho a la vida que un ser humano. Si un ser humano necesita alimentarse de la vaca para sobrevivir, se mata a la vaca y se la come. Al revés no pasa.

El hombre tiene una trascendencia, en cuanto que está hecho a imagen y semejanza de Dios, que no tienen ningún animal.
9/11/09 10:54 PM
María Teresa Carmona Peredo
Cada niño por nacer, es una esperanza en el ser humano. Promover o ejecutar la muerte de esos niños es negarse a sí mismos pasando a ser automáticamente inhumanos.
29/05/10 3:38 AM

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