
No voy a hablar de Sáname con tu boca. El arte de besar (1995), ni de La pasión mística (1998). Tampoco él quiere: su libro más famoso, nos aseguró nada más llegar, es Los 5 minutos del Espíritu Santo, con 150.000 ejemplares vendidos. Me refiero, que nadie se me escandalice, a una variación de la vieja expresión «quedarse para vestir santos».
Queda lejos julio de 2023, cuando Francisco nombró al entonces arzobispo de La Plata prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe. En la carta de nombramiento, publicada junto al anuncio, le encargaba algo muy distinto de lo de antes:
El Dicasterio que presidirás en otras épocas llegó a utilizar métodos inmorales. Fueron tiempos donde más que promover el saber teológico se perseguían posibles errores doctrinales. Lo que espero de vos es sin duda algo muy diferente.
Su sublime destino iba a ser algo muy diferente. Venía a «transformar» el modo de explicar y transmitir la fe, después de siglos de inquisidores, Ratzinger incluido. Tan diferente que, antes incluso de tomar posesión, ya estaba advirtiendo a los obispos. En una entrevista con el National Catholic Register le preguntaron por el «magisterio reciente», y él respondió hablando de la «doctrina del Santo Padre»:
«Ahora, si usted me dice que algunos obispos tienen un don especial del Espíritu Santo para juzgar la doctrina del Santo Padre, entraríamos en un círculo vicioso (donde cualquiera puede pretender tener la verdadera doctrina) y además eso sería una herejía y un cisma»
No el magisterio del Papa y la doctrina de la Iglesia: la doctrina del Santo Padre. Y quien la juzgara, camino de la herejía y el cisma. Cinco días después llegó la aclaración: solo quería decir que el Papa tiene una asistencia especial para confirmar a los hermanos en la fe, no que el Papa tuviese una doctrina. Que haga falta que un Prefecto de DDF tenga que decir eso manda castañas. Fue el primer «sí pero no» de una larga serie. Métodos inmorales los del Santo Oficio, claro.
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