Muere otro testigo de Jehová argentino por negarse a una transfusión
Según leemos en La Gaceta de Tucumán, un hombre de 67 años murió el pasado 6 de abril en un sanatorio de Rosario (Argentina) después de negarse a recibir una transfusión sanguínea, en cumplimiento de un precepto de su secta, los testigos de Jehová. Lo informó la jueza que intervino en el caso, Raquel Cosgaya.
El hombre había sido internado semanas atrás en estado crítico en el Sanatorio Julio Corso. En declaraciones radiales la magistrada señaló que el paciente se internó con consentimiento, pero había dejado asentado en un documento que por motivos religiosos no permitía la transfusión sanguínea si era necesario. Su mujer y su hija avalaron ese pedido. El caso se judicializó a partir de una presentación hecha por el representante del sanatorio en una comisaría.
La magistrada Raquel Cosgaya consideró que “hay que respetar los deseos y las creencias”, y agregó: “No estamos ante un caso de abandono de persona”. En el diario La Capital leemos que el paciente había ingresado al centro de salud de San Juan 3034 el 19 de marzo. Según detalló el director médico, Américo Daminato, presentaba “un problema circulatorio complicado, tenía una indicación quirúrgica y dado su cuadro se planteó la necesidad una transfusión”.
Pero el paciente, su esposa e hijos se negaron. “Argumentando creencias religiosas, él y su familia rechazaron la transfusión y firmaron un documento. Entonces se puso en marcha una terapia alternativa con heritropoyetina, que como demora más tiempo dio un resultado parcial”, detalló Daminato.

Siete miembros de una secta kimbanda fueron condenados a prisión perpetua por la Cámara del Crimen de Mercedes (Argentina), que los encontró responsables del secuestro, violación, tortura y asesinato de un chico de 12 años al que ofrendaron durante una ceremonia satánica en octubre de 2006, según informaba hace unos días Alfredo Zacarías en el diario argentino Clarín. La investigación del caso que escandalizó a Corrientes, continuará ahora con la búsqueda de los autores intelectuales y financistas del grupo, entre los que figura un conocido empresario y dirigente político de esta ciudad del centro de la provincia.
Debe de haber sido casualidad. Hace unos días fui al cine a ver la película El rito, dirigida por Mikael Håfström, y que constituye la última novedad en la cartelera sobre el ya conocido subgénero cinematográfico de los exorcismos (con la también sabida denominación de origen que supone colocarle la etiqueta de “basada en hechos reales”, aunque en verdad se trate de hechos interpretados por una novela intermedia). En ella, el veterano actor Anthony Hopkins interpreta a un también veterano sacerdote exorcista italiano, el padre Lucas, que aparece como mentor del joven diácono norteamericano Michael Kovak (encarnado por Colin O’Donoghue). El clérigo más joven se encuentra, cómo no, viviendo una crisis vocacional y de fe, y sus superiores no encuentran ninguna solución mejor que enviarlo a un curso para exorcistas que se imparte en Roma. Algunos espectadores del filme ya saben –porque el tema ha salido en los medios de comunicación de unos años para acá– que este curso existe, y que lo organiza el Ateneo Pontificio “Regina Apostolorum” en la ciudad eterna. Claro que aquí lo importante no es si existe o no el curso, sino la cuestión del ministerio del exorcista en la Iglesia y, en el fondo, si el demonio existe o no. Algo puesto en duda no sólo fuera del pueblo cristiano, sino también dentro, y muy dentro.
Ayer se presentó en la ciudad española de Zamora el libro
El sacerdote español Luis Santamaría del Río, miembro de la 




