11.01.26

La “Divina Guardería” y el Niño Jesús de Praga

Cada año, en el tiempo de Navidad, se abre al público una sala normalmente oculta del Monasterio de las Descalzas Reales, en Madrid, llamada la “Divina Guardería”, porque en ella se custodian más de ciento treinta imágenes del Niño Jesús. Hay piezas de madera policromada, de cera, de marfil, de plomo…, procedentes de escuelas artísticas españolas, napolitanas, flamencas y hasta peruanas.

            El Monasterio de las Descalzas Reales, perteneciente al Patrimonio Nacional, fue fundado por Juana de Austria (1535-1573), la hija menor del emperador Carlos V y de su esposa, la emperatriz Isabel. A su regreso de Portugal, ya viuda del príncipe don Juan Manuel, Juana de Austria convirtió el palacio en el que ella misma había nacido en un monasterio de monjas clarisas, donde instaló sus aposentos. Su cuerpo descansa en la capilla del palacio, que ocupa la estancia en la que ella vino al mundo. En el llamado “Cuarto Real” vivió y murió su hermana mayor, la emperatriz del Sacro Imperio Romano Germánico y reina consorte de Hungría y de Bohemia, María de Austria (1528-1603), quien, en 1582, algunos años después de la muerte de su esposo, regresó a España, alegrándose de “vivir en un país sin herejes”, para retirarse en el Monasterio de las Descalzas con su hija Margarita.

            Era costumbre que las damas que profesaban en el monasterio aportasen, como un elemento de su dote, un crucifijo y una imagen del Niño Jesús, lo que, con el tiempo, contribuyó a que el monasterio albergase una colección de arte sacro de inconmensurable valor. Una de las personalidades que impulsó la devoción al Niño Jesús fue la mencionada Margarita – sor Margarita de la Cruz (1567-1633) -, de quien se cuenta que trataba estas imágenes como si fuesen niños reales, acunándolas e incluso tejiéndoles ropa a medida.

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4.01.26

Reyes y magos

El comienzo del capítulo segundo del evangelio según san Mateo relaciona a Jesús con un rey y con unos magos: «Jesús nació en Belén de Judea, en tiempos del rey Herodes, y he aquí que unos magos llegaron de Oriente a Jerusalén y dijeron: “¿Dónde está el rey de los judíos? Porque hemos visto su estrella en Oriente y venimos a prosternarnos ante él”».

La indicación «en tiempos del rey Herodes» proporciona un dato cronológico sobre el nacimiento de Jesús, que se añade a una indicación del lugar donde tuvo lugar este nacimiento: «en Belén de Judea». En la escena se introduce a los «magos», un término que se aplicaba a una casta de sacerdotes persas, aunque el significado del mismo se amplió en la época helenística para designar a los astrólogos y a otros representantes de la sabiduría oriental. Era frecuente, en la Antigüedad, encontrar a magos en las cortes de los reyes. En el libro de Daniel se dice que Nabucodonosor, rey de Babilonia, «mandó llamar a los magos, astrólogos, agoreros y adivinos» para que le explicaran un sueño. Los magos de los que habla san Mateo son de origen pagano, ya que hablan del «rey de los judíos», mientras que las autoridades judías se referirán más tarde, en el momento de su muerte, a Jesús como «rey de Israel».

Los magos deducen el nacimiento de un rey salvador a partir de un fenómeno celeste: una estrella a la que ven como signo del nacimiento de tal rey. Quizá san Mateo tenía presente la profecía de Balaán: «Avanza una estrella de Jacob, y surge un cetro de Israel». Por otra parte, en el mundo helenístico la estrella era un símbolo habitual de poder. Se esperaba, además, en esa época la llegada de un amo del mundo que vendría del Este. Tácito escribe que «la mayoría creía en una predicción contenida, según ellos, en los antiguos libros de sus sacerdotes, de que Oriente dominaría y que de Judea surgirían los amos del mundo».

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3.01.26

"Caer de maduro"

Consulto la IA sobre la expresión “caer de maduro” y leo:

La expresión “caer de maduro” se refiere a algo que es evidente, notorio o obvio, y no necesita explicación. Se utiliza para describir situaciones o hechos que son claros y que no requieren comentario. Esta expresión proviene del “Diccionario de Autoridades". Tomo II (1729), donde se explica que, al igual que la fruta madura cae por sí misma, un negocio o asunto que tiene todo lo necesario para concluirse, se expresa por sí mismo.

Oremos para que las naciones puedan vivir en justicia, libertad y paz.

Guillermo Juan-Morado.

28.12.25

Lágrimas

Las llamadas “lágrimas emocionales” se producen en respuesta a estímulos intensos. Así surge el llanto motivado por la tristeza o por la alegría. Dicen los científicos que este tipo de lágrimas tiene una composición química algo diferente a las “lágrimas basales”, que son las que constantemente lubrican nuestros ojos.

            La comprensión moderna de las lágrimas es, en cierto sentido, unidimensional, pues está anclada en el sentimiento. En la antigüedad el enfoque era distinto, más objetivo. Cuando Eneas recordaba la sangre derramada en Troya evocaba las “lágrimas de las cosas”, que reconocen sin ilusiones que este mundo está roto.

            Erik Varden, obispo y escritor noruego, en su reciente libro “Heridas que sanan” (Madrid 2025) vincula estas lágrimas de la “Eneida” con el llanto de Jesús que precede a la resurrección de Lázaro. El evangelista san Juan dice que “Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban: ¡Cómo lo quería!”. Los predicadores citan este pasaje para hablar del afecto de Cristo. Esta interpretación no convence del todo a Varden. No tiene demasiado sentido que Jesús llore por Lázaro cuando está a punto de devolverlo a la vida: “Lo que hace llorar a Cristo -comenta- es la visión de la humanidad doliente. Sus lágrimas lo muestran afligido, indignado ante el escándalo del reinado de la muerte sobre seres hechos para la inmortalidad, que añoran el paraíso perdido y la amistad perdida. Después de llorar, sube al Calvario para llevar a cabo nuestra redención”.

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25.12.25

La eucaristía y la "detonación metafísica"

Me ha llamado la atención una columna sobre la eucaristía publicada por un reconocido novelista en un periódico prestigioso, sobre todo en ciertos ambientes sociales y políticos. Se titulaba, dicho artículo, “Detonación metafísica”. La tesis que exponía, si he entendido bien, es que si en la eucaristía “cuando el sacerdote consagra la hostia y el vino, aquella se convierte literalmente en el cuerpo de Cristo y este en su sangre. No metafóricamente, no simbólicamente, no: de forma literal”, se produce entonces “una operación ontológica de primer orden, un cambio radical de sustancia”.

Si esto es lo real, lo metafísico, la apariencia, lo que se muestra es, a los ojos del escritor, algo diferente: “Pero entras en una iglesia y lo que ves es un hombre en casulla con gesto cansado, unos monaguillos distraídos y un puñado de fieles pensando en la lista compra”. Y, como solución ante la paradoja concluye: “Es posible que la Iglesia haya resuelto este asunto hace siglos con una pedagogía eficaz: creer sin sentir. La eucaristía como un rito vacío más que como detonación metafísica. Eso permite que el clérigo vuelva al desayuno sin convulsiones o que los comulgantes abandonen el templo intentando recordar dónde aparcaron. Una transubstanciación higiénica, sin efectos secundarios. Aunque quizá, por otra parte, el verdadero milagro sea ese: que la humanidad pueda asistir a un hecho extraordinario como el que ve Cifras y Letras”.

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