9.04.26

Audiencia papal

He tenido la alegría de participar en la Audiencia General del Santo Padre celebrada en la Plaza de San Pedro el pasado miércoles 8 de abril de 2026. Era uno más entre un total de treinta mil personas que, procedentes de diversos lugares de Italia y del resto del mundo, acudían al Vaticano esa luminosa mañana de la primavera romana para encontrarse con el papa León XIV. En abril del año 2025, asistiendo al funeral solemne del papa Francisco, pude ver al cardenal Robert Prevost, pero no sabía, ni siquiera sospechaba, que pocos días después, el 8 de mayo, sería elegido Sucesor de Pedro y que escogería el nombre de León XIV.

Es diferente León de lo que era Francisco. Manifiesta un temperamento y un carácter muy distinto. El papa argentino era espontáneo, poco afecto al protocolo y un tanto inclinado a transparentar sus estados de ánimo, hasta sus enfados. El papa estadounidense es más sosegado, más comedido, más protocolario, más previsible. Este modo de ser parece haber irradiado su influjo al ambiente que se respira en la Santa Sede y en el pequeño Estado que le sirve de territorio. El papado, con León XIV, parece - al decir de algunos - haber vuelto a la “normalidad”, a la calma, después de doce años de “agitación”: “¡Hagan lío!”, solía repetir Francisco.

A las 8 de la mañana se iba llenando la plaza más famosa del catolicismo. Hay que pasar los controles de los arcos de seguridad de un modo parecido a como se hace en los aeropuertos. Un amigo que trabaja en el Dicasterio de la Fe contribuyó a agilizar el proceso acompañándome directamente a la zona que indicaba el “biglietto” -la entrada, que siempre es gratuita - asignada por la Prefectura de la Casa Pontificia, responsable de las Audiencias. Para mi fortuna, era el “Reparto Especial”, lo que me permitió sentarme en primera fila en uno de los laterales del atrio de la basílica, en cuyo centro estaba instalada la tarima cubierta donde se sitúa el papa.

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2.04.26

El domingo de Pascua, la solemnidad de las solemnidades

El santoral o “martirologio romano” dice sobre el domingo de Pascua: “Este es el día en que actuó el Señor, la solemnidad de las solemnidades y nuestra Pascua: la resurrección de nuestro Salvador Jesucristo según la carne”. El hecho de que los cristianos celebren, desde el principio hasta hoy, el domingo como “el día del Señor” tiene su razón de ser en aquel “tercer día” que siguió al viernes de la crucifixión. Es el día del primer encuentro con el Resucitado, acontecimiento decisivo que provocó en los discípulos la renuncia al sábado y su sustitución por el primer día de la semana.

“Este es el día en que actuó el Señor”. La Iglesia aplica al domingo de Pascua estas palabras tomadas del Salmo 118 proporcionándonos, de este modo, una clave interpretativa fundamental: La resurrección de Jesús solo se puede comprender teológicamente; es decir, desde Dios. Es, como escribe Olegario González de Cardedal, “una acción de Dios, que recae sobre la entera persona de Jesús, sustrayéndola al poder de la muerte y haciéndolo partícipe de la vida divina, que le permite manifestarse al mundo de una ‘forma nueva’ (Mc 16,12) a como lo hizo a sus contemporáneos. La resurrección es personal y, por tanto, corporal”.

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28.03.26

El “homo credens” y la Pascua de Jesús

A lo largo de la historia se ha ido definiendo al hombre partiendo de - y quizá absolutizando- uno de sus aspectos constitutivos. Del “hombre político” de la antigüedad se ha pasado, sucesivamente, al “hombre religioso” medieval y al “hombre científico” de la modernidad, con sus inevitables extensiones; entre ellas, el “hombre trabajador” del progreso industrial y el “hombre virtual” de la presente era digital.

Un teólogo portugués, con gran parte de su obra traducida al español, João Manuel Duque, sostiene, en la estela de la hermenéutica y de la filosofía del lenguaje, que, como decía el pensador alemán Hans Georg Gadamer, en el proceso de comprensión “llegamos demasiado tarde siempre que pretendemos saber lo que deberíamos creer”.

Así, la confianza en el maestro hace posible que el alumno avance en la adquisición personal del conocimiento. De modo análogo, lo que hemos recibido – entre otros bienes, la vida, la lengua, la cultura – permite el despliegue de uno mismo y el alcance de alguno de los objetivos que podamos perseguir. El creer precede al saber, lo recibido a lo conquistado.

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18.03.26

Habermas y el diálogo entre filosofía y religión

En una de sus acepciones, la palabra “diálogo” significa “discusión o trato en busca de avenencia”. La conversación, la interlocución, el debate, ha de tener por objetivo un cierto acuerdo o conformidad. En español se habla de “diálogo de besugos” cuando el coloquio carece de toda coherencia lógica y de “diálogo de sordos” cuando los interlocutores no se prestan atención.

Muchas de las obras de Platón revisten la forma literaria de un diálogo, de una conversación. Entre ellos, el titulado “Menón”. Intervienen en este texto varios personajes: Sócrates, Menón, un esclavo de Menón y Anito, el acusador de Sócrates. En un determinado momento, Sócrates pone una condición para hablar con el esclavo de Menón: “¿Es griego y habla griego?”. Es decir, es preciso un mínimo común, una base compartida, que posibilite la configuración exacta del planteamiento de una cuestión y, en consecuencia, el auténtico diálogo.

El puente de unión entre los seres humanos, y conviene reivindicarlo en tiempos de aparente retroceso a la ley de la selva, es la racionalidad, la palabra, el lenguaje, el “logos”. Sin ese nexo que nos vincula y que permite la comunicación sería imposible escapar al (falso) diálogo de besugos o de sordos.

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14.03.26

Cuéntame un cuento

Corría el año 1991 cuando los “Celtas cortos” cantaban aquello de “Cuéntame un cuento y verás qué contento me voy a la cama y tengo lindos sueños”. En una remezcla de 2025, Ara Malikian aporta a ese tema su virtuosismo como violinista. Los cuentos, los relatos breves, las narraciones, las historias, las fábulas, las parábolas… nacen, quizá, de los sueños y ayudan a que estos sean más bellos, pero, sobre todo, nacen para ser, más que leídos, cantados, contados y escuchados.

Loli Barral (Mondariz 1974) recoge en su libro “Unha noite soñei e un conto che contei” ocho pequeños relatos que han ido surgiendo al hilo de la vida, a veces como singulares regalos con los que obsequia a sus hijos, Lois y Lope, en sus respectivos cumpleaños. Los títulos nos indican el universo imaginario, tejido de fantasía y de evocaciones, que puebla estas narraciones: “O pan da avoa Carmen”, “O lobo Xinico”, “¡Qué cuco tan cuco!”, “Xorxul: O can motorista”, “Lois o superheroe”, “Melindre e a súa lata de sardiñas”, “Marisiña, a araña costureira” y “A Meca”.

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