30.10.26

Tucho, «cuéntame cómo pasó»

Me encantan los testimonios. Los leo, los publico y alguno me ha dejado tocado más de lo que confesaría en público. Uno de los mejores fragmentos de «Venite ad me», el documento sobre la transmisión de la fe que el Dicasterio para la Doctrina de la Fe publicó el 22 de octubre, es el recuerdo del jesuita Aimé Duval, con su padre, campesino rendido de cansancio, arrodillado cada noche junto a una silla, y su hermana atropellando las oraciones hasta que el padre la cortaba: «Vuelve a empezar». Es un tratado fantástico de catequesis familiar en tan pocas líneas.

Pero no es un documento que deje huella, y por lo que parece no soy el único que lo piensa: hasta su autor se queja. Quiere, eso dice en el n. 76, provocar «una experiencia de fe», y para eso prefiere contar antes que explicar (nn. 66 y 114). Lo cumple a rajatabla: el capítulo final, que el propio texto presenta como traducción de todo lo anterior «en el lenguaje de la vida», reúne trece testimonios de conversión, con drogas, alcohol, TikTok, un burnout, una catedral y Chopin. El Catecismo de la Iglesia Católica no se cita ni una vez. La palabra sale, eso sí, en boca de Duval, para decir que las manos de su padre le enseñaron sobre Dios «más que el catecismo». Y aunque Duval tiene razón, el documento, que no ha entendido por qué, se la da por los motivos equivocados.

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19.10.26

Competencia clave: llegar al cielo

La fiesta de Santa Teresa vino con dos buenas noticias sobre el mismo tema, casi simultáneas. Primero llegó (a mi inbox) la carta pastoral del arzobispo Sample de Portland, con el plan para la diócesis. No se queden con la noticia: la carta entera es un tesoro.

Entre las muchas cosas que dice, el foco que pone en la educación católica es tan extraordinario que deberían copiarlo en todas las diócesis. Y lo dice muy sencillo, como se lo diría a Forrest Gump su madre:

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16.10.26

Sigue la caída de religiosas, se acelera la de seminaristas y los sacerdotes, estancados

Por febrero-marzo se publican el Anuario Pontificio y el Annuarium Statisticum Ecclesiae, el primero con datos del año anterior y el estadístico con los de dos años antes. Los medios vaticanos dan las líneas maestras, sin mucho desglose, y por las fechas del Domund la agencia FIDES vuelve sobre los mismos datos con algo más de detalle. Dos noticias casi idénticas separadas seis meses, como ya comenté el año pasado. Sigue sin cambiar nada.

Hay que tener cuidado con las fechas, lo que FIDES publica ahora son datos a 31 de diciembre de 2024, es decir, del último año completo del pontificado del Papa Francisco. De León XIV, todavía no hay ningún dato.

La gráfica que encabeza el post lo resume. Si tomamos 2011 como referencia, los sacerdotes están casi igual, pero los religiosos han perdido casi un 12 %, los seminaristas un 14 % y las religiosas casi un 19 %.

Lamento no sumarme al titular prefabricado y que me suscita algunas dudas, que os traslado después, a propósito de los seminaristas.


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12.10.26

Religión Digital, o el arte de calumniar de oídas y corregir a escondidas

En Bichos hay una escena que explica estupendamente cómo funciona el miedo, especialmente el mafioso. Hopper, el jefe de los saltamontes, se la enseña a su propia banda. Lanza un grano contra uno de ellos y no pasa nada. Lanza otro y tampoco. Después abre la tolva entera y los sepulta. Y les explica, es que no son muy avispados, las hormigas son cien veces más, y si alguna vez una se planta y las demás se dan cuenta, se acabó el negocio. Por eso no basta con ganar, hay que conseguir que nadie se atreva. En abril les contaba que Flik, la primera hormiga había sido el Opus Dei: querella mediante (o denuncia, que no me acuerdo), y Religión Digital tuvo que reconocer que había publicado calumnias. Hoy se ha plantado la segunda.

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5.10.26

Y Tucho quedó para vestir vírgenes

No voy a hablar de Sáname con tu boca. El arte de besar (1995), ni de La pasión mística (1998). Tampoco él quiere: su libro más famoso, nos aseguró nada más llegar, es Los 5 minutos del Espíritu Santo, con 150.000 ejemplares vendidos. Me refiero, que nadie se me escandalice, a una variación de la vieja expresión «quedarse para vestir santos».

Queda lejos julio de 2023, cuando Francisco nombró al entonces arzobispo de La Plata prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe. En la carta de nombramiento, publicada junto al anuncio, le encargaba algo muy distinto de lo de antes:

El Dicasterio que presidirás en otras épocas llegó a utilizar métodos inmorales. Fueron tiempos donde más que promover el saber teológico se perseguían posibles errores doctrinales. Lo que espero de vos es sin duda algo muy diferente.

Su sublime destino iba a ser algo muy diferente. Venía a «transformar» el modo de explicar y transmitir la fe, después de siglos de inquisidores, Ratzinger incluido. Tan diferente que, antes incluso de tomar posesión, ya estaba advirtiendo a los obispos. En una entrevista con el National Catholic Register le preguntaron por el «magisterio reciente», y él respondió hablando de la «doctrina del Santo Padre»:

«Ahora, si usted me dice que algunos obispos tienen un don especial del Espíritu Santo para juzgar la doctrina del Santo Padre, entraríamos en un círculo vicioso (donde cualquiera puede pretender tener la verdadera doctrina) y además eso sería una herejía y un cisma»

No el magisterio del Papa y la doctrina de la Iglesia: la doctrina del Santo Padre. Y quien la juzgara, camino de la herejía y el cisma. Cinco días después llegó la aclaración: solo quería decir que el Papa tiene una asistencia especial para confirmar a los hermanos en la fe, no que el Papa tuviese una doctrina. Que haga falta que un Prefecto de DDF tenga que decir eso manda castañas. Fue el primer «sí pero no» de una larga serie. Métodos inmorales los del Santo Oficio, claro.

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4.10.26

Defenestración de Gambetti, el de los «puntos de escucha»

Tener un hijo que estudia Filología Clásica en plena era de la ia-ia-oh da para sobremesas divertidas y sugerentes. Muchas acaban en la misma conclusión: lo inquietante de ciertas palabras no es lo que significan, sino que existan.

Una de las más pertubadoras es «defenestrar». Que una lengua tenga un verbo para «arrojar a alguien por la ventana» dice bastante, bueno y malo, sobre la frecuencia con que se practicaba. Desconozco si hay tradución al ruso, Putin es un asiduo. Quizá la defenestración más célebre sea la de Praga, en 1618. Los protestantes bohemios tiraron por la ventana del castillo a dos regidores católicos y a su secretario, y sobrevivieron los tres. Los católicos lo atribuyeron a la intercesión de la Virgen; los protestantes, a un oportuno montón de estiércol. El secretario, que se llamaba Fabricius, fue después ennoblecido como «von Hohenfall», algo así como «señor de Altacaída», que suena a El caballero de los Siete Reinos.

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