Bad Bunny y el salmo 8
El filósofo alemán Robert Spaemann (1927-2018) publicó, ya jubilado como profesor de Filosofía, un interesante comentario a los Salmos, titulado “Meditaciones de un cristiano”. “El Salterio – escribe en la introducción a esta obra- es el libro clásico de oración de la sinagoga y de la iglesia. Constituye la mayor parte del Libro de las Horas de los monjes cristianos de Oriente y Occidente, así como del Breviario cotidiano de los sacerdotes. Los salmos pertenecen – con independencia de la fe del lector o del cantor – al patrimonio cultural fundamental de Europa”.
A propósito del salmo 8, que canta la gloria del Creador y la dignidad del hombre, se pregunta Spaemann: “¿Qué tiene primacía, el cosmos luminoso o el hombre? El salmista se asombra aquí de la paradoja. El hombre es lo más alto de la creación, pero esto no es una obviedad ni se desprende de una mera observación de la realidad”. El cosmos, las lumbreras del cielo, son más imponentes que el hombre. Frente a ellas, el hombre es una combinación pasajera de elementos cósmicos. De ahí la interrogación de asombro: “¿qué es el hombre para que te acuerdes de él?”

Se repite con frecuencia en nuestra época que vivimos una “crisis antropológica”. No resulta sencilla, ni al alcance de todos, y mucho menos sin estar asediada por el error, la respuesta al interrogante: “¿en qué consiste ser humano?” o, dicho de otro modo, “¿qué es la naturaleza humana?”, ¿qué es lo propio y característico del hombre?
En la llanura de Asís, ciudad de la región italiana de Umbría, se levanta la imponente basílica de Santa María de los Ángeles, coronada por una hermosa cúpula y una estatua dorada de la Virgen. Este templo alberga una pequeña iglesia, la Porciúncula, un lugar muy especial para san Francisco de Asís, donde quiso pasar los últimos días de su vida hasta que le sobrevino la muerte, el 3 de octubre de 1226. Había nacido en 1181 o 1182 y, solamente dos años después de su fallecimiento, fue canonizado en 1228. En 2026 se celebra, pues, el octavo centenario de su “tránsito”.
La palabra “epifanía” significa “manifestación”. En la tradición litúrgica cristiana, y así se refleja también en el arte, se vinculan tres momentos de la “manifestación” de Cristo como Hijo de Dios y Salvador del mundo: la adoración de los magos – la manifestación a los paganos -, el Bautismo de Jesús en el Jordán – la manifestación al pueblo judío -, y las bodas de Caná –la manifestación a los discípulos-. Una antífona de la solemnidad del 6 de enero lo expresa con concisión y belleza: “Veneremos este día santo, honrado con tres prodigios: hoy, la estrella condujo a los magos al pesebre; hoy, el agua se convirtió en vino en las bodas de Caná; hoy, Cristo fue bautizado por Juan en el Jordán, para salvarnos. Aleluya”.
Cada año, en el tiempo de Navidad, se abre al público una sala normalmente oculta del Monasterio de las Descalzas Reales, en Madrid, llamada la “Divina Guardería”, porque en ella se custodian más de ciento treinta imágenes del Niño Jesús. Hay piezas de madera policromada, de cera, de marfil, de plomo…, procedentes de escuelas artísticas españolas, napolitanas, flamencas y hasta peruanas.






