Tucho, «cuéntame cómo pasó»

Me encantan los testimonios. Los leo, los publico y alguno me ha dejado tocado más de lo que confesaría en público. Uno de los mejores fragmentos de «Venite ad me», el documento sobre la transmisión de la fe que el Dicasterio para la Doctrina de la Fe publicó el 22 de octubre, es el recuerdo del jesuita Aimé Duval, con su padre, campesino rendido de cansancio, arrodillado cada noche junto a una silla, y su hermana atropellando las oraciones hasta que el padre la cortaba: «Vuelve a empezar». Es un tratado fantástico de catequesis familiar en tan pocas líneas.
Pero no es un documento que deje huella, y por lo que parece no soy el único que lo piensa: hasta su autor se queja. Quiere, eso dice en el n. 76, provocar «una experiencia de fe», y para eso prefiere contar antes que explicar (nn. 66 y 114). Lo cumple a rajatabla: el capítulo final, que el propio texto presenta como traducción de todo lo anterior «en el lenguaje de la vida», reúne trece testimonios de conversión, con drogas, alcohol, TikTok, un burnout, una catedral y Chopin. El Catecismo de la Iglesia Católica no se cita ni una vez. La palabra sale, eso sí, en boca de Duval, para decir que las manos de su padre le enseñaron sobre Dios «más que el catecismo». Y aunque Duval tiene razón, el documento, que no ha entendido por qué, se la da por los motivos equivocados.












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