16.04.26

Exorcizar el mundo

En el evangelio según san Marcos se dice que Jesús eligió a los Doce, a los apóstoles, “para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar, y que tuvieran autoridad para expulsar los demonios”. Tienen que estar con él para conocerlo, para captar su singularidad y poder así llevar su mensaje al mundo. Pero el mundo al que se dirigen está dominado por los poderes del mal, a quienes deben combatir exorcizándolo, liberándolo de las posesiones diabólicas.

San Pablo detalla algo más ese combate: “nuestra lucha no es contra hombres de carne y hueso, sino contra los principados, contra las potestades, contra los dominadores de este mundo de tinieblas, contra los espíritus malignos del aire”. Se trata de adversarios llenos de maldad esencial y mortífera, que atacan incansablemente, que no tienen verdadero nombre sino designaciones colectivas, con posiciones opacas e inexpugnables.

Seríamos ingenuos si descartásemos estas advertencias como míticas o propias de otra época. ¿Acaso no verificamos cada día que lo cristiano, y hasta lo humano, está amenazado por una atmósfera anónima que intenta que la fe – e incluso la defensa de la dignidad de la persona – parezca ridícula y carente de sentido? Joseph Ratzinger, con su lucidez habitual, se preguntaba: “¿Y quién no verá que existen intoxicaciones universales del clima espiritual que amenazan a la humanidad en su dignidad, incluso en su existencia? El individuo humano, incluso las comunidades humanas, parecen entregadas sin esperanza a la acción de estos poderes”.

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14.04.26

Recensión del libro de Erik Varden, "Illuminati da una gloria nascosta"

Erik Varden, Illuminati da una gloria nascosta, San Paolo, Cinisello Balsamo 2026, 176 p., ISBN: 978-88-922-5111-3.

 

El obispo noruego Erik Varden (1974) es ampliamente conocido. Convertido al catolicismo en 1993, en 2002 ingresó en la Orden Cisterciense de la Estricta Observancia. En 2019 fue nombrado obispo-prelado de Trondheim y desde 2024 es el presidente de la Conferencia Episcopal Nórdica.

El texto que presentamos recoge las meditaciones predicadas por Mons. Varden en los ejercicios espirituales dirigidos al papa y a la curia romana en la Cuaresma de 2026. En el íncipit se citan unas palabras de san Agustín: “Perduc sarcinam tuam quia levis est si diligis gravis si odisti”; es decir: “Lleva tu propia carga hasta el final. Si la amas, será ligera. Si la odias, será pesada”. San Agustín describía a menudo el oficio episcopal como una “sarcina”, como la mochila que un soldado romano debía llevar consigo; algo muy pesado. No obstante, si se ve como una participación en el dulce yugo de Cristo, la cruz encomendada pasa a ser luminosa y ligera.

En el capítulo 1 muestra el hilo conductor que hilvana todo el volumen: el tractus gregoriano “Qui habitat” que reproduce casi íntegramente el Salmo 90, sobre el que san Bernardo predicó en la Cuaresma de 1139 un ciclo de diecisiete sermones. San Bernardo es presentado en el capítulo 2 como un excelente compañero para quien desee emprender el camino de la conversión, el éxodo cuaresmal desde el egocentrismo y el orgullo con el deseo de perseguir la verdad de uno mismo, teniendo fijos los ojos en el amor de Dios que todo lo ilumina (cf p. 36).

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9.04.26

Audiencia papal

He tenido la alegría de participar en la Audiencia General del Santo Padre celebrada en la Plaza de San Pedro el pasado miércoles 8 de abril de 2026. Era uno más entre un total de treinta mil personas que, procedentes de diversos lugares de Italia y del resto del mundo, acudían al Vaticano esa luminosa mañana de la primavera romana para encontrarse con el papa León XIV. En abril del año 2025, asistiendo al funeral solemne del papa Francisco, pude ver al cardenal Robert Prevost, pero no sabía, ni siquiera sospechaba, que pocos días después, el 8 de mayo, sería elegido Sucesor de Pedro y que escogería el nombre de León XIV.

Es diferente León de lo que era Francisco. Manifiesta un temperamento y un carácter muy distinto. El papa argentino era espontáneo, poco afecto al protocolo y un tanto inclinado a transparentar sus estados de ánimo, hasta sus enfados. El papa estadounidense es más sosegado, más comedido, más protocolario, más previsible. Este modo de ser parece haber irradiado su influjo al ambiente que se respira en la Santa Sede y en el pequeño Estado que le sirve de territorio. El papado, con León XIV, parece - al decir de algunos - haber vuelto a la “normalidad”, a la calma, después de doce años de “agitación”: “¡Hagan lío!”, solía repetir Francisco.

A las 8 de la mañana se iba llenando la plaza más famosa del catolicismo. Hay que pasar los controles de los arcos de seguridad de un modo parecido a como se hace en los aeropuertos. Un amigo que trabaja en el Dicasterio de la Fe contribuyó a agilizar el proceso acompañándome directamente a la zona que indicaba el “biglietto” -la entrada, que siempre es gratuita - asignada por la Prefectura de la Casa Pontificia, responsable de las Audiencias. Para mi fortuna, era el “Reparto Especial”, lo que me permitió sentarme en primera fila en uno de los laterales del atrio de la basílica, en cuyo centro estaba instalada la tarima cubierta donde se sitúa el papa.

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2.04.26

El domingo de Pascua, la solemnidad de las solemnidades

El santoral o “martirologio romano” dice sobre el domingo de Pascua: “Este es el día en que actuó el Señor, la solemnidad de las solemnidades y nuestra Pascua: la resurrección de nuestro Salvador Jesucristo según la carne”. El hecho de que los cristianos celebren, desde el principio hasta hoy, el domingo como “el día del Señor” tiene su razón de ser en aquel “tercer día” que siguió al viernes de la crucifixión. Es el día del primer encuentro con el Resucitado, acontecimiento decisivo que provocó en los discípulos la renuncia al sábado y su sustitución por el primer día de la semana.

“Este es el día en que actuó el Señor”. La Iglesia aplica al domingo de Pascua estas palabras tomadas del Salmo 118 proporcionándonos, de este modo, una clave interpretativa fundamental: La resurrección de Jesús solo se puede comprender teológicamente; es decir, desde Dios. Es, como escribe Olegario González de Cardedal, “una acción de Dios, que recae sobre la entera persona de Jesús, sustrayéndola al poder de la muerte y haciéndolo partícipe de la vida divina, que le permite manifestarse al mundo de una ‘forma nueva’ (Mc 16,12) a como lo hizo a sus contemporáneos. La resurrección es personal y, por tanto, corporal”.

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28.03.26

El “homo credens” y la Pascua de Jesús

A lo largo de la historia se ha ido definiendo al hombre partiendo de - y quizá absolutizando- uno de sus aspectos constitutivos. Del “hombre político” de la antigüedad se ha pasado, sucesivamente, al “hombre religioso” medieval y al “hombre científico” de la modernidad, con sus inevitables extensiones; entre ellas, el “hombre trabajador” del progreso industrial y el “hombre virtual” de la presente era digital.

Un teólogo portugués, con gran parte de su obra traducida al español, João Manuel Duque, sostiene, en la estela de la hermenéutica y de la filosofía del lenguaje, que, como decía el pensador alemán Hans Georg Gadamer, en el proceso de comprensión “llegamos demasiado tarde siempre que pretendemos saber lo que deberíamos creer”.

Así, la confianza en el maestro hace posible que el alumno avance en la adquisición personal del conocimiento. De modo análogo, lo que hemos recibido – entre otros bienes, la vida, la lengua, la cultura – permite el despliegue de uno mismo y el alcance de alguno de los objetivos que podamos perseguir. El creer precede al saber, lo recibido a lo conquistado.

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