Mayo en el Blog: Recensión y recuerdo
Hemos llegado al final de “Mayo en el blog". El texto se lo debemos a Yolanda, que ha tenido la amabilidad de recensionar un libro mío. Pero ese libro - ay, Umbral, Umbral - evoca un recuerdo: El “Mayo virtual” de 2008, en este mismo blog. Agradezco a Yolanda sus palabras y, a todos, su colaboración y su benevolencia.
Treinta y un días de Mayo
(Escrito por Yolanda)
Treinta y Un Días de Mayo, de don Guillermo Juan Morado, es un libro de piedad mariana, concebido para dedicar a nuestra Madre un espacio de oración cada día del mes que la Iglesia le tiene consagrado. Pero es bastante más. Existen otros libros que satisfarían cumplidamente el cometido de ayudar a los fieles en su devoción a María, pero Treinta y Un Días de Mayo añade características, diría que casi urgentes, para los fieles de nuestro tiempo.
Ante todo, que no hay página – particularmente en el apartado de Reflexión- en que no se perciba el delicado y contagioso amor filial del autor hacia Nuestra Señora. Y ese contagio resulta tanto más fácil cuanto que el lenguaje empleado, siendo perfectamente acorde con la sensibilidad actual, reposa en una convicción profunda del autor acerca de este género de libros, de los que es autor profuso: estas expresiones devotas deben responder a la necesidad de que la piedad conduzca a las fuentes de la gracia.

Los demás días son, más o menos, iguales. En el domingo, de algún modo, se interrumpe el tiempo. No es mala cosa esa ruptura, esa pausa. Los días son, todos, para Dios, pero que un día nos recuerde esta primacía de lo divino es un recuerdo pertinente.
Un texto difícil el que presento hoy. Difícil no porque su intelección sea complicada, sino porque revela sufrimiento y dolor. Una realidad, plenamente humana, pero de la que tendemos a huir. Una realidad, en todo caso, asumida y redimida por Jesucristo. La vida de fe no se edifica sobre la nada; se construye sobre lo que somos y permite el salto a lo que aún no somos, pero llegaremos a ser, si correspondemos a la gracia. En el texto se relata una historia interior, poblada de fantasmas, como pobladas de fantasmas están nuestras torres más propias. Pero es también una historia liberadora, exorcizadora, que atestigua el poder sanador de la fe. Y la compañía, silente tantas veces, de Nuestra Señora. Debemos el texto a Eduardo.
Homilía para la Solemnidad de la Santísima Trinidad (Ciclo C)












