Recensión del libro de Erik Varden, "Illuminati da una gloria nascosta"
Erik Varden, Illuminati da una gloria nascosta, San Paolo, Cinisello Balsamo 2026, 176 p., ISBN: 978-88-922-5111-3.
El obispo noruego Erik Varden (1974) es ampliamente conocido. Convertido al catolicismo en 1993, en 2002 ingresó en la Orden Cisterciense de la Estricta Observancia. En 2019 fue nombrado obispo-prelado de Trondheim y desde 2024 es el presidente de la Conferencia Episcopal Nórdica.
El texto que presentamos recoge las meditaciones predicadas por Mons. Varden en los ejercicios espirituales dirigidos al papa y a la curia romana en la Cuaresma de 2026. En el íncipit se citan unas palabras de san Agustín: “Perduc sarcinam tuam quia levis est si diligis gravis si odisti”; es decir: “Lleva tu propia carga hasta el final. Si la amas, será ligera. Si la odias, será pesada”. San Agustín describía a menudo el oficio episcopal como una “sarcina”, como la mochila que un soldado romano debía llevar consigo; algo muy pesado. No obstante, si se ve como una participación en el dulce yugo de Cristo, la cruz encomendada pasa a ser luminosa y ligera.
En el capítulo 1 muestra el hilo conductor que hilvana todo el volumen: el tractus gregoriano “Qui habitat” que reproduce casi íntegramente el Salmo 90, sobre el que san Bernardo predicó en la Cuaresma de 1139 un ciclo de diecisiete sermones. San Bernardo es presentado en el capítulo 2 como un excelente compañero para quien desee emprender el camino de la conversión, el éxodo cuaresmal desde el egocentrismo y el orgullo con el deseo de perseguir la verdad de uno mismo, teniendo fijos los ojos en el amor de Dios que todo lo ilumina (cf p. 36).

El santoral o “martirologio romano” dice sobre el domingo de Pascua: “Este es el día en que actuó el Señor, la solemnidad de las solemnidades y nuestra Pascua: la resurrección de nuestro Salvador Jesucristo según la carne”. El hecho de que los cristianos celebren, desde el principio hasta hoy, el domingo como “el día del Señor” tiene su razón de ser en aquel “tercer día” que siguió al viernes de la crucifixión. Es el día del primer encuentro con el Resucitado, acontecimiento decisivo que provocó en los discípulos la renuncia al sábado y su sustitución por el primer día de la semana.
A lo largo de la historia se ha ido definiendo al hombre partiendo de - y quizá absolutizando- uno de sus aspectos constitutivos. Del “hombre político” de la antigüedad se ha pasado, sucesivamente, al “hombre religioso” medieval y al “hombre científico” de la modernidad, con sus inevitables extensiones; entre ellas, el “hombre trabajador” del progreso industrial y el “hombre virtual” de la presente era digital.
En una de sus acepciones, la palabra “diálogo” significa “discusión o trato en busca de avenencia”. La conversación, la interlocución, el debate, ha de tener por objetivo un cierto acuerdo o conformidad. En español se habla de “diálogo de besugos” cuando el coloquio carece de toda coherencia lógica y de “diálogo de sordos” cuando los interlocutores no se prestan atención.






