26.12.19

El canto litúrgico en la Navidad («litúrgico», no cualquier cosa de pandereta y guitarra...)

adoraciónSi normalmente nuestro canto litúrgico en general es muy pobre (lleno de buena voluntad, sí, pero pobre), cuando llega el tiempo de Navidad, la liturgia en muchísimas ocasiones baja aún más en calidad, al introducir sin criterio alguno, villancicos populares como cantos de entrada, ofrendas o comunión ("Los peces en el río", “El camino que lleva a Belén", “Hacia Belén va una burra…", etc., etc.), ignorando los cantos principales tales como el “Gloria” o el Salmo responsorial. Se convierte la liturgia en un concurso de villancicos y disfraces de pastorcitos que no cuadra con la naturaleza de la liturgia, y se califica de “antiguo” a quien no pueda admitir semejantes inventos en la liturgia.

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23.12.19

Navidad de papel de regalo

 Nacimiento Siempre me ha parecido que el hombre pretende disimular u ocultar la fuerza del Misterio escondiéndolo tras lo banal o lo cultural, a lo mejor no tanto porque no se sepa preguntar al Misterio, cuanto que prefiere la comodidad del quedarse quieto y no indagar, no buscar para no hallar. Se amordaza el Misterio tras expresiones humanas o culturales y así se sobrevive con el Misterio sin atreverse a dejarse fascinar por lo bello y verdadero del Misterio.

     El ciclo litúrgico de la Navidad es, en verdad, un Misterio, el gran Misterio, el Misterio accesible y palpable del Verbo, de la Presencia del Dios-con-nosotros, que descubre el hombre al hombre, le revela sus inmensas posibilidades, le señala el camino de su sobrenatural vocación a la santidad (desde las I vísperas de la Navidad el día 24 de diciembre hasta las II Vísperas del Bautismo del Señor que cierra este ciclo).

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16.12.19

Distribución de las lecturas en Adviento

Cada año volvemos a profundizar y exponer las características litúrgicas y espirituales de cada tiempo litúrgico, incluso repitiendo catequesis. No se trata de un afán de novedades, como si cada año hubiera que estar inventando o la liturgia tuviera que ser nueva e innovadora cada año. Más bien repitiendo las mismas cosas, año tras año, celebrándolas del mismo modo año tras año con los libros litúrgicos vigentes, tendremos que vivirlas mejor, conocerlas mejor, interiorizarlas mejor.

Leccionario

La etapa que vivimos ahora no es la de la reforma de la liturgia, ya concluida, sino la de su profundización y asimilación. Cada año, pues, conviene recordar las realidades celebradas y desgranarlas hasta que formen parte ya de nosotros y de nuestro bagaje espiritual y litúrgico.

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10.12.19

El Prefacio y el Santo (Plegaria euc.- II)

         “En la Plegaria Eucarística se dan gracias a Dios por toda la obra de la salvación y las ofrendas se convierten en el Cuerpo y en la Sangre de Cristo” (IGMR 72).

    El primer momento de la plegaria eucarística es el prefacio, la alabanza siempre dirigida al Padre, con el que la Iglesia, por Cristo y movida por el Espíritu Santo, da gracias al Padre.

    Deseamos en el principio de la plegaria que Cristo esté con su sacerdote y el Espíritu Santo actúe en su espíritu sacerdotal (“-y con tu espíritu”) para pronunciar santamente esta sagrada plegaria y que el Señor Jesucristo actúe por medio de su sacerdote.

   ¡Tenemos levantado el corazón hacia el Señor! Lo desatamos de las distracciones y ocupaciones materiales, lo despegamos de la tierra para que se levante con Cristo al Padre y busquemos las cosas de arriba, con esperanza teologal. Sumo recogimiento y fervor, devoción y atención cordial, amor de Dios y esperanza en Él: entonces la Iglesia por boca del sacerdote eleva la acción de gracias y expone los motivos de su alabanza.

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4.12.19

¡Alegría! ¿Motivo? Que Cristo viene... ¡Liturgia de Adviento!

      La consideración e invitación a la alegría son constantes en toda la liturgia del Adviento; orienta así al reconocimiento de lo que es la alegría honda y sentida, que no es sino el gozo de descubrir al Señor y, sabiendo que viene, se convierte en gozo sostenido de quien aguarda a Alguien sumamente amado. La esperanza derrota la tristeza, la apatía y el decaimiento, y genera una alegría serena que se convertirá en desbordante al alcanzar su fin y completar su deseo. Al fin y al cabo, el Adviento reeduca nuestra alegría, la orienta hacia lo verdadero, la purifica de pequeñas alegrías falsas, materiales, aparentes, inmanentes que decepcionan al final.

    Un recorrido por la eucología romana del Adviento nos ofrecerá la perspectiva teológica y espiritual de la alegría. Seguro que este recorrido no nos puede dejar indiferentes sino que provocará un eco (eso es catequesis: eco, resonancia) para la vida católica.

     Las antífonas que iluminan el canto de los salmos en el Oficio divino están teñidas de gozosa esperanza: “Alégrate y goza, hija de Jerusalén: mira a tu Rey que viene; no temas, Sión, tu salvación está cerca” (ant. 2, Of. Lect., Domingo I); incluso es una alegría “cósmica”, ya que toda la creación participa del gozo de la venida de Cristo: “Los montes y las colinas aclamarán en presencia del Señor y los árboles del bosque aplaudirán, porque viene el Señor y reinará eternamente. Aleluya” (Ant. 2, Laudes Dom. I), o también: “Destilen los montes alegría y los collados justicia, porque con poder viene el Señor, luz del mundo” (ant. 2, II Visp., Dom. III). Es una exhortación constante a la alegría ante el Señor, el Mesías, Rey y Sacerdote: (ant. 1, I Visp. Dom. I); “Hija de Sión, alégrate; salta de gozo, hija de Jerusalén. Aleluya”“alégrate y goza, nueva Sión, porque tu Rey llega con mansedumbre a salvar nuestras almas” (ant. 1, I Visp., Dom. II).

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