25.06.12

HABÍA ESTADO XVIII

(Escrito por Norberto)

- ¿Los pobres sus predilectos?, tengo que investigar eso

- Le brindo dos citas «Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios», dijo Krystós. «Porque Yahveh en su pueblo se complace, adorna de salvación a los humildes» (Tehilim 149,4).

- Bien, la primera es un testimonio, la segunda está escrita; no obstante la identificación entre Yehoshúa Bariosef y Krystós – el Mashiaj- es algo que no me ha probado aún, pero sí, verdaderamente me atrae la figura de un ser divino que no usa sus poderes para aplastar al hombre sino que carga con sus culpas, eso es muy nuevo.

- Loukás, se trata de una Nueva Alianza sellada en el sacrificio de Krystós.

- ¿Acaso hubo una Antigua Alianza?, bien esto se pone interesante, un dios que firma alianzas no es algo corriente en mi mundo.

- Está todo en el Tanaj. Sin embargo, ha habido un precursor, Yohanan (el Señor da la gracia) Bar Zekjar•yáh (YHWH ha recordado), que ha dado testimonio del Mashiaj, fue engendrado de modoprovidencial pues su madre había rebasado la edad fértil, sin embargo… perdone le aburro con esto.

- En absoluto, lo investigaré, tengo colegas muy amigos en Yerushaláyim a los que preguntar, gracias por la información.

- Por cierto acepté su invitación a cenar sin tener en cuenta que mañana es el Šhabāt, ¿me lo cambia por el almuerzo?.

- Faltaría más, le espero a la hora sexta.

La charla había concluido, Saúl se retiró a su aposento dando gracias a YHWH por aquella entrevista, algo le decía que aquella no sería la única ni la última y que la misericordia de Dios se derramaría sobre aquel médico, extraordinario, en lo médico y en lo humano. Había notado una empatía desconocida con un pagano; “esto no es casual, la Providencia está empeñada a favor de Loukás, su mirada es sincera, su gesto noble, sin embargo… ¿qué le falta, cómo hacer que crea, qué debo hacer?”, e improvisó una callada plegaria por el médico que tan bien le había atendido y con el que había establecido una empatía inesperada.

El Šhabāt había llegado y el almuerzo convenido, tras los preceptivos reconocimientos médicos por parte del sanador, había dado paso a una sobremesa sosegada, en el que la conversación versaba acerca de los cuidados y precauciones que Saúl debía cumplir si no quería empeorar gravemente.

- Seguiré todo lo que me ha prescrito, pues no quiero faltar al 5º Mitzvá del dekalogos, pero le aseguro que no vivo yo, sino que es Krystós quien vive en mí; la vida que vivo al presente en la carne, la vivo en la fe del huios tou Theou (Hijo de Dios) que me amó y se entregó por mí. Algún día comprenderá lo que es vivir como le digo y no le miento; desde que le conocí todo lo que, hasta entonces, era más valioso, me parece basura comparado con la vida en Krystós.

- Le creo, su expresión es sincera y su lenguaje misterioso pero convencido, con persuasión propia sin afectación ni artificiosidad; bueno, espero que la carga que lleva, y eso es innegable, no le haga empeorar, en todo caso me tiene de su parte, escríbame cuando pueda y me cuenta cómo le va, le prometo responder.

- Solo nos diferencia la fe, solo eso, Loukás eres un buen hombre.

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23.06.12

San Juan, crecer y menguar

Los astros, como los demás componentes de la naturaleza, ocupan un lugar en las celebraciones litúrgicas de la Iglesia: “Dios habla al hombre a través de la creación visible. El cosmos material se presenta a la inteligencia del hombre para que vea en Él las huellas de su Creador. La luz y la noche, el viento y el fuego, el árbol y los frutos hablan de Dios, simbolizan a la vez su grandeza y su proximidad” (Catecismo, 1147).

En la Natividad de san Juan Bautista, de entre todos los elementos creados sobresale la luz: Una luz que crece y que mengua. La luz de Juan es una luz menguante. La solemnidad de su nacimiento coincide casi exactamente con el solsticio de verano, cuando, en el hemisferio norte, el día es el mayor del año y la noche la menor de todas las noches.

A diferencia de la luz de Juan, que se va aminorando poco a poco, la luz de Cristo es una luz creciente. La solemnidad del nacimiento del Señor coincide con un fenómeno inverso: el solsticio de invierno, cuando el día es el más pequeño de los días y la noche la más larga de las noches.

Con relación a Cristo, la Luz que crece, Juan es la luz que mengua. En realidad, Juan no es la Luz, sino testigo de la Luz. Juan – escribe san Agustín – es “como la personificación de lo antiguo y el anuncio de lo nuevo” (“Sermón” 293); es el Antiguo Testamento que preludia el Nuevo, la definitiva Alianza entre Dios y los hombres sellada en Cristo Jesús.

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20.06.12

Que resuene en el corazón de Europa: Prioridad de la pregunta por Dios

INSTITUTO TEOLÓGICO COMPOSTELANO, XII Jornadas de Teología, 2011. Que resuene en el corazón de Europa: Prioridad de la pregunta por Dios, Collectanea Scientifica Compostellana 32, Santiago de Compostela 2012, ISBN 978-84940239-0-3, 285 páginas.

El Instituto Teológico Compostelano organiza, desde hace ya doce años, unas Jornadas de Teología a comienzos de septiembre. El volumen que presentamos recoge casi todas las conferencias pronunciadas en las XII Jornadas, que se desarrollaron entre el 5 y el 7 de septiembre de 2011. La homilía del papa Benedicto XVI pronunciada en la Plaza del Obradoiro el 6 de noviembre de 2010 ha servido de motivo inspirador de estas reflexiones: Es necesario, decía el Pontífice, “que Dios vuelva a resonar gozosamente bajo los cielos de Europa; que esa palabra santa no se pronuncie jamás en vano; que no se pervierta haciéndola servir a fines que le son impropios. Es menester que se profiera santamente. Es necesario que la percibamos así en la vida de cada día, en el silencio del trabajo, en el amor fraterno y en las dificultades que los años traen consigo”.

Tras una presentación de las Jornadas a cargo del Director del Instituto Teológico Compostelano, José Fernández Lago, encontramos asimismo una presentación más amplia del arzobispo de Santiago, Julián Barrio: “Sin la trascendencia – escribe Mons. Barrio – tampoco se puede responder a la pregunta por el sentido de las experiencias vitales, sean de felicidad o de sufrimiento, porque una felicidad que no va unida con el anhelo o promesa duraderos, sino más bien está infectada por el presentimiento de la caducidad y de la muerte, realmente no puede ser concebida y vivida como felicidad” (p. 13).

La búsqueda de sentido sirve de hilo conductor de las primeras cuatro conferencias que recoge el libro: “Los nuevos areópagos: hombre, cultura, fe”, de Marcelino Agís Villaverde; “Propuestas de Dios en el cine”, de Pedro Rodríguez Panizo; “La propuesta de Dios en el arte contemporáneo”, de Francisco García Martínez y “La búsqueda de la verdad desde Newman hasta Benedicto XVI”, de Guillermo Juan Morado.

Sobre el diálogo entre la razón y la fe en la cultura hispana versan los textos de Ildefonso Murillo, “Algunas propuestas de diálogo con la Modernidad desde la Filosofía en España”; de José Luis Cabria Ortega, “Diálogo con la Modernidad desde la teología en España hoy. Propuestas y perspectivas”; de César Izquierdo, “Propuestas para un diálogo sobre Dios”; de Melchor Sánchez de Toca, “El atrio de los gentiles como plataforma de diálogo con la increencia” y de Javier Aguado San Miguel, “Los medios de comunicación social: ¿Es posible la comunicación sobre Dios?”.

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19.06.12

16.06.12

La semilla del Evangelio

Homilía para el XI Domingo del tiempo ordinario (ciclo B)

El profeta Ezequiel compara el pueblo de Israel, un pueblo débil y reducido al volver del exilio de Babilonia, con un árbol plantado por Dios que pasa de ser una rama tierna a convertirse en un cedro noble en el que anidarán las aves del cielo; es decir las multitudes de todas las naciones (cf Ez 17,22-24). De un modo muy semejante habla Jesús del Reino de Dios que Él inaugura por medio de su Iglesia: es una realidad reducida en sus orígenes, pero con vocación de universalidad.

¿Cómo crece el Reino de Dios? Lo hace de un modo escondido como una semilla que cae en la tierra y que germina y va creciendo sin que el sembrador sepa cómo (cf Mc 4,26-29). El hombre no puede comprender del todo, ni mucho menos someter a su control, este crecimiento. Lo que ha de hacer el agricultor es arrojar la semilla en el campo y esperar a que ella germine por sí misma.

Muchas veces corremos el riesgo de querer planificar la expansión del Evangelio y el crecimiento de la Iglesia con cálculos meramente humanos, como si se tratase de una empresa que relaciona el coste con el beneficio. Sin embargo no somos nosotros quienes hacemos que el Evangelio dé fruto, sino que este da fruto automáticamente, milagrosamente, impulsado por Dios mismo.

Quienes formamos la Iglesia podemos sentirnos angustiados ya que parece, en esta época de crisis de la fe, que nuestra acción evangelizadora tiene poco éxito. Se dedican enormes esfuerzos a la catequesis y, pese a ello, la mayoría de los jóvenes se aparta de la Iglesia. Se invierte tiempo y trabajo en descubrir las vocaciones al sacerdocio o a la vida consagrada sin que siempre se pueda constatar un rebrote vocacional.

No está en nuestra mano decidir los plazos ni el modo de la propagación del Evangelio. Nuestro deber es seguir sembrando sin cansarnos y sin pensar que todo depende exclusivamente de nosotros. El éxito final está asegurado, ya que depende de Dios, pero no necesariamente nosotros veremos ese éxito aquí y ahora. Solo Dios sabe el día y la hora en que el grano estará a punto para meter la hoz, porque habrá llegado la siega.

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