
–Tengo entendido que los antiguos celebraban los Jueves una hora santa pidiendo por los sacerdotes.
–Los «antiguos», como usted dice, ponían más su confianza en esas reuniones con el Santísimo y otros actos semejantes. Ahora se llevan más «las reuniones» del clero a todos los niveles, a veces también con laicos, y la «renovación» frecuente de planes y de métodos pastorales. O quizá no sea así: vaya usted a saber. No hay metro para comparar situaciones de tiempos diferentes.
–Sacerdocio ministerial y sacerdocio común de los fieles se complementan
No rivalizan entre sí: cuanto más crezca uno, más disminuye el otro. No falta quien dice: «Si disminuye mucho el clero, ¡ésta es la hora de los laicos!»… Esa visión no sólo es falsa, es ridícula. Y contraria a la historia de la Iglesia, cuyos laicos han sido mejores cuando han tenido pastores más numerosos y santos. Y viceversa, cuánto más cristianas han sido las familias, más y mejores han sido los sacerdote y religiosos. Por otro lado, se trastorna y debilita a la Iglesia si, pretendiendo acrecentar en ella la unidad de las vocaciones y su fecundidad apostólica, los laicos son clericalizados, y los sacerdotes son secularizados en vida y ministerios. Pastor y rebaño se pierden entonces juntamente.
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