El culto y la cultura
La cultura nos permite situarnos críticamente en el mundo. La “cultura” y el “culto” están íntimamente asociados. El hombre es aquel ser terreno que crea cultura, y que se deja modelar por la misma. Es, asimismo, el ser que da culto, que tributa honor a Dios y a lo sagrado.
Cultura y culto han estado estrechamente unidos en el proyecto de vida del monacato. No es, por consiguiente, extraño que el Papa, en el discurso pronunciado en el Colegio de los Bernardinos, haya vinculado de nuevo ambos conceptos, que están en el origen de la teología occidental y, en definitiva, de la construcción de Europa.
¿A qué nos conduce el culto? El culto nos lleva a lo esencial; a lo definitivo que está detrás de lo provisional. Y lo esencial es Dios. El culto es la meta y, a la vez, la escuela de la búsqueda de Dios. San Benito hablaba del “oficio divino” para referirse a la oración litúrgica, al culto de la Iglesia. Ser monje consistía – y consiste – en aprender y ejercitar ese oficio. Y ser monje no es más, pienso yo, que un trasunto de lo humano, una representación ideal de aquello en lo que consiste ser hombre.

He seguido la retransmisión de la llegada del Papa a París y de la ceremonia de bienvenida en el palacio presidencial. Los franceses, cuando quieren, saben hacer las cosas bien. Y hoy las han hecho bien.
He leído con gran interés, y con atención, un artículo del Cardenal Cañizares que hoy (11 de septiembre de 2008) publica el diario “La Razón”. Se titula el escrito: “El aborto, una derrota de la humanidad”. Tiene una virtud, a mi juicio, el Cardenal de Toledo: la valentía de decir lo que piensa en los medios de comunicación. Es muy fácil, tal vez, escribir en un Boletín Diocesano o en una Hoja Parroquial. Mucho menos cómodo resulta expresar la propia opinión en un periódico, donde nunca falta el juicio, muchas veces inmisericorde, del “otro”, del que no ve las cosas del mismo modo como las ve uno.
La sacralidad de la vida humana, o la debilidad de una ética sin Dios
Nuestros gobernantes parecen estar “desatados”; es decir, dan la impresión de proceder sin freno y desordenadamente. Sin freno, desde luego. Dicen ellos mismos que su ideología incorpora asertos como éste: “el propietario de tu cuerpo eres tú. Tú eres quien toma decisiones. Eso es ideología socialista” (Bernat Soria).






